
Publicado en julio 14, 2025, última actualización en julio 10, 2026.
Muchos conocen a Mateo como el cobrador de impuestos que dejó su mesa para seguir a Jesús. Pero detrás del primer libro del Nuevo Testamento hay una pregunta distinta: quién fue Mateo el evangelista, es decir, quién está detrás de ese texto y cómo nació.
No es lo mismo la vida del apóstol que la obra del escritor, y aquí quiero acompañarte a mirar el segundo lado: el contexto en que se escribió su Evangelio, las fuentes que hay detrás, su forma de organizar el material y el retrato de Jesús que eligió presentar.
Su vida como persona la cuento aparte, en su biografía como apóstol; y el contenido del libro, capítulo a capítulo, lo recorro en El Evangelio de Mateo. Este artículo se queda en el ángulo del autor.
Retrato Rápido
Mateo el evangelista es el nombre con que la tradición cristiana identifica al autor del primer Evangelio, un texto escrito para lectores de origen judío que buscaba mostrar a Jesús como el Mesías prometido.
La atribución viene de una tradición antigua recogida por Papías a comienzos del siglo II; el libro en sí es anónimo, y hoy las fuentes discuten hasta qué punto lo escribió el apóstol en persona o una comunidad ligada a su testimonio.
⚖️ Algunos puntos debatidos: el retrato general del Evangelio es claro, pero la autoría exacta y la fecha son detalles sobre los que las fuentes no coinciden.
Puntos Clave
- El primer Evangelio se atribuye a Mateo desde muy temprano, aunque el texto no menciona el nombre de su autor; la etiqueta «según Mateo» se añadió en el siglo II.
- Se escribió probablemente entre los años 80 y 90, después del Evangelio de Marcos y de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70.
- Su destinatario fue una comunidad de cristianos de origen judío, y todo el libro se esfuerza en conectar la vida de Jesús con las promesas del Antiguo Testamento.
- Usó varias fuentes: el Evangelio de Marcos como base narrativa, una colección de dichos conocida como «Q» y material propio que solo él conserva.
- Organizó la enseñanza de Jesús en cinco grandes discursos, un diseño que muchos leen como un eco de los cinco libros de Moisés.
- Su símbolo tradicional es el hombre alado o ángel, porque su Evangelio abre con la genealogía humana de Jesús.
¿Quién fue Mateo y por qué se le atribuye este Evangelio?
Mateo aparece en el Nuevo Testamento como un publicano, un recaudador de impuestos de Capernaúm a quien Jesús llamó a seguirlo (Mateo 9:9). Esa es su vida; lo que aquí importa es cómo su nombre quedó unido al primer Evangelio.
El dato biográfico que sí ilumina el texto es su oficio: un cobrador de impuestos era un hombre acostumbrado a registrar, ordenar y llevar cuentas, y el Evangelio que lleva su nombre es justamente el más estructurado y ordenado de los cuatro.
La atribución más antigua viene de Papías de Hierápolis, hacia los años 110 o 120, en una frase que conservó el historiador Eusebio: Mateo «recogió en orden los dichos (logia) en lengua hebrea, y cada cual los interpretó como pudo». Reflexionando sobre esa cita, caí en cuenta de que dice menos de lo que parece: habla de una colección de dichos en hebreo o arameo, no necesariamente del libro griego que hoy leemos. Sobre esa base, autores cristianos posteriores fueron atribuyendo a Mateo el Evangelio completo.
Aquí está el punto genuinamente debatido. La tradición antigua sostiene que el apóstol Mateo es el autor. La mayoría de los estudiosos actuales observa que el texto es anónimo, está escrito en un griego cuidado y depende de Marcos, algo poco esperable en un testigo ocular.
Por eso hablan de un autor judío-cristiano, cercano al testimonio de Mateo, más que de su pluma directa. Las fuentes no cierran el asunto, y este artículo no pretende hacerlo: presento las dos posturas con el mismo respeto. Puedes ver un resumen del debate en la Wikipedia en español sobre el Evangelio de Mateo.
¿Cuándo y dónde se escribió el Evangelio de Mateo?
La fecha más aceptada sitúa la composición entre los años 80 y 90. El razonamiento es sencillo de seguir: el Evangelio de Mateo usa como base el de Marcos, que suele fecharse alrededor del año 70, así que tuvo que escribirse después. Además, el texto refleja el peso de la destrucción del Templo de Jerusalén, ya ocurrida, y no como una amenaza futura.
Sobre el lugar, muchos estudiosos apuntan a Antioquía de Siria, una ciudad donde convivían judíos y gentiles y donde, según Hechos 11:26, los seguidores de Jesús fueron llamados «cristianos» por primera vez. No hay certeza absoluta, pero encaja bien con un Evangelio que trabaja la relación entre la herencia judía y la nueva fe.
Los destinatarios se notan en cada página. Mateo no explica costumbres judías que cualquier lector hebreo daría por sabidas, y en cambio se detiene en mostrar cómo Jesús cumple las profecías. Me llamó la atención un detalle de la genealogía inicial: mientras Lucas remonta el linaje de Jesús hasta Adán, subrayando su alcance universal, Mateo lo detiene en Abraham y David, estableciendo de entrada las credenciales judías y mesiánicas de Jesús. Es una decisión de autor que dice mucho sobre para quién escribía.
¿Qué fuentes utilizó Mateo?
Una de las cosas que ayuda a entender este Evangelio es que no nació de la nada. La explicación más difundida entre los estudiosos es la llamada teoría de las dos fuentes, que reconoce tres materiales distintos detrás del texto.
El primero es el Evangelio de Marcos. Casi todo su contenido reaparece en Mateo, que lo toma como columna vertebral narrativa, pero no lo copia mecánicamente: lo abrevia, lo reordena y añade matices teológicos.
El segundo es una fuente que Mateo comparte con Lucas y que no está en Marcos, formada sobre todo por enseñanzas de Jesús; los estudiosos la llaman «Q», del alemán Quelle, que significa «fuente». Nunca se ha encontrado ese documento, y por eso una corriente creciente de investigadores lo pone en duda; sigue siendo una hipótesis, no un hecho.
El tercero es el material propio de Mateo, conocido como «M»: relatos que solo él conserva, como la visita de los magos, la huida a Egipto o varias parábolas del Reino.
Revisando lo que dicen las fuentes, comprendí que este reparto no es un tecnicismo frío: muestra a un autor que trabaja con materiales previos y los organiza con un propósito claro, el de presentar a Jesús como cumplimiento de la historia de Israel.
¿Cómo organizó Mateo su Evangelio y qué hace único su estilo?
La estructura es quizás el rasgo más reconocible del autor. Mateo agrupa la enseñanza de Jesús en cinco grandes discursos, cada uno cerrado con una fórmula parecida: «cuando Jesús terminó estas palabras». Los cinco son el Sermón del Monte (capítulos 5 al 7), el discurso misionero (capítulo 10), las parábolas del Reino (capítulo 13), el discurso sobre la comunidad (capítulo 18) y el discurso final sobre los últimos tiempos (capítulos 24 y 25).
Muchos estudiosos leen ese diseño de cinco bloques como un eco deliberado de los cinco libros de Moisés, presentando a Jesús como un nuevo Moisés que entrega una enseñanza con autoridad. La idea encaja con la clave que el propio Jesús da en el Sermón del Monte: «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir». No es ruptura con la tradición, sino continuidad y culminación.
Dos marcas de estilo confirman esa intención de autor.
- La primera son las fórmulas de cumplimiento, esas frases repetidas del tipo «todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el profeta», que unen una y otra vez la vida de Jesús con el Antiguo Testamento.
- La segunda es su preferencia por la expresión «Reino de los Cielos» donde los otros evangelistas dicen «Reino de Dios»
Aprendí que esa elección refleja la sensibilidad judía de evitar pronunciar el nombre de Dios, y aparece decenas de veces a lo largo del libro.
¿Cómo retrata Mateo a Jesús, y por qué su símbolo es el ángel?
Cada evangelista eligió qué resaltar de Jesús, y la decisión de Mateo fue presentarlo como el Mesías prometido a Israel. Lo llama «hijo de David» para afirmar su linaje real y «Hijo del hombre» para hablar de su misión; la genealogía del primer capítulo y las profecías cumplidas a lo largo del texto sostienen ese mismo retrato. El Reino que anuncia este Jesús no es una conquista política, sino una transformación del corazón que se cuenta en parábolas.
De ese comienzo nace su símbolo tradicional. En el conjunto llamado tetramorfos —las cuatro figuras que la tradición asocia a los evangelistas— a Mateo le corresponde el hombre alado o ángel. La razón es concreta: su Evangelio abre repasando la ascendencia humana de Jesús, y esa atención al Jesús hombre, hijo de una larga historia familiar, quedó representada en la figura humana. A Marcos le tocó el león, a Lucas el toro y a Juan el águila.
En cuanto al final del propio Mateo, las fuentes no coinciden. Varias tradiciones antiguas lo sitúan predicando en Etiopía y muriendo mártir allí; otras hablan de una muerte natural. Como el desacuerdo es real y ninguna versión se impone, lo honesto es dejar constancia de ambas sin forzar una conclusión.
¿Qué puedo aprender hoy de Mateo el evangelista?
Conocer quién fue Mateo el evangelista deja algo más que datos; deja un modo de acercarse a la fe que sigue sirviendo. Estas son algunas ideas prácticas para llevarte.
Leer la fe en continuidad, no en pedazos. Mateo no trató el Antiguo Testamento como algo superado, sino como el suelo donde se entiende a Jesús. Puedes leer tu propia historia de fe con esa misma mirada: buscando el hilo que une lo que Dios hizo antes con lo que hace en tu vida hoy.
Valorar el orden al aprender. El autor organizó la enseñanza de Jesús en bloques claros para que su comunidad pudiera retenerla. Estudiar la Palabra de forma ordenada, por temas, sin prisa, sigue siendo una ayuda concreta para crecer.
Confiar en medio de las crisis. Mateo escribió a una comunidad golpeada por la caída del Templo, y su respuesta no fue negar el dolor, sino mostrar que el plan de Dios seguía en pie. Cuando algo se derrumba en tu vida, ese testimonio invita a sostener la confianza sin fingir que nada duele.
Tender puentes en lugar de romperlos. Todo su Evangelio busca mostrar que la novedad de Cristo no destruye la herencia recibida, sino que la completa. Es una invitación a honrar tu trasfondo mientras abrazas lo nuevo que Dios está haciendo.
Si quieres seguir el recorrido, puedes pasar de este retrato del autor al contenido de su obra en El Evangelio de Mateo, o conocer a los otros tres escritores en los artículos sobre Marcos, Lucas y Juan el evangelista.






