
Publicado en agosto 3, 2025, última actualización en enero 2, 2026.
Durante mis años de estudio bíblico y experiencia ministerial, pocas preguntas han generado tanta controversia como el tema del diezmo. Recuerdo vívidamente una conversación con una familia que luchaba económicamente, pero que fielmente daba su diezmo cada mes, solo para descubrir que su pastor había comprado un automóvil de lujo con fondos de la iglesia. Su dolor y confusión me llevaron a profundizar en esta cuestión que toca el corazón mismo de la mayordomía cristiana.
Lo que más me ha impactado en mi investigación es cómo el tema del diezmo se ha distorsionado tanto de su propósito original. Al sumergirme en las Escrituras, descubrí que la pregunta no es simplemente si debemos diezmar, sino cómo debemos entender la generosidad cristiana en el contexto del Nuevo Testamento. Te invito a acompañarme en este viaje de descubrimiento donde examinaremos no solo qué dice la Biblia sobre el diezmo, sino también cómo debe aplicarse en nuestro tiempo.
Puntos Clave que Exploraremos:
- El diezmo del Antiguo Testamento tenía propósitos específicos: sostener a los levitas, ayudar a los pobres y mantener el templo
- El Nuevo Testamento enfatiza la ofrenda voluntaria y generosa por encima del diezmo obligatorio
- Los recursos de la iglesia deben usarse principalmente para la obra ministerial y la ayuda a los necesitados
- El enriquecimiento personal a través del ministerio contradice los principios bíblicos de liderazgo servicial
- La transparencia y la rendición de cuentas son esenciales para el manejo apropiado de los fondos eclesiásticos
- Los creyentes tienen tanto el derecho como la responsabilidad de conocer cómo se usan sus ofrendas
El Fundamento Bíblico del Diezmo en el Antiguo Testamento
Cuando comencé a estudiar seriamente el tema del diezmo, me sorprendió descubrir cuán específico era su propósito en el sistema del Antiguo Testamento. El diezmo no era simplemente una contribución general, sino que tenía tres funciones claramente definidas.
Primero, el diezmo sostenía a la tribu de Leví, que no había recibido herencia de tierra como las otras tribus. En Números 18:21-24, Dios establece: «A los hijos de Leví yo he dado en herencia todos los diezmos en Israel por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del Tabernáculo de reunión.»
Segundo, existía un diezmo adicional cada tercer año específicamente destinado a los necesitados. Deuteronomio 14:28-29 nos dice: «Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año y lo guardarás en tus ciudades. Vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, el forastero, el huérfano y la viuda que haya en tus poblaciones, y comerán y serán saciados.»
Lo que me resulta fascinante es que este sistema tenía controles incorporados y transparencia. La comunidad podía ver directamente cómo se usaban estos recursos, y los beneficiarios estaban claramente identificados.
¿Qué Enseña el Nuevo Testamento Sobre las Ofrendas?
Al profundizar en el Nuevo Testamento, descubrí un cambio significativo en el enfoque hacia la generosidad cristiana. Jesús nunca mandó específicamente a diezmar, aunque reconoció la práctica en su contexto histórico. En Mateo 23:23, criticó a los fariseos no por diezmar, sino por enfocarse en detalles menores mientras ignoraban «lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe.»
El apóstol Pablo estableció principios revolucionarios sobre la generosidad cristiana. En 2 Corintios 9:7, escribió: «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.»
Me impactó profundamente darme cuenta de que Pablo, al recolectar ofrendas para los santos necesitados en Jerusalén, fue extremadamente transparente sobre el proceso. En 2 Corintios 8:20-21, explica: «Evitamos que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no solo delante del Señor, sino también delante de los hombres.»
¿Es Apropiado Que los Pastores Vivan Lujosamente del Diezmo?
Esta pregunta toca uno de los aspectos más controvertidos del tema. Durante mis años de ministerio, he visto extremos preocupantes en ambas direcciones: pastores que viven en pobreza extrema y otros que exhiben riquezas ostentosas.
El Nuevo Testamento claramente enseña que quienes se dedican al ministerio tienen derecho a recibir sostenimiento. 1 Corintios 9:14 establece: «Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.» Sin embargo, el contexto y los ejemplos bíblicos nos dan una perspectiva muy diferente sobre lo que esto significa.
Jesús mismo vivió de manera sencilla. En Mateo 8:20, dijo: «Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza.» Pablo, aunque defendía el derecho del ministro a recibir sostenimiento, frecuentemente trabajaba con sus propias manos para no ser carga a la iglesia.
Lo que más me preocupa es cuando veo líderes religiosos justificando estilos de vida lujosos mientras sus congregaciones luchan económicamente. 1 Pedro 5:2-3 instruye a los pastores: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.»
Principios Bíblicos para el Uso de Fondos Eclesiásticos
A través de mis estudios, he identificado varios principios bíblicos claros sobre cómo deben usarse los recursos de la iglesia. El primer principio es la transparencia absoluta. Como vimos con Pablo, los líderes cristianos deben procurar «hacer las cosas honradamente, no solo delante del Señor, sino también delante de los hombres.»
El segundo principio es la prioridad hacia los necesitados. Gálatas 2:10 nos recuerda que los apóstoles pidieron a Pablo «que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.» Santiago 1:27 define la religión pura como «visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones.»
El tercer principio es la moderación en el liderazgo. Los líderes cristianos deben vivir de manera que reflejen los valores del reino de Dios, no los del mundo. Esto no significa pobreza extrema, pero sí significa evitar el lujo ostentoso que puede ser tropiezo para otros.
¿Cómo Debemos Entender la Generosidad Cristiana Hoy?
Me sorprendió descubrir que el Nuevo Testamento presenta un estándar aún más alto que el diezmo del Antiguo Testamento. En lugar de dar simplemente el 10%, somos llamados a una generosidad radical que puede exceder por mucho ese porcentaje.
Los primeros cristianos en Hechos 2:44-47 «tenían en común todas las cosas; vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.» Aunque este modelo comunitario no se replica exactamente hoy, el principio de generosidad sacrificial permanece.
2 Corintios 8:12 nos enseña: «Si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.» Esto significa que nuestra generosidad debe ser proporcional a nuestros recursos y dada con corazón dispuesto.
Te invito a considerar que la pregunta no debería ser «¿debo dar el 10%?» sino «¿cómo puedo usar todos mis recursos para honrar a Dios y bendecir a otros?» Esta perspectiva transforma completamente nuestro enfoque hacia la generosidad.
Aplicaciones Prácticas para la Iglesia Contemporánea
Después de años de reflexión sobre estos temas, he desarrollado algunas aplicaciones prácticas que creo pueden ayudar tanto a líderes como a miembros de iglesia a navegar estas aguas a veces turbulentas.
Primera aplicación práctica: Establece transparencia total en el manejo de fondos. Toda iglesia debería publicar regularmente informes financieros detallados que muestren exactamente cómo se usan las ofrendas. Esto incluye salarios de personal, gastos operativos, y fondos destinados a ayuda social. La transparencia no solo es bíblica, sino que también construye confianza y permite a los miembros dar con mayor alegría.
Segunda aplicación práctica: Implementa un comité de supervisión financiera compuesto por miembros laicos respetados de la congregación. Este comité debería revisar regularmente todos los gastos significativos y tener autoridad para cuestionar decisiones financieras que parezcan inapropiadas. Pablo viajaba con compañeros que supervisaban el manejo de las ofrendas, y nosotros deberíamos hacer lo mismo.
Tercera aplicación práctica: Establece pautas claras sobre compensación pastoral. Los salarios pastorales deberían estar en línea con los ingresos promedio de la congregación, permitiendo un nivel de vida digno pero no ostentoso. Si un pastor siente que necesita más recursos para su ministerio, debería ser capaz de presentar una justificación clara a la congregación.
Cuarta aplicación práctica: Destina un porcentaje fijo de todas las ofrendas a ayuda social directa. Sugiero que al menos el 25-30% de todos los fondos recibidos se destine específicamente a ayudar a los necesitados, tanto dentro como fuera de la congregación. Esto refleja el énfasis bíblico en cuidar de los pobres y vulnerables.
Quinta aplicación práctica: Educa a la congregación sobre los principios bíblicos de generosidad. Muchos problemas surgen de la ignorancia bíblica. Enseña regularmente sobre la mayordomía, la generosidad neotestamentaria, y la diferencia entre el diezmo del Antiguo Testamento y la ofrenda cristiana del Nuevo Testamento.
Conclusión
Al reflexionar sobre este tema tan complejo, me doy cuenta de que hemos complicado algo que debería ser relativamente simple. La generosidad cristiana no debería ser una carga legalista sino una expresión gozosa de nuestra gratitud hacia Dios y nuestro amor hacia el prójimo.
Lo que más me entristece es ver cómo algunos líderes han usado la ignorancia bíblica de sus congregaciones para enriquecerse personalmente, mientras que otros han permitido que el péndulo se mueva hacia el extremo opuesto, rechazando completamente cualquier forma de sostenimiento ministerial. Ambos extremos traicionan el equilibrio bíblico que deberíamos buscar.
Me siento profundamente convencido de que el camino hacia adelante requiere un retorno a los principios bíblicos fundamentales: transparencia, rendición de cuentas, moderación en el liderazgo, y prioridad hacia los necesitados. Cuando estos principios guían nuestras decisiones financieras eclesiásticas, tanto los líderes como los miembros pueden servir y dar con confianza y alegría.
Te invito a ser parte de la solución. Si eres líder, comprométete con la transparencia y la rendición de cuentas. Si eres miembro de iglesia, involúcrate responsablemente en la supervisión financiera de tu congregación. Si todos trabajamos juntos bajo los principios bíblicos, podemos restaurar la confianza y la integridad en el manejo de los recursos que Dios nos ha confiado para su obra en el mundo.



