
Publicado en septiembre 1, 2025, última actualización en agosto 3, 2026.
Elisabet, la madre de Juan el Bautista, es una de esas figuras que aparecen poco en la Biblia pero dejan una huella honda. Era una mujer mayor, esposa de un sacerdote, que había pasado toda su vida sin poder tener hijos, hasta que Dios le concedió, ya anciana, al hijo que sería el precursor del Mesías.
Cuando su parienta María la visitó, Elisabet fue la primera persona en reconocer en voz alta al niño que María llevaba: «¿por qué se me concede esto, que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lucas 1:43).
Quizás solo hayas oído su nombre de pasada, ligado a la Navidad. Este artículo explica quién fue Elisabet, la madre de Juan el Bautista: de dónde venía, cómo vivió su larga espera, qué pasó en el célebre encuentro con María y por qué su figura sigue siendo tan querida.
Retrato Rápido
Elisabet era una mujer de linaje sacerdotal, descendiente de Aarón y esposa del sacerdote Zacarías. Ambos eran justos y fieles, pero no habían podido tener hijos y ya eran ancianos. Dios les anunció, por medio del ángel Gabriel, que tendrían un hijo, Juan, que prepararía el camino del Mesías.
Estando embarazada, recibió la visita de su parienta María, y al oír su saludo, la criatura saltó en su vientre y Elisabet, llena del Espíritu Santo, bendijo a María como «la madre de mi Señor». Dio a luz a Juan el Bautista y sostuvo con firmeza el nombre que Dios había elegido para él. Su historia se narra en Lucas 1.
✅ Datos firmes: La vida de Elisabet está narrada con claridad en el Evangelio de Lucas. El único matiz que conviene aclarar es el parentesco exacto con María, algo que el artículo precisa en su lugar.
Puntos Clave
Estas son las claves que ayudan a entender su vida antes de recorrerla en detalle.
- Era de linaje sacerdotal, descendiente de Aarón, y esposa del sacerdote Zacarías (Lucas 1:5).
- Ella y su esposo eran justos y fieles, pero no habían podido tener hijos y ya eran ancianos.
- Dios les concedió un hijo, Juan, anunciado por el ángel Gabriel.
- Fue parienta de María, la madre de Jesús, aunque el texto no precisa el grado exacto.
- Reconoció al Mesías en el vientre de María antes de que naciera.
- Fue la madre de Juan el Bautista, el precursor de Jesús.
¿De dónde venía Elisabet?
Elisabet pertenecía a una familia sacerdotal. El Evangelio de Lucas dice que era «de las hijas de Aarón» (Lucas 1:5), es decir, descendiente del primer sumo sacerdote de Israel, y estaba casada con Zacarías, un sacerdote del grupo de Abías. Formaba, por tanto, un matrimonio profundamente arraigado en la tradición religiosa de su pueblo, dedicado al servicio de Dios en el templo.
El texto los describe con palabras notables: «Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor» (Lucas 1:6). Eran, en el mejor sentido, personas piadosas y fieles. Y sin embargo, cargaban con una pena profunda: «no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada». Su fidelidad convivía con un dolor que no habían podido resolver.
Conviene aclarar un detalle sobre su relación con María. Muchas versiones y tradiciones la llaman «prima» de María, pero el término que usa el evangelio significa simplemente «parienta» (Lucas 1:36): eran familiares, aunque el texto no precisa el grado exacto del parentesco.
Lo importante es que existía un vínculo de sangre entre la madre del precursor y la madre del Mesías, y que Dios entrelazó sus dos historias.
¿Por qué no podía tener hijos, y cómo cambió su historia?
En el mundo de Elisabet, no tener hijos era mucho más que una tristeza privada. En aquella cultura, la maternidad se veía como una bendición de Dios y un lugar de honor para la mujer, de modo que la esterilidad solía cargarse de vergüenza social y de preguntas dolorosas. Que Elisabet fuera justa y fiel y, aun así, no hubiera podido concebir, la sitúa en la larga lista de mujeres de la Biblia que esperaron un hijo durante años, como Sara o Ana.
El cambio llegó de manera inesperada. Mientras Zacarías ejercía su servicio sacerdotal en el templo, el ángel Gabriel se le apareció y le anunció que Elisabet daría a luz un hijo al que llamarían Juan, y que este prepararía el camino del Señor (Lucas 1:13-17).
Zacarías, incrédulo por la edad de ambos, pidió una señal, y quedó mudo hasta que se cumpliera lo anunciado. Poco después, Elisabet concibió.
Su reacción revela su corazón. Al quedar embarazada, se recluyó cinco meses y dijo: «Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres» (Lucas 1:25). No hubo en ella jactancia, sino gratitud y asombro. Después de una vida entera de espera, reconoció en aquel embarazo la mano de Dios, que había mirado su dolor y le había quitado la carga que había llevado durante tanto tiempo.
¿Qué pasó en la visita de María?
El momento más recordado de la vida de Elisabet es el encuentro conocido como «la visitación». Cuando el ángel anunció a María que sería madre del Mesías, le mencionó también que su parienta Elisabet, «la que llamaban estéril», estaba encinta de seis meses. María se puso en camino a la región montañosa de Judea para visitarla, y lo que ocurrió al llegar quedó grabado para siempre.
Apenas Elisabet oyó el saludo de María, «la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo» (Lucas 1:41). Entonces exclamó a gran voz: «Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre», y añadió, maravillada: «¿Por qué se me concede esto, que la madre de mi Señor venga a mí?». Elisabet fue, así, la primera persona en reconocer en voz alta que el niño que María esperaba era el Señor, incluso antes de que naciera.
Ese reconocimiento es notable por su humildad. Elisabet era mayor, de linaje sacerdotal y también esperaba un hijo prometido por Dios; podría haber esperado que la joven María la honrara a ella. En cambio, se alegró de que «la madre de mi Señor» la visitara y celebró la fe de María: «Bienaventurada la que creyó» (Lucas 1:45).
Su saludo desencadenó, además, el cántico de María, el Magníficat. En ese encuentro entre dos mujeres embarazadas se cruzaron las dos historias que cambiarían el mundo.
¿Cómo nació Juan el Bautista y por qué su nombre?
Cumplido el tiempo, Elisabet dio a luz a su hijo, y sus vecinos y parientes se alegraron con ella por la gran misericordia que Dios le había mostrado (Lucas 1:57-58). El nacimiento, largamente esperado, se convirtió en una fiesta compartida por toda la comunidad, que veía en aquel niño una señal del favor de Dios sobre una mujer fiel.
El episodio del nombre muestra el carácter firme de Elisabet. Al octavo día, cuando llegó el momento de circuncidar y nombrar al niño, los presentes querían llamarlo Zacarías, como su padre, según la costumbre.
Pero Elisabet se opuso con claridad: «No; se llamará Juan» (Lucas 1:60). Ante la extrañeza de todos, que no hallaban ese nombre en la familia, consultaron a Zacarías, quien escribió: «Juan es su nombre», confirmando lo que el ángel había ordenado.
En ese instante ocurrió algo asombroso: Zacarías, mudo desde el anuncio, recuperó el habla y comenzó a bendecir a Dios. El temor y la maravilla se extendieron por toda la región, y la gente se preguntaba qué llegaría a ser aquel niño. Elisabet había obedecido la palabra de Dios hasta en el detalle del nombre, y su hijo, Juan el Bautista, crecería para preparar el camino de Jesús.
¿Por qué recordamos hoy a Elisabet?
Elisabet es recordada, en primer lugar, como una mujer justa que esperó con fidelidad. Vivió gran parte de su vida cargando el dolor de no tener hijos, sin dejar por ello de andar «irreprensible» ante Dios. Su historia muestra que la fidelidad no siempre trae recompensas inmediatas, y que la fe verdadera puede convivir con largos años de espera.
También se la recuerda por su discernimiento espiritual. Fue la primera en reconocer al Mesías, guiada por el Espíritu Santo, y lo hizo con una humildad admirable, alegrándose de la bendición de otra en lugar de compararse con ella. En un mundo atento a las jerarquías y los méritos, Elisabet celebró con generosidad lo que Dios hacía en María.
Por último, se la recuerda como la madre del precursor. De su vientre nació Juan el Bautista, el que prepararía el camino de Jesús. Elisabet no ocupó nunca el centro de la escena, pero su papel fue esencial: crió al hombre que señalaría al Cordero de Dios. Su vida es un recordatorio de que las figuras aparentemente secundarias cumplen, a menudo, misiones decisivas en los planes de Dios.
¿Qué puede enseñarnos hoy la vida de Elisabet?
La vida de Elisabet sigue hablando porque une la larga espera y la alegría del cumplimiento, y muestra una fe fiel en medio del silencio de Dios. Estas son algunas maneras concretas en que su historia puede iluminar tu fe hoy.
Mantente fiel durante la espera. Elisabet fue justa e irreprensible aun cuando su mayor anhelo seguía sin cumplirse. Si atraviesas una temporada de espera en la que Dios parece callar, su ejemplo anima a seguir siendo fiel sin condicionar la obediencia a los resultados.
Confía en que Dios ve tu dolor. Elisabet reconoció que el Señor había «mirado» su afrenta. Cuando cargues con una pena que nadie más parece notar, su historia asegura que Dios sí la ve, y que su tiempo, aunque tarde según nuestras cuentas, llega.
Alégrate de la bendición de otros. En lugar de compararse con María, Elisabet se gozó con ella y la bendijo. Su ejemplo invita a celebrar lo bueno que Dios hace en la vida de los demás, sin envidia y con corazón generoso.
Cultiva la sensibilidad espiritual. Llena del Espíritu Santo, Elisabet reconoció lo que otros no veían. Estar atento a la acción de Dios, en la oración y en la Palabra, ayuda a percibir su presencia allí donde otros solo ven lo ordinario.
Obedece a Dios también en lo pequeño. Elisabet insistió en el nombre que Dios había elegido, aun contra la costumbre y la presión de todos. Su firmeza recuerda que la fidelidad se demuestra también en los detalles, cuando obedecer a Dios significa ir a contracorriente.
Referencias y recursos
- Vida de Elisabet: La historia de Elisabet, madre de Juan el Bautista (Biblia.on)
- Datos biográficos: Isabel (madre de Juan el Bautista) (Wikipedia)
- Comentario del pasaje: Lucas 1 – El nacimiento de Juan el Bautista (David Guzik, Blue Letter Bible)
- Texto bíblico completo en español (RVR1995): Lucas 1:5-25 en Bible Gateway y Lucas 1:39-66 en Bible Gateway




