
Pocas iglesias tienen un origen tan incómodo de contar: la ruptura entre Inglaterra y Roma empezó con la negativa del papa a anular el matrimonio de un rey. Y sin embargo, de aquel conflicto dinástico salió una tradición que hoy reúne a noventa y ocho millones de personas en cuarenta provincias autónomas, y que se ha definido a sí misma durante siglos como un punto medio entre Roma y Ginebra. Responder qué cree la Iglesia Anglicana obliga, por eso, a hablar menos de fórmulas y más de una manera de orar.
Saber qué cree la Iglesia Anglicana es más difícil que en otras tradiciones, porque el anglicanismo se define menos por una confesión cerrada que por una manera de orar en común. Dentro de él conviven corrientes que en otra iglesia estarían separadas: unas muy cercanas al catolicismo y otras plenamente evangélicas.
Lo que sigue recorre de dónde venía, qué la separó de Roma, qué cree y cómo llegó a ser una comunión mundial cuyo centro de gravedad ya no está en Inglaterra.
Retrato Rápido
La Iglesia Anglicana procede de la Iglesia latina en Inglaterra, que se separó de Roma por el Acta de Supremacía de 1534, cuando el parlamento declaró al rey cabeza suprema en la tierra de la Iglesia de Inglaterra.
Su fisonomía definitiva la fijó el reinado de Isabel I, con una solución de compromiso que conservó los obispos y la liturgia y adoptó doctrina reformada. Se apoya en tres pilares: la Biblia, el Libro de Oración Común y los Treinta y Nueve Artículos.
Hoy la Comunión Anglicana agrupa unas cuarenta provincias autónomas en comunión con el arzobispo de Canterbury y unos noventa y ocho millones de fieles (panorama del anglicanismo).
⚖️ Algunos puntos debatidos: Los hechos y los documentos están bien registrados. Se discute cuánto pesó lo político y cuánto lo religioso en la ruptura, y si el anglicanismo debe entenderse como una iglesia reformada, como una vía media propia o como las dos cosas según la época.
Puntos Clave
- La ruptura fue jurídica antes que doctrinal: en 1534 cambió quién manda, no lo que se creía.
- La reforma doctrinal vino después, con Eduardo VI y Thomas Cranmer, y estuvo a punto de deshacerse bajo María I.
- El acuerdo isabelino de 1559 es el verdadero acto fundacional de la iglesia tal como existe hoy.
- El Libro de Oración Común es su seña de identidad. Los anglicanos se reconocen menos por una confesión que por rezar con el mismo libro.
- Dentro conviven tres corrientes: la de tendencia católica, la evangélica y la liberal, y esa convivencia es a la vez su rasgo y su tensión.
- Su centro de gravedad se ha desplazado a África: las provincias de Nigeria y Uganda superan con holgura a la Iglesia de Inglaterra.
¿De dónde venía la Iglesia Anglicana?
Su antecesor es la Iglesia latina en Inglaterra, plenamente integrada en la cristiandad occidental, con obispos, monasterios y universidades. Pero el terreno estaba abonado desde antes: en el siglo XIV, Juan Wiclef había defendido la autoridad de la Escritura y promovido su traducción al inglés, y sus seguidores, los lolardos, sobrevivieron perseguidos durante generaciones. En los años veinte del siglo XVI, William Tyndale tradujo el Nuevo Testamento al inglés y murió estrangulado y quemado por ello en 1536; su versión pasaría casi entera a las traducciones posteriores.
Conviene además recordar que el cristianismo inglés tenía una historia larga y no siempre alineada con Roma. Los misioneros enviados por el papa Gregorio Magno desembarcaron en Kent en 597 y se encontraron con comunidades cristianas ya existentes en las islas, de tradición irlandesa, con las que tardaron décadas en armonizar calendarios y costumbres; el sínodo de Whitby, en 664, resolvió aquella disputa a favor del uso romano. Es un antecedente que los anglicanos han recordado con frecuencia cuando se les acusa de haber inventado una iglesia en el siglo XVI.
Sobre ese fondo llegó el conflicto político. Enrique VIII necesitaba la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, y el papa —presionado por el sobrino de Catalina, el emperador Carlos V— no se la concedió. La salida fue legal: una serie de leyes que cortaron los vínculos con Roma y culminaron en el Acta de Supremacía de 1534.
Conviene ser exacto sobre lo que ocurrió entonces. Enrique no era protestante y persiguió a quienes lo eran; lo que cambió en 1534 fue la jurisdicción, no la doctrina. La misa siguió siendo la misa. Lo que sí cambió, y mucho, fue el patrimonio: la disolución de los monasterios transfirió a la corona y a la nobleza una parte enorme de la riqueza del país, y creó un grupo social con interés en que la ruptura no se deshiciera.
¿Qué la separó de Roma?
La separación se produjo en tres tiempos y con víctimas en los dos bandos.
Con Enrique VIII, la ruptura fue de autoridad. Quienes se negaron a jurar la supremacía real fueron ejecutados, entre ellos el canciller Tomás Moro y el obispo John Fisher.
Con Eduardo VI, entre 1547 y 1553, llegó la reforma doctrinal, dirigida por el arzobispo Thomas Cranmer: liturgia en inglés, comunión bajo las dos especies, clero casado, retirada de imágenes. El Libro de Oración Común de 1549, revisado en 1552, es obra suya, y su prosa marcó el idioma inglés tanto como la Biblia del rey Jacobo.
Con María I, entre 1553 y 1558, se restauró la obediencia a Roma y cerca de trescientas personas fueron quemadas, entre ellas el propio Cranmer.
Con Isabel I, en 1559, se cerró el asunto con un acuerdo que ha definido al anglicanismo desde entonces: se conservaron los obispos, las catedrales y una liturgia solemne, y se adoptó una doctrina de raíz reformada, dejando fuera del texto legal cuanto pudiera dividir. Esa combinación es lo que se llama la vía media. La comparación con las dos orillas que quedaron a los lados está en la Iglesia Luterana, la tradición reformada y historia y desarrollo de la Iglesia Católica.
¿Qué cree la Iglesia Anglicana?
Tres pilares, no una confesión única. La Escritura como norma, el Libro de Oración Común como forma de orar y los Treinta y Nueve Artículos como marco doctrinal, más los credos y los primeros concilios. A eso se le añade a menudo un cuarto elemento: la razón, junto con la Escritura y la tradición, como criterio para decidir.
El culto por encima de la definición. El anglicanismo ha preferido siempre unir por la oración común antes que por una fórmula exacta, siguiendo aquello de que «todo se haga decentemente y con orden» (1 Corintios 14:40). De ahí que se puedan encontrar parroquias con incienso y otras con guitarra dentro de la misma diócesis.
Sacramentos. Dos son «sacramentos del evangelio», bautismo y cena del Señor; los otros cinco ritos se conservan con otro estatuto. Bautiza a los niños.
Gobierno. Episcopal: obispos, diócesis y sucesión apostólica, pero con sínodos donde participan clero y laicos, y sin ninguna autoridad central sobre las demás provincias. El arzobispo de Canterbury es punto de referencia y no jefe.
Y tres familias dentro. La alta iglesia, de acento católico, que desde el movimiento de Oxford del siglo XIX recuperó vestiduras, órdenes religiosas y sacramentalidad; la baja iglesia, evangélica, centrada en la predicación y la conversión personal; y la corriente liberal, más abierta a la crítica bíblica y a la revisión de las posturas morales. Que las tres sigan en la misma iglesia es el gran logro y el gran problema del anglicanismo.
¿Cómo se extendió y dónde está hoy?
Se extendió con el imperio británico: América del Norte, el Caribe, África, la India, Australia y Nueva Zelanda. En Estados Unidos, tras la independencia, la iglesia local tomó el nombre de episcopal. Con la descolonización, aquellas iglesias se convirtieron en provincias autónomas, con sus propios obispos y sus propias decisiones, unidas por la comunión con Canterbury y por conferencias periódicas.
Por el camino produjo dos cosas de alcance mundial. Una es la Biblia del rey Jacobo, de 1611, encargada por la corona y traducida por comités de eruditos, que durante tres siglos fue el libro más leído en lengua inglesa y modeló esa lengua como ninguna otra obra. La otra son las sociedades misioneras de los siglos XVIII y XIX, que llevaron el anglicanismo a África y Asia y que a menudo llegaron antes que la administración colonial.
El resultado es una comunión donde el peso demográfico se ha invertido. Las provincias de Nigeria y Uganda tienen muchos más practicantes que la Iglesia de Inglaterra, y las decisiones que se toman en Londres o en Nueva York encuentran hoy réplica desde África.
Ahí está su tensión actual. La ordenación de mujeres, aprobada en unas provincias y rechazada en otras, y sobre todo las posturas sobre la sexualidad han llevado a rupturas parciales de comunión entre provincias, sin que exista una autoridad capaz de zanjarlas. Es el reverso del modelo: una comunión sin cabeza no puede imponer una solución.
También ha mantenido un diálogo largo con Roma, con acuerdos teológicos notables sobre la eucaristía y el ministerio, aunque la cuestión de la validez de sus órdenes sigue sin resolverse.
¿Qué puede enseñarte esta historia?
Conocer qué cree la Iglesia Anglicana es útil incluso si nunca has pisado una de sus parroquias. Cuatro consecuencias concretas.
Un origen turbio no determina lo que algo llega a ser. Esta iglesia empezó en un pleito matrimonial y produjo después una tradición espiritual, litúrgica y musical de primer orden. Conviene juzgar los frutos y no solo la raíz.
Rezar juntos une más que estar de acuerdo en todo. El anglicanismo apostó por un libro de oración común en lugar de una definición común, y con eso mantuvo bajo el mismo techo a gente muy distinta durante cuatro siglos.
Toda solución tiene su factura. Una iglesia sin autoridad central conserva la diversidad y no sabe resolver los conflictos; una centralizada hace lo contrario. Las tensiones anglicanas de hoy son el precio de su acierto de ayer.
Y el mapa del cristianismo ya cambió. Que las provincias africanas pesen más que la inglesa no es una anécdota: es lo que está pasando en casi todas las confesiones cristianas, y anticipa cómo será este siglo.
El sitio trata de cerca otras piezas de esta historia: la tradición reformada, la Iglesia Luterana, las primeras iglesias protestantes e historia y desarrollo de la Iglesia Católica.
Este artículo forma parte de la guía de los tipos de iglesias cristianas del sitio, ordenada desde la Iglesia indivisa hasta los movimientos surgidos en los últimos dos siglos.



