
Publicado en septiembre 9, 2025, última actualización en agosto 30, 2026.
Tres capítulos seguidos de un evangelio recogen un solo discurso, Sermón del Monte,sin milagros ni desplazamientos que lo interrumpan: Mateo 5, 6 y 7. Es el bloque de enseñanza más largo que los evangelios ponen en boca de Jesús, y contiene las frases suyas que más gente reconoce aunque nunca haya abierto una Biblia: la sal de la tierra, poner la otra mejilla, el padrenuestro, no juzguen, los que lloran serán consolados.
Quien se pregunta qué enseñó Jesús en el Sermón del Monte suele llegar por una de esas frases sueltas y se encuentra con algo bastante más exigente: un programa de vida completo, dirigido a gente concreta sentada en una ladera de Galilea, que va del dinero a la ira y del perdón a la preocupación por el futuro.
Lo que sigue recorre el contenido de los tres capítulos, sitúa a quienes escuchaban y el mundo en que vivían, revisa lo que las fuentes y la arqueología permiten decir sobre el lugar, y recoge las maneras en que los cristianos han entendido estas exigencias a lo largo de veinte siglos.
Qué Pasó en Breve
Jesús subió a una ladera cerca del mar de Galilea, se sentó —la postura del maestro que enseña con autoridad— y habló ante una multitud reunida al comienzo de su ministerio.
En tres capítulos declaró dichosos a quienes el mundo no envidia, definió a sus discípulos como sal y luz, llevó los mandamientos del acto externo a la intención, enseñó a orar, habló del dinero y de la ansiedad, y cerró con la imagen de dos casas y dos cimientos.
La gente quedó impresionada, «porque los enseñaba con verdadera autoridad y no como los maestros de la ley». Referencia principal: Mateo 5-7, con paralelo más breve en Lucas 6:17-49.
⚖️ Algunos puntos debatidos: Es firme el contenido del discurso, su lugar en el Evangelio de Mateo y la región general donde ocurrió. Se discuten el punto exacto de la ladera, si fue un solo sermón o una recopilación de enseñanzas repetidas, y sobre todo cómo deben aplicarse hoy sus exigencias.
Puntos Clave
- Ocupa tres capítulos y es el primero de cinco discursos. Mateo organiza su evangelio en cinco grandes bloques de enseñanza, y este es el que los abre (Mateo 5-7).
- Empieza con las Bienaventuranzas. Las bendiciones de Mateo 5:3-12 dan el tono de todo lo que sigue y declaran dichosos a los que nadie envidiaría.
- Traslada la exigencia del acto a la intención. Seis contrastes con la fórmula «ustedes saben que se dijo… pero yo les digo» prohíben la ira antes que el golpe y el desprecio antes que la ofensa.
- Contiene el padrenuestro. La oración modelo está en el centro exacto del discurso (Mateo 6:9-13), dentro de un bloque sobre la religión practicada en secreto.
- Habla de dinero, ansiedad y juicio con una franqueza incómoda. «No pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero» (Mateo 6:24) es una de las frases más directas de los evangelios.
- Termina con una decisión, no con un resumen. Las dos casas de Mateo 7:24-27 separan a quien escucha de quien además obra en consecuencia.
¿Qué enseñó Jesús en el Sermón del Monte, bloque por bloque?
El discurso avanza del carácter interior a la conducta pública y termina en una elección. No es una lista de temas sueltos: cada bloque prepara al siguiente, y el conjunto describe cómo es la vida bajo el gobierno de Dios.
| Bloque | Pasaje | Qué plantea |
|---|---|---|
| Las Bienaventuranzas | Mateo 5:3-12 | Declara dichosos a los pobres de espíritu, los afligidos, los humildes y los perseguidos, y une a cada uno una promesa |
| Sal y luz | Mateo 5:13-16 | Define la función del discípulo: conservar y alumbrar, de modo que otros alaben al Padre |
| La ley y los profetas | Mateo 5:17-48 | Seis contrastes que llevan mandamientos conocidos del acto externo a su raíz interior |
| La piedad en secreto | Mateo 6:1-18 | Limosna, oración y ayuno hechos sin público, con el padrenuestro en el centro |
| Dinero y ansiedad | Mateo 6:19-34 | Dónde se acumulan las riquezas, a quién se sirve y por qué la preocupación no añade nada |
| Trato con los demás | Mateo 7:1-12 | No juzgar, pedir con confianza y la regla de oro como resumen de conducta |
| Las dos salidas | Mateo 7:13-27 | Dos puertas, dos árboles y dos casas: el discurso se cierra pidiendo una decisión |
Las Bienaventuranzas abren con una frase que desarma: «Felices los de espíritu sencillo, porque suyo es el reino de los cielos». Ninguno de los grupos declarados dichosos —los que lloran, los humildes, los perseguidos— aparecería en una lista corriente de afortunados, y esa inversión es la puerta de entrada a todo lo demás.
El bloque sobre la ley contiene la frase más citada y más discutida del discurso: «No he venido a anularlas, sino a darles su verdadero significado» (Mateo 5:17). Qué significa exactamente ese verbo y qué consecuencias tiene para el creyente es una discusión con artículo propio; dentro del Sermón basta con notar la dirección del movimiento: la exigencia nunca baja. Donde la norma prohibía matar, Jesús prohíbe el insulto; donde regulaba la represalia medida —«ojo por ojo y diente por diente»—, él responde «no recurran a la violencia contra el que les haga daño» (Mateo 5:38-39), y culmina en «amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen» (Mateo 5:44).
El capítulo 6 cambia de blanco. Ya no se trata de qué se hace, sino de ante quién: «Cuídense de hacer el bien en público sólo para que la gente los vea» (Mateo 6:1). Y el capítulo 7 recoge el criterio más portátil de todo el discurso, la regla de oro: «Pórtense en todo con los demás como quieren que los demás se porten con ustedes» (Mateo 7:12).
¿Quiénes escucharon el Sermón del Monte y qué contexto rodeaba ese momento?
El texto nombra dos auditorios a la vez: «Cuando Jesús vio todo aquel gentío, subió al monte y se sentó. Se le acercaron sus discípulos, y él se puso a enseñarles» (Mateo 5:1-2). El círculo cercano está delante; la multitud está alrededor. Al final del discurso reaparece la multitud entera reaccionando (Mateo 7:28-29), de modo que la enseñanza no fue una lección privada para iniciados.
Sentarse era el gesto del maestro que enseña con autoridad, no una postura de descanso: en las sinagogas el que leía lo hacía de pie y el que exponía se sentaba. El detalle prepara la frase final del bloque, cuando la gente nota que enseña «con verdadera autoridad y no como los maestros de la ley», es decir, sin apoyarse en la cadena de opiniones que sus contemporáneos citaban unos de otros.
Mateo organiza su evangelio en cinco grandes bloques de enseñanza, cada uno cerrado por una fórmula semejante a la de Mateo 7:28, y coloca este en primer lugar, antes que ningún otro. La escena tenía además un eco reconocible para un lector judío: Moisés subió al Sinaí y bajó con la ley (Éxodo 19-20), y aquí un maestro sube a una ladera y enseña cómo es la vida bajo el reino de Dios. El evangelista señala esa correspondencia sin explicarla en ningún momento; quienes lo leían primero no necesitaban que se la explicaran.
Quienes escuchaban eran gente de la Galilea rural del siglo I: pescadores del lago, jornaleros, campesinos con parcelas pequeñas, artesanos de aldea. Vivían bajo el gobierno de Herodes Antipas y, por encima de él, bajo Roma, con un sistema de impuestos que absorbía una parte considerable de la cosecha. Las imágenes del discurso salen de ese mundo y no de otro: el pan de cada día, la lámpara de aceite tapada con una vasija, el jornal, la polilla y el óxido en lo poco que se logra guardar, la casa de barro que se derrumba con la primera crecida del invierno.
Ese trasfondo cambia el peso de algunas frases. «Danos hoy el pan que necesitamos» es una petición literal en boca de quien no tiene despensa. «No acumulen riquezas en este mundo pues las riquezas de este mundo se apolillan y se echan a perder» (Mateo 6:19-21) se dirige a personas cuyo ahorro cabía en un arcón. Y el mandato de amar al enemigo se pronuncia en un territorio ocupado, donde el enemigo tenía cara, uniforme y derecho a exigir servicios. Entre los oyentes había también fariseos, el grupo cuya manera de cumplir la voluntad de Dios el propio discurso pone como listón a superar (Mateo 5:20).
¿Dónde fue el Sermón del Monte y qué dicen las fuentes y la arqueología?
Los evangelios no dan nombre ni coordenadas: dicen «el monte», con artículo, y nada más. La región general sí es firme, porque el discurso se sitúa en el ministerio galileo, en las colinas suaves que rodean la orilla noroeste del lago, cerca de Cafarnaúm. El punto exacto pertenece al terreno de lo debatido.
La tradición señala la colina llamada Monte de las Bienaventuranzas, también conocida como Monte Eremos, entre Cafarnaúm y Genesaret, junto a Tabgha. La memoria del lugar es antigua: la peregrina Egeria, que recorrió Tierra Santa a finales del siglo IV, recoge una tradición sobre una cueva en la ladera de las Siete Fuentes, cerca de Tabgha, «a la que subió el Señor cuando enseñó las Bienaventuranzas».
En el siglo IV se levantó allí una iglesia bizantina que estuvo en uso hasta el siglo VII, y de la que se conservan restos de una cisterna y un monasterio ladera abajo de la capilla actual. Esa capilla, de planta octogonal, se construyó en 1938 según planos del arquitecto italiano Antonio Barluzzi, financiada en parte por el gobierno de Benito Mussolini.
Más de mil seiscientos años de conmemoración no equivalen a una identificación probada. Otros emplazamientos propuestos son el cercano Monte Arbel y los Cuernos de Hattin, y ninguna de las tres opciones puede darse por establecida. Lo que sí ha sido medido es la plausibilidad física de la escena: un estudio acústico publicado en Biblical Archaeologist en 1976 comprobó que las ensenadas naturales de esa orilla funcionan como teatros, y que en días sin viento un orador situado abajo se entiende con claridad en toda la ladera, con capacidad para varios miles de personas.
¿Fue un solo sermón o una recopilación de enseñanzas?
Lucas recoge un discurso paralelo más breve, el Sermón del Llano, pronunciado «en un lugar llano» (Lucas 6:17-49). Comparte con Mateo el arranque de bienaventuranzas, el amor a los enemigos, la regla de oro y las dos casas, pero en un marco distinto y con bastante menos material. Además, varias enseñanzas que Mateo agrupa aquí aparecen dispersas en otros capítulos de Lucas.
De ahí salen dos lecturas, y las dos son sostenidas por especialistas serios.
| Lectura | En qué se apoya | Qué le cuesta explicar |
|---|---|---|
| Un mismo discurso contado de dos maneras | El orden común de los materiales compartidos y el mismo lugar en la secuencia del ministerio | La diferencia entre un monte y un llano, y el volumen de material que solo trae Mateo |
| Una composición de enseñanzas repetidas | Un maestro itinerante repite; y en Lucas ese material aparece repartido en varias escenas | La unidad temática del bloque de Mateo, demasiado trabada para ser un montaje suelto |
Ninguna de las dos afecta al contenido, y conviene decirlo con claridad: el debate es sobre cómo llegó el material a la página, no sobre qué dice. El nombre mismo con el que hoy se conoce el discurso es posterior al texto: se consolidó a partir del comentario que Agustín de Hipona escribió sobre estos capítulos en el año 393.
¿Cómo se ha entendido y aplicado el Sermón del Monte?
La pregunta más disputada no es qué dice el discurso, sino cómo se vive. Sus exigencias —no odiar, no jurar, no devolver el golpe, amar al enemigo, no acumular, no preocuparse— son tan altas que a lo largo de la historia se han propuesto maneras muy distintas de entender su alcance. Harvey K. McArthur llegó a catalogar doce familias de interpretación, y Craig S. Keener cuenta al menos treinta y seis lecturas diferenciadas.
| Lectura | Qué sostiene | Dónde ha arraigado |
|---|---|---|
| Obediencia literal | El discurso es un mandato para vivirlo tal cual, incluida la renuncia a la violencia | Anabaptistas y tradiciones de paz; Tolstói lo llevó al pacifismo moderno |
| Dos niveles | Distingue preceptos obligatorios para todos y consejos de perfección para quien se consagra | Difundida en la teología medieval |
| Dos reinos | El creyente lo cumple como persona, mientras el cargo público se rige por otra lógica | Asociada a Lutero |
| Espejo de la exigencia | Su altura muestra la distancia entre el ser humano y Dios, y conduce a pedir gracia | Frecuente en el protestantismo |
| Actitudes, no reglas | Enseña disposiciones de fondo —mansedumbre, sinceridad, generosidad— antes que normas para cada caso | Muy extendida en la predicación actual |
| Ética de un tiempo breve | Las exigencias se explican por la expectativa de un final inminente | Propuesta por Albert Schweitzer |
| Ética del reino futuro | Sus normas rigen plenamente en el reino venidero más que en la sociedad presente | Corrientes dispensacionalistas |
Estas lecturas no siempre se excluyen y muchos cristianos combinan varias. También conviene reconocer lo que cada una acierta: la lectura literal toma en serio que el texto manda y no describe; la del espejo señala con razón que nadie cumple esa lista completa; la de las actitudes evita convertir el discurso en un código minucioso, que es precisamente lo que Jesús reprocha a los maestros de su tiempo.
El punto que ninguna discute es el final. La parábola de las dos casas no separa a quien entiende de quien no entiende, sino a quien escucha de quien «escucha mis palabras y obra en consecuencia» (Mateo 7:24-27). El discurso está construido para terminar en una decisión.
¿Qué puede enseñarte hoy el Sermón del Monte?
Saber qué enseñó Jesús en el Sermón del Monte no se completa hasta que esas palabras bajan de la ladera a una semana corriente: el dinero, la ira, la ansiedad, el trato con quien te ofendió, la sinceridad de lo que haces cuando nadie mira. Cinco de sus exigencias admiten un primer paso concreto esta misma semana.
Revisa ante quién haces lo que haces. La advertencia contra practicar la fe «para que la gente los vea» no prohíbe la religión pública: prohíbe usarla como escaparate. Una prueba sencilla es preguntarte si harías igual aquello que estás haciendo si nadie llegara a enterarse nunca.
Ora con menos palabras. El padrenuestro cabe en treinta segundos y contiene lo esencial: reconocer a Dios como Padre, pedir el pan de este día, perdonar y ser perdonado. Puede rezarse tal cual o servir de guion para orar con las tuyas, y funciona especialmente bien cuando no sabes qué decir.
Pon el dinero y la preocupación en su sitio. «Ustedes, antes que nada, busquen el reino de Dios» (Mateo 6:33) no manda despreciar lo material, sino ordenarlo: que sirva en vez de mandar. Y frente a la ansiedad por lo que vendrá, el discurso ofrece un remedio de una sola frase: «¡Cada día tiene bastante con sus propios problemas!».
Empieza por una sola persona difícil. Amar al enemigo suena abstracto hasta que le pones nombre. Piensa en alguien concreto con quien la relación está rota y aplica la regla de oro en un gesto pequeño esta semana: un mensaje, una llamada, dejar de contar esa historia que lo deja mal.
Escoge una enseñanza y vívela siete días. Leer los tres capítulos seguidos lleva quince minutos, y la tentación es admirarlos enteros y no practicar ninguno. Las dos casas advierten justamente contra eso: la diferencia entre el prudente y el necio no está en haber oído, sino en haber construido.
Si quieres seguir tirando del hilo, el sitio trata en detalle las Bienaventuranzas que abren el discurso, su versión más breve en el Sermón del Llano, la pregunta de si vino Jesús a abolir o a cumplir la ley y la de si estamos bajo la ley de Moisés o bajo la gracia, la figura de Moisés cuyo eco resuena en la escena del monte, la ciudad de Cafarnaúm desde la que Jesús trabajó esa región, quién fue el apóstol Mateo y otros discursos suyos como el del pan de vida y el del buen pastor.






