
Publicado en agosto 27, 2025, última actualización en julio 8, 2026.
Los Evangelios repiten un dato sobre Mateo que a primera vista parece un detalle menor: era cobrador de impuestos. Sin embargo, en la Palestina del siglo I esa palabra cargaba un peso enorme.
Durante mucho tiempo me pregunté por qué los escritores insistían tanto en su oficio, hasta que aprendí que la clave está en entender por qué despreciaban a Mateo por ser cobrador de impuestos en su contexto. No se trataba de un trabajo simplemente incómodo, sino de una ocupación asociada a la colaboración con el poder extranjero, al contacto con lo pagano y a la sospecha permanente de abuso.
En este artículo te comparto lo que aprendí sobre ese trasfondo, con sus matices y también con los debates que existen entre los estudiosos.
Veredicto Rápido
A Mateo lo despreciaban porque su oficio lo colocaba, a ojos de muchos judíos, del lado del poder que los gravaba: recaudaba peajes y aranceles dentro de un sistema visto como abusivo, tenía contacto constante con monedas y personas consideradas impuras, y su profesión ofrecía amplias oportunidades para cobrar de más.
Ese rechazo está bien documentado, aunque conviene añadir un matiz: algunos estudiosos actuales sostienen que el odio hacia los cobradores no fue tan universal ni tan intenso como suele contarse.
✅ Respuesta clara: las razones del desprecio están bien atestiguadas, con un debate abierto sobre la intensidad real de ese rechazo.
Puntos Clave
- Los cobradores de impuestos del Evangelio eran, en su mayoría, recaudadores locales (telones) de peajes y aranceles, no los ricos contratistas romanos (publicani).
- En Galilea, los impuestos que recaudaba alguien como Mateo iban a Herodes Antipas, un gobernante judío cliente de Roma, no directamente al emperador.
- El sistema permitía cobrar más de lo debido, lo que alimentaba la fama de corrupción y abuso.
- El contacto con monedas paganas y con extranjeros hacía que se les viera como ceremonialmente impuros.
- Los fariseos los consideraban lo opuesto a su ideal de pureza religiosa y nacional.
- Existe un debate académico sobre si el rechazo fue tan generalizado como afirma la imagen tradicional.
¿Qué era exactamente un cobrador de impuestos en tiempos de Jesús?
En el mundo romano existían dos figuras muy distintas que a menudo se confunden.
Por un lado estaban los publicani: hombres adinerados, con frecuencia de la clase ecuestre y muchas veces no judíos, que compraban en subasta el derecho a recaudar los impuestos indirectos de un territorio y luego intentaban sacar de la población más de lo que habían pagado al Estado.
Por otro lado estaban los telones, término griego que usan los Evangelios: los recaudadores locales que hacían el trabajo directo de cobrar peajes y aranceles.
Mateo pertenecía a este segundo grupo. Aprendí que probablemente trabajaba en el puesto aduanero de Capernaúm, situado sobre la ruta comercial conocida como Vía del Mar (Via Maris), donde se cobraban tasas al paso de mercancías. Mateo 9:9 lo describe «sentado al banco de los tributos públicos», una imagen que encaja con la de un funcionario de aduana más que con la de un gran contratista.
Hay un matiz que me llamó la atención y que la versión más difundida de la historia suele pasar por alto: en Galilea los impuestos no se recaudaban «para Roma» de forma directa, sino para Herodes Antipas, el gobernante judío que administraba esa región como cliente del imperio.
Zaqueo, en cambio, que aparece en Lucas 19:1-10 como «jefe de los publicanos» en Jericó, sí podría haber estado dentro de la jerarquía romana, porque Judea era provincia imperial. Esta distinción, señalada entre otros por el estudioso Guido Baltes en Jerusalem Perspective, ayuda a leer los relatos con más precisión.
¿Por qué se despreciaba tanto esta profesión?
El rechazo hacia los cobradores no dependía de una sola causa, sino de varias que se sumaban. Comprender esa combinación explica por qué su oficio despertaba tanta antipatía.
La primera razón era económica y moral. El sistema de recaudación por contrata permitía cobrar por encima de lo estipulado, y todo lo recaudado de más quedaba como ganancia. No siempre había mecanismos claros para apelar, de modo que la profesión ofrecía una tentación permanente al abuso. Incluso Juan el Bautista, al hablar con recaudadores, les pidió algo muy concreto: no exigir más de lo fijado (Lucas 3:12-13), lo que da a entender que esa práctica existía.
La segunda razón era religiosa y ceremonial. Los cobradores manejaban a diario monedas con imágenes imperiales y tenían trato frecuente con extranjeros, algo que muchos consideraban fuente de impureza ritual. Según diversas fuentes rabínicas, se les llegó a excluir de ciertos ámbitos comunitarios e incluso a rechazar su testimonio en tribunales. Conviene señalar, para ser honesto con las fuentes, que buena parte de esa evidencia rabínica es posterior al siglo I, por lo que los historiadores discuten hasta qué punto refleja con exactitud la época de Jesús.
La tercera razón era social y nacional. En un pueblo que anhelaba libertad frente al dominio extranjero, cobrar los tributos que sostenían ese dominio se percibía como ponerse del lado equivocado. Por eso los Evangelios agrupan una y otra vez a «publicanos y pecadores» (Mateo 9:10-11) como categoría de personas marginadas por la sociedad religiosa.
¿Por qué los fariseos rechazaban a los publicanos?
Los fariseos representaban un ideal de fidelidad a la ley y de pureza que chocaba de frente con la figura del cobrador. La parábola del fariseo y el publicano, en Lucas 18:9-14, condensa esa tensión: el fariseo agradece no ser «como este publicano», mientras el cobrador apenas se atreve a levantar la mirada.
Buena parte de los fariseos había dedicado su vida a preservar la identidad religiosa del pueblo bajo la presión extranjera. Cuidaban las tradiciones, las normas de pureza y la separación respecto de todo lo que consideraban contaminante. Desde ese marco, un judío que manejaba dinero pagano y colaboraba con el sistema fiscal encarnaba justo lo contrario de aquello por lo que ellos luchaban.
Me ayudó entender que el conflicto no era solo una cuestión de dinero, sino de visiones opuestas sobre cómo ser fiel a Dios en tiempos de ocupación. Para el fariseo, la fidelidad pasaba por la separación; el cobrador, en cambio, vivía inmerso en las transacciones del mundo que ellos querían mantener a distancia.
¿De verdad todos los judíos odiaban a los cobradores?
La imagen del cobrador universalmente odiado y expulsado de la comunidad es tan común que casi nunca se cuestiona. Sin embargo, aquí es donde aparece un debate interesante entre los estudiosos, y creo que vale la pena presentártelo para que saques tus propias conclusiones.
Perspectiva tradicional. Sostiene que los cobradores eran despreciados de forma amplia y profunda: vistos como traidores, tratados como impuros, excluidos de la vida religiosa y equiparados a los pecadores públicos. Esta lectura se apoya en los propios Evangelios, que muestran a Jesús criticado por comer con «publicanos y pecadores» (Mateo 11:19), y en las restricciones legales recogidas en fuentes judías posteriores. Es la imagen que ha predominado en la predicación cristiana durante siglos.
Perspectiva de revisión académica. Estudiosos como Guido Baltes, en el artículo citado de Jerusalem Perspective, plantean que ese odio quizá se ha exagerado. Argumentan que ni el Nuevo Testamento ni las fuentes rabínicas describen un rechazo tan absoluto, que las fuentes grecorromanas son en realidad más hostiles hacia esta profesión que las judías, y que algunos relatos judíos presentan a cobradores bien integrados en su comunidad. Según esta línea, parte del estereotipo se habría reforzado con el tiempo por motivos ajenos a los textos originales.
La siguiente tabla resume las dos posturas:
| Aspecto | Perspectiva tradicional | Revisión académica |
|---|---|---|
| Grado de rechazo | Amplio y muy intenso | Real, pero probablemente exagerado |
| Base principal | Evangelios y fuentes rabínicas | Relectura de las mismas fuentes con matices |
| Fuentes más hostiles | Las judías | Las grecorromanas |
| Imagen del cobrador | Traidor excluido | A veces integrado en su comunidad |
Ambas lecturas coinciden en algo básico: la profesión estaba mal vista y generaba sospecha. La diferencia está en cuán generalizado y absoluto fue ese rechazo. Te dejo las dos para que tú valores cuál te parece mejor sostenida.
¿Quién era Mateo y qué hizo Jesús al llamarlo?
Sobre las motivaciones personales de Mateo, los Evangelios guardan silencio. Lo que sí muestran, en Mateo 9:9-13, es la escena de su llamado: Jesús pasa junto al puesto de tributos, lo ve, le dice «Sígueme», y Mateo se levanta y lo sigue.
Lo que me llamó la atención de este relato es que Jesús no le exigió primero un período de prueba ni le pidió que se «limpiara» antes de llamarlo. El llamado llega en medio de su oficio, sin condiciones previas. En el mismo pasaje, cuando lo critican por juntarse con esta clase de personas, Jesús responde con una frase que resume su acercamiento: no vino a llamar a justos, sino a pecadores, y los que están sanos no necesitan médico.
Esa elección tuvo una carga simbólica evidente. Incorporar a un cobrador al grupo cercano de discípulos era una declaración: el mensaje que Jesús anunciaba alcanzaba precisamente a quienes la sociedad religiosa daba por perdidos. La tradición cristiana identifica además a este Mateo con el autor del primer Evangelio, aunque conviene saber que la autoría también es objeto de discusión entre los especialistas.
El banquete en casa de Mateo
Después de seguir a Jesús, Mateo hizo algo que dice mucho de su respuesta. Según Lucas 5:29, ofreció un gran banquete en su casa e invitó a muchos otros cobradores y a gente marginada por la sociedad religiosa.
El gesto tiene un doble sentido. Por un lado, es una celebración: alguien que ha encontrado un rumbo nuevo comparte su alegría. Por otro, es un puente: Mateo usa su casa y sus contactos para poner a otras personas rechazadas en el mismo camino que él acababa de tomar. En lugar de esconder su pasado o cortar de golpe con su entorno, lo convierte en un lugar de encuentro.
Esa mesa compartida se volvió, además, el escenario de la crítica que ya mencionamos: los que observaban desde fuera no entendían por qué un maestro se sentaba a comer con semejante compañía. La respuesta de Jesús a esa crítica es, en el fondo, la clave de toda la historia de Mateo.
¿Qué cambia en tu fe según la respuesta?
Entender por qué despreciaban a Mateo por ser cobrador de impuestos no es solo un ejercicio de contexto histórico; toca preguntas que siguen vigentes. Te comparto algunas reflexiones para que las lleves a tu propia vida, sin que yo te empuje hacia ninguna conclusión.
Revisar a quién ubicamos «fuera». La historia invita a preguntarte qué personas, oficios o pasados consideras demasiado lejos de la gracia. El relato no te dice qué pensar, pero sí pone sobre la mesa la incomodidad de un llamado que ignora esas fronteras.
Mirar el peso del contexto. Saber que Mateo recaudaba para Herodes Antipas, y no directamente para Roma, o que quizá el odio hacia su oficio se ha exagerado, muestra lo fácil que es repetir una versión simplificada. Tal vez te sirva, como a mí, para acercarte a los textos con más cuidado y menos automatismos.
Sostener el diálogo entre perspectivas. Que existan una lectura tradicional y una revisión académica no debilita la historia; la enriquece. Puedes valorar los argumentos de cada una y decidir por ti mismo, sin necesidad de que una anule a la otra.
Pensar en el pasado como material, no como sentencia. El banquete de Mateo sugiere que una experiencia difícil puede convertirse en punto de encuentro para otros. Queda a tu criterio si esa idea resuena con algo de tu propia historia.
Prestar atención a la mesa compartida. El detalle de la comida en casa de Mateo abre una pregunta sencilla y concreta: quién se sienta a tu mesa, y quién no, y por qué. A veces las decisiones grandes de la fe empiezan en gestos así de cotidianos.
Cada lector llega a esta pregunta con su propia historia. Mi intención al compartir lo que aprendí no es cerrar el tema, sino dejarte con mejores herramientas para leer los Evangelios y sacar tus propias conclusiones sobre lo que significó, entonces y ahora, aquel hombre sentado al banco de los tributos.






