
Publicado en septiembre 30, 2025, última actualización en agosto 11, 2026.
Cuando en el Nuevo Testamento alguien quería descalificar a Jesús, muchas veces le bastaba con recordar de dónde venía: «¿De Galilea ha de venir el Cristo?». Para los círculos religiosos de Jerusalén, Galilea era una región periférica, mezclada con extranjeros y algo sospechosa.
Fue precisamente allí donde Jesús pasó la mayor parte de su vida, predicó, llamó a sus primeros seguidores y realizó buena parte de sus milagros.
Entender por qué Jesús eligió Galilea ayuda a captar algo esencial de su mensaje: la buena noticia no empezó en el centro del poder religioso, sino en un rincón trabajador, diverso y humilde del norte.
Retrato Rápido
Galilea es la región montañosa y fértil del norte de la actual Israel, situada entre el mar Mediterráneo y el valle del Jordán, con el gran lago de agua dulce conocido como mar de Galilea en su corazón.
En tiempos de Jesús era una zona rural, poblada por agricultores y pescadores, y con una notable presencia de gentiles. Allí transcurrió la mayor parte del ministerio de Jesús, y hoy sigue siendo una región del norte de Israel.
✅ Datos firmes: La Biblia y la historia ofrecen un retrato claro. La ubicación de Galilea, su geografía y su papel central en el ministerio de Jesús están sólidamente documentados en los evangelios y en las fuentes históricas.
Puntos Clave
Estos son los rasgos que definen a Galilea dentro de la historia bíblica:
- Escenario principal del ministerio de Jesús: La mayor parte de su predicación, milagros y enseñanzas ocurrió en Galilea y alrededor de su lago.
- Región diversa y fronteriza: Conocida como «Galilea de los gentiles», era un cruce de pueblos y culturas, no un reducto puramente judío.
- Tierra de pescadores y campesinos: Su economía giraba en torno a la pesca en el lago y la agricultura, y de ese mundo salieron los primeros discípulos.
- Cumplimiento de profecía: La luz que brilló en Galilea fue vista como el cumplimiento de las palabras de Isaías sobre el pueblo que caminaba en tinieblas.
- Geografía marcada por un lago: El mar de Galilea, un lago de agua dulce bajo el nivel del mar, define el clima, la vida y muchos relatos de los evangelios.
- Región viva hoy: Galilea sigue existiendo como zona del norte de Israel, verde y fértil, con ciudades y aldeas habitadas.
¿Dónde está Galilea y cómo es su geografía?
Galilea ocupa el norte de la actual Israel, un territorio de unos cuatro mil kilómetros cuadrados que se extiende entre el mar Mediterráneo al oeste y el valle del río Jordán al este. Es una tierra de colinas y montañas, más lluviosa y verde que el resto del país, lo que la convirtió desde antiguo en una de las zonas más fértiles de la región.
Tradicionalmente se divide en dos sectores. La Alta Galilea, al norte, es más montañosa y elevada —allí se encuentra el monte Merón, que supera los 1.200 metros— y recibe abundantes lluvias. La Baja Galilea, al sur, es de colinas más suaves y valles cultivables, y es donde se ubicaban muchas de las aldeas que aparecen en los evangelios, como Nazaret.
En el corazón de la región está el mar de Galilea, que en realidad es un gran lago de agua dulce situado por debajo del nivel del mar. Recibe varios nombres en la Biblia: lago de Genesaret, mar de Tiberíades o simplemente el lago.
Alimentado por el río Jordán, sus aguas sostenían una próspera industria pesquera y son el telón de fondo de numerosos episodios: la tempestad calmada, la pesca milagrosa, Jesús caminando sobre el agua. Aquel paisaje de agua, colinas y aldeas fue el mundo cotidiano en el que se movió Jesús.
¿Por qué Jesús eligió Galilea y no Jerusalén?
Jesús eligió Galilea como base de su ministerio, y esa decisión tiene mucho de intencional. Aunque nació en Belén y subía a Jerusalén para las fiestas, fue en las aldeas y a orillas del lago galileo donde predicó, enseñó y reunió a sus seguidores. Los evangelios sitúan allí el arranque de su obra pública, después de establecerse en Capernaúm, junto al mar de Galilea.
La elección tiene varias lecturas. Galilea era una tierra de gente común: pescadores, labradores, artesanos, personas que trabajaban con las manos y estaban lejos de las disputas eruditas del templo. Al empezar allí, el mensaje llegó primero a quienes se sentían al margen, no a las élites religiosas. Además, la región era un cruce de caminos y culturas, con población gentil considerable, lo que anticipaba que aquel evangelio no se quedaría dentro de las fronteras de un solo pueblo.
Los evangelios también leen esta elección como cumplimiento de las Escrituras. Al instalarse Jesús en Galilea, Mateo cita al profeta Isaías: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz», en referencia a la «Galilea de los gentiles», según Mateo 4:15-16 e Isaías 9:1-2. Una región menospreciada se convertía así en el lugar donde amanecía la esperanza.
¿Qué hizo Jesús en Galilea?
Galilea fue el gran escenario del ministerio de Jesús, y buena parte de lo que la gente recuerda de los evangelios ocurrió en su territorio o sobre su lago. Fue allí donde llamó a sus primeros discípulos, donde enseñó a las multitudes y donde realizó milagros que dejaron huella.
El llamado de los primeros seguidores ocurrió a la orilla del mar de Galilea. Jesús encontró a unos pescadores —Pedro, Andrés, Santiago y Juan— y les dijo: «Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres», según Mateo 4:18-22. Poco después llamaría también a Mateo, un cobrador de impuestos de la zona. De aquel grupo de trabajadores galileos saldría el núcleo de sus discípulos.
El lago fue escenario de algunos de sus milagros más conocidos. Calmó una tempestad que aterrorizaba a los discípulos, según Marcos 4:35-41; caminó sobre las aguas, según Mateo 14:22-33; y alimentó a una multitud de miles de personas con unos pocos panes y peces, según Mateo 14:13-21. En las aldeas galileas sanó enfermos y proclamó el reino de Dios, y allí sanó incluso al siervo de un centurión romano, elogiando la fe de aquel extranjero, según Mateo 8:5-13.
¿Qué significaba «Galilea de los gentiles»?
La expresión «Galilea de los gentiles» resume el carácter mestizo de la región, y es clave para entender su lugar en la historia bíblica. Ya el profeta Isaías la había usado siglos antes, y Mateo la retoma para describir el ambiente en el que Jesús inició su obra.
A diferencia de Judea, más homogénea y centrada en Jerusalén, Galilea estaba rodeada de pueblos no judíos y atravesada por rutas comerciales que traían gentes de muchas procedencias. Esa mezcla despertaba recelo en los círculos más estrictos del sur, que veían la región como una zona impura o de fe dudosa. El propio evangelio recoge ese prejuicio cuando alguien pregunta con desdén si de Galilea puede salir algo bueno.
Que Jesús eligiera precisamente esa tierra fronteriza no fue casual. Anunciaba, desde el primer momento, que su mensaje cruzaría barreras de pueblo y cultura. Lo que para otros era una mancha —el contacto con los gentiles— fue en el plan del evangelio un anticipo de que la salvación se ofrecería a todas las naciones.
¿Dónde está Galilea hoy?
Galilea sigue siendo una región real y habitada, en el norte del actual Estado de Israel. Conserva buena parte del carácter que tenía en tiempos bíblicos: es una de las zonas más verdes y fértiles del país, con colinas cultivadas, bosques y el gran lago en su centro, que hoy es una de las principales reservas de agua dulce de la región.
Muchos de los lugares que aparecen en los evangelios pueden visitarse todavía. Nazaret es hoy una ciudad importante; junto al mar de Galilea se conservan los restos de Capernaúm y otras localidades, y a lo largo de la orilla se levantan santuarios que recuerdan los episodios del ministerio de Jesús. La ciudad de Tiberíades, a orillas del lago, sigue siendo un centro poblado, como lo era en el siglo primero.
La región es hoy culturalmente diversa, con población judía, árabe, drusa y cristiana conviviendo en sus ciudades y pueblos. En cierto sentido, aquella «Galilea de los gentiles» que mezclaba pueblos distintos sigue siendo, dos mil años después, una tierra de encuentro entre culturas.
¿Qué nos enseña hoy la tierra de Galilea?
La región que muchos despreciaban terminó siendo el escenario donde amaneció la buena noticia. Esa paradoja encierra lecciones que siguen tocando la vida de fe hoy. Estas son algunas reflexiones que el retrato de Galilea deja para ti.
Primero, Dios suele empezar por los márgenes. Jesús no inauguró su ministerio en el centro del poder religioso, sino en una tierra de trabajadores humildes. Si alguna vez has sentido que tu origen, tu lugar o tus circunstancias te descalifican, la historia de Galilea recuerda que allí precisamente eligió Dios comenzar.
Segundo, la fe no depende del prestigio. Los primeros discípulos eran pescadores sin formación teológica, y aun así se convirtieron en los cimientos de la iglesia. Lo que Dios busca no es un currículo impecable, sino disposición para responder al llamado.
Tercero, las fronteras no detienen el evangelio. En «Galilea de los gentiles», el mensaje de Jesús alcanzó desde el principio a personas de distintos pueblos y culturas. Eso invita a mirar con apertura a quienes son distintos a ti, en lugar de levantar muros.
Cuarto, lo cotidiano puede ser lugar de encuentro con Dios. Las orillas de un lago, una jornada de pesca, una comida compartida: en escenarios ordinarios ocurrieron cosas extraordinarias. Entender por qué Jesús eligió Galilea ayuda a mirar tu propia rutina con otros ojos, sabiendo que Dios suele actuar en medio de lo sencillo y lo diario.






