
Publicado en julio 11, 2025, última actualización en julio 10, 2026.
Lucas es el único autor del Nuevo Testamento que no era judío, y también el que escribió más páginas: su Evangelio y el libro de los Hechos son, juntos, la obra más extensa del Nuevo Testamento.
Conocer quién fue Lucas el evangelista es acercarse a un médico culto que se propuso ordenar el relato de Jesús con cuidado de historiador. No voy a contar aquí toda su vida, sino a mirar al autor: quién era, cómo reunió su material, para quién escribió y qué hace inconfundible su retrato de Jesús.
Su vida como persona la desarrollo en su biografía entre los personajes bíblicos; el contenido de su obra lo recorro en El Evangelio de Lucas. Este artículo se queda en el ángulo del escritor.
Retrato Rápido
Lucas el evangelista es el nombre con que la tradición identifica al autor del tercer Evangelio y del libro de los Hechos de los Apóstoles.
La tradición antigua lo presenta como médico, compañero de viaje del apóstol Pablo y hombre de origen gentil, lo que lo convierte en el único escritor no judío del Nuevo Testamento. Su obra destaca por un griego elegante, un método ordenado y una mirada especial hacia los pobres, los extranjeros y los excluidos.
⚖️ Algunos puntos debatidos: su oficio de médico y su cercanía a Pablo son muy aceptados, pero la fecha exacta y algunos rasgos de su identidad son detalles sobre los que las fuentes no coinciden.
Puntos Clave
- Lucas escribió dos libros unidos, su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, concebidos como una sola obra en dos tomos.
- La tradición lo presenta como médico y compañero de Pablo, y Pablo mismo lo llama «el médico amado».
- Fue probablemente de origen gentil, el único autor no judío del Nuevo Testamento.
- Se escribió hacia los años 80 a 90, dirigido a un mundo de cultura grecorromana representado por su destinatario, Teófilo.
- Su estilo es el más cuidado y literario de los cuatro evangelios, con un prólogo formal al modo de los historiadores antiguos.
- Su símbolo tradicional es el toro o buey, animal de sacrificio, porque su Evangelio abre en el Templo.
¿Quién fue Lucas y por qué se le atribuye el tercer Evangelio?
Lucas apenas aparece en el Nuevo Testamento, y siempre de pasada. Pablo lo menciona junto a otros colaboradores y lo llama «el médico amado» (Colosenses 4:14). Esa es su vida; lo que aquí importa es cómo su nombre quedó unido al tercer Evangelio.
El dato de su oficio ilumina el texto: un médico de la época era un hombre instruido, acostumbrado a observar con atención y a ordenar lo que veía, y ese cuidado se nota en cada página de su obra.
La atribución a Lucas es antigua y bastante firme. Un indicio interno la respalda: en varios tramos del libro de los Hechos el relato pasa a la primera persona del plural, las llamadas «secciones nosotros», como si el autor hubiera acompañado en persona a Pablo en esos viajes. Sobre esa base, la tradición cristiana lo identificó pronto como el autor de los dos tomos.
El punto que algunos estudiosos discuten no es tanto el nombre como la cercanía. Una parte de los estudiosos actuales duda de que el autor fuera realmente compañero de Pablo, porque el retrato del apóstol en Hechos no siempre coincide con el de sus cartas.
Otra parte sostiene que las «secciones nosotros» son la huella de un testigo real. Las fuentes no cierran el debate, y aquí lo presento sin inclinar la balanza. Un resumen puede verse en la Wikipedia en español sobre Lucas el Evangelista.
¿Cómo reunió Lucas su material y para quién escribió?
El propio Lucas explica su método en las primeras líneas del Evangelio, algo que ningún otro evangelista hace. Dice que muchos habían intentado narrar los hechos y que él, tras seguirlo todo de cerca desde el principio, se propuso escribir «por orden» un relato bien fundado (Lucas 1:3). Me llamó la atención ese prólogo: suena a historiador antiguo que rinde cuentas de su trabajo antes de empezar.
Ese relato va dedicado a un tal Teófilo, un nombre que significa «amigo de Dios». Sea un personaje concreto de posición acomodada o un lector ideal, la dedicatoria sitúa la obra en el mundo grecorromano, para un público de cultura no judía. Se explica así que Lucas cuide tanto el griego, sitúe los hechos en el marco de la historia del imperio y se detenga a presentar a Jesús como salvador de todos los pueblos, no solo de Israel.
En cuanto a las fuentes, Lucas trabajó de forma parecida a Mateo: tomó como base el Evangelio de Marcos, compartió con Mateo una colección de dichos de Jesús y añadió abundante material propio. A ese material exclusivo se deben algunas de las páginas más queridas del Nuevo Testamento, como las parábolas del buen samaritano y del hijo pródigo, que solo él conserva.
¿Qué hace único el retrato de Jesús en Lucas?
Cada evangelista eligió qué resaltar, y Lucas se decidió por la misericordia. Su Jesús es el amigo de los pecadores, el que se acerca a los pobres, a los enfermos, a los samaritanos despreciados y a las mujeres, que en este Evangelio tienen una presencia mayor que en los otros. La frase que resume su mirada es la del propio Jesús: «el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido».
Reflexionando sobre esto, noté que temas muy propios de Lucas se repiten como hilos a lo largo del libro: la oración de Jesús en los momentos clave, la acción del Espíritu Santo, la alegría que estalla cuando alguien se convierte, y una preocupación constante por quienes la sociedad dejaba fuera. No es casualidad que su segundo tomo, los Hechos, cuente precisamente cómo ese mensaje de salvación salta las fronteras de Israel y llega hasta Roma.
Ese acento universal es quizá su aporte más característico. Mientras Mateo enraíza a Jesús en la historia de Israel, Lucas remonta su genealogía hasta Adán, el padre de toda la humanidad, dejando claro desde el principio que la buena noticia es para todos.
¿Por qué el símbolo de Lucas es el toro?
En el conjunto llamado tetramorfos —las cuatro figuras que la tradición asocia a los evangelistas— a Lucas le corresponde el toro o buey. La razón es concreta y bonita: su Evangelio abre en el Templo de Jerusalén, con el sacerdote Zacarías ofreciendo el incienso, y el buey era el animal de sacrificio por excelencia.
La imagen subraya el carácter sacrificial del ministerio de Jesús, que Lucas presenta como entrega por la salvación de todos. A Mateo le tocó el hombre alado, a Marcos el león y a Juan el águila.
Sobre el final del propio Lucas, las fuentes ofrecen versiones distintas. Una tradición lo describe viviendo hasta edad avanzada en Grecia y muriendo sin martirio; otras hablan de una muerte de mártir. Como el dato está genuinamente debatido y ninguna versión se impone, lo honesto es dejar constancia de ambas sin decidir por el lector.
¿Qué puedo aprender hoy de Lucas el evangelista?
Acercarse a quién fue Lucas el evangelista deja algo más que datos históricos; deja un modo de mirar y de creer que sigue interpelando. Estas son algunas ideas prácticas para llevarte.
Cuidar la verdad con esmero. Lucas se tomó el trabajo de ordenar y fundar bien su relato antes de escribir. En una época de mensajes rápidos y sin comprobar, su ejemplo invita a apreciar la fe que se apoya en la verdad y a no conformarse con rumores.
Ver a los que otros no ven. Su Evangelio pone en el centro a los pobres, los enfermos y los excluidos. Puedes hacer tuyo ese mismo enfoque en tu vida diaria, prestando atención a las personas que suelen quedar en los márgenes.
Confiar en un Dios de misericordia. La parábola del hijo pródigo, que solo Lucas conserva, muestra a un Padre que corre a abrazar al que vuelve. Es una invitación a no dudar del perdón de Dios cuando eres tú quien necesita regresar.
Vivir la fe con alegría. En Lucas, cada encuentro con la salvación termina en gozo. Su testimonio anima a que tu vida cristiana no sea una carga solemne, sino una buena noticia que se celebra.
Si quieres seguir el recorrido, puedes pasar de este retrato del autor al contenido de su obra en El Evangelio de Lucas, o conocer a los otros tres escritores en los artículos sobre Mateo, Marcos y Juan el evangelista.






