
Dos personas dicen que el domingo escucharon un sermón. La primera oyó a alguien explicar, párrafo por párrafo, un pasaje de Marcos que se había leído en voz alta cinco minutos antes. La segunda oyó cuarenta minutos sobre la ansiedad, con nueve versículos que fueron apareciendo en pantalla, tomados de siete libros distintos.
Las dos usan la misma palabra para dos operaciones que se parecen poco. Los tipos de sermones tienen nombre técnico desde hace siglos, se distinguen por criterios precisos y cada uno tiene defensores serios, historia propia y riesgos propios. Tal vez has pasado la vida escuchando uno solo sin saber que existían los otros dos, o cambiaste de congregación y notaste que algo era distinto sin poder decir qué.
Lo que sigue pone nombre a esa diferencia, explica de dónde salió cada forma y muestra qué exige y qué deja abierto cada tradición cristiana.
Respuesta Rápida
La homilética clásica distingue tres: expositivo, cuando un pasaje extenso marca el contenido y el orden del sermón; textual, cuando un texto breve aporta el contenido pero la estructura la pone el predicador; y temático, cuando se parte de un asunto y los pasajes se reúnen después para sostenerlo.
La diferencia decisiva no es la longitud sino el origen: si el contenido sale del pasaje o si sale del tema elegido.
Pasajes principales: Nehemías 8:1-8, Lucas 4:16-21 y 1 Timoteo 4:13.
✅ Datos firmes: la clasificación es estándar en los manuales de predicación y las normas de cada tradición están publicadas. Lo que se discute es cuál de los tres debería predominar, y ese debate sigue abierto entre especialistas de todas las confesiones.
Puntos Clave
Cinco datos ordenan todo lo demás y conviene tenerlos delante.
- Son tres, no dos. El textual ocupa un lugar propio entre el expositivo y el temático, y confundirlo con cualquiera de los dos es el error más común.
- El criterio que separa es el origen del contenido, no cuántos versículos se citan. Un sermón con cuarenta referencias puede ser temático y uno con seis versículos puede ser expositivo.
- Ningún tipo puede reclamar un mandato bíblico. La Biblia ordena leer y explicar; la forma del sermón la desarrollaron las iglesias.
- El tipo no depende de la denominación. El predicador expositivo más riguroso del último siglo trabajó en una iglesia no denominacional, y el predicador más célebre del mundo bautista no era expositivo.
- El sermón temático no es un invento moderno: un sínodo reformado lo ordenó por escrito en 1586 y otro lo reafirmó en 1618.
¿Qué dice la Biblia sobre cómo debe predicarse?
El mandato de leer en voz alta y explicar lo leído es anterior a cualquier sermón cristiano. Moisés entrega la ley con la orden de proclamarla ante todo el pueblo reunido (Deuteronomio 31:9-13), y la escena más detallada llega con Esdras: lee desde el alba hasta el mediodía, el pueblo se pone en pie, y los levitas «explicaban la ley al pueblo que se mantenía atento», de modo que el libro «era leído con claridad» mientras se aclaraba su sentido «para la comprensión de todos» (Nehemías 8:1-8). Leer y explicar son dos actos distintos, y ahí van juntos.
Jesús sigue ese orden en Nazaret. Se pone en pie para leer, le entregan el libro de Isaías, lee el pasaje, cierra el libro, lo devuelve y se sienta antes de hablar (Lucas 4:16-21). El mismo movimiento reaparece en el camino de Gaza: Felipe pregunta al funcionario etíope si entiende lo que va leyendo y, «partiendo de este pasaje de la Escritura, le anunció la buena noticia de Jesús» (Hechos 8:30-35). El punto de partida es el texto que el otro ya tenía delante.
A Timoteo, Pablo le encarga tres cosas en la misma lista: «la lectura, la exhortación y la enseñanza» (1 Timoteo 4:13), y en otra carta le pide ser «alguien que sigue fielmente la palabra de la verdad» (2 Timoteo 2:15). El Nuevo Testamento también advierte del riesgo contrario: hay pasajes «difíciles de entender, que los ignorantes y poco formados en la fe interpretan torcidamente» (2 Pedro 3:16). Y describe a una comunidad que verificaba: los de Berea recibieron el mensaje «estudiando asiduamente las Escrituras para comprobar si las cosas eran realmente así» (Hechos 17:11).
Conviene decir también lo que el texto no hace, porque de ahí nace toda la discusión posterior. No prescribe ninguna forma de sermón. No dice cuántos versículos deben leerse, ni si el sermón debe seguir el orden del pasaje o el de una doctrina, ni si puede organizarse en torno a un tema. Manda leer y manda explicar. Los tres tipos que existen hoy son desarrollos de las iglesias, y ninguno de los tres puede apoyarse en un versículo que lo ordene frente a los otros dos.
¿Qué distingue a cada uno de los tipos de sermones?
La clasificación se entiende mal cuando se usa un solo criterio. Hacen falta dos preguntas, y responderlas en orden resuelve casi todos los casos dudosos.
Primera pregunta: ¿de dónde sale el contenido? Si sale de un pasaje, el sermón es expositivo o textual. Si sale de un asunto elegido de antemano, es temático. Esta es la distinción de fondo.
Segunda pregunta: ¿cuánto texto manda y quién pone la estructura? Si el pasaje es extenso y el sermón sigue su propio orden, es expositivo. Si el texto es breve y el orden del sermón lo decide el predicador, es textual.
| Tipo | Origen del contenido | Extensión y estructura | Riesgo principal |
|---|---|---|---|
| Expositivo | Un pasaje extenso | El sermón sigue el orden del propio pasaje, punto por punto | Puede volverse un comentario sin aplicación, distante de la vida del oyente |
| Textual | Un texto breve, a veces un solo versículo | La estructura la pone el predicador: doctrina, razones, aplicaciones | Un versículo aislado no arrastra su contexto, y el sermón puede alejarse de lo que dice el párrafo |
| Temático | Un asunto escogido de antemano | Los pasajes se reúnen para sostener el tema | Ningún pasaje puede contradecir el tema, porque fue el tema el que escogió los pasajes |
Tres malentendidos se repiten.
- El primero es creer que temático significa «sin Biblia»: un sermón temático puede citar treinta pasajes y estudiarlos con rigor.
- El segundo es confundir el textual con el expositivo porque los dos parten de un texto; la diferencia está en si el sermón sigue el hilo del pasaje o le impone otro.
- El tercero es tratar el número de versículos como el criterio, cuando lo decisivo es la dirección: si el pasaje produjo la idea, o si la idea salió a buscar pasajes.
Hay además un término que se confunde con estos tres y pertenece a otro plano. Lectio continua no es un tipo de sermón, sino un método para elegir el pasaje: recorrer un libro de corrido, domingo tras domingo. Se puede predicar expositivamente con lectio continua o con un calendario de lecturas fijado de antemano.
¿De dónde salieron estas tres formas de predicar?
El punto de partida es la sinagoga, donde se leía la Torá de forma continua con una porción de los profetas y una explicación. Las primeras comunidades cristianas trasladaron ese esquema a sus reuniones y le añadieron las cartas apostólicas. Hacia el año 150, Justino Mártir describe un domingo en el que se lee mientras el tiempo lo permite y solo después habla el que preside.
| Momento | Qué ocurrió | Qué tipo favoreció |
|---|---|---|
| Sinagoga y siglos I-IV | Lectura continua más explicación; los grandes predicadores antiguos recorren libros enteros | Expositivo |
| Edad Media | Pericopas fijadas en un ciclo breve y leídas en latín ante poblaciones que hablaban otras lenguas | Se debilita el vínculo entre lectura y sermón |
| Reforma, vía de Lutero | Conserva las pericopas heredadas, las traduce y predica sobre ellas | Expositivo sobre perícopa asignada |
| Reforma, vía de Zúrich | El 1 de enero de 1519 Zwinglio anuncia que abandona el orden de lecturas y expondrá Mateo versículo por versículo; Calvino hace lo mismo en Ginebra | Expositivo con lectio continua |
| Puritanos, siglo XVII | Estilo llano: se abre un texto breve, se saca una doctrina, se prueba y se aplica en usos prácticos | Textual |
| Sínodos reformados, 1586 y 1618 | La Haya ordena explicar cada domingo por la tarde la doctrina del catecismo, y Dort lo reafirma el 30 de noviembre de 1618 | Temático con plan |
| Avivamientos, siglos XVIII-XIX | El sermón se reorganiza en torno a la decisión que busca producir; Finney sostiene que un avivamiento es «un resultado puramente filosófico del uso correcto de los medios establecidos» | Temático |
| Siglo XX | Conviven la recuperación expositiva y las series temáticas orientadas a necesidades concretas | Los tres |
Dos datos de esa tabla conviene subrayarlos porque suelen sorprender. El primero es que el sermón temático no nació en el siglo XX: lo ordenó por escrito un sínodo reformado en 1586 y lo reafirmó otro en 1618, con una precisión que importa, porque era el sermón de la tarde y por la mañana se predicaba el otro.
El segundo es que la Reforma nunca discutió si había que leer, sino quién escogía el pasaje: calendario heredado o recorrido continuo por un libro. En las dos vías había un texto leído y un sermón que lo explicaba.
¿Qué exige y qué deja abierto cada tradición hoy?
Las prácticas varían más dentro de cada denominación que entre denominaciones vecinas, así que lo que sigue describe perfiles reconocibles de congregación, no reglas de ninguna confesión. Los ocho van ordenados por lo único que aquí importa: cuán atado está el sermón a un pasaje leído en voz alta, desde el que lo explica entero hasta el que no lee ninguno.
| Tipo de sermón | Qué ocurre en el servicio | Dónde es habitual | |
|---|---|---|---|
| Expositivo sobre perícopa | Se leen los pasajes que marca un leccionario y el sermón explica esas lecturas | Parroquias católicas, ortodoxas, episcopales, luteranas y muchas metodistas | |
| Expositivo con lectio continua | Se anuncia un libro y cada domingo se lee y se predica el bloque siguiente, hasta terminarlo | Congregaciones expositivas bautistas, reformadas, independientes y no denominacionales | |
| Expositivo suelto | Se lee un pasaje completo y el sermón lo explica, pero el domingo siguiente se salta a otro sin relación | Muchas iglesias bautistas, independientes y del Movimiento de Restauración | |
| Textual | Se lee un versículo o dos, y de ahí salen una doctrina y tres o cuatro aplicaciones | La tradición puritana y la predicación clásica bautista | |
| Temático con plan | El asunto del día es la pregunta que toca del catecismo, y los pasajes entran a sostenerla | Iglesias reformadas confesionales, en el servicio de la tarde | |
| Temático moderno | Serie de varias semanas sobre un asunto: el matrimonio, las finanzas, la ansiedad | Iglesias contemporáneas de cualquier confesión, y no denominacionales | |
| Temático | No hay lectura previa; los versículos aparecen en pantalla a medida que el mensaje avanza | Parte del mundo evangélico, pentecostal y no denominacional | |
| Ninguno | La reunión transcurre en silencio y nadie predica salvo que alguien se sienta movido a hablar | Cuáqueros no programados |
La columna de la derecha dice dónde se encuentra cada perfil, no qué hace obligatoriamente cada denominación. Lo que sí se puede afirmar por tradición está publicado y es más estrecho: en las litúrgicas, que el sermón parta de los textos del día no es una preferencia sino una norma escrita.
La católica establece que la homilía sea «una explicación o de algún aspecto de las lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día», y añade que los domingos no puede omitirse sin causa grave; en la liturgia bizantina la predicación va situada después del evangelio proclamado.
Anglicanos y luteranos la ligan normativamente al leccionario, metodistas y presbiterianos lo recomiendan sin imponerlo, y bautistas, adventistas, pentecostales y no denominacionales lo dejan a cada congregación.
Esa última fila de tradiciones abiertas explica por qué el tipo de sermón no es un rasgo denominacional. En ese mismo conjunto están los dos extremos: John MacArthur completó el 5 de junio de 2011, después de 42 años en una congregación no denominacional, la exposición versículo por versículo de todo el Nuevo Testamento; y en el mismo conjunto hay congregaciones donde nunca se lee un párrafo entero.
La otra sorpresa está en el mundo bautista: Charles Spurgeon, el predicador más célebre de esa tradición, no era expositivo. Phil Johnson, responsable del archivo que conserva su obra, lo dice sin rodeos —«no era un predicador expositivo»—, y los especialistas lo clasifican como textual. El tipo depende del predicador y de la cultura de su congregación, no del nombre que figura en la fachada.
¿Qué puede cambiar esto en tu manera de escuchar un sermón?
Poner nombre a lo que ocurre cada domingo convierte una costumbre heredada en algo que puedes observar con criterio, y eso sirve igual si estás en una parroquia con leccionario que en un salón con banda de alabanza. Cuatro consecuencias prácticas se siguen de todo lo anterior.
Identifica el tipo antes de juzgar el sermón. Un sermón temático que se evalúa como si fuera expositivo parecerá desordenado, y al contrario parecerá árido. Cada forma tiene su propio criterio de calidad: al expositivo se le pide fidelidad al hilo del pasaje, al temático se le pide que cada texto diga en su sitio lo que se le hace decir.
Pregúntate quién eligió el contenido. Es la pregunta más reveladora de todas, y la respuesta cambia mucho de una congregación a otra. Saberlo no obliga a cambiar de iglesia; ayuda a entender por qué ciertos libros de la Biblia nunca suenan donde te reúnes.
Lee el párrafo completo durante la semana. Cuando el domingo se cita un versículo suelto, el párrafo que lo rodea está a un minuto de distancia. Los de Berea hacían exactamente eso, y el texto los elogia por ello sin sugerir que desconfiaran de nadie.
Reconoce lo que cada forma aporta. El expositivo obliga a atravesar pasajes que nadie escogería. El temático responde preguntas que la gente trae de verdad, y por eso lo ordenaron los sínodos reformados. El textual permite detenerse en una frase hasta agotarla. Los tipos de sermones no son tres niveles de fidelidad, son tres herramientas con distinto alcance, y buena parte de la historia de la predicación consiste en comunidades que combinaron dos de ellas.
Para seguir el hilo, el artículo sobre la lectura del evangelio en el servicio religioso explica el otro elemento de la reunión y cómo funcionan los leccionarios; cómo eran los servicios religiosos de las primeras iglesias cristianas muestra el punto de partida común; Sola Scriptura desarrolla el principio que está detrás de la predicación continua; y el Concilio Vaticano II recoge la reforma que amplió las lecturas de la misa.






