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Constantino el Grande: El Emperador que Transformó el Cristianismo

Verdad Eterna agosto 26, 2026 29 minutos de lectura
Constantino el Grande: El Emperador que Transformó el Cristianismo

Publicado en octubre 11, 2025, última actualización en agosto 26, 2026.

Es probablemente el personaje más discutido de toda la historia del cristianismo. Para unos es el emperador que liberó a la Iglesia perseguida y merece ser llamado santo; para otros, el político astuto que la domesticó y la convirtió en herramienta del poder. Y la discusión no es reciente: lleva mil setecientos años abierta y sigue produciendo libros cada década.

Lo interesante es que casi todo lo que la gente cree saber sobre él necesita matices. No hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio. No fue bautizado por el papa. Siguió acuñando monedas dedicadas al Sol Invicto durante años después de su famosa visión. Conservó hasta el final el título de sumo sacerdote del culto pagano romano. Convocó el concilio que condenó a Arrio y murió bautizado por el principal defensor de Arrio.

Saber quién fue Constantino el Grande con esa clase de precisión resulta bastante más interesante que la versión de manual, en las dos direcciones: complica el retrato del santo y también el del cínico.

Este recorrido sigue su vida completa —origen, ascenso, la batalla que lo cambió todo, sus medidas a favor de la Iglesia, Nicea, las ejecuciones familiares y su muerte— y presenta con la misma consideración las distintas respuestas que los historiadores han dado a la pregunta de si su conversión fue sincera.

Contenido

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  • Retrato Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Quién fue Constantino el Grande antes de llegar al poder?
  • ¿Qué pasó realmente en el Puente Milvio?
    • Las dos fuentes no dicen lo mismo
    • El dato más incómodo
    • Lo que dicen las monedas
    • Y lo que dice el Arco de Constantino
    • Las tres explicaciones que manejan los especialistas
      • Un fenómeno atmosférico real
      • Una construcción propagandística posterior
      • Una experiencia religiosa genuina
  • ¿Se convirtió de verdad al cristianismo?
    • Lo que no encaja
    • Cómo lo explican los historiadores
  • ¿Qué hizo por la Iglesia?
    • El acuerdo del año 313
    • Las demás medidas
    • Las basílicas
    • Helena y la Vera Cruz
  • ¿Qué papel tuvo en el Concilio de Nicea?
    • Los datos
    • ¿Teólogo o gestor del orden público?
    • Pero hubo un punto en que sí intervino
    • El viraje posterior, que casi siempre se omite
  • ¿Cómo terminó su historia?
    • Crispo y Fausta
    • El juramento roto
    • La legislación severa
    • La muerte
    • La Donación de Constantino
    • Cómo lo recuerdan hoy las distintas tradiciones

Retrato Rápido

Constantino fue emperador romano desde el año 306 hasta su muerte en 337, y el primero que apoyó abiertamente al cristianismo.

Nació en Naiso, la actual Niš, en Serbia, hacia el año 272. Tras la victoria del Puente Milvio en 312 legalizó el cristianismo junto con Licinio, devolvió los bienes confiscados a la Iglesia, eximió al clero de impuestos, financió las primeras grandes basílicas, convocó el Concilio de Nicea y fundó Constantinopla. Fue bautizado en su lecho de muerte.

⚖️ Algunos puntos debatidos: Su cronología política y sus medidas legales están bien documentadas. Lo que se discute intensamente —y sin consenso— es qué ocurrió exactamente en la visión anterior al Puente Milvio, si su conversión fue sincera o política, y qué hay detrás de las ejecuciones de su hijo mayor y de su esposa en el año 326.

Puntos Clave

  • Las dos fuentes antiguas sobre su visión cuentan cosas distintas. Lactancio, que escribe dos o tres años después, habla de un sueño. Eusebio, que escribe veintisiete años después, habla de una cruz de luz vista a mediodía por todo el ejército.
  • Eusebio no menciona ninguna visión en su primera obra, escrita mucho más cerca de los hechos. El elemento más espectacular aparece un cuarto de siglo más tarde.
  • No hay ninguna moneda con el monograma de Cristo anterior al año 315, tres años después de la batalla. Y las monedas dedicadas al Sol Invicto siguen siendo las más abundantes de su reinado hasta hacia el 319.
  • Conservó el título de pontifex maximus, cabeza suprema del sacerdocio pagano romano, y lo mismo hicieron todos sus sucesores cristianos hasta Graciano, medio siglo después.
  • Murió bautizado por Eusebio de Nicomedia, que no era un obispo con simpatías arrianas, sino el jefe del partido arriano.
  • La Donación de Constantino, el documento que otorgaba al papa la soberanía sobre Occidente, es una falsificación del siglo VIII, demostrada como tal por Lorenzo Valla en 1440 mediante análisis del propio latín del texto.

¿Quién fue Constantino el Grande antes de llegar al poder?

De la periferia militar del Imperio, no de la aristocracia romana. Ese dato explica bastante de su carrera.

Nació en Naiso, en la provincia de Mesia Superior —hoy Niš, en Serbia—, hacia el año 272 o 273. La fecha exacta se discute, y conviene no dar un día concreto como si fuera seguro.

Su padre, Flavio Constancio, era un oficial militar ilirio de carrera que llegó a césar de Occidente en el 293 y a augusto en el 305. El apodo con que se le conoce, «Cloro», el pálido, es bizantino y tardío: sus contemporáneos no lo usaban.

Su madre, Helena, nació hacia el 248 en Bitinia. Su condición social es un punto genuinamente debatido:

PosiciónEn qué se apoya
Concubina en una unión de hecho reconocidaEs la lectura mayoritaria. La rapidez con que Constancio la apartó para casarse con la hijastra de Maximiano encaja con una unión no matrimonial
Esposa de rango bajoUna inscripción posterior la llama «castísima esposa del difunto emperador», aunque podría ser propaganda retroactiva del hijo
StabulariaSan Ambrosio la llama «buena posadera», y lo dice elogiándola: «buena posadera, ella que buscó con tanto empeño el pesebre del Señor»

Desde alrededor del 293, Constantino vivió en la corte oriental de Diocleciano, en Nicomedia, en condición de rehén de facto: era la garantía de la lealtad de su padre dentro del sistema tetrárquico. Y ahí ocurre un dato de enorme valor para entender su vida posterior: presenció el inicio de la Gran Persecución desde dentro del palacio, siendo joven adulto. Vio de cerca cómo se destruían iglesias y libros por orden imperial, y vio también que no funcionó.

En el año 305 o 306 huyó hacia Occidente para reunirse con su padre en Britania. Y el 25 de julio del 306, el mismo día en que Constancio murió en Eboracum —la actual York—, las tropas lo proclamaron augusto.

Ese ascenso fue irregular desde el primer minuto: Galerio solo le reconoció el rango inferior de césar. Constantino aceptó por el momento y esperó.

Lo que siguió fue el colapso de la Tetrarquía, un sistema diseñado precisamente para evitar guerras civiles que terminó multiplicándolas. Hacia el año 310 había cuatro o cinco pretendientes simultáneos al poder.

¿Qué pasó realmente en el Puente Milvio?

El 28 de octubre del 312, Constantino derrotó a Majencio en el Puente Milvio, a las puertas de Roma. Majencio murió ahogado en el Tíber al hundirse un puente de barcas, y su cuerpo fue recuperado y decapitado. Al día siguiente Constantino entró en Roma y disolvió la guardia pretoriana.

Eso está fuera de discusión. Lo que se discute es qué ocurrió antes de la batalla.

Las dos fuentes no dicen lo mismo

Lactancio, retórico cristiano y tutor del hijo mayor de Constantino, escribió su relato hacia el año 314 o 315, apenas dos o tres años después. Su texto es de tres líneas y dice, literalmente, que Constantino «fue advertido en sueños de que marcara en los escudos el signo celestial de Dios y de que así entrara en combate». Luego describe el signo como «la letra X atravesada, con el extremo superior curvado».

Eusebio de Cesarea, obispo y biógrafo del emperador, escribió el suyo después del año 337, unos veintisiete años más tarde. Y su versión es muy distinta: Constantino «vio con sus propios ojos el trofeo de una cruz de luz en los cielos, por encima del sol, con la inscripción: ‘Vence por esto'». Y añade que aquella noche Cristo se le apareció con el mismo signo y le mandó reproducirlo.

ElementoLactancio (c. 314-315)Eusebio (después del 337)
Distancia del hecho2-3 añosUnos 27 años
Tipo de experienciaSueño nocturnoVisión diurna más un sueño posterior
TestigosSolo ConstantinoTodo el ejército
Qué se veNo se describeCruz de luz sobre el sol
PalabrasNinguna«Por esto, vence»
Dónde va el signoEn los escudosEn un estandarte
Fuente del datoNo la declaraJuramento personal del emperador

Una precisión de vocabulario: la fórmula latina «in hoc signo vinces«, que es la que todo el mundo conoce, no es lo que dice Eusebio. Su griego dice literalmente «por esto, vence». La versión latina es una traducción posterior que se popularizó en Occidente.

El dato más incómodo

En su Historia Eclesiástica, redactada y revisada entre el 313 y el 325 —es decir, mucho más cerca de los hechos—, el mismo Eusebio narra la victoria del Puente Milvio y la atribuye a Dios, pero no menciona ninguna visión, ninguna cruz de luz y ninguna palabra en el cielo.

Dicho de otro modo: el mismo autor añade el elemento más espectacular veinticinco años después. Cualquier tratamiento honesto del asunto tiene que decirlo.

Lo que dicen las monedas

Aquí hay un control de realidad que permite contrastar los relatos literarios con objetos fechables.

PiezaFechaQué muestra
Medallón de plata de Ticinum315Primera aparición del monograma de Cristo en la moneda, sobre el casco del emperador
Ticinum316Reverso «al Sol Invicto, compañero», con una cruz en el campo
Siscia319Monograma en el travesaño del casco, solo en un taller
Constantinoplac. 327El estandarte atravesando una serpiente

La conclusión numismática es dura y va en las dos direcciones. No hay ninguna moneda con el monograma anterior al 315, tres años después de la batalla, y la difusión del símbolo es gradual y tardía, conviviendo durante años con la iconografía solar.

Quien sostenga una conversión fulminante en octubre del 312 tiene que explicar ese retraso. Pero quien sostenga que todo fue propaganda posterior tiene que explicar por qué el símbolo aparece de todos modos, sin precedentes, y por qué Lactancio ya lo menciona en el 314.

Y lo que dice el Arco de Constantino

Hay un testimonio oficial y contemporáneo que suele pasarse por alto: la inscripción del arco erigido en Roma en el año 315 atribuye la victoria a «la inspiración de la divinidad y la grandeza de su espíritu«.

Habla de «la divinidad», en singular, y de forma deliberadamente ambigua. No hay un solo símbolo cristiano en todo el arco; sí hay relieves del Sol, de la Victoria y de Diana. El Senado pagano que lo erigió escogió una fórmula que ambos bandos podían leer a su favor.

Las tres explicaciones que manejan los especialistas

Un fenómeno atmosférico real

El historiador Peter Weiss propuso que Constantino y su ejército presenciaron un halo solar con parhelios, un fenómeno óptico producido por cristales de hielo que genera círculos y puntos de luz alrededor del sol y que en ciertas configuraciones dibuja una cruz de luz sobre el disco solar.

Lo sitúa no en el 312 sino en el 310, en la Galia, y reconcilia las dos fuentes así: el fenómeno fue real y colectivo —de ahí «lo vio todo el ejército»—, Constantino lo interpretó primero en clave solar y solo más tarde lo releyó en clave cristiana. Timothy Barnes acepta esta reconstrucción, y es hoy la explicación naturalista más respetada. Su punto débil es evidente: no puede probarse.

Una construcción propagandística posterior

Es la posición de Jacob Burckhardt y, con otro enfoque, de Henri Grégoire, que consideraba el relato de la visión una fabricación póstuma. A su favor: el silencio de la primera obra de Eusebio, la ambigüedad del arco, la ausencia del monograma en las monedas antes del 315 y la evidente utilidad política del relato.

En su contra: Lactancio escribe en el 314, dentro de la corte, cuando había miles de veteranos vivos que habían estado en esa batalla. Inventar de cero un episodio verificable era arriesgado.

Una experiencia religiosa genuina

El argumento central lo formuló Norman Baynes: enfrentarse a Majencio en campo abierto, con un ejército inferior y contra el consejo de sus adivinos, resulta más explicable si Constantino estaba convencido de que el Dios cristiano le había asegurado la victoria.

Una variante matizada sostiene que Eusebio no mintió deliberadamente, sino que malinterpretó los recuerdos crípticos del emperador, y que Constantino, tras quince años de memoria reelaborada, pudo llegar a creer sinceramente que había visto escritura en el cielo.

¿Se convirtió de verdad al cristianismo?

Dos años antes del Puente Milvio, su propaganda oficial narraba una aparición de Apolo, y siguió acuñando moneda al Sol Invicto durante siete años más. Esos son los datos que cualquier respuesta a esta pregunta tiene que explicar.

Lo que no encaja

Dos años antes del Puente Milvio, su propaganda oficial presentaba una visión pagana. Un panegírico pronunciado en Tréveris en el año 310 relata que el dios Apolo se le apareció acompañado de la Victoria, ofreciéndole tres coronas de laurel que significaban treinta años de poder. El texto es contemporáneo y oficial. Eusebio, años después, reinterpretaría esas coronas como don de Dios.

Siguió acuñando moneda al Sol Invicto durante años. La leyenda «al Sol Invicto, compañero» es el tipo de reverso más abundante de todo su reinado entre el 310 y el 319, acuñado en prácticamente todas las cecas del Imperio. Y el matiz de la palabra importa: comes significa compañero, camarada de armas. No es un dios lejano, es su socio personal. Las dos iconografías conviven durante años.

Conservó el título de sumo sacerdote pagano. Constantino fue pontifex maximus, cabeza suprema del sacerdocio romano, y está documentado tanto en monedas como en inscripciones. Y no fue una excepción suya: todos sus sucesores cristianos conservaron el título hasta que Graciano, en algún momento entre el 376 y el 382, rechazó las vestiduras pontificales por considerar impío que un cristiano las vistiera.

Fundó Constantinopla con ritos que incluían elementos paganos, y coronó su columna de pórfido con una estatua colosal de sí mismo con corona radiada, iconografía solar. La ciudad tuvo desde el principio iglesias y también templos.

Y murió bautizado por un arriano. Este es el dato que más suele omitirse. Constantino fue bautizado pocos días antes de morir por Eusebio de Nicomedia, que no era simplemente un obispo con simpatías arrianas: era el principal valedor de Arrio y el líder del partido arriano en Oriente, desterrado poco después de Nicea precisamente por eso.

Sobre la demora del bautismo conviene un matiz: era práctica común en el siglo IV. El bautismo se entendía como remisión de todos los pecados anteriores, y postergarlo hasta el final maximizaba su cobertura.

Constantino fue catecúmeno toda su vida adulta. Y hay que decir también que la versión medieval según la cual fue bautizado en Roma por el papa Silvestre I y curado de lepra es falsa: procede de una leyenda del siglo V y es la base narrativa de la Donación de Constantino.

Aun así, la paradoja es real: el hombre que convocó Nicea para condenar a Arrio murió bautizado por el máximo defensor de Arrio.

Cómo lo explican los historiadores

Este es uno de los debates más largos y mejor argumentados de la historiografía moderna.

Jacob Burckhardt (1853) lo retrató como un político calculador que fingió la conversión: «en un genio impulsado sin descanso por la ambición y el ansia de poder no puede haber cuestión alguna de religiosidad». Su lectura dominó hasta los años treinta del siglo XX.

Norman Baynes (1929) fue el punto de inflexión: rehabilitó las fuentes y defendió una conversión sincera, aunque de comienzos reticentes. Andreas Alföldi añadió un argumento de contragolpe: la prueba de la sinceridad está en la reacción pagana organizada contra sus políticas — nadie reacciona contra una conversión de fachada.

A. H. M. Jones matizó: conversión genuina, sí, pero de un hombre sin profundidad teológica, cuya religión era simple y utilitaria, la de un Dios poderoso que da victorias.

Timothy Barnes sostiene la posición más maximalista entre los grandes especialistas actuales: Constantino fue simpatizante del cristianismo desde joven y vivió una conversión decisiva en el 312, creyendo sinceramente que Dios le había encomendado la misión de convertir el Imperio.

H. A. Drake (2000) formuló la tesis que hoy resulta más operativa, porque es la que mejor explica las contradicciones. Constantino habría sido un cristiano de tipo inclusivo, que rechazaba la oposición binaria entre paganos anticristianos y cristianos antipaganos. Había aprendido de Diocleciano una lección práctica: la coerción fracasa. Su tolerancia no sería indiferencia religiosa sino pragmatismo deliberado, y su objetivo permanente, construir consenso. Drake añade una observación incómoda: la intolerancia posterior no procede tanto de Constantino como de los obispos, que ganaron la partida sobre su política inclusiva.

Paul Veyne, historiador no creyente, aporta un argumento que vale la pena considerar precisamente por venir de donde viene: sostiene que la conversión fue absolutamente sincera y que la explicación política es insuficiente, porque el cristianismo era en el 312 una minoría de quizás el cinco o el diez por ciento del Imperio. Convertirse no era un cálculo rentable.

Raymond Van Dam desplaza la pregunta: en lugar de si se convirtió de verdad, se pregunta cómo se construyó y se transmitió el relato, y sugiere que la memoria del propio Constantino sobre su experiencia fue moldeada por los intérpretes cristianos que lo rodeaban. Buscar el hecho puro detrás del relato podría ser una pregunta mal planteada.

Dónde está hoy el consenso: se acepta mayoritariamente que hubo una conversión real, frente a la tesis de Burckhardt, pero se discute su profundidad teológica, su fecha y su relación con el cálculo político. La línea de Drake —sinceridad religiosa más estrategia de consenso— es la más utilizada, porque explica tanto las basílicas como el destierro de Atanasio.

¿Qué hizo por la Iglesia?

Sus medidas concretas son abundantes y bien documentadas, y transformaron la situación de la Iglesia en menos de veinte años.

El acuerdo del año 313

En febrero del 313, Constantino y Licinio se reunieron en Milán y acordaron una política religiosa común. El documento que se conserva —que técnicamente no es un edicto ni se promulgó en Milán, sino que es una carta publicada en Nicomedia en junio— concede libertad religiosa plena a los cristianos y a todos, ordena restituir los bienes confiscados y establece que el Estado indemnice a quienes los hubieran comprado de buena fe.

Ese tercer punto es notable: el fisco imperial paga el coste de reparar su propia expropiación. El asunto tiene su propia historia, que se cuenta en detalle en el recorrido sobre el Edicto de Milán.

Las demás medidas

MedidaFechaContenido
Exención del clero de las cargas públicas313, confirmada en 319Para que pudieran dedicarse íntegramente al culto. Hubo tal avalancha de ingresos al clero para escapar de las cargas municipales que Constantino tuvo que restringir el acceso al estado clerical a los ricos
Jurisdicción episcopalc. 318Los obispos podían actuar como jueces en litigios civiles, con sentencia firme y ejecutable por el brazo secular
Ley del domingo7 de marzo de 321«Que todos los jueces, los habitantes de las ciudades y los talleres de todos los oficios descansen en el venerable día del Sol«
Manumisión en la iglesia321Los esclavos podían ser liberados ante el obispo con plena validez legal
Prohibición de marcar el rostro de condenados y esclavos315«Para que el rostro, que ha sido formado a semejanza de la belleza celestial, no sea desfigurado»
Derecho de la Iglesia a recibir legados321Cualquiera podía dejarle sus bienes al morir

Sobre la ley del domingo hay dos precisiones que suelen perderse. La primera: la expresión legal es «el venerable día del Sol«, no «el día del Señor». La formulación es pagana o, como mínimo, religiosamente neutra. La segunda: la ley exceptúa expresamente el trabajo agrícola, lo que muestra que la motivación no era sabática sino de orden civil.

Y un dato que suele repetirse sin verificar: la abolición de la crucifixión no tiene texto legal conservado. Se la atribuyen fuentes tardías, pero el edicto no figura en ninguna colección de derecho romano. La formulación honesta es esa.

Las basílicas

Constantino inauguró la arquitectura cristiana monumental financiada con dinero público.

San Juan de Letrán en Roma se levantó sobre los terrenos del cuartel de la caballería de guardia de Majencio, que Constantino arrasó tras el Puente Milvio. Es la iglesia pública más antigua de Roma y la catedral de Roma, no San Pedro.

San Pedro del Vaticano —la basílica antigua, no la actual— se inició hacia el 319 sobre la necrópolis vaticana.

Y el Santo Sepulcro en Jerusalén, para el cual Constantino ordenó hacia el 326 demoler el templo pagano que ocupaba el lugar. El obispo Macario excavó e identificó una tumba rupestre como la de Jesús. La basílica fue consagrada el 13 de septiembre del 335.

Helena y la Vera Cruz

Helena, ya con el título de augusta y alrededor de ochenta años, viajó a Palestina hacia el 326. Repartió limosnas, liberó presos e impulsó la construcción de las iglesias de Belén y del Monte de los Olivos. Todo eso está documentado por Eusebio, que casi con certeza la conoció allí.

Pero hay un punto que conviene decir con claridad: Eusebio nunca menciona que Helena hallara la cruz. Ni en la biografía de Constantino ni en ninguna otra obra. Y era su biógrafo oficial, contemporáneo, y estaba en Palestina.

FechaFuenteQué dice
c. 348-350Cirilo de JerusalénYa se distribuyen fragmentos del madero por el mundo. No nombra a Helena
c. 335-339EusebioSilencio total sobre un hallazgo
395San AmbrosioPrimera atribución explícita del hallazgo a Helena
c. 402Rufino de AquileyaVersión desarrollada: tres cruces, milagro de identificación

Que se veneraran reliquias de la cruz en Jerusalén ya hacia el 350 parece firme. Que las hallara Helena es tradición posterior, cristalizada unos sesenta o setenta años después del viaje.

¿Qué papel tuvo en el Concilio de Nicea?

Lo convocó él, no un obispo ni el papa. Y lo pagó él: los viajes por la posta imperial, el alojamiento y el banquete final corrieron a cargo del Estado.

Los datos

El concilio se abrió el 20 de mayo del año 325 en Nicea de Bitinia, cerca de su residencia. Asistieron unos 250 obispos según Eusebio, que estaba presente; la cifra tradicional de 318 procede de Atanasio y es simbólica, tomada de los siervos de Abraham en Génesis. Los asistentes eran abrumadoramente orientales y griegos; de Occidente estuvieron Osio de Córdoba y dos legados papales. El papa Silvestre I no asistió.

¿Teólogo o gestor del orden público?

El balance de la evidencia apunta claramente a lo segundo, y hay un documento que lo muestra.

Antes de convocar el concilio, Constantino envió a Osio de Córdoba a Alejandría con una carta para Arrio y su obispo Alejandro. En esa carta trata la controversia como una discusión «sobre cuestiones nimias e inútiles» que amenaza la paz pública. Su prioridad explícita es la concordia, no la precisión dogmática. Cuando el intento fracasó, convocó el concilio.

Abrió las sesiones con gran ceremonia y asistió como presidente honorario, pero la dirección de las discusiones teológicas quedó en manos de los obispos, con Osio de Córdoba presidiendo de hecho.

Pero hubo un punto en que sí intervino

Y es un dato primario de primer orden. En una carta a su diócesis explicando por qué había firmado el credo, Eusebio de Cesarea cuenta que el emperador fue el primero en aprobar el texto propuesto y exhortó a todos a suscribirlo con la adición de una sola palabra: homoousios, «consustancial». Y añade que el propio emperador explicó cómo debía entenderse el término: no en sentido corporal, porque el Hijo no subsiste del Padre «ni por división ni por escisión».

Es decir: un emperador laico y no bautizado propuso o impulsó públicamente el término técnico central del credo cristiano. Se discute si la palabra fue idea suya o se la sugirió Osio, y la mayoría de los especialistas se inclina por lo segundo: Constantino sería el portavoz, Osio el autor.

Conviene añadir que homoousios era una palabra problemática: no es bíblica y había sido condenada en un sínodo de Antioquía medio siglo antes. Muchos obispos la firmaron con reservas.

Y otra precisión, porque el bulo circula mucho: Nicea no fijó el canon del Nuevo Testamento. El asunto ni siquiera se trató.

El viraje posterior, que casi siempre se omite

Esta es la parte que cambia el retrato, y sin ella el papel de Constantino en Nicea se entiende mal.

FechaQué pasó
325Nicea. Arrio es desterrado. Eusebio de Nicomedia, desterrado poco después
327-328Constantino hace regresar a Arrio del destierro tras recibir de él una confesión de fe suficientemente ambigua. Eusebio de Nicomedia es rehabilitado
328Atanasio sucede como obispo de Alejandría y se niega en redondo a readmitir a Arrio
335El Sínodo de Tiro, convocado por el emperador, depone a Atanasio y restituye a Arrio a la comunión
335Atanasio apela personalmente a Constantino. El emperador lo destierra a Tréveris
336Arrio muere súbitamente en Constantinopla, la víspera de la ceremonia de su readmisión
337Constantino muere bautizado por Eusebio de Nicomedia

Dicho de la forma más directa: el emperador que convocó Nicea acabó desterrando al máximo defensor de Nicea y rehabilitando al condenado por Nicea.

Esto refuerza la lectura de Drake. Lo que Constantino buscaba no era una doctrina concreta, sino consenso y paz eclesial. Cuando el intransigente fue Arrio, cayó Arrio. Cuando el intransigente fue Atanasio, cayó Atanasio.

¿Cómo terminó su historia?

Los últimos once años de su vida contienen los episodios más oscuros y los que más han condicionado su valoración.

Crispo y Fausta

En el año 326, Constantino ejecutó a su hijo mayor y, pocas semanas después, a su esposa.

Crispo era hijo de Constantino y de Minervina, había sido discípulo de Lactancio, era césar desde el 317 y el héroe militar de la familia: sus doscientos barcos habían derrotado en el Helesponto a una flota al menos el doble de numerosa. Fue ejecutado en Pola, en Istria, entre mayo y junio del 326, probablemente con veneno. Su nombre fue borrado de las inscripciones.

Fausta era hija de Maximiano, hermana de Majencio, esposa de Constantino desde el 307, madre de tres futuros emperadores y augusta desde el 324. Murió en julio del 326. Según el historiador Zósimo, Constantino «hizo calentar un baño hasta un grado extraordinario, encerró a Fausta en él, y poco después la sacó muerta». También sufrió la condena de memoria.

Las hipótesis, y todas son hipótesis:

HipótesisContenidoEstado
Adulterio o incestoFuentes antiguas hostiles sostienen que Crispo tuvo una relación con su madrastra, y que Constantino ejecutó a Fausta al comprobar que la acusación era falsaEs la versión antigua más difundida, pero las fuentes son tardías y hostiles
Imposibilidad materialTimothy Barnes objeta que Crispo estaba en Tréveris y Fausta en Oriente. No tuvieron ocasiónArgumento fuerte contra la anterior
Contaminación mitológicaLa historia reproduce con exactitud el mito de Fedra e Hipólito: la madrastra que acusa falsamente al hijastro que la rechazaHace sospechoso el relato como relato
Rivalidad dinásticaCrispo, adulto y popular, amenazaba la sucesión de los tres hijos de Fausta, todos menores. Ella habría intrigado, y él la habría eliminado al comprenderloVerosímil, indemostrable

El consenso académico es que no se sabe, y esa es la formulación honesta. Un detalle adicional muy revelador: las fuentes cristianas contemporáneas, Eusebio incluido, guardan silencio absoluto sobre el episodio. Eusebio llega a omitir por completo la existencia de Crispo en su biografía del emperador.

El juramento roto

Tras la derrota de Licinio en Crisópolis, su esposa Constancia —hermana de Constantino— intercedió por él y obtuvo de su hermano el juramento de que se le perdonaría la vida. Licinio fue enviado a Tesalónica como particular.

En la primavera del 325, el mismo año de Nicea, fue estrangulado, acusado de conspirar con los bárbaros. Zósimo es explícito: Constantino «rompió su juramento». Su hijo, sobrino carnal del emperador, fue ejecutado al año siguiente.

La legislación severa

El emperador de las medidas humanitarias es también el de otras que conviene conocer. El paquete legal del año 326 —el mismo de las muertes familiares— incluye disposiciones de una crudeza notable: en los casos de rapto, si la joven había consentido era castigada igual que el raptor, y a la nodriza que hubiera facilitado el encuentro se le vertía plomo fundido por la garganta. Varios historiadores han visto en ese paquete o bien una reacción moralizante, o bien la construcción del marco legal que justificó las ejecuciones.

La muerte

Murió el 22 de mayo del año 337, que era domingo de Pentecostés, en una villa a las afueras de Nicomedia. Tenía unos sesenta y cinco años. Había enfermado tras la Pascua y se dirigía a una campaña contra Persia.

Según Eusebio, deseaba ser bautizado en el Jordán, pero Dios dispuso otra cosa.

Fue sepultado en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, entre cenotafios de los doce apóstoles. Ese detalle no es casual: él mismo había diseñado así su sepulcro.

La Donación de Constantino

Siglos después de su muerte, su nombre fue usado para respaldar el documento falso más influyente de la historia europea.

El Constitutum Constantini se presenta como un decreto imperial al papa Silvestre I. Según su texto, Constantino, agradecido por haber sido curado de la lepra y bautizado por el papa, concedía a la sede romana la primacía sobre Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Jerusalén, las insignias imperiales, el Palacio de Letrán y la soberanía temporal sobre Roma, Italia y las provincias occidentales.

Es una falsificación del siglo VIII, ligada al nacimiento de los Estados Pontificios, y se invocó intensamente entre los siglos XI y XIII.

Lorenzo Valla la demolió en 1440 con un método que fundó la crítica textual moderna: el análisis de la propia lengua del documento. Sus argumentos son elegantes y demoledores. El latín es medieval y bárbaro, imposible en la cancillería del siglo IV. Usa la palabra «sátrapa» para dignatarios romanos y terminología feudal que no existía. Otorga al papa primacía sobre el patriarcado de Constantinopla, cuando en la fecha supuesta del documento la ciudad ni siquiera había sido fundada. Ninguna fuente contemporánea menciona una donación de esa magnitud, que habría sido el hecho político más comentado del siglo. Y el texto es internamente incoherente: el emperador se despoja de su Imperio y sigue legislando como emperador.

Valla mantuvo la obra prácticamente inédita por prudencia. Fue impresa por Ulrich von Hutten en 1517, y Lutero la leyó en 1520 y la usó como arma polémica. El historiador católico Cesare Baronio admitió la falsedad del documento a finales del siglo XVI, y desde entonces es un hecho aceptado universalmente.

Cómo lo recuerdan hoy las distintas tradiciones

La Iglesia ortodoxa lo venera como santo con el título de «igual a los apóstoles«, y celebra su fiesta el 21 de mayo junto a santa Helena. Es una de las fiestas onomásticas más populares del mundo griego y eslavo. La tradición ortodoxa no oculta su bautismo tardío: lo integra como acto de humildad.

La Iglesia católica romana no lo canonizó nunca y no figura como santo en el Martirologio Romano. Su madre sí: santa Elena, el 18 de agosto. La postura católica común lo reconoce como benefactor decisivo de la Iglesia, sin proponerlo como modelo de santidad personal.

La crítica protestante y anabautista habla de «constantinismo». El término lo popularizó el teólogo menonita John Howard Yoder, y denuncia que el giro constantiniano no consistió simplemente en el fin de las persecuciones, sino en una alianza entre Estado e Iglesia que convirtió al cristianismo en instrumento del poder político. Sus consecuencias, según esta lectura: la Iglesia deja de ser una minoría voluntaria, el bautismo se vuelve un trámite civil, y la ética del Sermón del Monte se relega a «consejo para perfectos» mientras la Iglesia bendice las guerras del Imperio. Stanley Hauerwas identifica en ese giro la raíz de la confusión entre fe cristiana y patriotismo.

Y hay una réplica seria: Peter Leithart, en Defending Constantine, sostiene que no hubo un giro epocal permanente sino «un breve y ambiguo momento constantiniano en el siglo IV», y argumenta que Constantino desacralizó el Estado romano —le quitó los sacrificios como fundamento— más de lo que sacralizó a la Iglesia.

Buena parte del protestantismo histórico, por su lado, valora positivamente el fin de las persecuciones y la formulación de Nicea sin adoptar la crítica anabautista. La postura no es uniforme.


Si quieres seguir esta historia, está el documento que él y Licinio acordaron: el Edicto de Milán. Y las dos figuras que protagonizaron el conflicto teológico que él intentó administrar: Arrio de Alejandría, a quien primero desterró y luego rehabilitó, y Atanasio de Alejandría, a quien primero respaldó y luego desterró.

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