
Publicado en septiembre 27, 2025, última actualización en septiembre 10, 2026.
A los cristianos no desciendientes de Israel, la Biblia los llama gentiles. Entender qué significa «gentil» en la Biblia es, para la mayoría de los lectores, entender su propio lugar en la historia que están leyendo: la de alguien que estaba fuera y acabó dentro.
La palabra ha ido cambiando de sentido con los siglos, del más neutro al más despectivo y de vuelta, y el conflicto sobre si los gentiles podían entrar en la Iglesia sin hacerse judíos fue la discusión más dura del primer siglo cristiano.
El artículo va del texto bíblico al vocabulario, de ahí a las barreras que existían de verdad y termina en el debate que hoy divide a los especialistas.
Respuesta Rápida
«Gentil» traduce palabras hebreas y griegas que significan «nación» o «pueblo», y designa a quien no pertenece a Israel.
El Antiguo Testamento los trata de dos maneras a la vez: como amenaza y como destinatarios de la bendición prometida a Abraham.
En el Nuevo Testamento, la entrada de gentiles en la Iglesia sin exigirles circuncisión ni ley judía fue el conflicto más importante de la primera generación, y se zanjó en el concilio de Jerusalén hacia el año 50.
✅ Datos firmes. Lo que dicen los textos y lo que ocurrió históricamente está bien documentado. Lo que se discute con intensidad es cómo interpretar el argumento de Pablo, y esa discusión tiene hoy tres escuelas.
Puntos Clave
- La palabra no era despectiva al principio. El hebreo goy significa «nación», y el propio Israel es llamado así en la promesa a Abraham.
- La ley manda amar al extranjero con la misma fórmula que al prójimo. «Lo amarás como a ti mismo» aparece las dos veces.
- En el Templo había un muro real con avisos de pena de muerte. Se conservan dos de esas placas.
- Existía una categoría intermedia: los «temerosos de Dios». Gentiles que frecuentaban la sinagoga sin circuncidarse, y su existencia está probada por inscripciones.
- La primera misión deliberada a gentiles no la iniciaron los apóstoles. La empezaron creyentes anónimos en Antioquía.
- El debate sobre Pablo sigue abierto. Tres escuelas discuten hoy qué combatía exactamente en Gálatas y Romanos.
¿Qué dice la Biblia sobre los gentiles?
Dice dos cosas a la vez desde el principio, y esa tensión es el motor de toda la historia. Antes de que aparezca Abraham, el libro del Génesis coloca una genealogía de setenta naciones descendientes de Noé: la humanidad entera es una familia antes de que exista ningún pueblo elegido. Y cuando llega la elección, viene con una cláusula que mira hacia fuera: «¡En ti serán benditas todas las familias de la tierra!» (Génesis 12:3). Israel no es escogido en lugar de las naciones, sino para ellas.
La ley es más explícita de lo que suele recordarse. Al extranjero residente hay que tratarlo como a un nativo, y el mandato usa exactamente la misma fórmula que el famoso mandamiento sobre el prójimo: «lo amarás como a ti mismo, porque también ustedes fueron extranjeros en el país de Egipto» (Levítico 19:34). La memoria de haber sido forasteros es el argumento, y se repite decenas de veces en la Torá.
La historia bíblica está además poblada de gentiles concretos que salen bien parados, y no como excepciones vergonzantes.
| Figura | Origen | Papel |
|---|---|---|
| Rahab | Cananea | Aparece en la genealogía de Jesús |
| Rut | Moabita | Bisabuela del rey David |
| Jetró | Sacerdote madianita | Bendice al Dios de Israel y aconseja a Moisés |
| Naamán | General sirio | Sanado por el profeta Eliseo |
| Urías | Heteo | Más escrupuloso con la ley que el propio David |
| Ciro | Rey persa | Único no israelita al que se llama «ungido» |
Los profetas dan el paso siguiente. Isaías anuncia que las naciones subirán a Sión, llama al siervo «luz de las naciones para que llegue mi salvación hasta el confín de la tierra» (Isaías 49:6), promete al extranjero un lugar en la casa de Dios y llega a poner a Egipto y Asiria al mismo nivel que Israel. Y el libro de Jonás lleva el asunto al extremo incómodo.
Es el único profeta enviado a predicar a la capital del imperio que había arrasado a su pueblo, y todo en el relato está construido para incomodar al lector israelita: los marineros paganos rezan mejor que el profeta, los ninivitas se arrepienten a la primera advertencia, y el único que se enfada es el enviado de Dios, porque teme exactamente que lo perdonen. El libro termina con una pregunta sobre la compasión divina que nadie responde. Es sátira teológica escrita desde dentro de Israel contra la resistencia de Israel a esta misma idea.
En el Nuevo Testamento la puerta se abre despacio y con resistencia. Jesús elogia la fe de un centurión romano y anuncia que vendrán muchos «del oriente y del occidente»; atiende a una mujer sirofenicia tras un intercambio áspero; y cuando unos griegos preguntan por él, el evangelio de Juan marca ese momento como el comienzo de la hora final. Pero la decisión de admitirlos sin condiciones llegó después, y costó.
¿Qué significa «gentil» en la Biblia y qué no significa?
Significa «de las naciones», y nada más en su origen. El hebreo goy aparece unas quinientas sesenta veces y quiere decir «nación» o «pueblo», sin ninguna connotación de «no judío»: en la promesa a Abraham, Dios anuncia que hará de él «una gran nación», y usa esa misma palabra. El sentido restringido —goy como «el que no es judío»— se especializó tarde, ya en época romana.
Conviene distinguir tres términos hebreos que el castellano tiende a confundir:
- Goy: una nación entera, incluida la de Israel.
- Ger: el extranjero que reside establemente entre israelitas, con derechos protegidos por la ley.
- Nokri: el forastero de paso, sin vínculo con la comunidad.
En griego, éthne mantiene la neutralidad de «naciones» y es la palabra que usan tanto la traducción griega del Antiguo Testamento como el Nuevo. El latín gentilis, de gens, es la puerta por la que la palabra entró al castellano medieval.
Dos aclaraciones sobre el uso actual. En contexto judío el término oscila entre lo neutro y lo despectivo según quién y cómo lo diga, y hay debate interno sobre si conviene seguir usándolo. Y no debe leerse la literatura rabínica hostil sin su contexto: buena parte se escribió bajo persecución romana, y la propia tradición codificó que los «justos de las naciones» tienen parte en el mundo venidero sin necesidad de convertirse.
Lo que la palabra no significa es «pagano» en el sentido de idólatra, aunque a menudo se use así. Un gentil es simplemente alguien de fuera de Israel, y el Nuevo Testamento está lleno de gentiles creyentes que siguen siendo gentiles.
¿Qué separaba a los gentiles y cómo entraron en la Iglesia?
Los separaba un muro, y no es una metáfora. El Templo de Herodes tenía una gran explanada exterior a la que cualquiera podía entrar, llamada por eso atrio de los gentiles. Pasada esa zona había una balaustrada de piedra, y en ella placas grabadas en griego y latín con un aviso: «Que ningún extranjero entre dentro de la balaustrada y del recinto que rodea el santuario. Quien sea sorprendido, será él mismo responsable de la muerte que le sobrevendrá».
No era retórica. Roma, que reservaba celosamente la pena capital, autorizaba a las autoridades judías a ejecutar incluso a ciudadanos romanos que cruzaran esa línea. Y las placas existen: se conserva una completa, hallada en 1871 y hoy en el Museo Arqueológico de Estambul, y un fragmento encontrado en 1935 que aún guarda restos de la pintura roja original.
Ese muro convierte en literales dos pasajes que suelen leerse en abstracto. Cuando la carta a los Efesios dice que Cristo «ha derribado el muro de odio que los separaba» (Efesios 2:14), sus primeros lectores sabían perfectamente qué muro era. Y el arresto de Pablo que ocupa el último cuarto de Hechos empezó por una acusación falsa: haber metido griegos en esa zona prohibida.
Ahora bien, entre estar fuera del todo y hacerse judío había una franja intermedia bastante poblada.
| Categoría | Qué implicaba |
|---|---|
| Prosélito | Conversión plena: circuncisión, inmersión ritual ante testigos y aceptación de los mandamientos |
| Temeroso de Dios | Gentil que frecuentaba la sinagoga, guardaba el sábado y daba limosnas, sin circuncidarse |
Los «temerosos de Dios» fueron durante un tiempo objeto de sospecha entre los historiadores: se llegó a proponer que eran una invención literaria del autor de Hechos, porque la arqueología no los mostraba. El asunto se zanjó con una inscripción hallada en Afrodisias, en la actual Turquía, que lista donantes de la comunidad judía y dedica una sección explícita a «cuantos son temerosos de Dios», encabezada por nueve concejales de la ciudad. Existían, eran gente de posición y conservaban su nombre gentil.
Ese detalle explica la velocidad del cristianismo primitivo. Había en las ciudades del Imperio un público ya convencido del monoteísmo judío y de su ética, pero bloqueado por una barrera física y social. Cornelio, el centurión de Cesarea, es el ejemplo exacto de ese perfil.
Los cuatro pasos que abrieron la puerta
La entrada se produjo por etapas, con conflicto y no por decisión de los apóstoles. Vale la pena seguir el orden, porque casi nada ocurrió como suele contarse.
Cornelio. El episodio ocupa sesenta y seis versículos y Hechos lo cuenta dos veces, señal de la importancia que le daba. Pedro necesita una visión repetida tres veces para aceptar lo que va a hacer: «Lo que Dios ha purificado, no lo consideres tú profano» (Hechos 10:15). Conviene notar que el reproche que recibe después en Jerusalén no es haber bautizado gentiles, sino haber comido con ellos. El problema era la mesa.
Antioquía. La primera misión deliberada a gentiles no la emprendió ningún apóstol. La empezaron creyentes anónimos de Chipre y Cirene que, al llegar a Antioquía, «hablaron también a los griegos». En esa ciudad mixta nació además el nombre «cristianos». Las dos cosas ocurrieron a la vez y no por casualidad.
El concilio de Jerusalén. Hacia el año 50 el conflicto estalló: creyentes de origen fariseo sostenían que los gentiles debían circuncidarse. La decisión, formulada por Santiago, fue que «no deben imponerse restricciones innecesarias a los que, no siendo judíos, se convierten a Dios» (Hechos 15:19), con cuatro abstenciones mínimas de carácter práctico.
El choque de Antioquía. El acuerdo no resolvió la convivencia diaria. Pablo cuenta que Pedro comía habitualmente con gentiles hasta que llegaron unos enviados de Jerusalén y se retiró, arrastrando a otros e incluso a Bernabé. Pablo lo reprendió en público: «¿cómo quieres ahora obligar a los no judíos a comportarse como judíos?» (Gálatas 2:14). Es la única fuente de primera mano sobre un enfrentamiento abierto entre apóstoles, y Pablo no dice quién ganó.
¿Por qué discuten hoy los especialistas sobre Pablo y los gentiles?
Porque de la respuesta depende qué se entiende por «justificación», y eso toca el centro de la teología protestante. Hay tres escuelas, y las tres leen los mismos textos.
La lectura tradicional entiende que Pablo combate el legalismo: la pretensión de ganarse el favor de Dios por méritos propios. «Las obras de la ley» son cualquier obra alegada para justificarse, y la inclusión de los gentiles es una consecuencia de que nadie se salva por obras. Es la línea que va de Agustín a Lutero y Calvino y sigue muy viva.
La Nueva Perspectiva arrancó con dos observaciones. Que la angustia de conciencia que Lutero proyectó en Pablo no aparece en sus cartas, y que el judaísmo de su tiempo no era una religión de méritos: se entraba por la elección de Dios y se permanecía por obediencia al pacto. Desde ahí, «las obras de la ley» pasan a designar los marcadores que separaban a judíos de gentiles —circuncisión, sábado, comidas—, y el conflicto deja de ser abstracto para volverse muy concreto: quién se sienta a comer con quién.
Pablo dentro del judaísmo va un paso más allá: sostiene que Pablo nunca dejó de ser judío observante y que lo suyo no fue una conversión sino una vocación profética. Cuando dice que la circuncisión no sirve, está hablando a gentiles: la Torá obliga a Israel, y el error de sus adversarios es imponerla a quien no le corresponde.
| Tradicional | Nueva Perspectiva | Pablo dentro del judaísmo | |
|---|---|---|---|
| Qué combate Pablo | El legalismo | El exclusivismo étnico | Imponer la Torá a los gentiles |
| «Obras de la ley» | Toda obra alegada | Marcadores de identidad | La circuncisión de gentiles |
| ¿Se convirtió Pablo? | Sí | Sí, con matices | No: fue llamado |
| La inclusión gentil es | Una consecuencia | El núcleo | La única cuestión |
Hay un dato que las tres tienen que explicar y que suele pasarse por alto. Pablo dedicó varios años de su ministerio a organizar una colecta de las iglesias gentiles para los pobres de Jerusalén, y hablaba de ella con lenguaje casi litúrgico, como una ofrenda de las naciones. No era beneficencia: era la prueba material de que aquellas comunidades pertenecían a la misma familia. Temía que la rechazaran, pidió oraciones para que fuera aceptada, y fue precisamente durante su entrega cuando lo arrestaron. Hechos ni siquiera cuenta si la aceptaron.
Ninguna de las tres lecturas ha desplazado a las otras, y cada una tiene objeciones serias. A la tradicional se le señala que hay textos judíos donde el lenguaje de mérito sí aparece, pero también pasajes de Pablo donde los marcadores étnicos están claramente en juego. A la Nueva Perspectiva se le objeta que Romanos 4 usa lenguaje de deuda y salario, difícil de reducir a identidad. Y a la tercera, que algunos textos donde Pablo relativiza su pasado resisten una lectura tan suave.
¿Qué significa hoy que la Biblia te llame gentil?
Si eres cristiano y no eres judío, saber qué significa «gentil» en la Biblia es saber por dónde entraste tú. Cuatro consecuencias.
Estabas fuera, y no entraste por mérito propio. Ni uno solo de los pasos que abrieron la puerta lo diste tú: ni la promesa a Abraham, ni los profetas, ni la visión de Pedro, ni la discusión de Jerusalén. Toda tu posición en esta historia es heredada de gente que discutió mucho para dejarte pasar.
No eres el dueño de la casa. Pablo usó la imagen de un olivo cultivado en el que se injertan ramas silvestres, y añadió una advertencia que va dirigida exactamente a los lectores gentiles: «no vayas a creerte mejor que las ramas originales… no eres tú quien sostiene a la raíz, sino ella la que te sostiene a ti» (Romanos 11:18). Es un aviso contra el desprecio al judaísmo que la historia cristiana no ha sabido escuchar.
La hospitalidad no es un extra amable. El mandato de amar al extranjero se fundamenta siempre en la memoria: porque tú también lo fuiste. Si esa memoria funciona, mirar con recelo al recién llegado deja de ser una opción disponible para ti.
Los cambios importantes rara vez empiezan arriba. La primera misión a gentiles la iniciaron unos creyentes de Chipre y Cirene cuyo nombre nadie anotó. Pedro necesitó una visión repetida tres veces y aun así se echó atrás en Antioquía. Si esperas a que la decisión venga de la autoridad para hacer lo que ya ves claro, quizá estés esperando al revés.
Las barreras suelen tener razones, y aun así caen. La balaustrada del Templo no era un capricho: protegía un espacio consagrado según una lógica que sus defensores podían argumentar. Eso no impidió que la primera generación cristiana la considerara derribada. Cuando te encuentres defendiendo una separación dentro de tu comunidad, la pregunta útil no es si tienes razones —casi siempre las hay— sino si son las razones por las que Cristo murió.
Para seguir el hilo, los artículos sobre los fariseos y los esenios describen el mundo judío en el que se planteó esta discusión, y el del Edicto de Milán cuenta cómo terminó siendo mayoritaria, dos siglos y medio después, la parte gentil de aquella Iglesia.






