
Publicado en julio 9, 2025, última actualización en julio 10, 2026.
De los cuatro evangelistas, Marcos escribió el libro más corto y, según la mayoría de los estudiosos, también el más antiguo.
Conocer quién fue Marcos el evangelista es acercarse al hombre que dio forma escrita, por primera vez, al relato de Jesús que hoy leemos en cuatro versiones. No pretendo aquí contar su vida entera, sino mirar al autor: de dónde salió su información, cuándo y para quién escribió, y qué hace tan reconocible su manera de narrar.
Su vida como persona la desarrollo en su biografía entre los personajes bíblicos; el contenido de su obra, escena por escena, lo recorro en El Evangelio de Marcos. Este artículo se queda en el ángulo del escritor.
Retrato Rápido
Marcos el evangelista es el nombre con que la tradición identifica al autor del segundo Evangelio del Nuevo Testamento, un texto breve y ágil escrito para lectores no judíos, probablemente en Roma. La tradición antigua lo presenta como intérprete del apóstol Pedro, cuya predicación habría quedado detrás del relato. El libro es anónimo, pero la atribución a Marcos es una de las más firmes y tempranas entre los cuatro evangelios.
⚖️ Algunos puntos debatidos: la conexión con Pedro y el lugar de composición son muy aceptados, pero la fecha exacta y el final del propio Marcos son detalles sobre los que las fuentes no coinciden.
Puntos Clave
- El Evangelio de Marcos suele considerarse el más antiguo de los cuatro, la fuente narrativa que después usaron Mateo y Lucas.
- La tradición lo vincula a Pedro: Marcos habría puesto por escrito los recuerdos de la predicación del apóstol, no un relato propio de testigo ocular.
- Se escribió probablemente entre los años 65 y 70, en torno a la persecución de Nerón y la destrucción del Templo de Jerusalén.
- Su destinatario fue una comunidad de origen no judío, seguramente en Roma, a la que Marcos explica costumbres judías y traduce términos arameos.
- Su estilo es rápido y directo, marcado por la palabra «enseguida» y por un ritmo que da sensación de estar presenciando los hechos.
- Su símbolo tradicional es el león, porque su Evangelio arranca con una voz que clama en el desierto.
¿Quién fue Marcos y por qué se le atribuye el segundo Evangelio?
El Nuevo Testamento presenta a un tal Juan, apodado Marcos, cuya madre tenía una casa en Jerusalén donde se reunían los primeros creyentes (Hechos 12:12). Acompañó a Pablo y a Bernabé en el trabajo misionero y, más tarde, la tradición lo sitúa junto a Pedro en Roma. Esa es su vida; lo que aquí importa es cómo su nombre quedó unido al primer relato escrito sobre Jesús.
La atribución se apoya, otra vez, en Papías de Hierápolis, cuya frase conservó Eusebio: Marcos, «intérprete de Pedro, escribió con exactitud, aunque no en orden, cuanto recordaba de lo dicho y hecho por el Señor». Leyendo con calma esa cita, me ayudó entender un rasgo del libro: si detrás está la predicación oral de Pedro, se explica que el Evangelio suene a testimonio hablado, a recuerdos vivos más que a una crónica ordenada.
La autoría de Marcos es de las menos discutidas entre los cuatro evangelios. A diferencia de otros casos, aquí la tradición no ganaba prestigio inventando un autor: Marcos no fue apóstol ni figura de primer plano, así que atribuirle el texto solo tiene sentido si de verdad estaba detrás de él.
Aun así, el libro no firma, y los estudiosos matizan que refleja también la fe de la comunidad que lo transmitió. Un resumen del asunto puede verse en la Wikipedia en español sobre el Evangelio de Marcos.
¿Cuándo y dónde se escribió el Evangelio de Marcos?
La fecha más aceptada por los estudiosos se sitúa entre los años 65 y 70, aunque una tradición más antigua lo adelanta a los años 50. El marco encaja con un tiempo duro: la persecución de los cristianos en Roma bajo Nerón y la guerra que terminó con la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70. No es casual que este Evangelio dé tanto peso al sufrimiento y a la cruz; hablaba a creyentes que estaban pasando por su propia prueba.
Sobre el lugar, la mayoría de las fuentes apunta a Roma. Dos detalles internos lo respaldan. El texto está salpicado de latinismos, palabras tomadas del latín, algo natural si se escribió en la capital del imperio. Y Marcos se detiene a explicar costumbres judías y a traducir expresiones arameas —como cuando anota qué significa «Talita cumi»— algo que solo tendría sentido para lectores que no eran judíos. Caí en cuenta de que ese pequeño hábito de traducir lo dice casi todo sobre su público: escribía para gente de fuera, que necesitaba puentes hacia el mundo de Jesús.
¿Qué hace único el estilo de Marcos?
Basta empezar a leerlo para notar la prisa. El Evangelio de Marcos es el más corto, con dieciséis capítulos, y avanza a un ritmo que no se detiene. Su palabra favorita es «enseguida» o «inmediatamente», que repite decenas de veces para encadenar una escena con la siguiente. Suele contar en presente, como quien narra un partido mientras ocurre, y el efecto es el de un testimonio en directo, con detalles concretos que otros evangelistas omiten.
Ese estilo no es solo un recurso literario; es teología en movimiento. Marcos presenta a Jesús sobre todo como un hombre de acción: sana, expulsa demonios, camina, enseña y se dirige sin rodeos hacia la cruz. Reflexionando sobre esto, noté que casi la mitad del libro se concentra en los últimos días de Jesús, como si todo el relato corriera hacia ese momento.
Hay además un rasgo que los estudiosos llaman el «secreto mesiánico». Una y otra vez, Jesús ordena callar: manda silencio a los demonios que lo reconocen, pide a los sanados que no cuenten lo sucedido, enseña en parábolas. Solo al pie de la cruz, cuando un centurión romano declara «verdaderamente este hombre era Hijo de Dios», se dice abiertamente quién es Jesús. Marcos parece decir que la identidad de Jesús no se entiende del todo hasta ver cómo entrega su vida.
¿Cómo retrata Marcos a Jesús, y por qué su símbolo es el león?
La decisión de autor de Marcos fue mostrar a un Jesús cercano y humano, que se conmueve, se cansa, se enoja y siente angustia en Getsemaní, y que al mismo tiempo es el Hijo de Dios cuya gloria se revela en el sufrimiento. No hay relatos de la infancia ni largas genealogías: el libro entra de golpe con Juan el Bautista y el comienzo del ministerio, «principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios».
De ese arranque nace su símbolo. En el conjunto llamado tetramorfos —las cuatro figuras que la tradición asocia a los evangelistas— a Marcos le corresponde el león. La razón habitual es que su Evangelio empieza con la voz que clama en el desierto, y el desierto era el territorio del león; la imagen evoca además la fuerza y la realeza. A Mateo le tocó el hombre alado, a Lucas el toro y a Juan el águila.
Sobre el final del propio Marcos, las fuentes no coinciden. Una tradición extendida lo sitúa fundando la iglesia de Alejandría, en Egipto, y muriendo mártir allí; otras versiones son más escuetas y dejan su muerte en la sombra. Como el dato está genuinamente debatido, lo honesto es señalar las dos posibilidades sin decidir por el lector.
¿Qué puedo aprender hoy de Marcos el evangelista?
Acercarse a quién fue Marcos el evangelista deja algo más que fechas y nombres; deja un modo de vivir la fe que sigue hablando. Estas son algunas ideas prácticas para llevarte.
Servir sin necesidad de figurar. Marcos no fue apóstol ni protagonista, pero puso por escrito el testimonio que había recibido y con eso bendijo a millones. Tu aporte a la fe no depende de ocupar el centro; a veces lo más valioso es recoger y transmitir bien lo que otros vivieron.
Ir al grano en lo esencial. El estilo directo de Marcos recuerda que el evangelio no necesita adornos para tener fuerza. En tu propia manera de compartir la fe, la sencillez y la claridad suelen llegar más lejos que los discursos largos.
Sostener la fe en tiempos difíciles. Marcos escribió a cristianos perseguidos y no les ocultó la cruz; les mostró a un Jesús que también sufrió. Cuando la vida aprieta, ese testimonio invita a no buscar una fe sin espinas, sino a seguir a Cristo también por el camino del sufrimiento.
Dejar que la cruz revele quién es Jesús. En este Evangelio, la identidad de Jesús se comprende de verdad al pie de la cruz. Es una invitación a no quedarse solo con los milagros, sino a conocer a un Cristo que salva entregándose.
Si quieres seguir el recorrido, puedes pasar de este retrato del autor al contenido de su obra en El Evangelio de Marcos, o conocer a los otros tres escritores en los artículos sobre Mateo, Lucas y Juan el evangelista.






