
Publicado en septiembre 3, 2025, última actualización en agosto 10, 2026.
A menos de una hora a pie de Jerusalén había una aldea diminuta donde Jesús se sentía en casa. No era un centro religioso ni una ciudad importante, sino un puñado de casas en la ladera del Monte de los Olivos.
Allí ocurrió uno de sus milagros más impresionantes, allí lloró ante la tumba de un amigo y allí encontró, una y otra vez, la hospitalidad de una familia que lo quería.
Saber dónde estaba Betania en la Biblia ayuda a entender un lado más humano de Jesús: el del amigo que necesitaba descanso, mesa y afecto. Este retrato recorre la ubicación de la aldea, la familia de Lázaro, Marta y María, la resurrección que la hizo famosa, la unción que anticipó la muerte de Jesús y qué queda hoy de aquel lugar.
Retrato Rápido
Betania fue una pequeña aldea situada en la ladera oriental del Monte de los Olivos, a unos tres kilómetros de Jerusalén. Era el hogar de Lázaro, Marta y María, amigos cercanos de Jesús, y el lugar donde él resucitó a Lázaro y recibió la unción con un perfume costoso poco antes de su muerte.
✅ Datos firmes: La Biblia y la tradición ofrecen un retrato claro. La ubicación de Betania cerca de Jerusalén, su vínculo con la familia de Lázaro y su identificación con la actual al-Eizariya están bien documentados.
Puntos Clave
Estos son los aspectos esenciales de Betania dentro de la historia bíblica:
- Aldea cercana a Jerusalén: Estaba a unos tres kilómetros de la ciudad, en la ladera del Monte de los Olivos, en el camino hacia Jericó.
- Hogar de una familia amiga: Era la casa de Lázaro, Marta y María, donde Jesús encontraba hospitalidad y descanso.
- Escenario de un gran milagro: Allí Jesús resucitó a Lázaro cuatro días después de su muerte, una de sus señales más impresionantes.
- Lugar de la unción: En Betania, María ungió a Jesús con un perfume de gran valor, gesto que él interpretó como anticipo de su sepultura.
- Refugio durante la Pasión: Jesús se alojó en Betania en los días previos a su muerte, retirándose allí por las noches.
- Ubicación actual identificada: Corresponde a al-Eizariya, cuyo nombre árabe significa «lugar de Lázaro», en la actual Cisjordania.
¿Dónde estaba Betania y qué significaba su nombre?
Betania se encontraba a unos tres kilómetros de Jerusalén, en la vertiente sureste del Monte de los Olivos, junto al camino que descendía hacia Jericó. Esa cercanía la convertía en un lugar de paso natural para quien subía a la capital, y explica por qué Jesús podía alojarse allí y acudir a Jerusalén durante el día. Los cuatro evangelios la mencionan, lo que da idea de su importancia en la vida de Jesús pese a su tamaño modesto.
El nombre suele relacionarse con expresiones arameas como «casa de los pobres» o «casa de los dátiles», coherentes con una aldea agrícola sencilla, de casas de piedra, cisternas y prensas de aceite. No era un lugar de poder ni de riqueza, sino de vida cotidiana y trabajo.
Conviene aclarar un punto que suele confundir. En los evangelios aparece también otra Betania, «Betania al otro lado del Jordán», asociada al lugar donde Juan bautizaba, según Juan 1:28. Se trata de un sitio distinto, situado junto al río Jordán y lejos de Jerusalén, que hoy se identifica con la zona de Al-Maghtas, en Jordania.
La Betania de Lázaro, Marta y María es la aldea cercana a Jerusalén, y es la protagonista de este retrato.
¿Quiénes eran Lázaro, Marta y María?
Lázaro, Marta y María eran tres hermanos que vivían juntos en Betania y formaban parte del círculo más íntimo de Jesús. Los evangelios dejan claro el afecto que existía entre ellos: cuando Lázaro enfermó, sus hermanas mandaron avisar a Jesús con estas palabras: «Señor, el que amas está enfermo», según Juan 11:3.
Marta suele aparecer como la que se ocupa del servicio y la hospitalidad práctica. En un episodio muy conocido, se afana en atender a Jesús mientras su hermana María se sienta a escuchar sus palabras; cuando Marta se queja, Jesús responde que María «ha escogido la buena parte», según Lucas 10:38-42.
El relato no desprecia el servicio de Marta, sino que recuerda que también hace falta detenerse a escuchar. Es la misma Marta que, ante la muerte de su hermano, hará una de las confesiones de fe más firmes del evangelio.
María, por su parte, es recordada por su devoción intensa, expresada en el gesto de ungir a Jesús. Y Lázaro, del que no se registran palabras, es el amigo cuya enfermedad y muerte darán lugar al milagro que hizo famosa a la aldea. Juntos, los tres hermanos representan un hogar donde Jesús era acogido con confianza y cariño.
¿Qué pasó en la resurrección de Lázaro?
La resurrección de Lázaro es el episodio que más se asocia con Betania, y uno de los relatos más intensos de los evangelios. Cuando Lázaro enfermó gravemente, sus hermanas avisaron a Jesús, pero él llegó cuando ya llevaba cuatro días sepultado. El detalle de los cuatro días es importante: dejaba claro que no se trataba de un desmayo ni de una muerte aparente.
El relato subraya la humanidad de Jesús. Ante la tumba y el dolor de las hermanas, «Jesús lloró», en el que es el versículo más corto de la Biblia, según Juan 11:35. No llegó indiferente, sino conmovido por la pérdida de su amigo. Antes, Marta le había salido al encuentro y, pese a su dolor, había confesado: «Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios», según Juan 11:27.
Entonces Jesús ordenó retirar la piedra y, con voz fuerte, llamó a Lázaro por su nombre. El muerto salió del sepulcro, aún envuelto en las vendas, y Jesús mandó desatarlo, según Juan 11:38-44. El milagro, ocurrido tan cerca de Jerusalén y ante numerosos testigos, tuvo enormes consecuencias: muchos creyeron, pero también precipitó la decisión de las autoridades de acabar con Jesús.
¿Qué fue la unción de Jesús en Betania?
Poco antes de su última entrada en Jerusalén, Jesús estaba de nuevo en Betania, en una cena en la que también se encontraba Lázaro. Allí María tomó un perfume de nardo puro, de gran valor —los evangelios lo cifran en unos trescientos denarios, casi el salario de un año—, y lo derramó sobre Jesús, llenando la casa de su fragancia.
El gesto provocó críticas: algunos protestaron por el desperdicio, alegando que ese dinero podría haberse dado a los pobres. Jesús salió en defensa de la mujer y dio a su acción un sentido profundo: «Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto», según Juan 12:1-8. La unción, que en otros contextos honraba a un rey o preparaba un cuerpo para el entierro, anticipaba así la muerte cercana de Jesús.
El episodio contrapone dos actitudes: el cálculo frío que solo ve el precio y la entrega generosa que no mide el amor. En Betania, una vez más, Jesús valida el afecto expresado sin reservas.
¿Dónde está Betania hoy?
La antigua Betania se identifica hoy con la localidad de al-Eizariya, en Cisjordania, en la misma ladera oriental del Monte de los Olivos, a poca distancia de Jerusalén. El propio nombre árabe, al-Azariyeh, significa «lugar de Lázaro», una huella lingüística directa del episodio que hizo célebre a la aldea. Lo que en tiempos de Jesús era un pequeño caserío es hoy una población de más de veinte mil habitantes.
El lugar más visitado es la tradicional tumba de Lázaro, a la que se accede bajando unos escalones excavados en la roca hasta unas cámaras subterráneas. Es destino de peregrinación tanto para cristianos como para musulmanes, que también veneran la figura de Lázaro. Junto a ella se levanta la iglesia franciscana de San Lázaro, construida a mediados del siglo XX sobre los restos de templos más antiguos, de época bizantina y medieval, que a su vez se asentaban sobre estructuras del primer siglo.
Las excavaciones han sacado a la luz casas, cisternas y prensas de aceite que confirman una ocupación continua del lugar desde tiempos antiguos. Aunque el paisaje ha cambiado mucho, el emplazamiento conserva la memoria de aquella aldea donde Jesús encontró amistad y descanso.
¿Qué nos enseña hoy la historia de Betania?
Betania fue, ante todo, un lugar de amistad y de esperanza frente a la muerte. Esa doble marca deja lecciones que siguen tocando la vida de fe hoy. Estas son algunas reflexiones que su retrato deja para ti.
Primero, la hospitalidad es un ministerio. En una casa sencilla de Betania, Jesús encontró mesa, descanso y afecto. Abrir tu hogar y tu tiempo a otros, sin grandes recursos, puede ser uno de los gestos más valiosos que ofrezcas; Marta y María lo demostraron.
Segundo, Jesús no es ajeno al dolor. Ante la tumba de su amigo, lloró. Cuando atravieses una pérdida, la escena de Betania recuerda que la fe no exige fingir que no duele; Dios se acerca al llanto, no lo desprecia.
Tercero, hay esperanza incluso cuando parece demasiado tarde. Lázaro llevaba cuatro días muerto, y aun así la historia no había terminado. Frente a situaciones que das por perdidas, el relato invita a no cerrar la puerta antes de tiempo.
Cuarto, el amor generoso vale la pena. María «desperdició» un perfume carísimo para honrar a Jesús, y él defendió su gesto. Entender dónde estaba Betania en la Biblia y lo que allí ocurrió anima a expresar el afecto y la devoción sin calcularlo todo, porque hay entregas que no se miden en dinero, sino en amor.






