
Publicado en agosto 9, 2025, última actualización en septiembre 17, 2026.
Los cuatro evangelios cuentan que una mujer derramó un perfume costoso sobre Jesús durante una comida, pero los relatos no coinciden del todo. Lucas sitúa la escena en Galilea, en casa de un fariseo y al comienzo del ministerio; Marcos, Mateo y Juan la llevan a Betania, a pocos días de la Pascua.
En un relato la mujer derrama el perfume sobre la cabeza y en otros sobre los pies. Cambian también el anfitrión, quién protesta y el sentido que Jesús da al gesto. De ahí nace una pregunta muy frecuente sobre la unción de Jesús con perfume: ¿es un solo hecho contado de cuatro maneras o fueron varias unciones distintas?
Quizás conoces la escena por una sola de sus versiones y nunca te has detenido en cuánto cambian las otras. El recorrido compara primero los cuatro relatos, expone después las tres lecturas que se han propuesto con sus mejores argumentos, explica por qué Marcos y Juan dan fechas distintas y resume cómo han leído estos pasajes las tradiciones cristianas.
Veredicto Rápido
Los evangelios no dicen cuántas unciones hubo; la respuesta depende de cómo se relacionen los relatos entre sí. La lectura más extendida distingue dos: una en Galilea, que solo cuenta Lucas, y otra en Betania, pocos días antes de la Pasión, que cuentan Marcos, Mateo y Juan. Otras lecturas ven un único hecho o tres.
Referencias: Lucas 7:36-50, Marcos 14:3-9, Mateo 26:6-13 y Juan 12:1-8.
Certeza: ⚖️ Algunos puntos debatidos: Es firme que hay dos escenarios muy distintos, Galilea y Betania, y que Marcos, Mateo y Juan comparten casi todos los detalles de la escena de Betania. Se discute si Lucas cuenta otro hecho y si Juan y Marcos describen exactamente la misma cena.
Puntos Clave
- Cuatro relatos, dos escenarios: Lucas sitúa la unción en Galilea; Marcos, Mateo y Juan, en Betania.
- Sentidos distintos: en Lucas el gesto habla de perdón y amor; en los otros tres, de la sepultura de Jesús.
- Tres lecturas principales: un solo hecho transmitido de formas diferentes, dos unciones o tres unciones separadas.
- Las fechas no chocan tanto como parece: los «dos días» de Marcos fechan el complot contra Jesús, no necesariamente la cena.
- Juan 11:2 no describe una unción anterior: el evangelista se adelanta a la escena que narra en el capítulo siguiente.
- Todas las lecturas coinciden en lo esencial: Jesús defiende a la mujer y valora su gesto por encima de su precio.
¿Qué dicen los cuatro relatos de la unción de Jesús con perfume?
Los cuatro evangelistas cuentan una comida, una mujer, un frasco de perfume y una protesta que Jesús corrige. Las diferencias aparecen en casi todo lo demás, y conviene verlas por separado antes de decidir si hablan del mismo hecho.
Lucas sitúa la escena en una ciudad de Galilea, en casa de un fariseo llamado Simón que invita a Jesús a comer (Lucas 7:36-50). Una mujer de mala reputación en la ciudad se coloca detrás de Jesús, junto a sus pies, rompe a llorar, le baña los pies con lágrimas, se los seca con sus cabellos, los besa y derrama el perfume sobre ellos. El fariseo no protesta por el gasto, sino por la mujer: piensa que un profeta sabría quién lo está tocando. Jesús responde con la breve parábola de los dos deudores y concluye que la mujer demuestra tanto amor porque se le han perdonado muchos pecados. El relato termina con «tu fe te ha salvado; vete en paz».
Marcos lleva la escena a Betania, a casa de Simón, a quien llamaban el leproso (Marcos 14:3-9). Una mujer sin nombre rompe un frasco de alabastro con perfume de nardo auténtico y muy valioso y lo vierte sobre la cabeza de Jesús. Algunos de los presentes protestan: ese perfume podía haberse vendido por más de trescientos denarios, casi el jornal de un año, y el dinero entregarse a los pobres. Jesús la defiende: ella ha preparado por anticipado su cuerpo para el entierro, y dondequiera que se anuncie la buena noticia se recordará lo que hizo.
Mateo sigue muy de cerca a Marcos: Betania, casa de Simón el leproso, perfume sobre la cabeza y referencia al entierro (Mateo 26:6-13). La diferencia más visible es que quienes protestan son los discípulos.
Juan sitúa la cena en Betania seis días antes de la Pascua, en el pueblo donde vivía Lázaro, a quien Jesús había resucitado (Juan 12:1-8). Marta sirve la mesa y Lázaro es uno de los comensales. Aquí la mujer tiene nombre, María, y derrama casi medio litro de nardo puro sobre los pies de Jesús, que luego seca con sus cabellos. Quien protesta es Judas Iscariote, y el evangelista añade que no le importaban los pobres, sino la bolsa del dinero. Jesús responde que ella lo tenía guardado para el día de su sepultura.
| Lucas 7 | Marcos 14 | Mateo 26 | Juan 12 | |
|---|---|---|---|---|
| Lugar | Una ciudad de Galilea | Betania | Betania | Betania |
| Anfitrión | Simón el fariseo | Simón el leproso | Simón el leproso | No se dice; Marta sirve |
| Momento | Durante el ministerio en Galilea | Tras el aviso de «dos días» para la Pascua | Tras el aviso de «dos días» | Seis días antes de la Pascua |
| La mujer | Anónima, de mala reputación | Anónima | Anónima | María, hermana de Marta y Lázaro |
| Qué unge | Los pies, con lágrimas y cabellos | La cabeza | La cabeza | Los pies, secados con los cabellos |
| Quién objeta | El fariseo, por la mujer | Algunos, por el gasto | Los discípulos, por el gasto | Judas, por el gasto |
| Sentido | Amor y perdón | Preparación para el entierro | Preparación para el entierro | Preparación para la sepultura |
Con el tiempo, la tradición occidental llegó a identificar a estas mujeres con María Magdalena; esa cuestión tiene su propio artículo y no cambia la pregunta sobre cuántas unciones hubo.
¿Una, dos o tres unciones? Las tres lecturas principales
La tabla muestra dos bloques claros: Lucas por un lado y Betania por otro. La discusión gira en torno a dos preguntas: si Lucas y Betania son dos hechos o dos versiones de uno, y si Juan y Marcos describen la misma cena. De las respuestas salen tres lecturas.
Perspectiva 1: una sola unción
Esta lectura sostiene que hubo un único hecho y que el relato circuló en las comunidades cristianas antes de ponerse por escrito, adoptando dos formas: una centrada en el perdón, que recoge Lucas, y otra centrada en la sepultura, que recogen Marcos, Mateo y Juan.
Su mejor argumento es la omisión de Lucas. Lucas conocía el evangelio de Marcos y lo sigue en buena parte de la Pasión, pero no cuenta la unción de Betania. La explicación más sencilla, según esta lectura, es que ya había narrado esa escena en el capítulo 7 y no quiso repetirla. A esto se suman los detalles compartidos: el frasco de alabastro, una comida, un anfitrión llamado Simón y una objeción que Jesús responde. Juan, además, combina rasgos de los dos bloques: el escenario de Betania y el gesto de Lucas, los pies secados con los cabellos. Para esta lectura, esa mezcla indica un origen común.
Perspectiva 2: dos unciones distintas
Es la lectura más extendida, tanto en la historia de la interpretación como hoy. Distingue una unción en Galilea, al comienzo del ministerio, y otra en Betania, en la última semana. Ya Agustín de Hipona distinguía dos unciones en su Concordancia de los evangelistas (De consensu evangelistarum, libro II, cap. 79), y trataba los relatos de Mateo, Marcos y Juan como uno solo. Juan Calvino sostuvo lo mismo sobre la escena de Betania: los tres evangelistas cuentan el mismo hecho.
Su mejor argumento es que las diferencias con Lucas afectan al centro del relato, no a los detalles. Cambian la región, la etapa del ministerio, el tipo de anfitrión, el motivo de la objeción y, sobre todo, el sentido: en Lucas el gesto responde a un perdón recibido; en Betania anticipa una muerte. Que Simón fuera un nombre muy común explica la coincidencia del anfitrión, y que la escena de Juan tome algún rasgo de Lucas se explica por la cercanía de dos historias parecidas en la memoria de las comunidades.
Perspectiva 3: tres unciones separadas
Esta lectura acepta que Lucas cuenta un hecho distinto, pero además separa a Juan de Marcos y Mateo. Su mejor argumento está en los datos que no coinciden: Juan fecha la cena seis días antes de la Pascua y antes de la entrada en Jerusalén, mientras Marcos y Mateo la colocan después; Juan unge los pies y Marcos la cabeza; Juan menciona a Marta y Lázaro y Marcos a Simón el leproso. Si cada evangelista se toma al pie de la letra en cada detalle, resultan dos cenas distintas en Betania, una al comienzo de la última semana y otra dos días antes de la Pascua.
Las tres lecturas comparten más de lo que parece. Todas aceptan que hubo al menos una unción en Betania ligada a la sepultura, y todas leen el gesto como un acto de amor que Jesús defiende frente a quienes lo critican.
¿Juan 11:2 habla de una unción anterior?
Juan presenta a María, la hermana de Lázaro, como «la misma que derramó perfume sobre los pies del Señor y se los secó con sus cabellos» (Juan 11:2), cuando la escena no se narra hasta el capítulo siguiente. Leído en pasado, el versículo parece aludir a una unción ya ocurrida, y ese es el argumento textual más a mano para defender más de una.
La lectura mayoritaria es otra: el evangelista escribe décadas después y se adelanta a su propia historia. Da por supuesto que sus lectores ya conocen la escena, como anunciaba Marcos 14:9, y la usa para indicar de qué María se trata. Juan hace lo mismo con Judas, a quien presenta como el que iba a traicionar a Jesús mucho antes del arresto (Juan 6:71). Además, los detalles de Juan 11:2 coinciden punto por punto con los de Juan 12:3: perfume, pies y cabellos.
¿Por qué Marcos y Juan dan fechas distintas?
La diferencia de fechas es el argumento principal para separar la escena de Juan de la de Marcos, pero es menor de lo que parece. Marcos no dice que la cena ocurriera dos días antes de la Pascua; dice que faltaban dos días cuando los jefes de los sacerdotes buscaban el modo de prender a Jesús (Marcos 14:1-2). La unción que viene a continuación no lleva ninguna indicación de tiempo.
Muchos comentaristas creen que Marcos coloca la escena ahí por una razón literaria. Es un recurso frecuente en su evangelio: abre una historia, intercala otra y luego cierra la primera, de modo que ambas se iluminan mutuamente. Lo hace con la higuera y la expulsión de los vendedores del templo (Marcos 11:12-25). En el capítulo 14 la unción queda entre el complot de los sacerdotes y la traición de Judas (Marcos 14:10-11): una mujer que lo da todo por Jesús, rodeada de hombres que buscan entregarlo. Mateo sigue el mismo orden.
Juan, en cambio, ofrece una secuencia precisa: la cena en Betania seis días antes de la Pascua y, «al día siguiente», la entrada en Jerusalén (Juan 12:12). Si Marcos ordena por tema y Juan por calendario, las dos fechas pueden referirse a la misma cena. Quienes defienden tres unciones responden que esa explicación exige suponer una intención de Marcos que el texto no declara.
Las otras dos diferencias admiten explicaciones parecidas. Juan no dice en casa de quién se celebró la cena: Lázaro aparece como comensal, no como anfitrión, y Marta como quien sirve, de modo que nada impide que la casa fuera la de Simón. En cuanto a la cabeza y los pies, un frasco entero de perfume alcanza para ambos, y cada evangelista pudo destacar la parte que servía a su relato.
Esa elección tiene peso. En la tradición de Israel, derramar aceite sobre la cabeza era el gesto con que se consagraba a un rey, como hizo Samuel con Saúl (1 Samuel 10:1). «Mesías» significa precisamente «ungido». En Marcos, la única unción que recibe Jesús antes de su muerte viene de una mujer anónima, no de un sacerdote, y él mismo la interpreta como preparación para la sepultura. De hecho, las mujeres que el domingo llevan perfumes al sepulcro ya no encuentran el cuerpo que ungir (Marcos 16:1-6). Juan, al subrayar los pies, pone el acento en la humildad y la entrega del gesto, en un evangelio donde pocos capítulos después es Jesús quien lava los pies de sus discípulos (Juan 13:5).
¿Cómo interpretan las distintas tradiciones cristianas estos relatos?
Ninguna iglesia ha definido como doctrina cuántas unciones hubo; la cuestión se ha resuelto en la predicación, la liturgia y el comentario bíblico. Aun así, cada tradición ha dejado una lectura reconocible.
| Tradición | Lectura habitual | Qué destaca |
|---|---|---|
| Padres latinos | Dos unciones: Lucas por un lado, Betania por otro (Agustín) | La conversión y el amor de quien ha sido perdonada |
| Occidente medieval | Tendencia a fundir los relatos en una sola figura penitente, a partir de una homilía de Gregorio Magno (hacia el año 591) | El arrepentimiento como modelo |
| Iglesias ortodoxas | Relatos distintos; el Miércoles Santo se recuerda a la mujer que ungió al Señor, con el himno de Casiana (siglo IX) | El contraste entre la mujer que se acerca y Judas que se aleja |
| Reforma protestante | Mateo, Marcos y Juan cuentan el mismo hecho (Calvino) | La fe que honra a Cristo por encima del cálculo |
| Estudios bíblicos modernos | Uno o dos hechos originales cuyos detalles se mezclaron al transmitirse | Cómo cada evangelista adapta la escena a su mensaje |
Buena parte de los estudios actuales sigue una línea intermedia entre la primera y la segunda perspectiva. Raymond E. Brown, en su comentario al evangelio de Juan, propuso dos hechos distintos, uno en Galilea y otro en Betania, cuyos detalles se contagiaron mutuamente al contarse: así explicaría que la María de Juan seque los pies con sus cabellos como la mujer de Lucas. Otros autores prefieren un único recuerdo que se ramificó muy pronto.
La tradición ortodoxa ofrece además una lectura muy concreta de la escena de Betania. En la liturgia del Miércoles Santo, la mujer que derrama el perfume y Judas, que ese mismo día pacta la entrega de Jesús, aparecen uno frente a otro: ella gasta lo más valioso que tiene en él; él lo vende por dinero. Es el mismo contraste que Marcos construye al intercalar la unción entre el complot y la traición.
Lo que todas las tradiciones comparten pesa más que sus diferencias: la mujer actúa sin pedir permiso, los presentes la juzgan y Jesús la defiende. Ninguna lectura pone en duda ese núcleo, que aparece en los cuatro evangelios.
¿Qué cambia en tu fe según la respuesta?
La pregunta sobre cuántas veces ocurrió la unción de Jesús con perfume es histórica, y tiene respuestas razonables en varias direcciones. Lo que el gesto enseña, en cambio, es el mismo en cualquiera de ellas. Estas son algunas lecciones que puedes llevarte a tu vida diaria.
El amor no siempre hace cuentas. Los que protestan tienen un argumento sensato: el perfume valía casi el jornal de un año. Jesús no desprecia a los pobres, pero valora que alguien le entregue lo mejor sin calcular. Tal vez te preguntes qué estás guardando para ti que podrías ofrecer con la misma libertad.
Jesús defiende a quien otros juzgan. En Galilea la mujer es señalada por su pasado; en Betania, por su supuesto derroche. En los dos casos Jesús se pone de su lado. Si alguna vez te has sentido observado o juzgado al acercarte a Dios, estos relatos te dicen que él no te recibe con la mirada del fariseo.
Quien sabe cuánto se le ha perdonado, ama más. Lucas lo pone en boca de Jesús: el amor de la mujer nace del perdón recibido. Recordar de dónde te ha sacado Dios no es un ejercicio de culpa, sino la fuente de una gratitud que se nota.
A veces se entiende lo que otros no ven. Mientras los discípulos discutían sobre dinero, una mujer comprendió que Jesús iba hacia la muerte y actuó en consecuencia. Te invito a considerar si hay momentos en los que Dios te pide un gesto a tiempo, aunque nadie más entienda por qué.
Las diferencias entre los evangelios no son una amenaza. Cuatro testigos que cuentan una escena con detalles propios se parecen más a un recuerdo vivo que a un texto copiado. Puedes leerlos juntos sin miedo, dejando que cada uno aporte su acento.
Si quieres profundizar, puedes leer sobre Betania, la resurrección de Lázaro, la figura de Judas Iscariote y los evangelios de Lucas y Mateo, además de los artículos sobre los evangelistas Marcos y Juan.




