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¿Por Qué los Musulmanes No Creen que Jesús es el Hijo de Dios?

Verdad Eterna septiembre 7, 2026 15 minutos de lectura
Musulmanes

Publicado en agosto 4, 2025, última actualización en septiembre 7, 2026.

Hay dos mil millones de musulmanes en el mundo, y todos ellos creen que Jesús nació de una virgen, que hizo milagros, que fue el Mesías y que volverá al final de los tiempos. María es la única mujer nombrada por su nombre en todo el Corán, y una sura entera lleva su nombre.

Con ese punto de partida sorprende que la pregunta de por qué los musulmanes no creen que Jesús es el Hijo de Dios tenga una respuesta tan tajante. No es indiferencia ni ignorancia: es una objeción precisa, formulada desde una idea concreta de lo que Dios puede ser y no puede ser.

Del lado cristiano existe una respuesta igual de precisa, que empieza por señalar que ese título no significa lo que la objeción supone. Aquí van las dos, con el mismo cuidado.

Contenido

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  • Veredicto Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Qué dice exactamente la Biblia sobre el título «Hijo de Dios»?
  • Perspectiva 1: por qué los musulmanes no creen que Jesús es el Hijo de Dios
  • Perspectiva 2: qué significa «Hijo de Dios» para los cristianos
  • ¿Qué dicen los historiadores sobre el contexto del siglo VII?
  • ¿Qué puede enseñarte todo esto en la práctica?

Veredicto Rápido

Los musulmanes rechazan el título porque el Corán lo niega expresamente y porque, en el marco del islam, atribuir a Dios un hijo cae dentro del shirk, la asociación de un socio a Dios, que es la falta más grave que existe. Los cristianos responden que «Hijo de Dios» es un título bíblico de alianza y de relación, no de procreación, y que ellos rechazan la generación física con la misma energía.

El desacuerdo no está en la biología: está en si el Hijo comparte o no la misma naturaleza divina. Textos de referencia: Salmo 2:7, 2 Samuel 7:14 y Juan 1:14 del lado bíblico; suras 4:171, 5:72-75 y 112 del lado coránico.

⚖️ Algunos puntos debatidos: los textos de ambas tradiciones son claros y públicos, y lo que cada una afirma está firme. Se discute qué formas de cristianismo tenía delante el Corán del siglo VII y hasta dónde alcanza su negación.

Puntos Clave

  • El punto de partida islámico es el tawhid, la unicidad absoluta e indivisible de Dios, resumida en cuatro líneas de la sura 112: «no engendró ni fue engendrado».
  • El Corán honra a Jesús con títulos altísimos —Mesías, Palabra de Dios, espíritu procedente de Él— y a la vez los encuadra para excluir la lectura cristiana.
  • En la Biblia hebrea «hijo de Dios» designa al rey, al pueblo de Israel, a los seres celestiales y al justo, siempre en sentido relacional y de alianza, nunca de procreación.
  • El Corán compara a Jesús con Adán: nacer sin padre no implica filiación divina, porque Adán no tuvo ni padre ni madre.
  • Sobre la crucifixión no hay una sola lectura musulmana, y el versículo clave no nombra a ningún sustituto.
  • Las dos tradiciones comparten mucho más de lo que se supone, incluido el rechazo del politeísmo y el de la generación física.

¿Qué dice exactamente la Biblia sobre el título «Hijo de Dios»?

Antes de comparar posturas conviene ver de dónde sale la expresión, porque casi todo el malentendido nace ahí. En la Biblia hebrea, «hijo de Dios» no es una categoría reservada a un ser divino. Se aplica a cuatro cosas distintas.

Al rey. El salmo de entronización dice: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy» (Salmo 2:7). El día de la coronación, el monarca es declarado hijo. Y el texto que fundó esa tradición es todavía más claro sobre el sentido: hablando del heredero de David, Dios dice «Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Si hace mal, lo castigaré con vara de hombres» (2 Samuel 7:14). Un hijo al que se puede castigar con vara no es una afirmación sobre la naturaleza divina: es lenguaje de adopción y de pacto.

Al pueblo entero. «Israel es mi hijo, mi primogénito» (Éxodo 4:22), y «de Egipto llamé a mi hijo» en el profeta Oseas.

A los seres celestiales. El libro de Job los llama «hijos de Dios» cuando se presentan ante él, y varios salmos usan la misma expresión.

Al justo perseguido. «Si el justo es hijo de Dios, él lo socorrerá y lo pondrá a salvo de las garras de sus enemigos» (Sabiduría 2:18).

De ahí toma el Nuevo Testamento el título. La voz en el bautismo, la confesión de Pedro, el centurión al pie de la cruz. Y hay una escena que lo aclara todo, porque en ella Jesús mismo argumenta desde ese uso: acusado de blasfemia por llamarse Hijo de Dios, responde citando un salmo en el que Dios llama «dioses» a los jueces de Israel. El argumento es exactamente el de la elasticidad del lenguaje bíblico.

Pero el Nuevo Testamento va más lejos que eso, y es honesto reconocerlo: no se queda en el uso relacional. La carta a los Hebreos aplica a Jesús los dos textos citados arriba y los lee en un registro nuevo; el prólogo de Juan dice que la Palabra «era Dios»; y Pablo hace algo aún más audaz al reelaborar la confesión monoteísta judía: «para nosotros hay un solo Dios, el Padre… y un solo Señor, Jesucristo» (1 Corintios 8:6). No pone a Jesús al lado del monoteísmo: lo mete dentro. Ese paso es precisamente el que el islam no da.

Perspectiva 1: por qué los musulmanes no creen que Jesús es el Hijo de Dios

El punto de partida no es Jesús, es Dios. El tawhid afirma la unicidad, la unidad y la indivisibilidad absolutas de Dios: no solo que hay uno, sino que es simple, sin partes, sin composición y sin nada que comparta su naturaleza. Su formulación más condensada son las cuatro líneas de la sura 112: «Di: Él es Dios, Uno. Dios, el Absoluto. No engendró ni fue engendrado. Y no hay nadie que se le iguale». Un hadiz muy conocido equipara recitarla a un tercio del Corán.

Frente al tawhid está el shirk, palabra que significa literalmente «asociar», dar un socio a Dios. Aquí es donde la objeción cambia de escala, y sin este dato no se entiende nada: el Corán presenta el shirk como el único pecado que Dios no perdona sin arrepentimiento. Para un musulmán, por tanto, la discusión sobre la filiación de Jesús no es una diferencia terminológica entre creyentes: es la categoría más grave que existe.

Sobre esa base, el Corán honra a Jesús de forma extraordinaria. Lo llama al-Masih, el Mesías, once veces. Lo llama «Palabra de Dios» y «espíritu procedente de Él». Cuenta el anuncio a María y su nacimiento sin padre; describe sus milagros —dar vida a un pájaro de barro, curar al ciego de nacimiento y al leproso, resucitar muertos— y a la vez repite en cada uno la fórmula «con permiso de Dios», que es una precisión deliberada: los prodigios son reales, la capacidad es delegada.

Y luego traza la línea. El texto capital dice: «El Mesías, Jesús hijo de María, es solamente el enviado de Dios, y su Palabra que Él lanzó a María, y un espíritu procedente de Él… Y no digáis ‘Tres’… Dios está por encima de tener un hijo» (4:171). Otro pasaje añade un argumento antiencarnacional muy directo: el Mesías y su madre «ambos tomaban alimento» (5:75), es decir, eran criaturas con necesidades corporales.

El argumento decisivo sobre el nacimiento virginal: «Para Dios, Jesús es semejante a Adán: lo creó de tierra y luego le dijo: ¡Sé! y fue» (3:59). Nacer sin padre no prueba filiación divina, porque Adán no tuvo ni padre ni madre y nadie lo llama hijo de Dios.

Hay un detalle lingüístico que decide buena parte del asunto. El Corán niega que Dios tenga un walad, palabra que designa prole engendrada, descendencia física, y lo refuerza preguntando: «¿cómo iba a tener un hijo si no tiene compañera?» (6:101). Los cristianos árabes, en cambio, usan otra palabra, ibn, hijo en sentido relacional. Si la negación coránica alcanzara solo al primer sentido, el desacuerdo se reduciría mucho; pero un versículo emplea ibn al recoger la afirmación cristiana (9:30), y en eso se apoya la mayoría de los ulemas para sostener que la negación es completa. Es un desacuerdo real de lectura y merece darse en los dos sentidos.

Sobre la crucifixión, el Corán dice que «no lo mataron ni lo crucificaron, sino que se les hizo parecer así», y que «Dios lo elevó hacia Sí» (4:157-158). Conviene una precisión que muchos resúmenes omiten: la expresión traducida como «se les hizo parecer así» es un pasivo impersonal y no nombra a ningún sustituto.

Toda la doctrina de la sustitución viene de la exégesis posterior, no de la letra del versículo, y por eso dentro del islam hay más de una lectura: la clásica mayoritaria, que sostiene que otro fue crucificado en su lugar; la que entiende que el asunto simplemente se les hizo confuso, sin doble; y la de reformistas como Muhammad Abduh, que sostuvieron que sí murió y que lo que el versículo niega es la pretensión de sus enemigos de haberlo vencido. Lo que comparten todas: los enemigos de Jesús no triunfaron sobre él, y Dios lo elevó hacia Sí.

Queda un elemento más, el tahrif, la idea de que las escrituras anteriores fueron alteradas. También aquí hay dos versiones y no una. La más antigua y extendida en la exégesis temprana entiende que el texto se conserva pero se lee mal, se aplica mal o se oculta en parte; la más dura, sistematizada por Ibn Hazm de Córdoba en el siglo XI, sostiene que la letra misma fue modificada. El propio Corán aporta un argumento a favor de la primera cuando manda a los cristianos juzgar por su Evangelio (5:47) y pide a la gente de la Escritura que se atenga a la Torá y al Evangelio (5:68).

Perspectiva 2: qué significa «Hijo de Dios» para los cristianos

Los cristianos empiezan por afirmar lo mismo que la objeción supone negado: Dios no tiene consorte, no hubo unión, no hubo acto, y una generación biológica sería tan impensable para ellos como para un musulmán. El prólogo del cuarto evangelio usa la palabra «Palabra», logos, precisamente para evitar el lenguaje de la procreación.

Lo que afirman es otra cosa, y su formulación clásica se fijó en el año 325, en Nicea, con tres expresiones muy medidas. «Engendrado, no creado» excluye que el Hijo sea una criatura. «De la misma sustancia que el Padre» afirma que no es un segundo dios ni un ser intermedio. Y «engendrado del Padre antes de todos los siglos» sitúa esa relación fuera del tiempo: donde no hay tiempo ni compañera, no hay procreación. La imagen que el credo escogió, «luz de luz», se eligió por lo mismo: la luz que procede de la luz no la divide ni la disminuye.

Vale la pena decir contra qué se formuló, porque explica el vocabulario. Arrio, a quien se opuso Atanasio, enseñaba que el Hijo era la primera y más alta de las criaturas, y que hubo un tiempo en que no era. Un detalle que casi nunca se cuenta: Arrio también afirmaba la preexistencia de Cristo y que Dios había hecho el mundo por medio de él. Sin ese dato no se entiende por qué hizo falta un concilio para separar dos posturas que compartían tanto.

Sobre el monoteísmo, la respuesta cristiana es que la doctrina de la Trinidad nació para preservarlo, no a pesar de él: un grupo de judíos monoteístas se encontró con textos y con una experiencia que les obligaban a dar cuenta del Padre, del Hijo y del Espíritu sin dejar de decir que el Señor es uno. La fórmula que resultó —un solo ser en tres personas— no afirma tres dioses, ni tres partes, ni tres modos de manifestarse, y el símbolo atanasiano lo dice sin rodeos: «y sin embargo no son tres dioses, sino un solo Dios».

Los cristianos rechazan además, con toda claridad, el «tres» que el Corán reprocha si significa tres deidades separadas, y rechazan también la tríada de Padre, Jesús y María que aparece en un pasaje coránico (5:116): ninguna confesión cristiana la ha enseñado jamás.

La objeción musulmana a todo esto merece presentarse en su versión más fuerte, y es esta: la distinción entre sustancia y persona es un instrumento filosófico griego posterior al Nuevo Testamento; para el crítico musulmán no resuelve el problema, solo lo reformula. El shirk se juzga por a quién se dirige el culto, no por la precisión del vocabulario. Si tres reciben adoración, la aritmética teológica no cambia el hecho. Es el mejor argumento del otro lado y no se gana nada suavizándolo.

¿Qué dicen los historiadores sobre el contexto del siglo VII?

En la Arabia donde nace el Corán había cristianos, y no de una sola clase. Circulaban comunidades vinculadas a la tradición siríaca oriental y a la miafisita, y estaban presentes formas de devoción mariana intensa. Eso ha alimentado una tesis muy repetida en círculos de diálogo: que el Corán no rechazaría la doctrina cristiana común, sino versiones locales deformadas, de modo que el desacuerdo se disolvería en un malentendido.

Conviene decir que esa no es la lectura académica mayoritaria. Sidney Griffith y Gabriel Said Reynolds, dos de los especialistas más citados en el campo, sostienen lo contrario: que el texto conocía la doctrina corriente y la rechazó con conocimiento de causa, y que sus formulaciones más chocantes son polémica deliberada, no reportes etnográficos sobre sectas.

El pasaje sobre la tríada de Jesús y María es un buen ejemplo. Se ha querido explicar con un grupo que Epifanio de Salamina sitúa en Arabia ofreciendo tortas a María, pero Epifanio es una fuente hostil y aislada, sin confirmación independiente, y varios especialistas prefieren leer el versículo como caricatura retórica de una veneración excesiva.

Lo que sí conviene poner por delante es lo que las dos tradiciones comparten, porque sin eso el lector no localiza dónde está el desacuerdo real.

PuntoIslamCristianismo
Un solo Dios, creador, sin igualSíSí
Generación física de DiosRechazadaRechazada
Nacimiento virginal de JesúsSíSí
Jesús como MesíasSí, con otro contenidoSí
Milagros de JesúsSíSí
Retorno de Jesús al final de los tiemposSíSí
María, escogida y honradaSíSí
Jesús comparte la naturaleza divinaNoSí

La última fila es la única en la que las columnas no coinciden, y es la que produce todo lo demás. La Iglesia católica formuló en 1965 exactamente esa doble constatación: los musulmanes «adoran al único Dios, viviente y subsistente» y «veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios». Aprecio y diferencia enunciada, sin disolver una en la otra.

¿Qué puede enseñarte todo esto en la práctica?

Entender por qué los musulmanes no creen que Jesús es el Hijo de Dios cambia bastante la manera de tener esa conversación, si alguna vez te toca tenerla.

  • La objeción no es a lo que crees, sino a lo que te atribuyen. Buena parte del rechazo apunta a una generación física que ningún cristiano sostiene. Aclarar eso antes de discutir cualquier otra cosa ahorra años de conversaciones cruzadas.
  • El desacuerdo real sigue ahí después de aclararlo, y es hondo. Fingir que todo era un malentendido no respeta a nadie. Un vecino musulmán no cree lo mismo que tú sobre quién es Jesús, y sabe perfectamente por qué.
  • Conocer el propio vocabulario es un deber. Si nunca has leído el salmo del que sale la expresión «hijo de Dios», ni sabes qué quiso excluir el credo con «engendrado, no creado», estás defendiendo algo cuyo contenido no conoces del todo.
  • Se puede ser firme sin ser despectivo. El texto que hemos citado del Vaticano dice a la vez «adoran al único Dios» y «no lo reconocen como Dios». Las dos frases caben en el mismo párrafo, y así es como se habla con alguien a quien se respeta.
  • Empieza por lo que comparten. Nacimiento virginal, milagros, retorno, honor a María. Una conversación que arranca en el punto de mayor desacuerdo casi nunca llega a ninguna parte; una que arranca en la lista larga de coincidencias, a veces sí.

Para seguir: si el Dios del judaísmo, el cristianismo y el islam es el mismo; qué significa exactamente la Trinidad; qué quiere decir llamar a Jesús Hijo del hombre e Hijo de Dios; por qué los judíos no reconocen a Jesús como Mesías; y qué sostienen los cristianos sobre la resurrección de Jesús.

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