
Los anabaptistas son el ala de la Reforma que quiso llevarla hasta el final y quedó fuera de todos los bandos.
El 21 de enero de 1525, en una casa de Zúrich, un grupo de jóvenes que habían sido colaboradores del reformador de la ciudad se bautizaron unos a otros. Todos habían sido bautizados de niños, de modo que aquello era, según las leyes de la época, un delito castigado con la muerte. En los años siguientes, miles de ellos fueron ejecutados por católicos, luteranos y reformados por igual. Así empezaron los anabaptistas, el ala de la Reforma que ningún bando quiso.
Su nombre —«rebautizadores»— se lo pusieron sus adversarios, y ellos lo rechazaban: sostenían que no rebautizaban a nadie, porque el bautismo de un bebé no había sido un bautismo.
Lo que sigue recorre de dónde venían, qué los separó de todos los demás, qué creen y qué queda hoy de aquel movimiento en las comunidades menonitas, amish y huteritas.
Retrato Rápido
Los anabaptistas surgieron en 1525 en Zúrich, entre los colaboradores más jóvenes de Zwinglio, que consideraban que su reforma se detenía a medio camino.
Sostienen que el bautismo corresponde a quien puede creer y decidir, que la iglesia debe estar separada del Estado y que el seguimiento de Jesús excluye la violencia, el juramento y el ejercicio de la espada.
Fueron perseguidos por todos los bandos durante siglos. Hoy sus herederos —menonitas, amish, huteritas y la Iglesia de los Hermanos— superan los dos millones de personas repartidas por América, África y Asia (panorama del anabaptismo).
⚖️ Algunos puntos debatidos: El origen, las fechas y los documentos están bien establecidos. Se discute cuánto representó el episodio violento de Münster al movimiento —los propios anabaptistas lo consideran una desviación— y cuánto sirvió para justificar la persecución de todo el conjunto.
Puntos Clave
- «Anabaptista» es un nombre puesto por sus enemigos y equivale a una acusación penal: rebautizar era delito capital.
- Nacieron dentro de la reforma de Zúrich, no de la Iglesia católica directamente, por considerar que Zwinglio se quedaba corto.
- Fueron los primeros en pedir la separación entre iglesia y Estado en la Europa moderna, siglos antes de que fuera una idea corriente.
- La Confesión de Schleitheim, de 1527, fijó sus puntos: bautismo de creyentes, disciplina, cena, separación del mundo, pastores, rechazo de la espada y del juramento.
- La rebelión de Münster fue la excepción, y sirvió durante siglos para presentar a todo el movimiento como una amenaza violenta.
- Su descendencia sigue viva, desde comunidades que rechazan la tecnología hasta iglesias urbanas dedicadas al trabajo social internacional.
¿De dónde venían los anabaptistas?
Su antecesor inmediato no es Roma, sino la reforma de Zúrich. En los primeros años veinte del siglo XVI, un grupo de colaboradores jóvenes de Zwinglio estudiaban con él el Nuevo Testamento y llegaron a una conclusión que él no aceptó: si la iglesia debe ajustarse a la Escritura, entonces el bautismo de los niños no tiene base, y la iglesia no puede ser una comunidad a la que se pertenece por nacer en una ciudad.
El desacuerdo era más profundo de lo que parece. Zwinglio y Lutero reformaban con el apoyo de las autoridades civiles, que decidían el ritmo y los límites; para los radicales, esa alianza era el problema, no el método. Una iglesia sostenida por el magistrado no puede ser una comunidad de convertidos.
Cuando el consejo de la ciudad ordenó bautizar a todos los recién nacidos, el grupo se reunió en casa de uno de ellos y dio el paso del 21 de enero de 1525. Conrad Grebel bautizó a Georg Blaurock, y este a los demás. Fue el primer bautismo de creyentes de la Reforma, y con él empezó una persecución que duraría generaciones. El contexto del que salieron está en la tradición reformada y en la Iglesia Luterana.
¿Qué los separó de todos los demás?
Tres convicciones los pusieron fuera del mapa de su tiempo, y las tres tocaban el orden social, no solo el religioso.
El bautismo de creyentes. En una Europa donde el registro bautismal era el registro civil, negar el bautismo de los niños equivalía a negar que la sociedad y la iglesia fueran la misma cosa. El asunto se trata en el artículo sobre el bautismo cristiano.
La separación de iglesia y Estado. Sostenían que el gobierno civil tiene su función, pero que no debe decidir la fe de nadie ni sostener a la iglesia. Esa idea, hoy corriente, sonaba entonces subversiva en todos los bandos.
El rechazo de la espada y del juramento. Tomaban al pie de la letra las palabras del sermón del monte sobre no jurar (Mateo 5:33-37) y sobre no resistir al que hace el mal (Mateo 5:38-39). En consecuencia no juraban lealtad, no servían en los ejércitos y no ocupaban cargos que exigieran usar la fuerza.
Esos puntos quedaron recogidos en 1527 en la Confesión de Schleitheim, redactada por Michael Sattler, que fue ejecutado pocos meses después.
La persecución fue implacable y vino de todas partes. Se calcula en varios miles el número de ejecutados, y su memoria quedó registrada en un martirologio, el Espejo de los mártires, que sigue estando en muchas casas menonitas.
Y hubo una excepción que les costó carísima. Entre 1534 y 1535, un grupo radical tomó el control de la ciudad de Münster, proclamó allí el reino de Dios, instauró la poligamia y la comunidad de bienes y resistió un asedio que terminó en una masacre. Aquello contradecía todo lo que el movimiento sostenía, pero durante siglos se usó como prueba de que los anabaptistas eran un peligro público.
¿Qué creen los anabaptistas?
Seguir a Jesús, no solo creer en él. El centro de su teología no es una doctrina sobre cómo se recibe la salvación, sino el seguimiento: la vida cristiana entendida como imitación práctica de Jesús, con el sermón del monte como programa y no como ideal inalcanzable.
Una iglesia de voluntarios. Se entra por decisión propia, tras el bautismo, y se pertenece a una comunidad concreta que se conoce por su nombre. De ahí la importancia de la disciplina comunitaria y, en algunos grupos, de la exclusión de quien rompe el compromiso.
No violencia. Junto con los cuáqueros y la Iglesia de los Hermanos, forman las llamadas iglesias históricas de paz. En las dos guerras mundiales, muchos de sus miembros fueron objetores de conciencia y realizaron servicios civiles alternativos.
Sencillez y comunidad. La vida modesta, la ayuda mutua y la desconfianza hacia el lujo son parte del paquete. En los huteritas eso llega hasta la propiedad común de los bienes, siguiendo el modelo de la primera comunidad de Jerusalén.
Y una relación distinta con la Biblia. Leen el Nuevo Testamento como norma directa de conducta comunitaria, más que como material para construir un sistema doctrinal.
¿Qué queda hoy de aquel movimiento?
Lo que salvó al anabaptismo fue un sacerdote holandés convertido, Menno Simons, que a partir de 1536 reorganizó a los supervivientes en torno a la no violencia y la vida ordenada. De su nombre viene el de los menonitas, la rama más numerosa.
Las migraciones marcaron el resto de su historia: de los Países Bajos y Suiza a Prusia, de allí a Rusia por invitación de Catalina la Grande, y de Rusia a Canadá, Estados Unidos y América Latina cuando les retiraron la exención del servicio militar. Hoy hay colonias menonitas grandes en Paraguay, Bolivia, México y Belice, y comunidades urbanas en Estados Unidos y Europa.
Los amish se separaron de los menonitas suizos en 1693, siguiendo a Jakob Ammann en una interpretación más estricta de la disciplina; su rechazo selectivo de la tecnología no es una fobia al progreso, sino una decisión comunitaria sobre qué inventos ayudan o dañan la vida en común. Los huteritas, surgidos en Moravia en el siglo XVI, mantienen la propiedad comunitaria en colonias agrícolas de las praderas de Canadá y Estados Unidos.
Y hay una rama que sorprende a quien solo conoce la imagen del sombrero y el carruaje: buena parte del mundo menonita actual está en África, Asia y América Latina, y sus organizaciones de ayuda humanitaria trabajan en zonas de conflicto de medio mundo. En 2025 el movimiento cumplió quinientos años.
Su influencia excede con mucho su tamaño. La idea de que la fe no puede imponerse y de que el Estado no debe sostener una iglesia pasó de ser una herejía perseguida a ser un principio constitucional en buena parte del mundo, y en ese recorrido los anabaptistas fueron los primeros en pagarlo. También sus organizaciones de ayuda, sostenidas por comunidades pequeñas, trabajan hoy en desastres y conflictos con una presencia desproporcionada para su número.
¿Qué puede enseñarte esta historia?
Conocer a los anabaptistas es útil porque plantean preguntas que las demás tradiciones prefieren no hacerse. Cuatro consecuencias concretas.
Las ideas que hoy parecen obvias costaron vidas. Que el Estado no decida tu religión es hoy un lugar común; en 1525 era motivo de ejecución, y quienes lo defendieron primero lo pagaron.
Una minoría puede ser fiel sin ser poderosa. Nunca gobernaron nada ni convirtieron a ningún príncipe, y siguen ahí quinientos años después. La influencia y el poder no son lo mismo.
El sermón del monte admite lectura literal. Se puede discutir si esa lectura es la correcta, pero hay comunidades enteras que llevan siglos organizando su vida según ella, y eso obliga a tomarse el texto más en serio.
Y un extremo no define a un movimiento. Münster sirvió durante siglos para justificar la persecución de gente que predicaba exactamente lo contrario. Conviene recordarlo antes de juzgar a un grupo entero por su ala más ruidosa.
El sitio trata de cerca otras piezas de esta historia: la tradición reformada, el bautismo cristiano, la Iglesia Luterana y las primeras iglesias protestantes.
Este artículo forma parte de la guía de los tipos de iglesias cristianas del sitio, ordenada desde la Iglesia indivisa hasta los movimientos surgidos en los últimos dos siglos.



