
Publicado en agosto 3, 2025, última actualización en septiembre 6, 2026.
Cada domingo, millones de cristianos escuchan la palabra «diezmo» y sienten una mezcla de convicción, culpa o duda. Tal vez te hayas preguntado si de verdad estás obligado a entregar el diez por ciento de tus ingresos, o si eso quedó atrás con el Antiguo Testamento. La pregunta de si es obligatorio el diezmo es más común de lo que parece: mucha gente da porque le enseñaron que debe, pero pocas veces se detiene a preguntar de dónde viene esa cifra.
Las páginas que siguen recorren qué era el diezmo en la Biblia y para qué servía, por qué unas iglesias lo enseñan como mandato vigente y otras como ofrenda voluntaria bajo la gracia, y qué enseña hoy cada una de las principales: desde las que fijan el diez por ciento con destino reglamentado hasta las que no pasan una canasta. Aquí no se te dirá qué debes creer, sino qué dicen las Escrituras y las tradiciones cristianas, para que llegues a tu propia conclusión con la conciencia tranquila.
Veredicto Rápido
La Biblia manda dar con generosidad, pero no hay un solo versículo del Nuevo Testamento que ordene explícitamente al cristiano entregar el diez por ciento.
Por eso la respuesta depende de la perspectiva teológica: algunas iglesias enseñan el diezmo como un principio permanente que precede a la ley y sigue vigente; otras enseñan que el diezmo formaba parte del pacto con Israel y que hoy el creyente da de forma libre, alegre y proporcional a lo que tiene.
Ambas coinciden en algo esencial: el cristiano está llamado a sostener la obra de Dios y a socorrer a los necesitados.
⚖️ Algunos puntos debatidos: Los datos del texto son firmes —qué era el diezmo, de qué se tomaba y a quién sostenía—, y ninguna de las dos posturas los discute. Lo que se debate es si esa ordenanza del pacto con Israel obliga hoy al cristiano y con qué cifra.
Puntos Clave
- El diezmo del Antiguo Testamento no era dinero en un sobre, sino cosechas y ganado que sostenían a los levitas, el templo, las fiestas y a los pobres; y eran varios al año, de modo que el total superaba el diez por ciento simple.
- Malaquías 3:8-10 es el argumento central de quienes defienden el diezmo, mientras que 2 Corintios 9:6-7 es el pilar de quienes hablan de dar voluntario.
- Jesús mencionó el diezmo en Mateo 23:23, y ese versículo se lee en las dos direcciones según se entienda a quién le hablaba y bajo qué pacto.
- Las principales iglesias enseñan hoy cosas muy distintas: van del diez por ciento reglamentado de los adventistas a la ausencia de colectas entre los testigos de Jehová.
- El Nuevo Testamento respalda el sostén económico de quienes enseñan la Palabra, y a la vez advierte con dureza contra usar el ministerio para lucrar.
- Ninguna de las dos posturas niega el llamado a la generosidad; discrepan en si esa generosidad tiene una cifra fija obligatoria.
¿Qué dice exactamente la Biblia sobre el diezmo?
La palabra «diezmo» significa literalmente «la décima parte», y en la Biblia aparece mucho antes de la ley de Moisés. En Génesis 14:18-20, Abraham entrega a Melquisedec la décima parte del botín de una batalla; en Génesis 28:20-22, Jacob promete devolver a Dios el diezmo de todo lo que reciba. Son gestos personales y espontáneos, anteriores a cualquier ley escrita.
Cuando el diezmo se convierte en norma dentro de la ley, no consiste en dinero. Según Levítico 27:30-32, se tomaba de la semilla de la tierra, del fruto de los árboles y del ganado. Era una economía agrícola sin banca ni salarios mensuales, y ese detalle cambia cómo se lee el tema hoy. El mismo capítulo añade un matiz que rara vez se cita: Levítico 27:31 permitía rescatar lo que se había apartado pagando su valor más una quinta parte. Existía, pues, un mecanismo para convertirlo, y aun así la unidad de medida seguía siendo la cosecha.
El diezmo también involucraba más de una entrega, con destinos distintos y muy concretos.
- Sostenimiento de la tribu de Leví. Según Números 18:21-24, los levitas no recibieron tierra propia porque su labor era el servicio del santuario y la enseñanza de la ley. Sin parcela que cultivar, el diezmo era literalmente su comida.
- La fiesta familiar. Deuteronomio 14:22-27 describe un diezmo que la familia llevaba al santuario y se comía allí mismo, delante de Dios, con los suyos. Ese diezmo no cambiaba de dueño: era una celebración de gratitud pagada con lo propio.
- El fondo social trienal. Deuteronomio 14:28-29 y Deuteronomio 26:12 mandaban que cada tres años el diezmo se guardara en las ciudades para el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda, es decir, para quienes no tenían con qué sostenerse.
Sumados, muchos estudiosos calculan un total anual de entre el veinte y el veintitrés por ciento: más que una décima, un sistema de sustento y protección. Cada destino apunta al mismo sitio: alimentar a quienes no tenían tierra, celebrar en familia y cubrir a los vulnerables.
Incluso la promesa de Malaquías 3:10 pide traer los diezmos íntegros a los almacenes del templo con una razón explícita, que no falten víveres en él. Ningún pasaje presenta el diezmo como una vía para que alguien prospere personalmente a costa de lo que otros entregan.
¿Qué dice el Nuevo Testamento sobre sostener a los pastores?
El Nuevo Testamento no fija porcentaje, pero es claro en dos direcciones que conviene mantener juntas. Respalda que quien enseña la Palabra a tiempo completo sea sostenido por la comunidad: en 1 Corintios 9:11-14 Pablo argumenta que quien siembra lo espiritual bien puede recibir lo material, 1 Timoteo 5:17-18 pide honra doble para los ancianos que gobiernan bien y Gálatas 6:6 anima a compartir toda cosa buena con quien enseña.
Y levanta guardas contra el abuso, sin rodeos. 1 Timoteo 6:5-10 advierte contra quienes toman la piedad como fuente de ganancia; Tito 1:7 exige que el responsable de la comunidad no sea amigo de negocios sucios; 1 Pedro 5:2 pide pastorear el rebaño no por lucro, sino de buena voluntad. El propio Pablo, que defendía el derecho al sostén, renunció a él y trabajó con sus manos para no ser carga de nadie (Hechos 20:33-35; 1 Tesalonicenses 2:9).
El reparto que muestra el texto es ese: sostén digno para quien enseña, cuidado de necesitados y viudas (Hechos 6:1-4; 1 Timoteo 5:3-16) y colectas para los pobres de otras iglesias (1 Corintios 16:1-4; 2 Corintios 8:1-4). Sostener a un ministro tiene fundamento bíblico sólido; financiar con lo que entrega la congregación un tren de vida de lujo no aparece en ninguna parte: la iglesia primitiva usaba lo recogido para comer y socorrer, no para enriquecer a nadie.
Perspectiva 1: El diezmo sigue siendo un mandato para el cristiano
Quienes sostienen esta postura parten de que el diezmo antecede y trasciende la ley. Como Abraham y Jacob lo practicaron antes del Sinaí, lo entienden como un principio permanente de honrar a Dios con lo primero y lo mejor de lo que uno recibe. El argumento no se apoya en Moisés sino en los patriarcas, y eso le da una fuerza que suele subestimarse: si la práctica es anterior a la ley, su vigencia no dependería de la ley.
El texto central de esta perspectiva es Malaquías 3:8-10, donde Dios reprende por retener los diezmos y las ofrendas y anuncia bendición para quien los traiga íntegros. A la objeción de que el profeta habla solo a los sacerdotes, esta postura responde con el propio texto: Malaquías 3:9 dice expresamente «la nación entera». El reproche, argumentan, alcanza a todo el pueblo, no a un gremio.
A esto se suma la mención de Jesús en Mateo 23:23, donde reprocha a los fariseos diezmar hierbas menudas mientras descuidan la justicia y la misericordia, y añade que debían hacer aquello sin dejar de hacer esto. Quienes defienden el diezmo leen ahí un respaldo explícito de Jesús a la práctica, no una simple constatación. También apelan a Hebreos 7:1-10: si el autor recuerda que Abraham diezmó a Melquisedec, figura del sacerdocio de Cristo, es porque el diezmo pertenece a un orden superior al levítico y le sobrevive.
Es la postura de los adventistas del séptimo día y de buena parte del mundo pentecostal y evangélico. El argumento práctico es sencillo y honesto: una cifra clara ordena la generosidad, evita que cada quien improvise y garantiza que el ministerio se mantenga. La mayoría de estas tradiciones distingue además entre enseñar el diezmo y usarlo como amenaza o promesa de enriquecimiento.
Perspectiva 2: El dar bajo la gracia, voluntario y proporcional
Esta postura no niega la generosidad; la coloca en el centro, pero sin una cifra impuesta. Su punto de partida es que el diezmo, como mandato, pertenecía al pacto con Israel y consistía en productos del campo dentro de una economía agraria, de modo que no se traslada de forma automática al creyente que vive bajo el Pacto Nuevo. La pregunta de fondo es cómo se relaciona el cristiano con la ley mosaica: si el diezmo era una ordenanza de aquel pacto, quedaría cumplido en Cristo junto con el resto de esa legislación.
El texto clave aquí es 2 Corintios 9:6-7, donde Pablo enseña que cada uno debe dar según lo propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. Teniendo delante la ocasión perfecta para exigirlo a una iglesia que recogía una colecta, habla en cambio de entrega libre. En la misma línea, 1 Corintios 16:1-2 invita a apartar cada semana según se haya prosperado: proporcional, no fijo.
Sobre Malaquías, señala que el libro abre su reproche con un destinatario concreto —Malaquías 2:1 dice «a ustedes, pues, sacerdotes, se dirige esta amonestación»—, que lo retenido eran víveres almacenados en el templo y que la bendición anunciada tenía que ver con las cosechas y la restauración de la nación, no con una fórmula por la que entregar dinero produzca riqueza personal.
El modelo de la primera comunidad refuerza la lectura: en Hechos 4:32-35 los creyentes compartían sus bienes según la necesidad de cada uno, muy por encima de un diez por ciento. Para esta postura, el silencio del Nuevo Testamento sobre un diezmo obligatorio no es descuido, sino señal de que la gracia mueve a dar desde el corazón.
La sostienen muchos maestros de tradición reformada y evangélica, entre ellos Gary Shogren, profesor de Nuevo Testamento en el seminario ESEPA de Costa Rica. Su argumento habitual: un creyente agradecido a menudo dará más del diez por ciento, y otro con menos recursos dará lo que pueda sin condenación.
Las dos posturas, lado a lado
| Aspecto | Perspectiva 1: Diezmo vigente | Perspectiva 2: Dar por gracia |
|---|---|---|
| Base principal | Precede a la ley (Abraham, Jacob); Malaquías 3 | Dar voluntario del Nuevo Testamento (2 Corintios 9) |
| ¿Cifra obligatoria? | Sí, el diez por ciento como mínimo | No, cada uno según su corazón y prosperidad |
| Lectura de Mateo 23:23 | Jesús respalda expresamente el diezmo | Jesús habla a fariseos bajo la ley |
| Lectura de Malaquías | Reproche a la nación entera (3:9) | Reproche que abre dirigido a los sacerdotes (2:1) |
| El diezmo mosaico | Principio eterno que la ley solo reguló | Ordenanza propia del pacto con Israel |
| Motivación | Fidelidad y obediencia | Gratitud y libertad |
| Riesgo que señalan | La falta de orden y de compromiso | El legalismo y la culpa |
Ninguna columna defiende la tacañería. La discusión no es entre dar y no dar, sino entre una cifra mandada y una entrega libre.
¿Qué enseñan hoy las principales iglesias sobre el diezmo?
La distancia entre unas iglesias y otras es mayor de lo que suele suponerse. Dos congregaciones que leen la misma Biblia pueden terminar una exigiendo el diez por ciento con destino reglamentado y otra sin pasar jamás una canasta. Saber qué enseña la propia y con qué texto la sostiene resuelve buena parte de la duda.
| Iglesia o tradición | Qué enseña hoy |
|---|---|
| Católica | No fija porcentaje. El canon 222 impone el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades y nombra sus destinos —el culto, el apostolado, la caridad y el sustento de los ministros—, pero sin cifra. Algunas diócesis proponen el diez por ciento como meta voluntaria |
| Ortodoxa | Sin obligación canónica; el sostén es por ofrenda libre. Varias jurisdicciones en Norteamérica han promovido el diezmo para sustituir las cuotas fijas de membresía |
| Luterana y anglicana | No lo imponen. La Iglesia de Inglaterra propone como meta orientativa el cinco por ciento del ingreso neto a la parroquia y otro tanto a obras de caridad |
| Reformada y presbiteriana | Mayordomía proporcional. El diezmo se presenta como punto de partida orientativo, no como mandato vinculante |
| Bautista | Su confesión de fe no menciona porcentaje: pide dar «con alegría, con regularidad, sistemáticamente, en proporción y con generosidad». En la práctica muchas congregaciones enseñan el diezmo como norma, sin condicionar la membresía |
| Pentecostal y carismática | Lo enseñan de forma habitual y es la base del sostén de la congregación. En algunos sectores se acompaña de promesas de prosperidad que otros dentro del mismo movimiento rechazan |
| Movimiento de la prosperidad, que se nombra «Palabra de Fe» | El diezmo es obligación y siembra: se da para recibir salud, milagros o dinero, y quien no diezma queda bajo maldición. No es una denominación, sino una corriente que atraviesa iglesias neopentecostales e independientes de todo el continente |
| Adventista del séptimo día | El diez por ciento sistemático, entregado por medio de la iglesia local pero destinado a la asociación y reservado en exclusiva al sostén del ministerio; los gastos locales se cubren con ofrendas aparte |
| Testigos de Jehová | No practican el diezmo ni pasan colecta. La obra se financia con donativos anónimos depositados en cajas de contribución |
Dos patrones se repiten. El primero es la ausencia casi total de la cifra en los documentos oficiales: ni el derecho canónico católico, ni la confesión bautista, ni las recomendaciones anglicanas fijan un diez por ciento vinculante. El segundo es que donde el porcentaje sí manda —adventistas, buena parte del mundo pentecostal— viene con reglas sobre su destino, y a menudo con una separación explícita entre el diezmo y las ofrendas que pagan luz, agua y edificio.
Un tercer dato desactiva mucha angustia: prácticamente ninguna de estas iglesias hace del diezmo una condición de salvación, y casi ninguna lo convierte en requisito de membresía. Aun donde se enseña con firmeza, el marco es el de un deber de gratitud, no el de un peaje. Si en tu congregación se te presenta de otro modo, la pregunta que conviene hacer no es cuánto, sino con qué texto se sostiene esa exigencia.
La fila del movimiento de la prosperidad es la que más lejos queda de las demás, y conviene entenderla antes de juzgarla. Sus predicadores no se llaman «evangelio de la prosperidad», etiqueta de sus críticos: hablan de fe, de pacto y de siembra. Su punto de partida lo comparten todas las tradiciones —Dios provee, la generosidad trae bendición y Malaquías 3:9 habla de maldición sobre quien retiene—. Lo que añade es el mecanismo: dar se vuelve una inversión con retorno calculable, y no dar, la causa de la enfermedad o la escasez propia.
Ahí queda solo. Las dos perspectivas de este artículo lo rechazan por igual, y el rechazo más contundente vino de dentro del mundo pentecostal: las Asambleas de Dios declararon en 1980 que esta enseñanza presenta al hombre como soberano y a Dios como servidor, y en 2010 el Movimiento de Lausana lo calificó de falso y pastoralmente dañino.
Lo que ambos objetan no es que se enseñe a dar, sino que se prometa un resultado que el texto no promete y se cargue al creyente pobre con la culpa de su pobreza. El paralelo con otro capítulo de la historia cristiana se desarrolla en el diezmo obligatorio es la venta de indulgencias de hoy.
¿Qué cambia en tu fe según si el diezmo es obligatorio o no?
Saber si es obligatorio el diezmo no es un debate abstracto: toca tu bolsillo, tu conciencia y tu manera de relacionarte con Dios y con tu iglesia. Cualquiera que sea la postura que abraces, hay maneras concretas de vivir este tema con paz y no con culpa.
- Examina tu corazón antes que el porcentaje. Tanto si das el diez por ciento como si das otra cantidad, la pregunta de fondo es con qué actitud lo haces. La generosidad alegre honra a Dios más que una cifra entregada a regañadientes.
- Da con libertad, no con miedo. Si una enseñanza te presenta el dar como condición para recibir bendición material o para evitar una maldición, contrástala con calma con el conjunto de las Escrituras antes de aceptarla.
- Sé fiel según tu contexto. Una familia con holgura y otra que apenas cubre lo básico no dan igual, y ninguna de las dos perspectivas te pide que descuides a los tuyos para cumplir una cuota.
- Pregunta por el destino y la transparencia. Sostener a tu iglesia y a tus pastores es bíblico; también lo es esperar cuentas claras y que una parte real de lo recogido llegue a quien lo necesita, junto a la limosna directa que no pasa por ninguna caja.
- Deja que tu conclusión sea tuya. Lee los pasajes por tu cuenta, ora, conversa con tu comunidad y decide con convicción propia, no por presión ajena.
Sea que concluyas que el diezmo sigue vigente o que Dios te llama a dar de forma libre y proporcional, lo que permanece es un corazón agradecido que reconoce que todo lo que tienes vino primero de sus manos. Para seguir tirando del hilo: la ley de Moisés y la gracia y el retrato de la iglesia primitiva.



