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El Grito Más Humano de Jesús: ¿Por Qué Me Has Abandonado?

Verdad Eterna agosto 27, 2026 15 minutos de lectura
El Grito Más Humano de Jesús: ¿Por Qué Me Has Abandonado?

Publicado en abril 22, 2026, última actualización en agosto 27, 2026.

De todo lo que Jesús dijo en la cruz, ninguna frase incomoda tanto como esta. Un hombre que había llamado «Padre» a Dios toda su vida grita, en su última hora, que ha sido abandonado.

Quien se pregunta por qué Jesús dijo «Dios mío, por qué me has abandonado» se topa antes que nada con un dato que cambia la conversación: no es una frase improvisada, sino la primera línea de un salmo que todo judío del siglo primero se sabía de memoria. Eso no cierra la pregunta, pero la reformula.

Lo que sigue empieza por lo que dicen los evangelios y el salmo citado, sigue con qué significa «abandonar» y qué no, y termina con las cuatro respuestas que las iglesias han dado a la pregunta de si el Padre abandonó al Hijo de verdad.

Contenido

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  • Respuesta Rápida
  • Puntos Clave
  • ¿Qué dicen los evangelios sobre el grito de Jesús en la cruz?
    • «Elí» o «Eloí»: la diferencia que explica la confusión
    • El detalle que casi nunca se menciona
  • ¿Por qué Jesús dijo «por qué me has abandonado» citando un salmo?
    • El versículo 17: «como un león» o «traspasaron»
  • ¿Qué significa «me has abandonado» y qué no significa?
  • ¿Qué han respondido las iglesias sobre el abandono de Jesús?
    • La objeción trinitaria
  • ¿Qué puede enseñarte hoy este grito de Jesús?

Respuesta Rápida

Jesús citó en voz alta la primera línea del Salmo 22, un salmo que empieza en el abandono más crudo y termina en victoria.

La frase aparece en Mateo 27:46 y Marcos 15:34, y es la primera línea del Salmo 22. Que el sufrimiento fue real no lo discute nadie.

Lo que se discute es si hubo un abandono real por parte del Padre o si Jesús estaba poniendo su dolor en las palabras de una oración que él sabía cómo terminaba.

⚖️ Algunos puntos debatidos. El dato textual es firme: qué dijo, en qué idioma y qué salmo citaba. Lo debatido es de fondo: si el Padre se apartó realmente del Hijo, y qué significaría eso en un Dios que no se divide.

Puntos Clave

  • El grito es una cita, no una frase original. Jesús repite la primera línea del Salmo 22, un texto que cualquier judío de su tiempo reconocía al instante.
  • Mateo y Marcos no lo transliteran igual. «Elí» en uno y «Eloí» en el otro, y esa diferencia explica por qué algunos creyeron que llamaba a Elías.
  • El salmo no termina donde termina la cita. Empieza en el abandono y acaba en una acción de gracias pública ante toda la asamblea.
  • Dentro del propio salmo hay una respuesta. El versículo 25 dice que Dios «no le ocultó su rostro» al afligido.
  • La lectura del versículo 17 lleva siglos discutiéndose. «Como un león» en el texto hebreo, «traspasaron» en el griego, y un rollo del desierto de Judea que complicó el asunto.
  • Ninguna tradición cristiana sostiene que Jesús perdiera la fe. Discrepan sobre qué se rompió, no sobre si siguió orando.

¿Qué dicen los evangelios sobre el grito de Jesús en la cruz?

Solo dos evangelios recogen esta frase, y los dos la conservan primero en el idioma original antes de traducirla, algo que no hacen con casi ninguna otra palabra de Jesús. Ese detalle indica que la frase circulaba tal cual, sin traducir, en las comunidades más antiguas.

El momento está fechado con precisión. Desde el mediodía «toda la tierra quedó sumida en oscuridad hasta las tres de la tarde» (Mateo 27:45), y el grito llega al final de esas tres horas, poco antes de morir. Llevaba entonces unas seis horas en la cruz.

Mateo escribe: «Elí, Elí, ¿lemá sabaqtaní?, es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»» (Mateo 27:46). Marcos escribe: «¡Eloí, Eloí! ¿lemá sabaqtaní?» (Marcos 15:34). Lucas y Juan no la recogen; en Lucas la última frase es otra, y sobre el reparto completo de las siete palabras de Cristo en la cruz hay artículo aparte.

«Elí» o «Eloí»: la diferencia que explica la confusión

Las dos formas significan lo mismo, pero no pertenecen a la misma lengua.

MateoMarcos
Invocación«Elí»«Eloí»
LenguaHebreo, o arameo muy hebraizadoArameo corriente
«lemá sabaqtaní»ArameoArameo
Efecto en quien escuchaSuena parecido a «Eliyahu», ElíasNo se presta a esa confusión

La forma de Mateo explica la escena que viene justo después: «Está llamando a Elías», comentan algunos de los presentes, y otros añaden «veamos si viene Elías a salvarlo» (Mateo 27:47-49). Ese malentendido solo funciona con «Elí». Conviene notar lo que eso implica: la escena conserva un detalle lingüístico que no favorece a nadie y que un narrador libre no habría inventado.

El detalle que casi nunca se menciona

En todas las demás oraciones que los evangelios ponen en boca de Jesús, se dirige a Dios llamándolo «Padre». Lo hace en Getsemaní con la forma más íntima que existía, «¡Abba, Padre!» (Marcos 14:36), y volverá a hacerlo minutos después de este grito, al morir. Aquí, y solo aquí, dice «Dios mío».

El cambio de tratamiento es parte del texto y no depende de ninguna interpretación: cualquiera que sea la lectura correcta del pasaje, tiene que explicar por qué en esta única oración desaparece la palabra «Padre».

¿Por qué Jesús dijo «por qué me has abandonado» citando un salmo?

El Salmo 22 no es un lamento que se hunde, sino uno que gira. Tiene treinta y dos versículos y se parte por la mitad: la primera describe a un hombre rodeado, burlado, con los huesos contados y la ropa repartida; la segunda arranca cuando el tono cambia sin aviso y el mismo hombre proclama el nombre de Dios «en medio de la asamblea», invita a los pobres a comer hasta saciarse y anuncia que las acciones salvadoras de Dios se contarán «al pueblo que va a nacer». Termina, literalmente, hablando de generaciones futuras. Quien solo conoce la primera línea conoce la mitad del salmo, y precisamente la mitad que se resuelve.

Si en tu Biblia los números de este salmo aparecen uno más bajos, es porque algunas ediciones no cuentan el encabezado —«Al maestro del coro. Según «La cierva de la aurora». Salmo de David»— como versículo. Las palabras son las mismas.

El evangelista señala varias correspondencias entre el salmo y la escena de la cruz, y las señala mirando hacia atrás, no como un guion que alguien estuviera siguiendo:

Salmo 22Escena en los evangelios
22:2, el grito de abandonoLas palabras de Jesús en Mateo y Marcos
22:8-9, se burlan y menean la cabezaLas burlas de quienes pasaban
22:17, manos y piesLa crucifixión
22:19, se reparten mis ropasLos soldados y las vestiduras

Y dentro del mismo salmo aparece una frase que ninguna postura puede ignorar: «Porque no despreció ni rechazó el dolor del afligido; no le ocultó su rostro, sino que lo escuchó cuando clamaba» (Salmo 22:25). El texto que Jesús cita afirma expresamente que Dios no escondió su rostro.

El versículo 17: «como un león» o «traspasaron»

Aquí hay una discusión textual real y muy antigua, y conviene exponerla con los datos a la vista porque suele contarse mal desde los dos lados.

TestigoLecturaFecha
Texto masorético hebreoka’arí, «como un león»Manuscritos medievales
Traducción griega de los Setenta«traspasaron» / «horadaron»Siglos III-II a.C.
Versión siríaca«traspasaron»Siglos I-II d.C.
Rollo de salmos de Nahal Heverkaru, «traspasaron», con vav finalHacia el 50-68 d.C.

El texto hebreo dice «como un león asedian mis manos y mis pies» (Salmo 22:17). Todo el desacuerdo depende de dos letras hebreas casi idénticas, yod y vav, que los copistas confundían con enorme facilidad.

La postura judía sostiene que la lectura hebrea es la correcta y que no existe un verbo que encaje con «traspasar» en esa forma; puede leerse desarrollada en la exposición de Jews for Judaism sobre el Salmo 22.

Quienes defienden «traspasaron» responden que el fragmento de Nahal Hever es anterior a los manuscritos masoréticos y coincide con la traducción griega, hecha por judíos siglos antes del cristianismo, lo que descarta una manipulación cristiana; TorahResource expone ese argumento con el fragmento. Lo honesto es decir que el asunto no está cerrado, y que el peso del grito de Jesús no depende de cómo se resuelva.

¿Qué significa «me has abandonado» y qué no significa?

El verbo importa. El arameo shabaq y el griego con que los evangelios lo traducen, enkataleípō, no significan «dejar de querer» ni «romper con alguien», sino dejar a alguien atrás, desatenderlo en el momento en que más falta hace el auxilio. Es el verbo del soldado que no recibe refuerzos, no el del padre que reniega de un hijo.

Y es lenguaje de quien sigue hablando: la queja va dirigida a Dios en segunda persona y empieza llamándolo «Dios mío», con posesivo. Nadie reclama así a quien ha dado por perdido. La pregunta «¿por qué?» tampoco es retórica ni acusadora; es la pregunta de quien espera respuesta.

De ahí se siguen tres malentendidos frecuentes:

  • No es una pérdida de fe. La frase es una oración, y una oración de un salmo que el propio orante sabe cómo termina.
  • No es desesperación final. Poco después, en Lucas, Jesús muere diciendo «¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!» (Lucas 23:46), que también es una cita de los salmos.
  • No es una contradicción con lo que Jesús ya había anunciado. Poco antes había dicho: «me dejarán solo. Aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo» (Juan 16:32).
  • No es un reproche. El salmo entero es una oración de confianza herida, no una acusación contra Dios, y así lo entendió sin excepción la lectura judía anterior al cristianismo.

Ese último texto es el que más pesa en la discusión, y las distintas posturas tienen que responderlo de alguna manera.

Hay además un detalle que agudiza la pregunta en vez de suavizarla. Ese mismo verbo es el que Dios usa para prometer justo lo contrario: «no te dejará ni te abandonará» (Deuteronomio 31:6), promesa que el Nuevo Testamento recoge como «nunca te abandonaré; jamás te dejaré solo» (Hebreos 13:5).

Quien grita en la cruz está usando la palabra exacta que Dios había jurado no cumplir nunca contra los suyos. Ahí está el nudo del pasaje, y ninguna de las lecturas que vienen a continuación puede saltárselo.

¿Qué han respondido las iglesias sobre el abandono de Jesús?

La pregunta lleva discutiéndose desde los primeros siglos. Los padres griegos la trataron en el siglo IV, Agustín la retomó en Occidente, la Reforma le dio un giro con la idea de sustitución penal, y en el siglo XX Jürgen Moltmann la volvió a abrir con una propuesta que muchos consideraron demasiado lejos. Las cuatro respuestas siguen vivas.

Hubo un abandono real (tradición reformada). En la cruz Cristo carga el juicio que el pecado merecía, y ese juicio incluye la experiencia de ser dejado por Dios. Sus textos son 2 Corintios 5:21, donde Dios trata a Cristo «como al propio pecado», y Gálatas 3:13, donde se hace «maldito» por nosotros. Su mejor argumento es de coherencia, y es fuerte: si en la cruz ocurre una sustitución de verdad, lo que Cristo carga tiene que ser lo que al pecador le correspondía, y eso incluye la separación; si el abandono fue solo aparente, la sustitución se queda en gesto y el grito, en dramatismo. La objeción principal viene del propio salmo que Jesús cita: el versículo 25 dice que Dios no ocultó su rostro al afligido. La respuesta habitual es que el salmo describe el desenlace y el grito describe el trance, y que ambos caben en el mismo texto.

Era una cita de confianza (padres griegos). Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno leyeron el grito como la invocación de un salmo entero: en la práctica judía, citar la primera línea evocaba el conjunto, y el conjunto termina en victoria. Su mejor argumento es que Jesús eligió precisamente ese salmo, pudiendo elegir cualquier otro. La objeción es que Marcos no da ninguna pista de ese giro: en su relato el grito queda desnudo y Jesús muere sin decir nada más.

Sufrimiento humano real, sin ruptura en Dios (católica). Jesús experimenta en su humanidad todo el peso del alejamiento que el pecado produce, sin que la unión con el Padre se rompa en ningún momento. Es la lectura del Catecismo católico, número 603: Jesús no conoció la reprobación como si hubiera pecado, sino que nos asumió «desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado» hasta poder decir esa frase en nuestro nombre. Su mejor argumento es Juan 16:32, dicho por el propio Jesús pocas horas antes. La objeción que recibe es que puede sonar a que el grito no era del todo suyo, sino pronunciado en representación de otros.

Lo que no se asume no se sana (ortodoxa). La tradición oriental llega a una conclusión parecida por otro camino. Gregorio Nacianceno formuló el principio de que aquello que el Hijo no asume de la condición humana no queda sanado; si la experiencia de sentirse abandonado por Dios es parte de lo peor que un ser humano atraviesa, el Hijo tenía que atravesarla también para curarla desde dentro. El grito no es entonces un castigo recibido, sino el último territorio humano que Cristo entra. Su mejor argumento es que explica el grito sin necesidad de postular ninguna fractura en Dios. La objeción es la misma que recibe la lectura católica, y una añadida: puede volver el episodio demasiado ordenado, como si nada estuviera realmente en juego.

La objeción trinitaria

Cruza las tres posturas anteriores y merece tratarse aparte. Si el Padre y el Hijo son un solo Dios, ¿cómo puede uno abandonar al otro sin que algo se rompa dentro de Dios mismo? Quienes sostienen el abandono real responden que lo que se interrumpe es la relación tal como el Hijo la experimenta en su humanidad, no la unidad de la esencia divina. Moltmann fue más lejos y habló de un acontecimiento que ocurre en Dios, lo que a teólogos como Thomas Weinandy les pareció comprometer la inmutabilidad divina. Quien quiera el trasfondo lo encontrará en el artículo sobre la Trinidad.

Tradición¿Abandono real?¿Qué se interrumpe?
CatólicaNo en sentido estrictoNada en Dios; el Hijo vive el alejamiento en su humanidad
OrtodoxaNoNada; el grito es solidaridad con la condición humana
ReformadaSíLa comunión experimentada, bajo el juicio del pecado
Evangélica actualDivididaSegún se acentúe la sustitución o la unidad divina

Dónde coinciden las cuatro. El sufrimiento fue real y no fingido; Jesús seguía orando mientras gritaba; el salmo citado termina en victoria; y ninguna sostiene que la divinidad de Cristo se apagara en la cruz. El desacuerdo empieza después de todo eso.

¿Qué puede enseñarte hoy este grito de Jesús?

Saber por qué Jesús dijo «Dios mío, por qué me has abandonado» cambia algo muy práctico: la frase deja de ser un enigma teológico y pasa a ser un permiso. Cinco consecuencias para tu vida de fe.

Puedes decirle a Dios que te sientes abandonado. La frase más cruda de toda la Biblia sobre el silencio de Dios está en labios de Jesús, y está tomada de un libro de oraciones que Israel cantaba en el templo. Si eso cabe dentro de una oración, tu peor día también cabe. La fe no te exige que finjas serenidad delante de Dios, y los salmos existen en buena medida para dejarlo claro.

Sentirse abandonado y estarlo no son lo mismo. El salmo dice las dos cosas: que el afligido se siente lejos y que Dios no le ocultó el rostro. Puedes sostener a la vez lo que sientes y lo que sabes, sin tener que elegir uno y llamar mentira al otro.

Vale la pena terminar de leer. Jesús citó una línea de un texto que él conocía entero. Cuando un versículo te golpee, lee el capítulo completo antes de sacar conclusiones: muchas frases que parecen cerrar una puerta son la primera línea de algo que termina abriéndola.

La honestidad no debilita la fe. Este pasaje tiene una variante textual sin resolver y cuatro lecturas cristianas incompatibles. Nada de eso desarma nada. Un cristianismo que necesita esconder los puntos difíciles es más frágil que uno que los pone sobre la mesa y sigue creyendo, y quien te escucha nota la diferencia enseguida.

Hay compañía en el fondo del pozo. Sea cual sea la lectura correcta, todas coinciden en un punto: Jesús estuvo ahí. No observó el desamparo humano desde fuera ni lo describió de oídas. Si alguna vez has sentido que oras contra un techo, la frase que resume esa sensación en toda la Biblia no la dijo un escéptico: la dijo él, y la dijo rezando.


Para seguir el hilo, el artículo sobre las siete palabras de Cristo en la cruz sitúa este grito entre las demás, el del buen ladrón recoge la escena que ocurre a pocos metros y pocas horas de distancia, y el del Monte de los Olivos cuenta la oración de Getsemaní, donde Jesús todavía decía «Abba».

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