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Apóstol Mateo: El Recaudador de Impuestos que Dejó Todo por Seguir a Jesús

Verdad Eterna julio 27, 2026 11 minutos de lectura
Apóstol Mateo: El Recaudador de Impuestos que Dejó Todo por Seguir a Jesús

Publicado en julio 3, 2025, última actualización en julio 27, 2026.

De todos los apóstoles, quizás ninguno tenía un pasado tan difícil de perdonar a los ojos de su pueblo como Mateo. Antes de seguir a Jesús se sentaba en una mesa de impuestos, cobrando dinero para el imperio que ocupaba Israel.

Para sus vecinos, eso lo convertía casi en un traidor. Y sin embargo, cuando te preguntas quién fue el apóstol Mateo, la respuesta empieza con una escena breve y asombrosa: Jesús pasó junto a esa mesa, lo miró y le dijo dos palabras, «sígueme»; y aquel hombre se levantó y lo dejó todo.

Su historia es la de una transformación radical, la del hombre peor visto de la ciudad convertido en uno de los doce. La cuestión de cómo llegó a escribirse el evangelio que lleva su nombre pertenece al estudio de ese texto y se trata aparte; aquí el protagonista es el hombre.

Contenido

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  • Retrato Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Quién era Mateo antes de conocer a Jesús?
  • ¿Cómo fue el llamado del apóstol Mateo?
  • ¿Qué lugar ocupó Mateo entre los doce apóstoles?
  • ¿Qué hizo Mateo después de la resurrección?
  • ¿Cómo murió el apóstol Mateo?
  • ¿Qué nos enseña hoy la vida del apóstol Mateo?

Retrato Rápido

Mateo fue uno de los doce apóstoles de Jesús. Antes de su llamado trabajaba como publicano, es decir, recaudador de impuestos, en Capernaúm, un oficio despreciado por los judíos porque servía a Roma.

Los evangelios lo identifican también con el nombre de Leví, hijo de Alfeo. Dejó su mesa de cobros para seguir a Jesús de inmediato, y la tradición cristiana le atribuye el primer evangelio y un ministerio posterior en tierras como Etiopía o Persia, donde, según la mayoría de los relatos, murió como mártir.

⚖️ Algunos puntos debatidos: El retrato bíblico es claro, pero las fuentes no coinciden en dónde predicó después ni en si murió mártir o de forma natural.

Puntos Clave

Estos son los aspectos que mejor resumen quién fue este apóstol:

  • Fue recaudador de impuestos antes de seguir a Jesús. Un oficio que su propio pueblo asociaba con la traición y el abuso.
  • También se le llama Leví. Marcos y Lucas narran el mismo llamado usando el nombre de Leví, hijo de Alfeo.
  • Respondió al instante. Al oír «sígueme», se levantó de la mesa de cobros y lo dejó todo sin demora.
  • Su conversión provocó un banquete memorable. Reunió en su casa a otros publicanos y pecadores para que conocieran a Jesús.
  • Su nombre significa «don de Dios». Un detalle que encaja con la nueva vida que recibió.
  • La tradición lo recuerda como misionero y mártir. Aunque los detalles de su muerte varían según la fuente.

¿Quién era Mateo antes de conocer a Jesús?

Mateo era publicano, y en el Israel del siglo I esa sola palabra cargaba con un enorme peso. Trabajaba recaudando impuestos en Capernaúm, la ciudad junto al mar de Galilea donde Jesús centró buena parte de su ministerio. Los recaudadores como él cobraban tributos y aranceles que terminaban en las arcas de Roma, la potencia que ocupaba el país, y por eso el pueblo los veía como colaboradores del enemigo.

A ese rechazo se sumaba la fama de deshonestos, porque muchos publicanos cobraban de más y se quedaban con la diferencia. Para entender de dónde venía Mateo ayuda conocer el mundo de los publicanos, un oficio tan lucrativo como despreciado.

Los evangelios lo presentan con dos nombres. Mateo, que significa «don de Dios», es como lo llama el evangelio que lleva su nombre; pero Marcos y Lucas narran su llamado usando el nombre de Leví, hijo de Alfeo (Marcos 2:14).

La mayoría entiende que se trata de la misma persona, conocida por dos nombres, algo común en aquella época. Esa doble denominación, lejos de ser un problema, encaja con un hombre que empezó una vida nueva y bien pudo asumir un nombre que hablaba de ese cambio.

Su oficio, además, deja una huella práctica en su perfil. Un recaudador sabía leer, escribir y llevar cuentas con precisión, en una sociedad donde muchos no dominaban esas destrezas. Era un hombre acostumbrado a registrar y ordenar, y esa capacidad de documentar con cuidado tendría después un papel importante en su servicio a la iglesia.

¿Cómo fue el llamado del apóstol Mateo?

El llamado de Mateo es de los más directos y sorprendentes de los evangelios. Estaba sentado en su mesa de recaudación, en pleno trabajo, cuando Jesús pasó, lo miró y le dijo simplemente: «Sígueme«. La respuesta fue inmediata: «Se levantó y lo siguió» (Mateo 9:9). No hubo discusión ni condiciones. Un hombre que vivía del dinero dejó su fuente de ingresos en un instante para seguir a un maestro itinerante.

Lo que ocurrió después revela tanto sobre Jesús como sobre Mateo. El nuevo discípulo organizó un gran banquete en su casa y llenó la mesa de publicanos y pecadores, gente como la que había sido su entorno.

Los fariseos se escandalizaron de que Jesús comiera con semejante compañía, y él les respondió con una de sus frases más luminosas: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos… porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mateo 9:10-13).

Ese banquete dice mucho del carácter de Mateo. Su primer impulso tras encontrar a Jesús no fue apartarse de sus antiguos conocidos, sino acercarlos al Maestro. El hombre que había pasado años recaudando de esa gente ahora los reunía para presentarles algo infinitamente más valioso.

Su casa, antes ligada al dinero y al recelo, se convirtió en el lugar del primer encuentro de muchos con Jesús.

¿Qué lugar ocupó Mateo entre los doce apóstoles?

Después de su llamado, Mateo pasó a formar parte del grupo de los doce, y así aparece en las cuatro listas de apóstoles del Nuevo Testamento (Mateo 10:3; Hechos 1:13). Un detalle conmovedor aparece en la lista del propio evangelio de Mateo: es el único lugar donde el nombre va acompañado de la etiqueta «el publicano».

Recordar así su pasado, sin ocultarlo, revela una humildad notable en quien no quiso maquillar de dónde había salido.

Es interesante también quién comparte con él ese círculo. Entre los doce estaba Simón, apodado «el Zelote», un hombre marcado por el fervor patriótico judío, y allí mismo estaba Mateo, que había cobrado impuestos para Roma. El celoso de Israel y el que había servido al imperio, sentados a la misma mesa y enviados juntos: un contraste que muestra hasta qué punto el llamado de Jesús reunía a personas que el mundo habría mantenido enfrentadas.

A Mateo se le atribuye tradicionalmente el primer evangelio del Nuevo Testamento, y por eso se le cuenta entre los cuatro evangelistas, representado en el arte con la figura de un hombre alado.

Ahora bien, la cuestión de cómo y cuándo se escribió ese evangelio, quién fue realmente su autor y qué retrato particular hace de Jesús pertenece al estudio del texto y no a esta biografía; aquí basta con señalar el vínculo entre el apóstol y el libro que lleva su nombre. Su oficio previo, acostumbrado a registrar con orden, suele mencionarse como algo que encaja bien con la elaboración de un relato tan cuidadosamente estructurado.

¿Qué hizo Mateo después de la resurrección?

La Biblia sitúa a Mateo por última vez en Jerusalén, entre los apóstoles reunidos tras la ascensión de Jesús (Hechos 1:13). Desde ese punto, el Nuevo Testamento ya no cuenta su historia, y lo que sabemos proviene de la tradición de la iglesia antigua, que conviene leer como memoria transmitida y no como crónica cerrada.

Los primeros escritores cristianos, como Ireneo y Clemente de Alejandría, indican que Mateo predicó durante un tiempo entre los judíos de Judea antes de salir hacia otras tierras. A partir de ahí, las tradiciones se diversifican. La más repetida lo lleva a Etiopía, aunque los estudiosos advierten que el término podía designar tanto la Etiopía africana como una región al sur del mar Caspio, en la antigua Persia.

Otras fuentes lo asocian con Partia y Macedonia. Una tradición muy difundida cuenta que en Etiopía convirtió a una joven llamada Efigenia y la consagró a Dios, lo que más tarde le acarreó el conflicto con un rey local.

Estas rutas no siempre concuerdan entre sí, y es imposible reconstruir un itinerario exacto. Lo que todas comparten es una misma imagen coherente con el hombre de los evangelios: alguien que, habiendo sido acercado a Jesús, dedicó el resto de su vida a acercar a otros, ahora en tierras lejanas y ante pueblos que no conocían su nombre.

¿Cómo murió el apóstol Mateo?

La tradición mayoritaria sostiene que Mateo murió como mártir, pero, como ocurre con varios apóstoles, los detalles no son seguros. El relato más conocido lo ubica en Etiopía, asesinado mientras oficiaba junto al altar por orden de un rey al que había reprendido, en el contexto de la historia de Efigenia. Tanto la Iglesia Católica como la Ortodoxa conservan la memoria de su martirio.

Conviene, sin embargo, ser honestos sobre el grado de certeza:

Sobre la muerte de MateoQué dicen las fuentes
Martirio en EtiopíaEs la versión más difundida, ligada a la conversión de Efigenia y al enfrentamiento con un rey
Otros lugares y modosAlgunas tradiciones sitúan su muerte en Persia u otras regiones, con detalles distintos
Muerte naturalCiertas corrientes antiguas sugieren que pudo morir de forma pacífica, no como mártir

Ninguno de estos relatos puede comprobarse históricamente, pues proceden de tradiciones y hagiografías posteriores. Lo que sí gozó de continuidad fue la veneración de su memoria: sus reliquias se conservan desde la Edad Media en la cripta de la catedral de Salerno, en el sur de Italia, donde es honrado como patrono de la ciudad.

Su fiesta se celebra el 21 de septiembre en Occidente y el 16 de noviembre en buena parte del cristianismo oriental. Ese cuidado por preservar su recuerdo durante tantos siglos habla del lugar que el antiguo publicano llegó a ocupar en la iglesia.

¿Qué nos enseña hoy la vida del apóstol Mateo?

Conocer quién fue el apóstol Mateo deja lecciones muy concretas para la vida de fe, porque su historia es, ante todo, un relato de segunda oportunidad. Del hombre más despreciado de su ciudad salió un apóstol, y ese giro sigue hablando con fuerza a cualquiera que cargue con un pasado difícil.

La primera lección es que nadie está fuera del alcance de Jesús. Mateo era, para su pueblo, un caso perdido: un colaborador del imperio, alguien con quien la gente decente no quería tratar. Y precisamente a él lo llamó Jesús por su nombre. Si alguna vez sientes que tu historia te descalifica, la vida de Mateo asegura que Dios llama también a quienes otros ya han descartado.

La segunda es el valor de una respuesta sin demoras. Mateo no pidió tiempo para pensarlo ni negoció condiciones; se levantó de la mesa y siguió a Jesús. Su prontitud invita a preguntarte qué estás esperando para responder a lo que Dios pone delante de ti, y qué cosas tendrías que dejar sobre tu propia mesa para hacerlo.

La tercera nace de su banquete. Lo primero que hizo Mateo fue reunir a sus antiguos conocidos para presentarles a Jesús. No se avergonzó de su entorno ni cortó con su gente; los acercó al Maestro. Cuando tu fe cambie tu vida, su ejemplo sugiere que el mejor uso de tus viejas relaciones es tender un puente entre ellas y Cristo.

La cuarta es la humildad de recordar de dónde uno viene. Mateo se dejó llamar «el publicano» en su propio evangelio, sin borrar su pasado. Reconocer con sencillez lo que fuimos, sin vergüenza pero sin orgullo, es señal de una vida verdaderamente transformada.

Y la última: lo que fuiste puede ponerse al servicio de lo que Dios quiere hacer contigo. Las mismas destrezas que Mateo usó para cobrar impuestos, su orden y su cuidado con los detalles, quedaron después al servicio del evangelio. Aquello que aprendiste en tu vida anterior, incluso en etapas que preferirías olvidar, puede convertirse en herramienta útil en las manos de Dios.

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