
Publicado en abril 22, 2026, última actualización en agosto 26, 2026.
De todo lo que Jesús dijo desde la cruz, esta es la frase que más incomoda. Las otras se entienden: el perdón a sus verdugos, la promesa al ladrón, el encargo de su madre a Juan. Pero un grito que suena a desesperación, en labios del Hijo de Dios y dirigido a su Padre, deja a mucha gente sin saber dónde ponerlo.
Quizás la escuchaste en una lectura de Semana Santa y algo se te removió por dentro. Quizás alguien te la citó como prueba de que Jesús se sintió traicionado, o de que ni él mismo estaba seguro. La pregunta de por qué dijo Jesús «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» lleva casi dos mil años recibiendo respuestas, y algunas de las mejores mentes de la historia cristiana han llegado a conclusiones distintas entre sí.
Lo que sigue recorre la frase completa: qué palabras pronunció exactamente y en qué idioma, de dónde salen —porque son una cita literal—, qué estaba ocurriendo alrededor de la cruz en ese momento, y las distintas formas serias de entenderla que existen hoy dentro del cristianismo. Sin conclusiones forzadas y sin esconder lo que las fuentes no permiten decir.
Retrato Rápido
Jesús pronunció esas palabras hacia las tres de la tarde, poco antes de morir, y no las improvisó: son la primera línea del Salmo 22, un salmo de David que empieza en lamento y termina en victoria.
Es el único dicho de la cruz que registran Mateo y Marcos, y el único que se conservó en su lengua original semítica. Lo que significa exactamente —si hubo un abandono real o si Jesús estaba invocando un salmo que él sabía cómo terminaba— es el punto donde las tradiciones cristianas se separan.
⚖️ Algunos puntos debatidos: Los hechos están firmes: la frase, la hora, el salmo citado. Lo que se discute con seriedad, y desde hace siglos, es qué ocurrió en ese momento entre el Padre y el Hijo. Las tradiciones católica, ortodoxa, reformada y evangélica responden de maneras distintas, y ninguna es una postura marginal.
Puntos Clave
- La frase es una cita, no una improvisación. Es la primera línea del Salmo 22, un texto que todo judío devoto conocía de memoria y que termina con el reino de Dios reconocido por todas las naciones.
- Mateo y Marcos la transcriben con una diferencia pequeña y significativa: Mateo escribe «Elí, Elí» y Marcos «Eloí, Eloí». La palabra decisiva es sabaqtaní, que es aramea, no hebrea, y eso indica que Jesús citó el salmo en la lengua que la gente hablaba a diario.
- Es el único dicho de la cruz que traen Mateo y Marcos, y ocupa la cuarta posición —el centro exacto— en la lista tradicional de las siete palabras, que es una armonización posterior y no aparece completa en ningún evangelio.
- Los presentes entendieron mal: creyeron que llamaba al profeta Elías, porque en arameo galileo el nombre del profeta sonaba casi igual que «Elí».
- La gran discusión teológica es si el Padre abandonó realmente al Hijo, o si Jesús vivió como abandono lo que nunca dejó de ser cercanía. Ambas posturas tienen defensores de primer nivel y textos bíblicos de su lado.
- Las tinieblas de esas tres horas no pudieron ser un eclipse: la Pascua cae en luna llena, y un eclipse solar es astronómicamente imposible en luna llena.
¿Qué dijo Jesús exactamente y en qué idioma lo dijo?
Los dos evangelios que registran el grito lo transcriben con un cuidado poco común: conservaron el sonido original antes de traducirlo, algo que casi nunca hacen.
Mateo 27:46: «Hacia esa hora Jesús gritó con fuerza: —Elí, Elí, ¿lemá sabaqtaní?, es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»».
Marcos 15:34: «¡Eloí, Eloí! ¿lemá sabaqtaní?», con la misma traducción.
Una nota sobre las traducciones
Si conoces esta frase de memoria, quizás la recuerdes con otra palabra. Las Biblias de tradición Reina-Valera traducen «¿por qué me has desamparado?», mientras que las versiones modernas, las interconfesionales y las católicas dicen «¿por qué me has abandonado?».
El griego es el mismo en todos los casos: enkataleipō, dejar atrás, desamparar, abandonar. Ninguna traducción es más fiel que la otra. Y hay un matiz de castellano que resulta curioso para este tema: «desamparar» significa retirar el amparo, la protección, mientras que «abandonar» suena más absoluto. Esa distinción reaparecerá más adelante, cuando lleguemos a la discusión teológica de fondo.
La diferencia entre «Elí» y «Eloí»
No es un error de copia: es una diferencia de lengua.
| Palabra | Forma original | Lengua | Qué indica |
|---|---|---|---|
| Elí (Mateo) | ʾēlî | Hebreo, aunque también existe en arameo | Ambigua |
| Eloí (Marcos) | ʾelāhî | Arameo, sin ambigüedad | Decisiva |
| lemá | lamah / lemah | Prácticamente idéntica en ambas lenguas | Ambigua |
| sabaqtaní | šǝḇaqtanî, de la raíz šbq | Arameo | Decisiva |
El dato que resuelve la cuestión es sabaqtaní. La raíz šbq —dejar, soltar, abandonar— no existe en hebreo bíblico. El Salmo 22 en hebreo usa un verbo completamente distinto, ʿăzaḇtānî. Es decir: Jesús no citó el salmo en el hebreo de los rollos del templo, sino en la versión aramea que se parafraseaba en la sinagoga, la lengua de la calle.
Existe una posición minoritaria, defendida sobre todo por Randall Buth y la escuela de Jerusalén, que sostiene que el hebreo seguía siendo lengua viva en la Judea del siglo I y que sabaqtaní puede leerse como hebreo mishnaico, donde la raíz aramea ya estaba integrada. Es una postura seria y documentada, pero minoritaria; la mayoría de los especialistas sigue viendo aquí arameo.
Dónde encaja este grito entre las siete palabras
La lista de las «siete palabras de Jesús en la cruz» es una armonización devocional, no un dato de ningún evangelio. Ninguno de los cuatro trae más de tres. La secuencia tradicional se popularizó con la devoción de las Tres Horas y con las obras musicales que la acompañaron.
| # | Palabra | Dónde aparece |
|---|---|---|
| 1 | «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» | Lucas 23:34 |
| 2 | «Hoy estarás conmigo en el paraíso» | Lucas 23:43 |
| 3 | «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre» | Juan 19:26-27 |
| 4 | «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» | Mateo 27:46 y Marcos 15:34 |
| 5 | «Tengo sed» | Juan 19:28 |
| 6 | «Todo está cumplido» | Juan 19:30 |
| 7 | «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» | Lucas 23:46 |
Dos observaciones que suelen quedarse fuera. La primera: la palabra número uno, el perdón a los verdugos, falta en algunos de los manuscritos más antiguos y de más peso, y las ediciones críticas del Nuevo Testamento la imprimen entre corchetes. La segunda: la última palabra, la de Lucas, también es una cita de un salmo, el 31:6, que en esta versión se traduce «A tus manos encomiendo mi vida», con nota al pie indicando que literalmente dice «mi espíritu».
Jesús muere citando salmos en los tres evangelios sinópticos, y ese detalle pesa en la discusión que viene más adelante.
¿Por qué dijo Jesús «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» citando un salmo?
El relato de la Pasión en los cuatro evangelios está saturado de este salmo, con independencia del grito.
Conviene precisar en qué sentido, porque es un punto que se malinterpreta con facilidad. Jesús no pronunció esas palabras para cumplir una profecía, como quien marca una casilla de una lista. Las profecías no obligan a nadie: describen de antemano lo que va a ocurrir. El orden es el inverso del que suele suponerse — Jesús vive lo que vive, y al vivirlo resulta que un salmo escrito siglos antes lo había descrito.
Si fuera un guion recitado, el sufrimiento sería una puesta en escena y todo el peso del relato se vendría abajo. Vale la pena notar además a quién señalan esas fórmulas cuando aparecen en el texto.
Cuando Juan escribe que los soldados repartieron las vestiduras «para que se cumpliera la Escritura», el sujeto son los soldados, que desde luego no estaban cumpliendo nada a propósito. La expresión es el comentario del evangelista mirando hacia atrás, no una declaración sobre la intención de nadie dentro de la escena.
Un aviso sobre la numeración
Antes de seguir conviene aclarar algo que confunde a mucha gente al comparar Biblias. En la numeración hebrea, el título del salmo cuenta como versículo 1, de modo que el grito es el versículo 2. Las Biblias de tradición Reina-Valera no cuentan el título, y por eso ahí el grito es el versículo 1.
Este artículo sigue la numeración hebrea, que es la de la versión enlazada. Si consultas una Reina-Valera, resta uno a cada número.
Un salmo que empieza en el fondo y termina en lo alto
El texto tiene dos mitades claramente distintas. La primera es lamento puro: sed, huesos descoyuntados, burlas, abandono. La segunda es acción de gracias y proclamación universal.
Empieza así, en el versículo 2: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Está lejos mi salvación y son mis palabras un gemido». Y sigue en el 3: «Dios mío, te llamo de día y no me respondes, de noche y no encuentro descanso».
El giro llega en el versículo 23. Hasta el 22 el salmista está pidiendo auxilio —»sálvame de las fauces del león, protégeme de los cuernos del búfalo»—, y de pronto, sin transición ni explicación, declara: «Yo proclamaré tu nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea».
La versión enlazada lo señala en nota: ahí ocurre un giro radical, porque Dios ha atendido la súplica y la acción de gracias sustituye a la petición de auxilio. (En hebreo, el final del versículo 22 contiene una forma verbal que muchas versiones traducen «me has respondido»; otras, como esta, la leen como una petición más. La ambigüedad es real y es la razón de que el punto exacto del giro se marque en lugares ligeramente distintos según la Biblia que uses.)
A partir de ahí el salmo declara que «se acordarán y se volverán al Señor todos los confines de la tierra», y termina con una frase que resuena de forma extraña: que se anunciará a un pueblo aún no nacido «que él hizo esto».
Y en medio, el versículo 25 dice algo que conviene retener, porque será decisivo más adelante: que Dios no despreció la aflicción del afligido, y «no le ocultó su rostro».
Los versículos que la tradición cristiana lee como proféticos
El relato de la Pasión en los cuatro evangelios está saturado de este salmo, con independencia del grito.
| Salmo 22 | Correspondencia | Tipo |
|---|---|---|
| v. 2 | Mateo 27:46 y Marcos 15:34 | Cita en labios de Jesús |
| v. 8: «cuantos me ven se ríen de mí, hacen muecas con los labios, balancean la cabeza» | Mateo 27:39-43 | Alusión verbal muy densa |
| v. 16: la lengua pegada al paladar | Juan 19:28, «Tengo sed» | Alusión |
| v. 17: las manos y los pies | La crucifixión; Juan 20:25-27 | Alusión, y el punto textual disputado |
| v. 19: «se reparten mis ropas, echan a suertes mis vestiduras» | Juan 19:24 | Cita explícita y formal |
| v. 23: «yo proclamaré tu nombre a mis hermanos» | Hebreos 2:12 | Cita explícita |
La discusión sobre el versículo 17: ¿»traspasaron» o «como un león»?
Aquí hay un punto genuinamente disputado, y esta vez lo puedes ver con tus propios ojos sin salir del artículo.
Si abres el enlace al Salmo 22 en la versión que usamos aquí, el versículo 17 dice: «Me acorralan jaurías, hordas de criminales me asedian, como un león asedian mis manos y mis pies». Si abres una Reina-Valera, leerás: «horadaron mis manos y mis pies».
No es un error de nadie. Todo depende de una sola letra hebrea al final de una palabra: una vav o una yod, dos trazos que se diferencian por la longitud.
| Testigo | Lectura | Fecha |
|---|---|---|
| Texto Masorético (los códices hebreos estándar) | kāʾărî, «como león» | Siglos IX-XI d.C. |
| Rollo de Salmos de Nahal Hever | kāʾărû, un verbo: «horadaron» | c. 50-68 d.C. |
| Septuaginta, la traducción griega | ōryxan, «cavaron, perforaron» | Siglos II-I a.C. |
| Vulgata latina | foderunt, «horadaron» | Siglos IV-V |
| Peshitta siríaca | «traspasaron» | Siglos II-III |
Dos precisiones importantes. La primera: el manuscrito clave no es de Qumrán, como suele decirse, sino del yacimiento de Nahal Hever, otro sitio del desierto de Judea. La segunda: el texto masorético, leído literalmente, dice «como un león mis manos y mis pies», sin verbo, lo cual deja la frase gramaticalmente coja. Eso explica que el Targum arameo insertara un verbo para completarla, y que las versiones que siguen el masorético tengan que añadir uno, como hace aquí «asedian».
Peter W. Flint, uno de los editores del corpus de Salmos del desierto de Judea, examinó la letra en cuestión y sostuvo que su longitud corresponde inequívocamente a una vav y no a una yod, lo que la convierte en verbo.
Del lado judío, Jews for Judaism responde que derivar «horadaron» exige una operación gramatical forzada, que el manuscrito de Nahal Hever está incompleto y requiere reconstrucción, y que el salmo trata de las tribulaciones personales de David. Lo que conviene evitar por completo es la acusación de que «los judíos cambiaron el texto»: la discusión es sobre una letra dentro de una tradición manuscrita compleja, y esa acusación no se sostiene con los datos.
¿Abandonó el Padre realmente al Hijo?
Esta es la pregunta de fondo, y hay cuatro respuestas serias circulando. Las cuatro tienen textos bíblicos a su favor y defensores de primera línea. Vale la pena conocerlas todas antes de escoger.
Postura 1: hubo un abandono real
Cristo cargó objetivamente el pecado y la ira que le correspondía al pecador. El abandono no fue solo sentido: algo ocurrió de verdad.
Textos que invoca: 2 Corintios 5:21, donde Dios hace pecado por nosotros al que no conoció pecado; Gálatas 3:13, donde Cristo se hace maldición por nosotros; e Isaías 53.
Quiénes la sostienen: la tradición reformada y buena parte del mundo evangélico. También, desde fuera del calvinismo, el teólogo arminiano Roger Olson, que defiende que el abandono fue real y no meramente subjetivo.
Una precisión que casi siempre se falla: a Juan Calvino se le atribuye con frecuencia la frase de que «el Padre estaba airado con el Hijo». Calvino lo niega expresamente. En su Institución escribe: «no insinuamos que Dios fuera alguna vez hostil a él o estuviera airado con él. ¿Cómo podría estar airado con el Hijo amado, en quien su alma se complacía?». En su comentario a Mateo añade que la ayuda de Dios nunca faltó a Cristo; lo que se ocultó fue la percepción de ella. La versión popular y dura de esta postura es una radicalización posterior, no la de Calvino.
Postura 2: era una cita de confianza, no de desesperación
Jesús invocó el Salmo 22 entero, un texto que termina en vindicación y en el reino de Dios reconocido por todas las naciones. Lejos de ser un grito de derrota, es una declaración de fe pronunciada en el peor momento posible.
Textos que invoca: el propio Salmo 22:25, donde se afirma que Dios no ocultó su rostro del afligido, lo que contradice frontalmente la idea de que el Padre apartó la mirada.
Quiénes la sostienen: la tradición patrística casi en bloque. Juan Crisóstomo escribió que Jesús citó el salmo «para que vieran que hasta su último aliento honra a Dios como su Padre y no es adversario de Dios». Gregorio Nacianceno lo formuló así: «Él estaba en su propia persona representándonos a nosotros. Porque nosotros éramos los abandonados y despreciados antes». Agustín sostiene que la voz que grita es la del cuerpo, la humanidad caída que Cristo asumió, no la de la cabeza en cuanto tal. Teodoreto de Ciro precisa que «abandono» significa permitir el sufrimiento, no separar la divinidad.
El contraargumento serio: Marcos no ofrece ninguna señal de que el salmo se recite entero. El grito es a plena voz, y el contexto es de desolación total: no queda ningún discípulo, solo burla. Leer victoria en ese punto puede ser importar al relato una teología posterior.
Postura 3: sufrimiento humano real, sin ruptura en Dios
El sufrimiento fue absolutamente real y se predica de la naturaleza humana de Cristo; la unión con la divinidad y la relación trinitaria permanecieron intactas.
Tomás de Aquino lo formula en la Summa Theologiae: el Padre «lo dejó al poder de sus perseguidores». Es retiro de protección, no disolución del vínculo. Y aquí vuelve el matiz de castellano del principio: eso es exactamente lo que significa desamparar, retirar el amparo, frente a abandonar, que suena a ruptura. La palabra antigua de Reina-Valera se acerca más a la lectura de Aquino que la moderna, sin que sea intencional.
Textos que invoca: Juan 16:32, dicho por Jesús pocas horas antes: «cada uno de ustedes se dispersará por su lado y me dejarán solo. Aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo». Y 2 Corintios 5:19, donde Dios está en Cristo reconciliando consigo al mundo.
Postura 4: la objeción trinitaria
Un grupo creciente de teólogos, incluidos evangélicos que mantienen la sustitución, plantea que la formulación popular —»el Padre apartó su rostro»— es insostenible desde la doctrina de la Trinidad. Sus argumentos:
- Las obras de Dios hacia fuera son indivisas. Un acto del Padre de apartarse del Hijo sería una operación divina dividida, cosa que la doctrina trinitaria clásica no admite.
- Las personas se distinguen solo por relaciones de origen. Romper la relación Padre-Hijo sería destruir a las personas mismas.
- El argumento de que «Dios no puede mirar el pecado» se autodestruye. Si el Padre es tan santo que no puede mirar el pecado, el Hijo también es persona divina, y el argumento se aplicaría igual a él. Además, el versículo que suele citarse, Habacuc 1:13, es una queja del profeta, no una definición de la naturaleza de Dios.
Frente a esto, Jürgen Moltmann reformuló el problema en vez de esquivarlo. En El Dios crucificado sostiene que «el Hijo sufre el morir; el Padre sufre la muerte del Hijo», y que la Trinidad no se rompe en el Gólgota sino que se revela precisamente allí. La propuesta tiene críticos serios —Thomas Weinandy y Paul Molnar entre ellos—, que la acusan de introducir el sufrimiento en la esencia misma de Dios.
¿Qué creen hoy las distintas tradiciones cristianas?
Las cuatro grandes tradiciones cristianas afirman lo mismo sobre los hechos y difieren sobre lo que ocurrió entre el Padre y el Hijo en ese momento. Este cuadro resume dónde queda cada una.
| Católica | Ortodoxa | Reformada | Evangélica | |
|---|---|---|---|---|
| ¿Hubo abandono objetivo? | No en sentido de reprobación | No, rotundamente | Sí, en algún sentido real | Mayoritariamente sí |
| ¿Ira divina sobre Cristo? | No como reprobación personal | Rechazada de plano | Sí, aunque Calvino la matiza | Sí, típicamente |
| ¿Se rompió la Trinidad? | No | No | No | No |
| ¿Se lee el Salmo 22 completo? | Sí | Sí, con énfasis | Se reconoce, pero el peso está en el primer versículo | Énfasis creciente en el salmo entero |
La posición oficial católica está en el Catecismo, §603: «Jesús no ha conocido la reprobación como si él mismo hubiera pecado. Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre, nos ha asumido en el alejamiento de Dios por nuestro pecado».
Dónde coinciden las cuatro tradiciones
Vale la pena señalar cuánto terreno comparten, porque el desacuerdo suele exagerarse:
- Es una cita del Salmo 22. Nadie lo discute.
- El sufrimiento fue absolutamente real, no aparente.
- La unión entre lo divino y lo humano en Cristo no se disolvió. Ninguna tradición histórica enseña que Jesús dejara de ser Dios en la cruz.
- El salmo se lee cristológicamente.
- El grito es voluntario y salvífico, no un fracaso.
Dónde divergen de verdad
El eje más divisivo es si hubo ira divina dirigida al Hijo. La ortodoxia la rechaza como categoría; la teoría de la sustitución penal la requiere. El segundo eje es si el grito abarca todo el salmo o solo su primera línea, y eso es más una diferencia de método al leer que de dogma. Y hay un debate interno muy vivo dentro del mundo evangélico entre la formulación popular del himno —»el Padre aparta su rostro»— y una corriente creciente que la considera trinitariamente insostenible sin abandonar por ello la sustitución.
¿Qué puede enseñarte hoy este grito de Jesús?
La pregunta de por qué dijo Jesús «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» termina, para quien la mira de cerca, tocando algo muy propio. Porque esa frase la ha dicho mucha gente, con otras palabras, a las tres de la mañana.
Dios no se ofende con tu pregunta. La frase que Jesús escogió para uno de los momentos más importantes de la historia es una queja. Un reclamo. No un salmo de alabanza, no una declaración doctrinal: una pregunta que suena a reproche. Si esa es la oración que el Hijo consideró apropiada en la cruz, tu propia oración desesperada no necesita disculpa. La Biblia tiene un libro entero de estas —los Salmos—, y no está allí por accidente.
Sentirse abandonado no es lo mismo que estar abandonado. El Salmo 22 dice, veintitrés versículos después del grito, que Dios no le ocultó su rostro al afligido. Y sin embargo, el que lo cita está gritando que fue abandonado. Las dos cosas conviven en el mismo texto. Hay temporadas en que la percepción y la realidad se separan, y saber que eso le pasó también a él cambia cómo se atraviesan.
Los finales no siempre se ven desde el principio. Quien conocía el Salmo 22 sabía cómo terminaba: con todos los confines de la tierra volviéndose a Dios. Jesús citó la primera línea desde dentro de la primera mitad, la del lamento, sin que nadie alrededor pudiera ver todavía la segunda. Si estás en tu versículo 3, vale la pena recordar que el salmo tiene 32.
La honestidad de los evangelios es un argumento a su favor. Nadie que estuviera inventando una religión pondría estas palabras en boca de su fundador. Mateo y Marcos conservaron un grito que ha incomodado a los creyentes durante veinte siglos, sin suavizarlo y hasta conservando el sonido original en arameo. Esa clase de incomodidad no se fabrica.
El desacuerdo entre tradiciones no tiene por qué inquietarte. Católicos, ortodoxos, reformados y evangélicos llevan siglos discutiendo qué ocurrió exactamente en ese momento, y todos afirman lo mismo en lo esencial: que Jesús sufrió de verdad, que no dejó de ser quien era, y que lo hizo voluntariamente. Cuando la gente que ora al mismo Dios difiere en el cómo pero coincide en el quién, eso no es debilidad de la fe. Es la señal de que la pregunta es grande.



