
Publicado en agosto 3, 2025, última actualización en julio 2, 2026.
Cada domingo, millones de cristianos escuchan la palabra «diezmo» y sienten una mezcla de convicción, culpa o duda. Tal vez te hayas preguntado si de verdad estás obligado a entregar el diez por ciento de tus ingresos, o si eso quedó atrás con el Antiguo Testamento. Es una pregunta válida, y más común de lo que parece: mucha gente da porque le enseñaron que debe, pero pocas veces se detiene a preguntar si es obligatorio el diezmo o si se trata de otra cosa.
Quiero acompañarte a mirar esta pregunta con calma. Vamos a ver qué era el diezmo en la Biblia, por qué algunas iglesias lo enseñan como un mandato vigente y por qué otras lo entienden como una ofrenda voluntaria bajo la gracia. No vengo a decirte qué debes creer, sino a poner sobre la mesa lo que dicen las Escrituras y las distintas tradiciones cristianas, para que tú llegues a tu propia conclusión con la conciencia tranquila.
Veredicto Rápido
La Biblia manda dar con generosidad, pero no hay un solo versículo del Nuevo Testamento que ordene explícitamente al cristiano entregar el diez por ciento.
Por eso la respuesta depende de la perspectiva teológica: algunas iglesias enseñan el diezmo como un principio permanente que precede a la ley y sigue vigente; otras enseñan que el diezmo formaba parte del pacto con Israel y que hoy el creyente da de forma libre, alegre y proporcional a lo que tiene.
Ambas coinciden en algo esencial: el cristiano está llamado a sostener la obra de Dios y a los necesitados.
⚖️ Tema debatido: Existen perspectivas válidas y bien fundamentadas en diferentes tradiciones cristianas.
Puntos Clave
- El diezmo en el Antiguo Testamento no era dinero en un sobre, sino una porción de las cosechas y del ganado que sostenía a los levitas, el templo, las fiestas y a los pobres.
- En Israel existían varios diezmos a lo largo del año, por lo que el total entregado superaba el diez por ciento simple.
- El pasaje de Malaquías 3:8-10 es el argumento central de quienes defienden el diezmo, mientras que 2 Corintios 9:6-7 es el pilar de quienes hablan de dar voluntario.
- Jesús mencionó el diezmo en Mateo 23:23, pero lo hizo en un contexto dirigido a los fariseos bajo la ley, no como mandato a la iglesia.
- El Nuevo Testamento sí respalda el sostén económico de quienes enseñan la Palabra, y a la vez advierte contra usar el ministerio para lucrar.
- Ninguna de las dos posturas niega el llamado del cristiano a la generosidad; discrepan en si esa generosidad tiene una cifra fija obligatoria.
¿Qué es el diezmo y qué enseña la Biblia sobre él?
La palabra «diezmo» significa literalmente «la décima parte», y en la Biblia aparece mucho antes de la ley de Moisés. En Génesis 14:18-20, Abraham entrega a Melquisedec la décima parte del botín de una batalla; en Génesis 28:20-22, Jacob promete devolver a Dios el diezmo de todo lo que reciba. Son gestos personales y espontáneos, anteriores a cualquier ley escrita.
Me ayudó entender que, cuando el diezmo se convierte en norma dentro de la ley, no consiste en dinero. Según Levítico 27:30-32, el diezmo se tomaba de la semilla de la tierra, del fruto de los árboles y del ganado. Era una economía agrícola, y ese detalle cambia bastante cómo leemos el tema hoy.
El diezmo también involucraba más de una entrega. Entre el sostenimiento de la tribu de Leví, un diezmo ligado a las fiestas y otro reservado cada tres años para los más necesitados, muchos estudiosos sostienen que Israel entregaba en realidad varios diezmos, y que el total anual rondaba entre el veinte y el veintitrés por ciento. Más que una décima simple, era un sistema completo con destinos definidos.
¿Para qué se usaba el diezmo en la ley, y para qué sirve dar bajo la gracia?
El diezmo en la ley de Moisés no era un pago para obtener bendición, sino un sistema con funciones muy concretas. La Escritura describe al menos tres destinos distintos, y verlos juntos cambia la manera de entender el tema.
- El primero sostenía a la tribu de Leví. Según Números 18:21-24, los levitas no recibieron tierra propia porque su labor era el servicio del tabernáculo y la enseñanza de la ley; el diezmo era su sustento, algo parecido a lo que hoy permite que alguien se dedique de tiempo completo al ministerio.
- El segundo estaba ligado a la celebración. Deuteronomio 14:22-27 describe un diezmo que la familia llevaba al santuario para comer y alegrarse delante de Dios, más una fiesta de gratitud que una carga fría.
- El tercero tenía un fin claramente social. Deuteronomio 14:28-29 y Deuteronomio 26:12 mandaban que, cada tres años, el diezmo se guardara en las ciudades para el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda, es decir, para quienes no tenían con qué sostenerse. Me ayudó ver que buena parte del diezmo estaba pensada para proteger a los más vulnerables, no para enriquecer a nadie.
Bajo la gracia y el Pacto Nuevo, el Nuevo Testamento no fija un porcentaje, pero sí muestra para qué se usaba lo que daban los creyentes. Una parte sostenía a quienes enseñaban la Palabra (1 Corintios 9:11-14; Gálatas 6:6); otra atendía a los necesitados, como en la colecta que Pablo organizó para los cristianos pobres de Jerusalén (1 Corintios 16:1-4; 2 Corintios 8:1-4) y en el cuidado de las viudas dentro de la iglesia (Hechos 6:1-4; 1 Timoteo 5:3-16). Los fines de fondo, sostener la obra de Dios y cuidar a los desamparados, son los mismos que ya aparecían en la ley.
¿El diezmo es parte de la ley de Moisés o un principio permanente?
Buena parte del debate se resuelve al ubicar cada versículo dentro de su pacto. Quienes defienden que el diezmo sigue vigente subrayan que Abraham lo practicó siglos antes de la ley, y concluyen que se trata de un principio eterno que la ley solo reguló. Quienes piensan lo contrario responden que aquel gesto de Abraham fue único y voluntario, sobre un botín de guerra, y que como mandato el diezmo nace y vive dentro del sistema legal entregado a Israel.
Caí en cuenta de que el pasaje de Hebreos 7:1-10 suele citarse en las dos direcciones. Allí se recuerda que Abraham diezmó a Melquisedec, figura del sacerdocio de Cristo. Para unos, esto muestra que el diezmo trasciende la ley; para otros, el propósito del texto es exaltar el sacerdocio de Jesús por encima del levítico, no ordenar a la iglesia que entregue el diez por ciento.
El punto de fondo es cómo se relaciona el cristiano con la ley mosaica. Pasajes como los de Gálatas y Romanos enseñan que el creyente ya no está bajo la ley como sistema, sino bajo la gracia. De ahí surge la pregunta que divide las posturas: si el diezmo era una ordenanza de ese pacto, ¿sigue obligando hoy, o quedó cumplido en Cristo junto con el resto de la ley ceremonial? La respuesta a esa pregunta es la que separa las dos perspectivas que veremos a continuación.
Perspectiva 1: El diezmo sigue siendo un mandato para el cristiano
Quienes sostienen esta postura parten de que el diezmo antecede y trasciende la ley. Como Abraham y Jacob lo practicaron antes del Sinaí, lo entienden como un principio permanente de honrar a Dios con lo primero y lo mejor de lo que uno recibe. Quizás te sorprenda, como me pasó a mí, que este argumento no se apoye tanto en Moisés como en los patriarcas.
El texto central de esta perspectiva es Malaquías 3:8-10, donde Dios, a través del profeta, reprende a Israel por retener los diezmos y las ofrendas, y anuncia bendición para quien traiga el diezmo íntegro al alfolí. Quienes defienden el diezmo leen ahí un llamado a la fidelidad y, según su interpretación, una promesa de provisión que seguiría vigente para el creyente de hoy.
A esto se suma la mención de Jesús en Mateo 23:23, donde reprocha a los fariseos diezmar hierbas menudas mientras descuidan la justicia y la misericordia, y añade que debían hacer aquello sin dejar de hacer esto. Quienes defienden el diezmo leen ahí un respaldo directo de Jesús a la práctica.
En el plano histórico, tradiciones como los adventistas del séptimo día lo enseñan de manera sistemática, y numerosas iglesias pentecostales, bautistas y de corriente evangélica lo presentan como la norma para el sostenimiento de la obra. El argumento práctico es sencillo: una cifra clara ordena la generosidad y garantiza el mantenimiento del ministerio.
Perspectiva 2: El dar bajo la gracia, voluntario y proporcional
Esta postura no niega la generosidad; la coloca en el centro, pero sin una cifra impuesta. Su punto de partida es que el diezmo, como mandato, pertenecía al pacto con Israel y consistía en productos del campo dentro de una economía agraria, de modo que no aplica de forma automática al cristiano que vive bajo la gracia.
El texto clave aquí es 2 Corintios 9:6-7, donde Pablo enseña que cada uno debe dar según lo propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. Me llamó la atención que Pablo, teniendo delante la ocasión perfecta para exigir un diezmo, hable en cambio de una entrega libre y gozosa. En la misma línea, 1 Corintios 16:1-2 invita a apartar cada semana según se haya prosperado, un dar proporcional a lo que cada quien tiene.
Sobre el conocido pasaje de Malaquías, esta perspectiva recuerda que el profeta hablaba a Israel dentro de su pacto, y que la bendición anunciada tenía que ver con las cosechas y la restauración de la nación, no con una fórmula por la cual entregar dinero produzca riqueza personal. Por eso quienes sostienen el dar por gracia advierten contra leer ese texto como una garantía de retorno económico.
El modelo de la primera iglesia refuerza esta lectura. En Hechos 4:32-35, los creyentes compartían sus bienes según la necesidad de cada uno, muy por encima de un diez por ciento fijo en unos casos y de otro modo en otros.
Para esta perspectiva, el silencio del Nuevo Testamento respecto a un diezmo obligatorio no es un descuido, sino una señal de que la gracia mueve a dar desde el corazón y no desde un porcentaje. Muchos maestros de tradición reformada y evangélica que enseñan el «dar por gracia» sostienen esta posición, subrayando que un creyente agradecido a menudo dará más del diez por ciento, y otro con menos recursos dará lo que pueda sin condenación.
Las dos posturas, lado a lado
Antes de seguir, conviene ver las dos perspectivas juntas para captar en qué coinciden y en qué se separan. Ambas honran la generosidad; su diferencia está en si existe una obligación fija.
| Aspecto | Perspectiva 1: Diezmo vigente | Perspectiva 2: Dar por gracia |
|---|---|---|
| Base principal | Precede a la ley (Abraham, Jacob); Malaquías 3 | Dar voluntario del Nuevo Testamento (2 Corintios 9) |
| ¿Cifra obligatoria? | Sí, el diez por ciento como mínimo | No, cada uno según su corazón y prosperidad |
| Lectura de Mateo 23:23 | Jesús respalda el diezmo | Jesús habla a fariseos bajo la ley |
| El diezmo mosaico | Principio eterno regulado por la ley | Ordenanza del pacto con Israel |
| Motivación | Fidelidad y obediencia | Gratitud y libertad |
| Riesgo que señalan | La falta de orden y compromiso | El legalismo y la culpa |
Ninguna de las dos columnas defiende la tacañería ni la indiferencia. La discusión, en el fondo, no es entre dar y no dar, sino entre una cifra mandada y una entrega libre.
¿Es correcto que los pastores vivan del diezmo?
Esta es una de las preguntas más sensibles del tema, y la Biblia habla de ella en dos direcciones que conviene mantener juntas. Por un lado, el Nuevo Testamento respalda con claridad que quien se dedica de tiempo completo a enseñar la Palabra sea sostenido por la comunidad. En 1 Corintios 9:11-14, Pablo argumenta que quien siembra lo espiritual bien puede recibir lo material; en 1 Timoteo 5:17-18 se pide honra doble para los ancianos que gobiernan bien, y en Gálatas 6:6 se anima a compartir toda cosa buena con quien enseña. Sostener económicamente a los ministros tiene, por tanto, fundamento bíblico.
Por otro lado, la misma Escritura levanta guardas contra el abuso. En 1 Timoteo 6:5-10 se advierte contra quienes toman la piedad como fuente de ganancia, y en 1 Pedro 5:2 se pide pastorear el rebaño no por ganancia deshonesta, sino de buena voluntad. De ahí que muchos creyentes vean con preocupación el uso del diezmo cuando se acompaña de promesas de riqueza, presión emocional o falta de transparencia en las cuentas.
Reflexionando sobre esto, comprendí que la Biblia sostiene ambas cosas al mismo tiempo: es justo honrar y proveer a quien dedica su vida a enseñar, y a la vez es sano cuidarse de quien convierte el ministerio en un negocio personal.
Las dos perspectivas sobre el diezmo aceptan este equilibrio; lo que cambia es el mecanismo, ya sea un diezmo estructurado o una ofrenda libre. La pregunta útil no suele ser si el pastor recibe sostén, sino si ese sostén es razonable, transparente y libre de manipulación.
¿Qué cambia en tu fe según la respuesta?
Saber si es obligatorio el diezmo no es un debate abstracto: toca directamente tu bolsillo, tu conciencia y tu manera de relacionarte con Dios y con tu iglesia. Cualquiera que sea la postura que abraces, hay reflexiones prácticas que pueden ayudarte a vivir este tema con paz y no con culpa.
- Examina tu corazón antes que el porcentaje. Tanto si das el diez por ciento como si das otra cantidad, la pregunta de fondo es con qué actitud lo haces. La generosidad alegre honra a Dios más que una cifra entregada a regañadientes.
- Da con libertad, no con miedo. Si alguna enseñanza te presenta el dar como una condición para recibir bendición material o para evitar una maldición, contrástala con calma con el conjunto de las Escrituras antes de aceptarla.
- Sé fiel según tu contexto. Una familia con holgura y otra que apenas cubre lo básico no dan igual, y ninguna de las dos perspectivas te pide que descuides a los tuyos para cumplir una cuota.
- Pregunta por la transparencia. Sostener a tu iglesia y a tus pastores es bíblico; también lo es esperar que ese dinero se administre con claridad y para el bien común.
- Deja que tu conclusión sea tuya. Lee los pasajes por tu cuenta, ora, conversa con tu comunidad y decide con convicción propia, no por presión ajena.
Te invito a que tomes esta pregunta como una oportunidad para crecer y no como una carga. Sea que concluyas que el diezmo sigue vigente o que Dios te llama a dar de forma libre y proporcional, lo que permanece es un corazón agradecido que reconoce que todo lo que tienes vino primero de sus manos.






