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Apóstol Matías – El elegido para restaurar el círculo de los doce

Verdad Eterna septiembre 10, 2026 17 minutos de lectura
Apóstol Matías

Publicado en julio 8, 2025, última actualización en septiembre 10, 2026.

Preguntar quién fue el apóstol Matías tiene una respuesta breve y algo incómoda: fue el hombre elegido para ocupar el puesto vacante de Judas Iscariote, y de él no se vuelve a decir absolutamente nada en el resto del Nuevo Testamento. Aparece en un solo pasaje, dura doce versículos en escena y desaparece: ni una palabra suya, ni un viaje, ni una carta, ni una anécdota.

Ese silencio es justamente lo que hace interesante su caso. Matías es el único de los Doce que no fue llamado directamente por Jesús durante su ministerio, el único cuyo nombramiento pasó por una votación, una oración y un sorteo, y el protagonista involuntario de una discusión que sigue viva: si aquella elección fue lo que Dios quería o si la comunidad se adelantó.

Las tradiciones posteriores le construyeron una biografía completa —misiones, martirio, sepultura—, y conviene separar desde el principio lo que dice el texto de lo que añadieron los siglos. Este artículo recorre primero lo firme, después lo tradicional y, al final, lo que ese contraste deja para hoy.

Contenido

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  • Retrato Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Quién fue el apóstol Matías antes de la elección y de dónde venía?
  • ¿Por qué hizo falta elegir a Matías y cómo se le eligió?
  • ¿Qué hizo el apóstol Matías después de Pentecostés?
  • ¿Cómo terminó la historia del apóstol Matías?
    • ¿Fue legítima la elección de Matías o el duodécimo apóstol era Pablo?
  • ¿Qué nos enseña hoy la historia del apóstol Matías?

Retrato Rápido

Matías fue un discípulo de Jesús que había acompañado al grupo desde el bautismo de Juan hasta la ascensión, y que hacia el año 30 fue elegido por sorteo, entre dos candidatos, para completar el número de doce apóstoles tras la traición de Judas.

El relato completo está en Hechos 1:15-26, y no existe ningún pasaje paralelo: ningún evangelio lo menciona y ninguna carta lo nombra. Todo lo demás —dónde predicó, cómo murió, dónde está enterrado— procede de tradiciones muy posteriores que se contradicen entre sí.

❓ Mucho misterio histórico: lo firme es el episodio de la elección, con sus nombres, su procedimiento y su motivo. Fuera de eso las fuentes callan durante siglos, y cuando empiezan a hablar ofrecen versiones incompatibles sobre su misión y su muerte.

Puntos Clave

  • Discípulo desde el principio: el requisito que Pedro plantea exige haber estado con el grupo desde el bautismo de Juan, así que Matías llevaba años siguiendo a Jesús aunque los evangelios nunca lo nombren.
  • El único elegido por sorteo: después de proponer dos candidatos y orar, la comunidad echó suertes, un método con larga tradición en Israel que el Nuevo Testamento no vuelve a usar para tomar una decisión.
  • Su nombre lo sitúa en su época: Matías es la forma abreviada de Matatías, «don del Señor», uno de los nombres más comunes en la Judea del siglo I.
  • Silencio absoluto tras Pentecostés: ni Hechos, ni las cartas, ni ningún autor del siglo I dicen una palabra más sobre él.
  • Tradiciones contradictorias sobre su final: las fuentes antiguas lo hacen morir de muerte natural en Jerusalén, apedreado y decapitado, o crucificado en la costa oriental del mar Negro.
  • Un debate abierto: hay quien sostiene que la elección se adelantó y que el duodécimo apóstol previsto era Pablo, y hay quien responde que el texto no insinúa ningún reproche.

¿Quién fue el apóstol Matías antes de la elección y de dónde venía?

Del origen de Matías —familia, oficio, ciudad— no se conserva ni un dato en el Nuevo Testamento. Lo único firme sobre su pasado es el requisito que Pedro formula en Hechos 1:21-22: el sustituto debía ser uno «de los hombres que nos acompañaron durante todo el tiempo en que Jesús, el Señor, se encontraba entre nosotros, desde los días en que Juan bautizaba hasta que fue arrebatado de nuestro lado».

Ese requisito no es un detalle menor: coloca a Matías dentro del grupo desde el principio del ministerio público, unos tres años antes, lo que significa que estuvo presente en escenas que los evangelios narran sin mencionarlo.

Alrededor de los Doce había un círculo bastante más amplio de seguidores estables, del que el Nuevo Testamento solo nombra a unos pocos. Que la comunidad pudiera proponer sin dificultad a dos hombres capaces de cumplir un requisito tan exigente indica que había varios más en las mismas condiciones.

Matías es la forma griega abreviada del hebreo Matityahu, es decir Matatías, y significa «don del Señor». Era un nombre extendidísimo en la Judea del siglo I, en parte por el prestigio de Matatías, el sacerdote que inició la revuelta macabea. Comparte raíz con Mateo, y esa cercanía llegó a confundir a copistas antiguos; el apóstol Mateo es una figura distinta en las listas de los Doce.

Las tradiciones antiguas intentaron rellenar el hueco. Eusebio de Cesarea, en el siglo IV, cuenta a Matías entre los setenta y dos discípulos que Jesús envió por delante según Lucas 10:1, y lo mismo dice de José Barsabás. Eusebio, sin embargo, advierte él mismo que no existe ninguna lista de aquellos setenta y dos, de modo que se trata de una deducción razonable más que de un dato conservado. Encaja bien con el requisito de Hechos, pero no lo demuestra.

Más frágil es la segunda tradición. Clemente de Alejandría, hacia el año 200, recoge que algunos identificaban con Matías al jefe de publicanos de Jericó que se subió a un árbol para ver pasar a Jesús, es decir, Zaqueo. La identificación es minoritaria ya en la Antigüedad, Clemente la transmite como opinión ajena, y choca de frente con el requisito de Hechos 1:21-22: el encuentro de Zaqueo ocurre en el tramo final del ministerio, no «desde los días en que Juan bautizaba».

Afirmación sobre su origenFuenteSolidez
Acompañó al grupo desde el bautismo de Juan hasta la ascensiónHechos 1:21-22Firme: es el requisito explícito del texto
Estuvo entre los setenta y dos enviadosEusebio, Historia eclesiástica I,12Tradición del siglo IV; el propio Eusebio dice que no hay lista
Era Zaqueo, el jefe de publicanosClemente de Alejandría, Stromata IVMinoritaria y en tensión con Hechos 1:21-22
Nació en Belén y fue discípulo de SimeónSinaxarios orientalesTardía, sin apoyo en fuentes antiguas

¿Por qué hizo falta elegir a Matías y cómo se le eligió?

La vacante no se abrió por la muerte de Judas, sino por su deserción. Pedro se pone en pie ante unos ciento veinte reunidos y plantea, apoyándose en dos versículos de los salmos que cita en Hechos 1:20, que el puesto abandonado debe ser ocupado. La palabra que emplea el texto es la de un cargo con funciones: se trata de un ministerio, no de un honor, y su contenido queda definido en la misma frase como «ser con nosotros testigo de su resurrección».

Detrás está el número doce, que no era decorativo. Los evangelios recogen una promesa de Jesús a los suyos —Mateo 19:28 y Lucas 22:30— en la que se sientan en doce tronos «para juzgar a las doce tribus de Israel». El grupo apostólico queda así como el núcleo de un Israel reconstituido, y once dejaban esa señal coja justo cuando la iglesia primitiva iba a presentarse en público. Cómo llegó Judas a dejar ese puesto vacío se cuenta en el artículo sobre el apóstol Judas Iscariote, y las razones que se le han atribuido, en por qué Judas entregó a Jesús.

La comunidad propuso dos nombres: José, llamado Barsabás y apodado el Justo, y Matías. Del primero se sabe casi tan poco como del segundo: Eusebio recoge de Papías que Barsabás bebió veneno sin sufrir daño, y una tradición posterior lo hace obispo, pero nada de eso procede de fuentes contemporáneas. Después vino la oración: «Señor, tú que conoces a todos en lo íntimo de su ser, manifiesta a cuál de estos dos has escogido». Y solo entonces, según el relato, «echaron suertes, y le tocó a Matías».

Echar suertes no era, en aquel contexto, jugárselo al azar. Era un procedimiento sacerdotal y jurídico con siglos de uso en Israel: así se decidía cuál de los dos machos cabríos del día de la Expiación era para el Señor (Levítico 16:8), se repartía la tierra entre las tribus (Josué 18:10) y se resolvían casos que exigían una respuesta que nadie pudiera manipular (1 Samuel 14:41). El sacerdote disponía además del Urim, un instrumento de consulta de funcionamiento hoy desconocido que aparece en Números 27:21. Todavía en tiempos de Jesús se sorteaba el turno para ofrecer el incienso en el templo, como muestra el episodio de Zacarías.

El supuesto que sostenía esa práctica está condensado en Proverbios 16:33: «Los dados se tiran sobre el tablero, pero la decisión depende del Señor». Por eso el texto de Hechos no presenta un empate resuelto al azar, sino una consulta: los hombres eligen a quiénes se propone, la respuesta se deja fuera de su alcance. Vale la pena notar que es la última vez que el Nuevo Testamento presenta una decisión tomada por sorteo.

A partir de Pentecostés, las decisiones importantes se toman de otro modo: la comunidad elige a los siete de Hechos 6:1-6 y en Antioquía el envío de Bernabé y Saulo se atribuye directamente al Espíritu (Hechos 13:2-3).

¿Qué hizo el apóstol Matías después de Pentecostés?

A partir de Hechos 1:26 el rastro se corta. Matías estuvo presente en Pentecostés, porque el relato sitúa allí al grupo completo y Pedro habla «en nombre propio y de sus once compañeros», lo que solo cuadra si los apóstoles son doce. Después, nada: ni en el resto de Hechos, ni en las cartas de Pablo, ni en los escritos cristianos del siglo I y buena parte del II. El silencio no es exclusivo suyo —de la mayoría de los Doce se sabe poquísimo—, pero en su caso es total.

Ese vacío se llenó tarde y con material desigual. La tradición griega lo envía a Capadocia y a las tierras próximas al mar Caspio. Nicéforo Calisto Xantópulo, un historiador bizantino del siglo XIV, dice que predicó primero en Judea y después en «Etiopía, es decir, la Cólquide», la región costera al este del mar Negro que hoy corresponde a Georgia.

La Sinopsis atribuida a Doroteo de Tiro lo lleva a esa misma zona, a la desembocadura del río Fasis, y lo hace morir en Sebastópolis. Varios autores antiguos usaban «Etiopía» de forma laxa para designar tierras remotas y pobladas por gentes que consideraban bárbaras, lo que explica que una misma tradición se lea como africana o como caucásica según quién la copie. La Iglesia ortodoxa etíope conserva la lectura africana.

Junto a las tradiciones misioneras circularon textos con su nombre, y ninguno es suyo. Son tres, con estatus distinto:

  • Las «Tradiciones de Matías» (Paradóseis). Una colección de dichos ascéticos que solo se conoce por cuatro citas de Clemente de Alejandría, entre ellas «asómbrate de lo que tienes delante» y una llamada a combatir la carne sin cederle placeres desordenados. Los fragmentos conservados son breves y su fecha probable es el siglo II.
  • El «Evangelio de Matías». Mencionado y rechazado por Orígenes, Eusebio y Jerónimo. No se conserva ni una línea. Algunos maestros gnósticos apelaban a «palabras secretas» transmitidas por Matías: atribuir una enseñanza a un apóstol del que nadie sabía nada era la forma más cómoda de blindarla contra la comprobación.
  • Los «Hechos de Andrés y Matías». Un relato de aventuras en el que Matías cae prisionero en una ciudad de caníbales y el apóstol Andrés viaja en una barca gobernada por Jesús para rescatarlo. Los especialistas lo fechan entre los siglos IV y V y lo tratan como novela piadosa, no como memoria histórica.

Lo que sí puede afirmarse del periodo posterior a Pentecostés es lo que corresponde a cualquier miembro de los Doce: formó parte del grupo que sostuvo a la comunidad de Jerusalén en sus primeros años y quedó incluido en el encargo de la gran comisión, cuyo contenido era anunciar aquello de lo que Hechos 1:22 lo hace testigo, la resurrección de Jesús.

¿Cómo terminó la historia del apóstol Matías?

Las fuentes antiguas ofrecen varios finales incompatibles entre sí, y ninguna es contemporánea de los hechos. La más temprana, la lista Sobre los doce apóstoles transmitida bajo el nombre de Hipólito de Roma, no habla de martirio: dice que Matías «predicó en Jerusalén, se durmió y allí fue sepultado». Las demás sí lo hacen morir violentamente, y no coinciden ni en el lugar ni en el modo. La versión del hacha, la más difundida hoy en Occidente, procede de relatos medievales y es la que fijó su iconografía.

Versión del finalQué afirmaDónde apareceSolidez
Muerte natural en JerusalénPredicó allí, murió y fue sepultado en la ciudadLista atribuida a HipólitoLa más antigua, pero de atribución discutida
Lapidado y luego decapitadoEjecutado en Jerusalén por las autoridades del temploSinaxarios griegos y martirologios latinosTardía, sin fuente cercana a los hechos
Crucificado en la CólquideMurió crucificado junto al mar NegroNicéforo Calisto, siglo XIVMuy tardía
Sepultado en SebastópolisMurió y fue enterrado junto al templo del SolSinopsis atribuida a Doroteo de TiroTardía y pseudoepigráfica

La abadía benedictina de San Matías, en Tréveris (Alemania), custodia una tumba que la tradición identifica como la del apóstol y que es la única sepultura apostólica venerada al norte de los Alpes. El relato local sostiene que Elena, madre de Constantino, hizo trasladar los huesos desde Jerusalén; las reliquias aparecieron en 1127 durante unas obras y desde entonces el lugar es meta de peregrinación.

La objeción más seria viene de dentro: los editores de las Acta Sanctorum ya plantearon que los restos llevados a Roma pudieran ser los de un obispo de Jerusalén llamado también Matías, hacia el año 120. En Georgia se señala como sepultura la fortaleza de Gonio-Apsaros, sin que se haya excavado el punto indicado.

¿Fue legítima la elección de Matías o el duodécimo apóstol era Pablo?

El desacuerdo aquí no se resuelve con datos nuevos, porque no los hay: depende de cómo se lea el mismo capítulo. Las dos posturas comparten más de lo que parece. Ambas aceptan que Pablo fue apóstol en sentido pleno y que el texto de Hechos no dirige ni un reproche a Matías. Discrepan sobre si el grupo de los Doce es un cuerpo cerrado de testigos oculares o un puesto que Pablo terminó ocupando.

Quienes sostienen que la elección se adelantó argumentan así: Jesús acababa de mandar esperar la venida del Espíritu (Hechos 1:4-8) y la comunidad decidió antes de esa venida; recurrió a un método del Antiguo Testamento que ya no se vuelve a usar; Matías desaparece sin dejar rastro; y el propio Pablo se presenta como «apóstol no por disposición ni intervención humana alguna, sino por encargo de Jesucristo» (Gálatas 1:1). En esa lectura, la muralla de Apocalipsis 21:14, con doce pilares y los nombres de los doce apóstoles, apunta a una lista que Dios completó a su manera.

Quienes defienden la legitimidad de la elección responden con el texto en la mano. Lucas narra el episodio sin la menor señal de desaprobación, y no es un autor que evite las escenas incómodas de la comunidad: cuenta sin suavizar el caso de Ananías y Safira y las tensiones por el reparto de alimentos.

El requisito de Hechos 1:21-22 excluye a Pablo por definición, porque no acompañó al grupo desde el bautismo de Juan. Inmediatamente después, Pedro habla en Pentecostés «en nombre propio y de sus once compañeros», lo que da doce. Y el propio Pablo, al transmitir la fórmula más antigua sobre las apariciones, escribe que el resucitado se apareció «a los Doce» (1 Corintios 15:5), un grupo del que él se distingue unas líneas más abajo: nunca reclama para sí un puesto entre ellos, sino el título de apóstol de los gentiles, que es otro encargo.

Ninguna de las dos lecturas dispone de una frase que zanje el asunto, y el texto no vuelve sobre ello. Sí queda claro que el relato presenta la decisión como una consulta hecha con oración, y que la desaparición de Matías no prueba nada por sí sola: de Bartolomé o de Simón el Nuevo Testamento no cuenta mucho más.

¿Qué nos enseña hoy la historia del apóstol Matías?

Saber quién fue el apóstol Matías deja al lector con más huecos que datos, y precisamente ahí está lo aprovechable. Su caso ofrece cuatro cosas concretas para quien intenta vivir la fe sin público.

Años de fidelidad invisible cuentan. Matías llevaba cerca de tres años siguiendo a Jesús cuando fue propuesto, y en todo ese tiempo ningún evangelio consideró necesario escribir su nombre. Si tu servicio consiste en tareas que nadie registra —abrir el local, acompañar a alguien enfermo, sostener una rutina que solo notaría su ausencia—, ese es exactamente el perfil que Pedro describió como requisito. Lo que lo hizo elegible no fue una hazaña, sino haber estado.

Ser elegido no garantiza protagonismo. Fue nombrado apóstol y el texto no vuelve a mencionarlo. Vale la pena tenerlo presente cuando llega una responsabilidad y lo que sigue no es reconocimiento, sino trabajo callado.

Hay decisiones que se toman con las manos abiertas. La comunidad hizo lo que le tocaba —fijar el criterio, proponer nombres, orar— y dejó fuera de su alcance el paso final. Traducido a hoy: cuando has reunido la información, has pedido consejo y has orado, llega un punto en que hay que decidir sin la certeza de acertar. Eso no es irresponsabilidad; es reconocer el límite propio.

El vacío se llena solo si uno lo permite. La historia de Matías muestra con claridad inusual cómo el silencio de las fuentes atrae leyendas, martirios contradictorios y textos con firma falsa. Aprender a distinguir «esto lo dice el texto» de «esto lo dice una tradición del siglo XIV» es una habilidad práctica, y sirve para muchas más cosas que para leer sobre un apóstol.

Si quieres seguir el hilo, el artículo sobre la iglesia primitiva muestra qué hizo aquel grupo de doce en los meses siguientes, el de Judas condenado y las profecías trata el otro extremo de esta misma historia, y el de Pentecostés recoge el día en que Matías, ya contado entre los apóstoles, salió a la calle con los demás.

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