
La Tercera Parte de la Suma Teológica se abre con la afirmación que sostiene todo el cristianismo y que también le plantea su mayor dificultad intelectual: que Dios se hizo hombre. Tomás de Aquino dedica las primeras veintiséis cuestiones a examinarla desde todos los ángulos posibles, empezando por la más incómoda: si convenía que Dios se encarnara.
Su tratamiento combina dos registros. Por un lado, el análisis técnico de cómo puede una sola persona tener dos naturalezas completas sin mezclarlas ni dividirse, que es la formulación del Concilio de Calcedonia y que él traduce a su vocabulario metafísico. Por otro, preguntas mucho más humanas: si Cristo sintió dolor, si tuvo miedo, qué sabía y qué ignoraba, si necesitaba aprender.
Este artículo recorre ambos: qué enseña la Suma sobre la Encarnación según Santo Tomás y qué consecuencias saca de ella. Pertenece a la serie sobre la Suma Teológica y abre el recorrido por la Tercera Parte de la obra.
Retrato Rápido
Las cuestiones 1 a 26 de la Tertia Pars exponen la doctrina de la unión hipostática: en Cristo hay una sola persona, la del Verbo, y dos naturalezas completas, la divina y la humana, unidas sin mezclarse y sin que ninguna se altere. La unión no se produce en la naturaleza sino en la persona, y por eso se llama hipostática, del término griego hypóstasis, que designa el sujeto subsistente.
De esa tesis Aquino saca las consecuencias: Cristo tiene dos voluntades y dos operaciones, la divina y la humana, que no se contradicen porque la humana está perfectamente sometida; posee un alma humana verdadera con entendimiento y libertad; y experimentó las pasiones y el dolor real, aunque no el desorden que en los demás las acompaña.
⚖️ Algunos puntos debatidos: La doctrina calcedoniana que la Suma expone es patrimonio compartido por católicos, ortodoxos y protestantes. Lo que se discute son puntos concretos del desarrollo tomista, en particular qué grado de conocimiento atribuir a Cristo en cuanto hombre, tema sobre el que la teología del siglo XX ha propuesto lecturas distintas.
Puntos Clave
Estas son las tesis que estructuran el tratado.
- La unión es en la persona, no en la naturaleza. Las dos naturalezas permanecen íntegras y distintas; lo que las une es el sujeto que las posee.
- Se encarnó el Hijo y no otra persona divina. Aquino da razones de conveniencia para ello, ninguna de necesidad.
- La naturaleza humana de Cristo es completa. Cuerpo verdadero, alma racional, entendimiento y voluntad humanos; nada fue sustituido por lo divino.
- Hay dos voluntades que no compiten. La voluntad humana de Cristo es libre y se somete plenamente a la divina.
- Cristo experimentó pasiones reales. Tristeza, temor, ira y dolor físico, sin el desorden que introduce el pecado.
- La Encarnación era conveniente, no necesaria. Dios pudo salvar de otro modo; eligió este, y Aquino examina por qué era el más adecuado.
¿Por qué convenía que Dios se hiciera hombre?
La primera cuestión no pregunta cómo ocurrió sino si convenía que ocurriera, y ese planteamiento marca el tono de todo el tratado. Aquino responde con un principio general: pertenece a la esencia del bien comunicarse, y al bien sumo comunicarse del modo más alto, que es unirse a la criatura de la manera más íntima posible.
Sobre esa base enumera las razones de conveniencia, agrupadas en dos series. Por el lado del bien que promueve: la Encarnación fortalece la fe, porque Dios mismo habla; alimenta la esperanza, al mostrar hasta dónde llega el aprecio divino por el ser humano; enciende la caridad; ofrece un modelo de vida al alcance humano; y muestra la dignidad de la naturaleza humana. Por el lado del mal que remueve: aparta de adorar criaturas, enseña a no presumir, quiebra la soberbia y libera de la servidumbre del pecado.
La pregunta siguiente es una de las más discutidas de la teología medieval: si Dios se habría encarnado de no haber pecado el hombre. Aquino responde con cautela. Sostiene que, según lo que la Escritura enseña, la razón de la Encarnación es la redención del pecado, y cita el texto que dice que Cristo vino a salvar a los pecadores (1 Timoteo 1:15). Pero admite que el poder de Dios no queda limitado por ese hecho y que otros teólogos sostienen lo contrario.
Duns Escoto defendería después la posición opuesta: que la Encarnación estaba prevista desde siempre, con independencia del pecado, como culminación de la creación. Ambas posiciones siguen presentes en la teología católica.
Aquino examina también por qué se encarnó el Hijo y no el Padre o el Espíritu. Sus razones son de conveniencia, y todas se apoyan en lo que la Suma expone sobre la Trinidad: el Hijo es el Verbo por el que todo fue hecho, de modo que conviene que sea él quien restaure lo creado; es la Imagen del Padre, y el ser humano fue hecho a imagen de Dios; y es el Hijo por naturaleza, de modo que por él los demás llegan a ser hijos adoptivos.
¿Qué significa la unión hipostática?
Aquí está el núcleo técnico del tratado, y su dificultad es real. La afirmación que hay que sostener tiene dos partes que parecen tirar en direcciones opuestas: Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, y a la vez es uno solo, no dos.
Aquino resuelve distinguiendo entre naturaleza y persona. La naturaleza es aquello que algo es; la persona es quien lo es, el sujeto que subsiste y a quien se atribuyen las acciones. En cualquier ser humano hay una naturaleza y una persona, y coinciden. En Cristo hay dos naturalezas y una sola persona: la del Verbo, que existía desde la eternidad y que asume en el tiempo una naturaleza humana completa.
De ahí las precisiones que evitan los errores clásicos, cada uno de los cuales había sido una herejía histórica.
- Las naturalezas no se mezclan. No resulta una tercera cosa, ni un híbrido: la divina no se rebaja y la humana no se diviniza. Esa era la desviación del monofisismo.
- No hay dos personas. La naturaleza humana no subsiste por sí misma antes de la unión ni al margen de ella; es asumida por la persona del Verbo. Esa era la desviación del nestorianismo.
- La naturaleza humana no está mutilada. Cristo tiene alma racional, y esa alma no es sustituida por la divinidad. Esa era la desviación del apolinarismo.
- La unión no cambia a Dios. Lo que ocurre en el tiempo es que una naturaleza humana empieza a ser asumida; nada nuevo sucede en la naturaleza divina, que es inmutable, según lo que la Suma sostiene sobre los atributos de Dios.
De la unidad de persona se sigue una regla del lenguaje que Aquino desarrolla con cuidado y que la tradición llama comunicación de idiomas. Como las acciones se atribuyen a la persona y la persona es una, se puede decir con verdad que Dios nació, padeció y murió, y también que este hombre creó el mundo, siempre entendiendo que lo hace según una u otra naturaleza. Lo que no se puede es atribuir las propiedades de una naturaleza a la otra: no se dice que la divinidad murió.
El fundamento bíblico está en el prólogo de Juan, donde se afirma que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14), y en el himno de Filipenses sobre quien, siendo de condición divina, se despojó tomando forma de siervo (Filipenses 2:6-7).
¿Qué sabía y qué sentía Cristo como hombre?
Las cuestiones 7 a 15 examinan lo que Aquino llama las cualidades de Cristo, y es la parte del tratado que más ha dado que hablar, porque toca la humanidad concreta de Jesús.
Sobre el conocimiento, Aquino distingue varios tipos en el alma de Cristo. Además de su conocimiento divino, le atribuye la visión de Dios desde el primer instante, un conocimiento infuso recibido de Dios, y un conocimiento adquirido por experiencia, como el de cualquier persona. Esa tercera clase es la que le permite afirmar que Cristo aprendió realmente, en coherencia con el texto que dice que crecía en sabiduría, en edad y en gracia (Lucas 2:52).
Ese punto es el más discutido del tratado hoy. La teología del siglo XX, atenta a los datos de los evangelios —el desconocimiento declarado de la hora final (Marcos 13:32), la sorpresa, las preguntas—, ha propuesto lecturas que subrayan más los límites reales del conocimiento humano de Jesús.
Los defensores de la posición tomista responden que Aquino busca preservar la unión con la persona divina sin negar el aprendizaje humano, y que en el propio texto ambos conocimientos coexisten en órdenes distintos. El debate sigue abierto dentro de la teología católica y también entre confesiones.
Sobre las pasiones, en cambio, la posición de la Suma resulta más cercana de lo que suele esperarse. Aquino afirma que Cristo experimentó verdaderas pasiones humanas: tristeza, temor, ira, dolor físico y hambre. Las llama propasiones para señalar una diferencia: en él nunca precedieron ni desordenaron el juicio de la razón, porque no había en él la herida que en los demás dejó el pecado. Pero fueron reales, no aparentes. Ese es el planteamiento que sostiene todo lo que la Suma expone sobre las pasiones del alma: si las emociones fueran malas en sí, Cristo no habría podido tenerlas.
De la integridad de la naturaleza humana se sigue también la doctrina de las dos voluntades, definida en el tercer Concilio de Constantinopla. Cristo tiene voluntad divina y voluntad humana, y la humana es realmente libre. La escena de Getsemaní, donde pide que pase la copa y añade que se haga la voluntad del Padre (Lucas 22:42), es el texto en que Aquino apoya esa distinción: hay dos voluntades, y la humana se somete sin dejar de ser suya.
¿Qué papel tiene María en esta parte de la Suma?
Las cuestiones 27 a 30 tratan de la madre de Jesús, y Aquino las coloca dentro del tratado de la Encarnación, no como un bloque independiente. Su lógica es que lo que se dice de María se dice en función del misterio del Hijo.
Afirma sin reservas su maternidad divina, según la definición del Concilio de Éfeso, y su virginidad. Y aquí se encuentra el punto más debatido de todo el bloque, que conviene exponer con precisión porque suele contarse mal.
Aquino no sostuvo la inmaculada concepción tal como la Iglesia católica la definiría en 1854. Su objeción no fue a la santidad de María, que afirma con fuerza, sino de orden lógico: sostenía que si María hubiera sido preservada del pecado original desde el primer instante, no habría necesitado la redención de Cristo, y eso restaría universalidad a la obra redentora. Su solución fue que María fue santificada en el seno materno, después de la concepción y antes del nacimiento.
La posición contraria la desarrolló Duns Escoto poco después, con el argumento que finalmente prevaleció: María fue redimida de manera más perfecta que nadie, porque fue preservada del pecado en previsión de los méritos de Cristo. Redención preventiva, no ausencia de redención. Ese razonamiento resolvió la objeción de Aquino y es el que está detrás de la definición dogmática posterior.
| Posición de Aquino | Posición de Escoto |
|---|---|
| María fue santificada después de ser concebida. | María fue preservada desde el primer instante. |
| Si no hubiera contraído el pecado, no habría sido redimida por Cristo. | Fue redimida de modo más perfecto, por preservación. |
| La universalidad de la redención exige que todos la necesiten. | Preservar es una forma superior de redimir, no una excepción. |
Conviene añadir que las tradiciones protestantes no aceptan el dogma de 1854, y que la ortodoxa afirma la santidad de María con un planteamiento distinto del pecado original. Es un terreno donde las diferencias son reales.
¿Qué puede enseñarte hoy el tratado de la Encarnación?
Veintiséis cuestiones de cristología técnica dejan cosas concretas. Esto es lo que la Encarnación según Santo Tomás aporta a la vida de fe.
Tu naturaleza humana no es un obstáculo. Si Dios la asumió entera —cuerpo, alma, entendimiento, voluntad y emociones—, entonces no hay nada en la condición humana que sea indigno por sí mismo. La espiritualidad no consiste en dejar de ser humano.
Sentir miedo o tristeza no te aleja de Dios. Aquino afirma que Cristo experimentó pasiones reales. Getsemaní no es un momento de debilidad en el relato: es la prueba de que la angustia cabe dentro de una vida entregada.
Lo que aprendiste con esfuerzo también él lo aprendió. El conocimiento adquirido por experiencia que la Suma atribuye a Cristo significa que el aprendizaje lento, el oficio, el trato con la gente y los años de vida ordinaria no fueron un simulacro.
Obedecer no es dejar de querer. La doctrina de las dos voluntades muestra que la voluntad humana de Cristo era libre y suya, y que someterla no la anuló. Cuando renuncias a algo por algo mayor, no estás desapareciendo: estás eligiendo.
Dios se acercó más de lo que hacía falta. Aquino insiste en que la Encarnación era conveniente, no necesaria: Dios podía haber salvado de otro modo. Que eligiera este dice algo sobre hasta dónde estaba dispuesto a llegar contigo.
Referencias y recursos
- Índice de la Tertia Pars, con el tratado de la Encarnación en las cuestiones 1 a 26: Suma Teológica, versión web (hjg.com.ar)
- Índice general de las tres partes y sus tratados: Índice general de la Suma Teológica (Instituto Diocesano de Teología)
- Plan general de la obra y lugar del tratado cristológico: Plan de la Suma (Revista Fe y Razón)
- Edición bilingüe latín-español para consultar el texto original: Suma Teológica bilingüe (tomasdeaquino.org)
- Panorama general de la obra, su estructura y su carácter inconcluso: Suma teológica (Wikipedia)



