
Publicado en julio 26, 2025, última actualización en julio 15, 2026.
La resurrección de la hija de Jairo es una de las tres veces en que los evangelios cuentan que Jesús devolvió la vida a un muerto, junto con el hijo de la viuda de Naín y Lázaro.
Es también una escena que empieza con una urgencia muy humana: un padre que corre a buscar ayuda para su hija enferma. Quizás la conozcas por la frase «Talita cumi» o por el momento en que Jesús dice que la niña «duerme».
Recorreremos el relato completo: quién fue Jairo, qué ocurrió en el camino, qué pasó dentro de la casa y qué deja este milagro para nuestra fe.
Retrato Rápido
Jairo, principal de una sinagoga, se postró ante Jesús rogando por su hija de doce años, que agonizaba. Camino a la casa llegó la noticia de que la niña había muerto, pero Jesús siguió adelante, entró con solo tres discípulos y los padres, tomó a la niña de la mano y dijo «Talita cumi» («Niña, levántate»).
Ella se levantó de inmediato, y Jesús mandó que le dieran de comer. El relato aparece en los tres evangelios sinópticos.
✅ Datos firmes: Los tres evangelios sinópticos coinciden en lo esencial del relato, cada uno con sus propios detalles.
Puntos Clave
Antes de entrar en la escena, conviene fijar lo esencial de este milagro.
- Está en tres evangelios. El relato aparece en Mateo 9:18-26, Marcos 5:21-43 y Lucas 8:40-56.
- Jairo era líder religioso. Como principal de la sinagoga, acercarse públicamente a Jesús tenía un costo social entre los líderes judíos.
- Hay un milagro dentro del milagro. Camino a la casa, Jesús se detuvo a sanar a la mujer con flujo de sangre, y ese retraso es parte del relato.
- Solo cinco personas fueron testigos. Jesús entró únicamente con Pedro, Jacobo, Juan y los padres de la niña.
- Marcos conservó las palabras en arameo. «Talita cumi» es la frase original que Jesús pronunció, traducida por el propio evangelista.
- La resurrección fue física y completa. Jesús mandó darle de comer, señal de que la niña volvió realmente a la vida, no a una aparición.
¿Quién fue Jairo y por qué su gesto fue arriesgado?
Jairo era «uno de los principales de la sinagoga», un cargo de responsabilidad en la comunidad judía: supervisaba el orden del culto y la vida de la congregación. No era un desconocido de la multitud, sino una figura respetada dentro de la estructura religiosa, precisamente el sector que mantenía una relación tensa con Jesús.
Por eso su acercamiento no fue un gesto cualquiera. Marcos 5:22-23 lo describe postrándose a los pies de Jesús y rogándole: «Mi hijita está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea sanada y viva».
Un hombre de su posición, arrodillado en público ante un maestro al que muchos de sus colegas rechazaban, mostraba una necesidad que pesaba más que su reputación. Me llamó la atención que el relato no explique sus motivos ni resuelva esa tensión: simplemente muestra a un padre que deja a un lado el cálculo social cuando su hija se muere.
¿Cómo se desarrolló el milagro?
Jesús aceptó de inmediato y se puso en camino hacia la casa, seguido por la multitud. En el trayecto ocurrió una interrupción: una mujer que llevaba doce años con flujo de sangre tocó su manto y quedó sana, y Jesús se detuvo a hablar con ella. Ese detalle no es un adorno; mientras Jesús atendía a la mujer, se ganaba un tiempo que, para Jairo, debía ser angustioso.
Y en efecto, durante esa demora llegaron mensajeros con la peor noticia: «Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?» (Marcos 5:35). La respuesta de Jesús no fue de pésame sino de dirección: «No temas, cree solamente» (Marcos 5:36).
Al llegar, la casa estaba llena del ruido propio de un duelo judío: plañideras y flautistas contratados, un tumulto de llanto. Jesús lo interrumpió con una frase que desconcertó a todos: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme» (Marcos 5:39), y se rieron de él. Con «sueño», Jesús no negaba la muerte de la niña sino que anticipaba lo que estaba por hacer: para su poder, esa muerte era tan reversible como despertar a alguien dormido.
¿Qué significa «Talita cumi» y qué pasó dentro de la casa?
Jesús echó fuera a la multitud y entró solo con los padres y con Pedro, Jacobo y Juan (Lucas 8:51). Estos tres discípulos formaban su círculo más cercano, el mismo que vería la transfiguración y lo acompañaría en Getsemaní; incluirlos aquí los preparaba para entender más adelante su propia muerte y resurrección.
Dentro, tomó a la niña de la mano y dijo: «Talita cumi», que Marcos traduce como «Niña, a ti te digo, levántate» (Marcos 5:41). Que Marcos conserve las palabras en arameo, la lengua que Jesús habló, sugiere que quedaron grabadas en la memoria de quienes estaban presentes. El resultado fue inmediato: «luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años» (Marcos 5:42).
Lucas, que escribe con precisión de médico, añade que «su espíritu volvió» y que Jesús mandó darle de comer (Lucas 8:55). Ese detalle tan doméstico —una niña que vuelve a comer— confirma que no se trató de una visión ni de una experiencia espiritual, sino de una vida devuelta por completo, con hambre incluida.
¿Qué aporta cada uno de los tres evangelios?
Los tres relatos coinciden en lo esencial, y las diferencias entre ellos funcionan como perspectivas que se complementan, no como contradicciones. Cada evangelista subraya lo que encaja con su enfoque y su público.
- Mateo, que escribe para lectores judíos, cuenta la escena de forma más breve y concentra la atención en la autoridad de Jesús y en la fe del padre.
- Marcos, probablemente apoyado en el testimonio de Pedro, ofrece la versión más detallada y viva: conserva el «Talita cumi» en arameo y describe con fuerza el alboroto del duelo y la súplica del padre.
- Lucas, médico de formación, aporta matices como la edad de la niña, la expresión «su espíritu volvió» y la orden de alimentarla, detalles que reflejan su atención a la restauración completa.
La siguiente tabla resume qué acento pone cada evangelio.
| Evangelio | Público | Rasgo distintivo |
|---|---|---|
| Mateo 9:18-26 | Lectores judíos | Relato conciso, centrado en la autoridad de Jesús |
| Marcos 5:21-43 | Basado en Pedro | El más detallado; conserva «Talita cumi» en arameo |
| Lucas 8:40-56 | Enfoque de médico | «Su espíritu volvió»; manda darle de comer |
¿Qué puedo aprender de la resurrección de la hija de Jairo hoy?
Este milagro, con su mezcla de urgencia, demora y desenlace, deja varias enseñanzas concretas para la vida de fe. La resurrección de la hija de Jairo muestra a un Jesús que atiende el dolor humano sin apuro y que tiene la última palabra donde parecía no quedar ninguna. Estas son algunas reflexiones para llevar a tu propia vida.
Sostener la fe cuando llega la peor noticia. A Jairo le dijeron que su hija ya había muerto, y Jesús le respondió «No temas, cree solamente». Ante circunstancias que parecen cerradas, esa palabra invita a una confianza que no se apoya en las evidencias del momento, sino en el carácter de Cristo.
Buscar a Jesús de forma directa y humilde. Jairo no mandó a un sirviente: fue él mismo y se postró. Su ejemplo anima a acercarse personalmente en las urgencias propias, sin delegar la fe ni mantener la distancia.
Aceptar que los tiempos de Dios no son los nuestros. El retraso por la mujer enferma dejó que la situación empeorara antes de resolverse. Cuando una respuesta tarda, ese episodio recuerda que la demora no siempre es abandono; a veces es parte de un propósito que todavía no se ve.
Dejar que Cristo tenga la última palabra. Los mensajeros declararon el caso perdido, pero su veredicto no fue el final. Un diagnóstico, una crisis económica o una relación rota describen la situación, no la sentencian; esa distinción cambia el modo de esperar.
El relato termina con una imagen sencilla: una niña que se levanta, camina y pide comida, y unos padres que la recuperan. En esa escena queda la invitación a confiar en que el mismo Jesús que tomó su mano se acerca también a las situaciones que hoy parecen sin salida.






