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Suma Teológica – Pasiones del Alma

Verdad Eterna agosto 13, 2026 12 minutos de lectura
Suma Teológica - Pasiones del Alma

Veintisiete cuestiones seguidas de la Suma Teológica, de la 22 a la 48 de la Prima Secundae, están dedicadas a las emociones humanas. Es uno de los tratados más extensos y detallados sobre el tema en toda la historia del pensamiento occidental, y a menudo sorprende a quien esperaba de un teólogo medieval una condena rápida de los sentimientos.

Ocurre lo contrario. Tomás de Aquino sostiene que las pasiones no son malas en sí mismas, que forman parte de la naturaleza humana, que Cristo las experimentó y que la virtud no consiste en eliminarlas sino en ordenarlas.

Este artículo explica el sistema completo: qué son las pasiones del alma según Santo Tomás, por qué son once y no más, cómo se relacionan entre sí y qué papel juegan en la vida moral. Pertenece a la serie sobre la Suma Teológica y desarrolla un bloque de la Segunda Parte, sección primera de la obra.

Contenido

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  • Retrato Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Qué es exactamente una pasión en la Suma?
  • ¿Cuáles son las once pasiones y cómo se ordenan?
  • ¿Son buenas o malas las pasiones?
  • ¿Qué papel juegan las pasiones en la vida moral?
  • ¿Qué puede enseñarte hoy el tratado de las pasiones?
  • Referencias y recursos

Retrato Rápido

La Suma Teológica llama pasiones a los movimientos del apetito sensible que se producen ante algo percibido como bueno o malo, y que van acompañados de un cambio corporal. Amor, odio, deseo, gozo, tristeza, esperanza, miedo o ira son, en ese vocabulario, pasiones: no son juicios ni decisiones, sino reacciones que preceden a la deliberación.

Aquino identifica once y las ordena en dos grupos según el apetito del que proceden. El concupiscible reacciona ante el bien y el mal sin más, y produce seis: amor, odio, deseo, aversión, gozo y tristeza. El irascible reacciona ante el bien o el mal difíciles, los que cuestan alcanzar o evitar, y produce cinco: esperanza, desesperación, audacia, temor e ira. Todas nacen del amor, que es la primera y la raíz de las demás.

✅ Datos firmes: El tratado se conserva completo y su estructura es explícita. La clasificación, el orden y las definiciones están fuera de discusión, aunque la traducción de este esquema a la psicología contemporánea sea materia de discusión académica.

Puntos Clave

Estas son las tesis que ordenan las veintisiete cuestiones.

  • Las pasiones no son buenas ni malas en sí mismas. Se vuelven moralmente buenas o malas según la razón y la voluntad las gobiernen o no.
  • Son once, y esa cifra no es arbitraria. Se deducen de las combinaciones posibles entre el bien y el mal, la presencia y la ausencia, y la facilidad y la dificultad.
  • Hay dos apetitos sensibles distintos. El concupiscible busca lo agradable y huye de lo dañino; el irascible enfrenta lo difícil.
  • El amor es la raíz de todas. Toda otra pasión presupone que algo se ama: no hay tristeza sin amor a lo perdido, ni miedo sin amor a lo amenazado.
  • La ira no tiene contrario. Es la única de las once sin pasión opuesta, un detalle del sistema que Aquino explica con precisión.
  • La virtud ordena las pasiones, no las suprime. Aquino se separa aquí expresamente de la apatía que proponía el estoicismo.

¿Qué es exactamente una pasión en la Suma?

El término no significa lo que hoy sugiere. En el vocabulario de Aquino, «pasión» viene de padecer, es decir, de recibir una acción: designa todo movimiento del apetito sensible provocado por algo que se percibe, y que va acompañado de una alteración del cuerpo. Cuando alguien se sobresalta, se le acelera el pulso; cuando se enfada, se le sube el color. Ese componente corporal forma parte de la definición.

De ahí que las pasiones pertenezcan al apetito sensible y no a la voluntad. La voluntad también se mueve hacia el bien, pero lo hace tras un juicio de la razón y sin necesidad de alteración corporal; el apetito sensible reacciona antes, ante lo que los sentidos y la imaginación presentan. Esa distinción entre dos niveles de deseo explica una experiencia común: querer algo con la voluntad y sentir simultáneamente el impulso contrario, o al revés.

El punto moralmente decisivo es que la pasión, por sí sola, no es objeto de juicio moral. Sentir miedo, atracción o rabia no es un mérito ni una falta, porque no es un acto de la voluntad. La moralidad entra cuando la razón y la voluntad intervienen: cuando se consiente en la pasión, se la alimenta, se la reprime o se la orienta.

Aquino añade una precisión que suele pasar desapercibida: una pasión gobernada por la razón no solo es lícita, sino que aumenta la bondad del acto, porque compromete a la persona entera en lo que hace. El que ayuda con compasión hace algo mejor que el que ayuda sin sentir nada.

Ese enfoque conecta con la antropología que la Suma expone sobre el alma humana: si la persona es una unidad de cuerpo y alma, las emociones no son un residuo animal que estorba al espíritu, sino parte del modo humano de estar en el mundo.

¿Cuáles son las once pasiones y cómo se ordenan?

La lista no se obtiene por observación sino por deducción, y ese es uno de los rasgos más característicos del tratado. Aquino parte de dos ejes. El primero distingue el objeto: el bien o el mal. El segundo distingue el modo en que ese objeto se presenta: como algo fácil de alcanzar o evitar, o como algo arduo que exige esfuerzo. Del primer eje sale el apetito concupiscible; del segundo, el irascible.

Las seis pasiones del apetito concupiscible siguen el recorrido de la relación con un bien o un mal, desde la simple inclinación hasta la posesión.

Ante el bienAnte el mal
Amor: la complacencia inicial en algo buenoOdio: la repulsa de lo que se percibe como malo
Deseo: la tendencia hacia el bien ausenteAversión: el rechazo del mal ausente
Gozo: el descanso en el bien ya poseídoTristeza: el peso del mal presente

Las cinco pasiones del apetito irascible aparecen cuando el bien o el mal son difíciles, y por eso implican lucha.

Ante el bien difícilAnte el mal difícil
Esperanza: tender a un bien arduo que se juzga alcanzableTemor: retroceder ante un mal futuro que se juzga difícil de evitar
Desesperación: abandonar el bien arduo por juzgarlo inalcanzableAudacia: enfrentar ese mal confiando en superarlo
Ira: el impulso de responder a un mal presente que ya se ha recibido

La ira ocupa un lugar singular y Aquino se detiene en ello: es la única pasión sin contraria. Las demás van por pares porque se oponen o bien por el objeto —bien y mal— o bien por el movimiento —acercarse y alejarse—. La ira nace de un mal ya presente que se juzga injusto y que se puede combatir, y no existe un movimiento opuesto en ese mismo terreno, porque ante un mal presente irremediable lo que hay es tristeza, que ya está en la otra lista.

El amor está en el origen de todas. Es la tesis que unifica el sistema. Nada se desea si antes no se ama; nada entristece si antes no se amaba lo que se perdió; nada se teme si no está en juego algo querido. Incluso el odio presupone el amor de lo contrario. Por eso Aquino dedica al amor las cuestiones más extensas del bloque, examina sus causas —la semejanza, el conocimiento, la bondad de lo amado— y sus efectos, entre ellos la unión con el amado y el celo.

¿Son buenas o malas las pasiones?

Aquí está la posición más característica del tratado, y se entiende mejor por contraste con las alternativas que Aquino tenía delante.

El estoicismo, muy influyente en el pensamiento antiguo y bien conocido en la Edad Media, sostenía que las pasiones son perturbaciones del alma y que el sabio debe aspirar a librarse de ellas. Aquino discute esa posición y la rechaza expresamente. Su argumento es antropológico: si el ser humano es una unidad de alma y cuerpo, la vida sensible no es un estorbo del que convenga desprenderse, sino parte de lo que se es. Un ser humano sin emociones no sería un sabio, sería una naturaleza mutilada.

Su argumento decisivo, sin embargo, es teológico. Los evangelios muestran a Jesús experimentando pasiones auténticas: se conmueve y llora ante la tumba de Lázaro (Juan 11:33-35), se entristece hasta la angustia en Getsemaní (Marcos 14:33-34) y actúa con indignación en el templo (Juan 2:14-17). Si las pasiones fueran malas en sí, nada de eso sería posible en quien no tuvo pecado. Aquino desarrolla ese punto con detalle en la Tercera Parte, al tratar las cualidades humanas de Cristo.

La distinción que ordena todo el asunto es entre la pasión antecedente y la consecuente. La primera surge antes de que la razón intervenga y arrastra a la voluntad; en la medida en que nubla el juicio, disminuye la responsabilidad del acto, aunque no siempre la elimina. La segunda nace de una decisión ya tomada y la refuerza; esa es la que aumenta el valor moral de lo que se hace. La misma emoción, según de dónde venga, tiene valor opuesto.

La Escritura misma marca esa línea con una frase que Aquino y la tradición han leído en este sentido: airarse sin llegar a pecar (Efesios 4:26). La emoción no es la falta; lo que se hace con ella sí puede serlo.

¿Qué papel juegan las pasiones en la vida moral?

Situadas así, las pasiones dejan de ser un problema y pasan a ser el material sobre el que trabajan las virtudes. Ese es el enlace entre este tratado y el que viene después.

Aquino sostiene que dos de las virtudes cardinales existen precisamente para gobernar los dos apetitos sensibles. La templanza ordena el apetito concupiscible, moderando la atracción por lo agradable. La fortaleza ordena el irascible, sosteniendo el ánimo ante lo difícil y regulando el temor y la audacia. No las suprimen: las educan, de modo que la persona virtuosa acaba sintiendo espontáneamente lo que corresponde. El desarrollo completo de esas virtudes es asunto de otro artículo de la serie, sobre las virtudes cardinales.

Aquino describe la relación entre la razón y las pasiones con una comparación que toma de Aristóteles y que vale la pena retener: la razón no gobierna el apetito sensible como un amo gobierna a un esclavo, con poder absoluto, sino como un gobernante rige a ciudadanos libres, que pueden resistirse. Eso explica por qué el dominio de las emociones no es inmediato ni total, y por qué la vida moral requiere hábito y tiempo en lugar de un solo acto de voluntad.

De este esquema se sigue también una consecuencia pastoral que atraviesa toda la moral de la Suma: la culpa no se mide solo por lo que ocurrió, sino por cuánto participó la voluntad. Un acto realizado bajo el empuje de una pasión violenta que no se buscó no tiene la misma gravedad que el mismo acto ejecutado con frialdad. Aquino desarrolla esa graduación al tratar el pecado, en el bloque sobre el pecado y el pecado original.

¿Qué puede enseñarte hoy el tratado de las pasiones?

Un análisis medieval de las emociones resulta sorprendentemente utilizable. Esto es lo que las pasiones del alma según Santo Tomás deja para la vida cotidiana.

Lo que sientes no te condena. La distinción entre sentir y consentir es de las más liberadoras que ofrece la Suma. Si arrastras culpa por emociones que aparecen sin que las llames —rabia, envidia, atracción, miedo—, este tratado dice con claridad que la pasión sola no es pecado. Lo que decides hacer con ella sí importa.

Detrás de cada emoción fuerte hay algo que amas. Si el amor es la raíz de las once, entonces tu tristeza señala lo que perdiste, tu miedo lo que temes perder y hasta tu ira lo que consideras que fue dañado. Preguntarte qué amas cuando algo te desborda suele explicar más que intentar apagar la emoción.

La meta no es dejar de sentir. Frente a la idea de que la madurez espiritual consiste en la imperturbabilidad, Aquino propone otra cosa: sentir bien, en el momento adecuado y en la medida adecuada. Alguien que ya no se conmueve ante nada no ha avanzado, se ha secado.

Emocionarte con lo bueno lo hace mejor. La tesis de que una pasión ordenada aumenta la bondad del acto tiene aplicación diaria. Ayudar por deber es bueno; ayudar con compasión real es mejor, porque estás entero en lo que haces.

Tus emociones se educan despacio. La comparación del gobierno político sobre ciudadanos libres explica por qué no basta con proponérselo. Si llevas años intentando cambiar una reacción y sigue apareciendo, no es señal de fracaso: es la manera en que funciona el aprendizaje moral, por hábito y con recaídas.

Referencias y recursos

  • Índice de la Prima Secundae, con el tratado de las pasiones en las cuestiones 22 a 48: Suma Teológica, versión web (hjg.com.ar)
  • Edición de la Parte I-II con la introducción específica a las cuestiones 22 a 48: Suma de Teología, Parte I-II (Dominicos.org)
  • Índice general de las tres partes y sus tratados: Índice general de la Suma Teológica (Instituto Diocesano de Teología)
  • Plan general de la obra y lugar del tratado moral: Plan de la Suma (Revista Fe y Razón)
  • Edición bilingüe latín-español para consultar el texto original: Suma Teológica bilingüe (tomasdeaquino.org)

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