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Suma Teológica – Virtudes Teologales

Verdad Eterna agosto 13, 2026 14 minutos de lectura
Suma Teológica - Virtudes Teologales

La Secunda Secundae, la sección más extensa de la Suma Teológica, no está organizada por mandamientos ni por pecados, sino por virtudes. Y las primeras cuarenta y seis cuestiones están dedicadas a tres que Tomás de Aquino considera de una clase distinta a todas las demás: la fe, la esperanza y la caridad.

Se llaman teologales porque tienen a Dios por objeto directo y porque no se adquieren con esfuerzo, sino que se reciben. Esa doble característica las separa de las virtudes que cualquier persona puede desarrollar con la práctica, y explica por qué Aquino les da un lugar propio antes de tratar las cardinales.

Este artículo recorre las tres: qué son las virtudes teologales según Santo Tomás, en qué se distinguen entre sí, qué las destruye y por qué sostiene que la caridad es la mayor de todas. Pertenece a la serie sobre la Suma Teológica y abre el recorrido por la Segunda Parte, sección segunda de la obra.

Contenido

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  • Retrato Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Por qué hacen falta virtudes que no se pueden adquirir?
  • ¿Qué es la fe según la Suma Teológica?
  • ¿Qué es la esperanza y qué la destruye?
  • ¿Por qué la caridad es la mayor de las tres?
  • ¿Dónde discrepan las tradiciones cristianas sobre estas virtudes?
  • ¿Qué pueden enseñarte hoy la fe, la esperanza y la caridad?
  • Referencias y recursos

Retrato Rápido

La Suma Teológica define las virtudes teologales como hábitos infundidos por Dios que orientan a la persona directamente hacia Él como fin último. Son tres y se corresponden con las tres facultades implicadas: la fe perfecciona el entendimiento, que asiente a lo que Dios revela; la esperanza perfecciona la voluntad, que tiende a Dios como bien futuro alcanzable con su ayuda; y la caridad perfecciona también la voluntad, amando a Dios por sí mismo y al prójimo por Dios.

Aquino sostiene que las tres se infunden juntas con la gracia santificante, pero que solo la caridad permanece en la vida eterna. La fe desaparece cuando se ve, la esperanza cuando se posee, y la caridad se consuma. De ahí que la llame forma de todas las virtudes: es la que las orienta al fin y las hace plenamente virtudes.

✅ Datos firmes: El texto se conserva completo y su estructura es explícita. Las definiciones, la distinción entre las tres y la primacía de la caridad están fuera de discusión, aunque la relación entre fe y obras sea materia de desacuerdo entre tradiciones cristianas.

Puntos Clave

Estas son las tesis que ordenan las cuarenta y seis cuestiones.

  • No se adquieren con la práctica, se infunden. A diferencia de las virtudes morales, no son fruto del hábito sino don de Dios.
  • Tienen a Dios por objeto directo. No versan sobre medios ni sobre bienes intermedios, sino sobre Dios mismo.
  • La fe es un acto del entendimiento movido por la voluntad. Asiente a lo que no se ve, y por eso el asentimiento no viene de la evidencia sino de la confianza en quien revela.
  • La esperanza tiende a un bien arduo y futuro. Se apoya en la ayuda divina, no en las propias fuerzas, y tiene dos vicios opuestos: la desesperación y la presunción.
  • La caridad es amistad con Dios. Aquino la define así expresamente, y de ahí saca todas sus consecuencias.
  • Solo la caridad permanece para siempre. Las otras dos cesan cuando se alcanza el fin.

¿Por qué hacen falta virtudes que no se pueden adquirir?

La respuesta se sigue directamente del planteamiento con que se abrió toda la moral de la Suma. Si el fin último del ser humano es la visión de Dios, y ese fin excede lo que la naturaleza alcanza por sus propias fuerzas, entonces también los medios para llegar a él tienen que exceder lo natural.

Las virtudes que se adquieren con la práctica —la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza— perfeccionan al ser humano en el orden que le corresponde, pero no pueden orientarlo a un fin que está por encima de ese orden.

De ahí la necesidad de otro tipo de hábito. Aquino llama teologales a estas tres por tres razones que enumera: tienen a Dios por objeto, son infundidas por Dios y se conocen solo por revelación divina. Ninguna filosofía llegó a ellas, y no porque los filósofos antiguos fueran menos agudos, sino porque su objeto no está al alcance de la razón.

El fundamento textual es la tríada que Pablo enuncia al final del himno a la caridad, donde afirma que permanecen la fe, la esperanza y el amor, y que el mayor de los tres es el amor (1 Corintios 13:13). Aquino toma esa frase como estructura y la desarrolla en un orden que también es el de la vida espiritual: primero se cree, luego se espera lo que se cree, y por último se ama lo esperado.

Conviene precisar algo sobre el modo en que se reciben. Se infunden junto con la gracia santificante, cuestión que la Suma desarrolla en el tratado sobre la gracia, y no crecen por repetición de actos como las adquiridas, sino por una acción divina más intensa. Eso no significa que el esfuerzo sea inútil: los actos de fe, esperanza y caridad disponen a recibir más, aunque no la produzcan.

¿Qué es la fe según la Suma Teológica?

La definición que Aquino asume viene de la carta a los Hebreos, donde se describe la fe como la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1), y él la traduce a su vocabulario: la fe es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por mandato de la voluntad movida por la gracia.

Esa fórmula tiene una consecuencia importante. En el conocimiento ordinario, el entendimiento asiente porque ve: reconoce la evidencia y no puede negarla. En la fe no hay tal evidencia, y por eso el asentimiento necesita que intervenga la voluntad. De ahí que creer sea un acto libre y meritorio, cosa que no ocurre con la aceptación de una demostración matemática. También de ahí que la fe conviva con la duda, cosa que Aquino admite sin dramatismo: la certeza de la fe es mayor por parte de aquello en que se apoya —Dios que revela— y menor por parte del sujeto, que no ve.

El tratado distingue dos aspectos que la teología posterior mantuvo. Uno es aquello que se cree, el contenido de la fe, que Aquino organiza en torno a los artículos del Credo. Otro es el acto mismo de creer, es decir, la confianza en Dios que revela. La fe es asentimiento a un contenido y adhesión a una persona, y separar ambas cosas la desfigura.

Aquino examina también los vicios contrarios: la incredulidad, la herejía —que acepta unos artículos y rechaza otros—, la apostasía y la ceguera del entendimiento. Y añade una precisión que suele olvidarse: sostiene que la fe puede existir sin caridad, en quien cree pero no ama, y en ese caso la llama fe informe. Es fe verdadera en cuanto al conocimiento, pero le falta lo que la hace viva.

¿Qué es la esperanza y qué la destruye?

La esperanza, que Aquino trata en las cuestiones 17 a 22, es la virtud que orienta la voluntad hacia Dios como bien futuro. Su objeto tiene cuatro rasgos: es un bien, es futuro, es arduo y es posible de alcanzar. Si faltara alguno no habría esperanza sino otra cosa: sin dificultad habría simple deseo, sin posibilidad habría desesperación.

Lo decisivo es en qué se apoya. La esperanza teologal no confía en las fuerzas propias ni en las circunstancias, sino en el auxilio de Dios. Por eso Aquino la distingue de la esperanza como pasión, que ya había estudiado entre las pasiones del alma: aquella es un movimiento del apetito sensible ante un bien difícil cualquiera; esta es un hábito infundido cuyo objeto es Dios mismo.

Los dos vicios opuestos son simétricos y merecen atención porque describen situaciones muy reconocibles.

  • La desesperación. Consiste en juzgar que la salvación es imposible para uno mismo, no por negar el poder de Dios en general, sino por excluirse de él. Aquino la considera especialmente grave porque cierra la puerta a los demás remedios: quien deja de esperar deja también de pedir.
  • La presunción. Es el vicio contrario, y toma dos formas. Una es esperar de Dios lo que Él no ha prometido, como la salvación sin conversión. La otra es confiar en alcanzar el fin por las propias fuerzas, sin la gracia.

El tratado añade una observación fina sobre la relación entre esperanza y temor. Aquino distingue el temor servil, que se abstiene del mal solo por miedo al castigo, del temor filial, que teme ofender a quien se ama. El primero es imperfecto pero puede ser un comienzo útil; el segundo permanece y crece con la caridad.

¿Por qué la caridad es la mayor de las tres?

Aquino dedica a la caridad veinticuatro cuestiones, más que a la fe y la esperanza juntas, y su punto de partida es una definición audaz: la caridad es una amistad del ser humano con Dios.

La audacia está en la palabra amistad, que en la tradición aristotélica exige tres condiciones: benevolencia mutua, reciprocidad conocida y algo compartido entre los amigos. Las dos primeras se cumplen porque Dios ama primero y lo hace saber. La tercera es la que parecía imposible, dada la distancia entre Creador y criatura, y se cumple, dice Aquino, porque Dios comunica su propia bienaventuranza. Sobre esa base, la caridad no es solo obediencia ni devoción: es trato de amistad.

De ahí saca las consecuencias que hacen de esta la virtud principal.

  • Es forma de todas las virtudes. Las demás virtudes son actos buenos; la caridad las orienta al fin último y las hace conducir efectivamente allí. Sin ella siguen siendo buenas en su orden, pero no llevan al destino.
  • Alcanza al prójimo por el mismo motivo. Amar al prójimo es parte del mismo acto por el que se ama a Dios, porque se lo ama en cuanto ordenado a Él. Por eso el mandamiento es uno y doble (Mateo 22:37-39).
  • Incluye a los enemigos. Aquino sostiene que no se está obligado a sentir afecto hacia quien hace daño, pero sí a no excluirlo del amor general y a socorrerlo en caso de necesidad. La distinción entre el sentimiento y la voluntad de bien es lo que hace practicable el mandato (Mateo 5:44).
  • Puede crecer indefinidamente. No tiene término en esta vida, porque su medida es amar a Dios sin medida.
  • Se pierde por un solo pecado mortal. A diferencia de las virtudes adquiridas, que se debilitan poco a poco, la caridad se pierde de golpe cuando la voluntad se aparta del fin último.

El tratado examina también sus efectos y los vicios que se le oponen: el gozo, la paz y la misericordia como frutos; el odio, la envidia, la discordia y el escándalo como contrarios. Y aquí es donde Aquino sitúa las obras de misericordia, corporales y espirituales, no como una lista devocional sino como los actos propios de esta virtud.

La razón última de su primacía es la que da Pablo en el pasaje citado. La fe desaparecerá cuando lo creído se vea, y la esperanza cuando lo esperado se posea. La caridad no cesa: lo que se ama sigue amándose, y con más intensidad, en la visión de Dios.

¿Dónde discrepan las tradiciones cristianas sobre estas virtudes?

Hay un punto genuinamente disputado, y toca la relación entre la fe y las obras, con implicaciones que llegan hasta hoy.

La Suma sostiene que la fe puede existir sin caridad —la fe informe del que cree pero está en pecado grave—, y que solo la fe informada por la caridad justifica y salva. Esa distinción permite a Aquino afirmar a la vez que quien peca gravemente no pierde necesariamente la fe y que esa fe sola no basta.

Las tradiciones surgidas de la Reforma leyeron el asunto de otro modo: sostuvieron que la fe que justifica es por su propia naturaleza una fe viva y confiada, de la que las obras brotan necesariamente como fruto, y que hablar de una fe informada por la caridad reintroduce las obras en el fundamento mismo de la salvación.

Posición de la SumaLecturas de la Reforma
Cabe una fe verdadera pero sin caridad, que no salva.La fe que justifica es viva por definición; si no produce frutos, no era fe.
La caridad da forma a la fe y la hace salvífica.La fe recibe la justificación; la caridad es su consecuencia, no su forma.
La esperanza se apoya en la ayuda divina y en el mérito de la vida en gracia.La esperanza se apoya solo en la promesa de Dios en Cristo.
La caridad se pierde por un pecado mortal y se recupera por el sacramento.El acento se pone en la perseverancia sostenida por Dios.

Ambas partes apelan a los mismos textos, y en particular a la tensión que ya está en el Nuevo Testamento entre la justificación por la fe y la afirmación de que la fe sin obras está muerta (Santiago 2:17). Conviene señalar que el diálogo ecuménico del último siglo ha reducido bastante la distancia sobre este punto, sin cerrarlo del todo.

¿Qué pueden enseñarte hoy la fe, la esperanza y la caridad?

Cuarenta y seis cuestiones sobre tres virtudes dejan cosas muy concretas. Esto es lo que las virtudes teologales según Santo Tomás aportan a la vida corriente.

Creer sin ver no es un defecto de tu fe, es su naturaleza. Si el asentimiento de la fe no viene de la evidencia sino de la confianza, entonces la ausencia de certeza sensible no significa que estés fallando. La duda que convive con la fe estaba prevista en el diseño.

La desesperación es más peligrosa que casi cualquier otro fallo. Aquino la considera especialmente grave porque desactiva los remedios. Si alguna vez has pensado que ya no hay vuelta atrás para ti, ese pensamiento es exactamente lo que el tratado identifica como el mayor riesgo, no el error que lo provocó.

Amar no es sentir. La distinción entre el afecto y la voluntad de bien hace practicable el mandato más difícil del evangelio. No tienes que sentir simpatía por quien te ha hecho daño; tienes que no desearle el mal y socorrerlo si lo necesita. Eso sí se puede.

Lo que haces vale por el amor que lo orienta. La idea de que la caridad es forma de las virtudes explica por qué dos personas pueden hacer lo mismo con valor distinto. No se trata de hacer más cosas, sino de por qué las haces.

De todo lo que tienes, solo el amor no caduca. La fe cesará y la esperanza también, porque su objeto se alcanzará. Lo único que este tratado promete que continúa es lo que hoy amas bien. Vale la pena elegir con eso en mente.

Referencias y recursos

  • Índice de la Secunda Secundae, con las virtudes teologales en las cuestiones 1 a 46: Suma Teológica, versión web (hjg.com.ar)
  • Índice general de las tres partes y sus tratados: Índice general de la Suma Teológica (Instituto Diocesano de Teología)
  • Plan general de la obra y lugar del tratado de las virtudes: Plan de la Suma (Revista Fe y Razón)
  • Edición de la Parte I-II con las introducciones doctrinales sobre las virtudes: Suma de Teología, Parte I-II (Dominicos.org)
  • Edición bilingüe latín-español para consultar el texto original: Suma Teológica bilingüe (tomasdeaquino.org)

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