
Publicado en septiembre 17, 2025, última actualización en agosto 11, 2026.
Muy pocos lugares de la Biblia concentran tantos momentos decisivos como el Monte de los Olivos. Es la colina donde Jesús enseñó a sus discípulos sobre el fin de los tiempos, donde sudó gotas como de sangre la noche de su arresto, desde donde subió al cielo y hacia donde, según la profecía, volverá. Todo eso cabe en una sola ladera cubierta de olivos, justo enfrente de las murallas de Jerusalén.
Saber qué es el Monte de los Olivos ayuda a leer los Evangelios con un mapa en la mano. No es una montaña remota ni un símbolo abstracto: es un cerro real, con su nombre, su altura y sus caminos, tan cercano a la ciudad que se ve desde las murallas del templo.
Retrato Rápido
El Monte de los Olivos es una cadena de colinas calizas situada al este de Jerusalén, separada de la ciudad por el valle de Cedrón. Su nombre viene de los olivares que cubrían sus laderas, de los que aún quedan ejemplares antiquísimos en el huerto de Getsemaní, al pie del monte.
En sus faldas ocurrieron algunos de los episodios centrales del Evangelio —la entrada triunfal, la oración de Getsemaní, la ascensión— y allí sitúa el profeta Zacarías el regreso glorioso del Mesías. Hoy es un lugar de peregrinación lleno de iglesias, y también el cementerio judío más antiguo y venerado del mundo.
⚖️ Algunos puntos debatidos: El lugar es firme y está identificado con seguridad, pero hay detalles menores que las fuentes discuten, como la edad exacta de los olivos de Getsemaní o el punto preciso de la ascensión.
Puntos Clave
Antes de recorrer su historia, conviene tener presentes los aspectos esenciales de este lugar tan cargado de significado.
- Es una colina al este de Jerusalén. Se alza frente al Monte del Templo, separada por el valle de Cedrón, y su cumbre supera en varias decenas de metros la altura de la ciudad antigua.
- Su nombre viene de los olivos. Sus laderas estaban cubiertas de olivares, y de allí se obtenía el aceite; el huerto de Getsemaní debe su nombre a una prensa de aceite.
- Fue escenario de momentos clave de Jesús. Allí ocurrieron la entrada triunfal, el discurso sobre el fin de los tiempos, la agonía de Getsemaní y la ascensión.
- Tiene un peso profético y escatológico. El profeta Zacarías anuncia que los pies del Mesías se posarán sobre este monte en el día de su regreso.
- Es un lugar vivo hoy. Se conservan iglesias antiguas, olivos milenarios y un cementerio judío con unas 150.000 tumbas.
¿Dónde queda el Monte de los Olivos?
El Monte de los Olivos es una línea de colinas de piedra caliza que corre de norte a sur al este de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Entre el monte y las murallas del templo se abre el valle de Cedrón, un barranco profundo que sirve de frontera natural. Desde la explanada del templo, la ladera se ve entera, tan cerca que uno puede distinguir los árboles y las tumbas de la falda opuesta.
En altura ronda los 800 metros sobre el nivel del mar y se eleva unos 60 a 100 metros por encima del recinto del antiguo templo, lo que le da una vista dominante sobre la ciudad (Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología).
Las fuentes suelen distinguir varias cumbres a lo largo de la cadena: al norte el Monte Scopus, en el centro la elevación principal —hoy el barrio de et-Tur— y al sur el llamado Monte de la Ofensa. La cima central se subdivide a su vez en varios puntos con nombre propio, entre ellos el de la Galilea y el de la Ascensión.
El nombre y los olivares
El nombre describe lo que cubría el cerro. Sus laderas estaban plantadas de olivos, el árbol que dominaba el paisaje y del que se extraía el aceite para la comida, la luz y el culto.
En hebreo se le llama Har ha-Zeitim, «monte de los olivos», y esa vegetación explica también el nombre del huerto de su base: Getsemaní procede del arameo gat shemanim, que significa «prensa de aceite» o «lagar de aceite» (Primeros Cristianos). Era, pues, una zona de cultivo y trabajo agrícola pegada a la ciudad, no un santuario aislado.
Un lugar de paso hacia Jerusalén
Por sus laderas orientales pasaba el camino que subía desde Jericó, y en ellas estaban las aldeas de Betania y Betfagé, donde Jesús tenía amigos y solía alojarse.
Los Evangelios cuentan que durante la última semana Jesús enseñaba de día en el templo y salía por las noches a pasarlas en el monte (Lucas 21:37). Esa cercanía —a poco más de un kilómetro de las murallas, «camino de un día de reposo» según Hechos 1:12— convirtió el monte en un escenario natural de los últimos días de su ministerio.
¿Qué eventos bíblicos ocurrieron en el Monte de los Olivos?
El Monte de los Olivos aparece en la Biblia mucho antes de Jesús y reúne algunos de los episodios más intensos de los Evangelios. Su presencia atraviesa el Antiguo y el Nuevo Testamento, casi siempre en momentos de crisis, despedida o esperanza.
En el Antiguo Testamento, el rey David subió llorando por la cuesta del monte, descalzo y con la cabeza cubierta, cuando huía de su hijo Absalón (2 Samuel 15:30). El profeta Ezequiel, en su visión, vio la gloria del Señor detenerse «sobre el monte que está al oriente de la ciudad» al abandonar el templo (Ezequiel 11:23). Esas escenas dieron al monte, desde antiguo, un aire de umbral entre Jerusalén y lo que estaba más allá de ella.
La entrada triunfal
Desde el Monte de los Olivos comenzó la entrada de Jesús en Jerusalén el domingo que la tradición llama de Ramos. Enviando por un pollino a la aldea de Betfagé, Jesús bajó la ladera montado en él mientras la multitud tendía sus mantos y ramas por el camino y gritaba «¡Hosanna!» (Mateo 21:1-11).
El gesto cumplía la profecía de un rey que llega humilde, montado en un asno (Zacarías 9:9). En esa misma bajada, según Lucas, Jesús se detuvo a llorar sobre la ciudad al preverla destruida (Lucas 19:41-44).
El discurso del Monte de los Olivos
Sentado en la ladera, frente al templo, Jesús pronunció su gran enseñanza sobre el futuro. Ante la mirada de sus discípulos sobre la grandeza del templo, anunció su destrucción y habló de las señales del fin, la venida del Hijo del Hombre y la necesidad de velar (Mateo 24; Marcos 13).
Por el lugar donde fue pronunciado, este pasaje se conoce como el «discurso del Monte de los Olivos» o discurso escatológico.
La agonía de Getsemaní

En el huerto de Getsemaní, al pie del monte, Jesús vivió su noche más dura antes de la crucifixión. Después de la última cena llevó allí a sus discípulos, se apartó a orar y, angustiado hasta la muerte, pidió que pasara de él aquella copa mientras aceptaba la voluntad del Padre (Mateo 26:36-46).
Lucas añade que su sudor se volvió «como grandes gotas de sangre» (Lucas 22:39-44). Allí mismo llegó Judas con la turba y lo entregó con un beso (Juan 18:1-3).
La ascensión
Desde el Monte de los Olivos, cuarenta días después de la resurrección, Jesús ascendió al cielo. Reunidos con él en el monte, los discípulos lo vieron elevarse hasta que una nube lo ocultó, y dos hombres vestidos de blanco les anunciaron que volvería del mismo modo (Hechos 1:9-12).
Lucas sitúa la escena de la despedida «hacia Betania», en la vertiente oriental del mismo monte (Lucas 24:50-51).
¿Qué dice la profecía de Zacarías sobre este monte?
El Monte de los Olivos ocupa un lugar único en la profecía porque es el escenario señalado del regreso del Mesías. El profeta Zacarías anuncia que, en el día del Señor, Dios saldrá a pelear por Jerusalén y «se afirmarán sus pies en aquel día sobre el Monte de los Olivos, que está frente a Jerusalén al oriente; y el Monte de los Olivos se partirá por en medio», abriendo un gran valle (Zacarías 14:3-4).
Este texto conecta directamente con la promesa de los ángeles en la ascensión: que Jesús volvería «de la misma manera» en que se fue, desde ese mismo monte. Para muchos cristianos, la escena de Hechos 1 y la profecía de Zacarías 14 se leen juntas: el lugar de la partida es también el lugar anunciado del retorno.
Este peso escatológico explica en buena parte lo que ocurre hoy en la ladera. La tradición judía ha visto en este monte el punto donde comenzará la resurrección de los muertos en la era mesiánica, y por eso desde hace siglos los fieles han querido ser enterrados en sus faldas, mirando hacia la Puerta Dorada de la ciudad.
Las distintas denominaciones cristianas coinciden en el valor profético del lugar, aunque interpreten de modos diversos cómo y cuándo se cumplirá.
¿Qué hay hoy en el Monte de los Olivos?
Hoy el Monte de los Olivos es a la vez barrio de Jerusalén, lugar de peregrinación y enorme camposanto. La ladera está salpicada de iglesias que marcan los episodios evangélicos, mientras la vertiente que da a la ciudad está cubierta por un mar de tumbas blancas. Desde su cima se obtiene la vista más famosa de la Ciudad Vieja, con el Domo de la Roca y las murallas del templo al frente.
Getsemaní y sus olivos
Al pie del monte, en el valle de Cedrón, se conserva el huerto de Getsemaní con un grupo de olivos de tronco grueso y retorcido, de aspecto antiquísimo. Junto a ellos se levanta la Basílica de la Agonía, también llamada Iglesia de Todas las Naciones por los países que costearon su construcción entre 1919 y 1924; obra del arquitecto Antonio Barluzzi, se alza sobre restos de una iglesia bizantina y otra de los cruzados, y guarda en su interior la roca donde la tradición sitúa la oración de Jesús (Primeros Cristianos).
Un punto debatido: ¿qué edad tienen los olivos? La antigüedad exacta de estos árboles es objeto de discusión honesta. Estudios de datación por radiocarbono han fechado la madera de algunos troncos hacia mediados del siglo XII, lo que los haría contemporáneos de la época de los cruzados.
Sin embargo, el olivo rebrota una y otra vez desde la misma raíz, de modo que el sistema radicular puede ser mucho más antiguo que el tronco visible, y los estudios genéticos han mostrado que varios de estos árboles proceden de un mismo ejemplar madre. Que sean o no los mismos olivos que vieron a Jesús no puede probarse; lo que sí es seguro es que crecen en el lugar venerado como Getsemaní desde al menos el siglo IV.
La Capilla de la Ascensión
En la cima del monte se encuentra la Capilla de la Ascensión, un pequeño edificio octagonal que conmemora la subida de Jesús al cielo. Sus orígenes se remontan a una iglesia circular llamada Imbomon, levantada hacia el año 378 por la matrona romana Poimenia; los cruzados la reconstruyeron en forma octagonal en 1152.
Desde la época de Saladino el recinto está bajo custodia musulmana (el Waqf islámico) y funciona como mezquita, aunque se permite el culto cristiano el día de la Ascensión. En su interior se muestra una roca con la marca que la tradición identifica como la huella del pie de Jesús (Primeros Cristianos).
Un segundo punto debatido: el lugar exacto de la ascensión. No todas las fuentes cristianas sitúan la ascensión en la misma cima. El texto de Lucas menciona que Jesús llevó a los discípulos «hacia Betania» (Lucas 24:50), en la vertiente oriental del monte, mientras la tradición bizantina fijó el memorial en la cumbre que da a la ciudad.
Las distintas iglesias han venerado puntos algo diferentes, y ninguna afirmación cierra por completo la cuestión; lo que las fuentes coinciden en señalar es el propio Monte de los Olivos como escenario del acontecimiento.
Otras iglesias y el cementerio judío
La ladera guarda además otros santuarios muy visitados. La iglesia de Dominus Flevit, con forma de lágrima, recuerda el lugar donde Jesús lloró sobre Jerusalén; la iglesia del Pater Noster señala el sitio donde, según la tradición, enseñó el Padrenuestro, y muestra la oración escrita en decenas de idiomas; y la iglesia rusa de Santa María Magdalena, con sus cúpulas doradas, corona un tramo de la cuesta.
En la vertiente occidental se extiende el cementerio judío más antiguo y venerado del mundo, con unas 150.000 tumbas, donde reposan personajes de todas las épocas y donde muchos han querido ser enterrados por su asociación con la esperanza de la resurrección (Monte de los Olivos, Wikipedia).
¿Qué nos enseña hoy el Monte de los Olivos?
Más allá de la geografía y las piedras, el Monte de los Olivos deja lecciones que tocan de cerca la vida de fe. Es un lugar donde se cruzan la angustia y la gloria, la despedida y la promesa, y por eso tiene mucho que decirle a quien lo mira con atención. Estas son algunas reflexiones para llevar contigo.
Dios se encuentra contigo en tus noches más oscuras. En Getsemaní, Jesús vivió el miedo y la angustia sin fingir entereza, orando entre lágrimas. Saber qué es el Monte de los Olivos incluye recordar que allí el Hijo de Dios oró justo cuando más pesaba la carga. Tú también puedes acudir a Dios en tu peor momento, sin disimular lo que sientes.
La entrega verdadera se decide en oración. En ese mismo huerto, Jesús pasó del «que pase de mí esta copa» al «hágase tu voluntad». Las decisiones más difíciles de tu vida no se resuelven de un golpe, sino de rodillas, poniendo delante de Dios lo que temes antes de aceptar el camino.
La despedida no fue el final. Desde este monte Jesús ascendió, pero los ángeles anunciaron su regreso. Cuando sientas que algo se cierra o que alguien parte, la fe cristiana enseña a mirar el mismo horizonte con esperanza: lo que parece un adiós puede ser una promesa.
Vivir mirando hacia adelante. El Monte de los Olivos es, según Zacarías, el lugar señalado del retorno del Mesías. Vivir con esa expectativa no es evadirse del presente, sino habitarlo con sentido, velando y sirviendo como quien espera a alguien que vuelve.
Los lugares sagrados apuntan a algo mayor que ellos. Las iglesias, los olivos y las tumbas del monte son valiosos, pero lo que de verdad importa es Aquel que caminó por esa ladera. Que puedas visitarlo o no no cambia lo esencial: el Dios que se encontró con los suyos en el Monte de los Olivos sigue saliendo a tu encuentro donde estés.






