
Publicado en septiembre 5, 2025, última actualización en septiembre 10, 2026.
Pocos grupos de la Biblia arrastran una fama tan pesada como los fariseos. El nombre se ha vuelto casi un insulto: llamar «fariseo» a alguien es acusarlo de hipócrita, de cumplir por fuera lo que no vive por dentro. Y sin embargo, ese retrato de villanos que muchos tienen en la cabeza deja fuera la mitad de la historia.
Los fariseos también eran los maestros más respetados del pueblo, los que creían en la resurrección igual que Jesús, y de sus filas salieron hombres como Nicodemo, Gamaliel y el propio apóstol Pablo.
Entender quiénes eran los fariseos en la Biblia ayuda a leer los Evangelios sin caricaturas. No eran un bloque uniforme de malvados, sino un movimiento religioso amplio, popular y sinceramente devoto, dentro del cual convivían la entrega genuina y también la hipocresía que Jesús denunció.
Retrato Rápido
Los fariseos eran un influyente grupo religioso judío del período del segundo templo, conocidos por su celo en el cumplimiento de la Ley y por su respeto a la «tradición de los ancianos», una ley oral que interpretaba y aplicaba la Torá escrita.
A diferencia de la aristocracia sacerdotal de los saduceos, estaban cerca del pueblo común, enseñaban en las sinagogas y gozaban de gran autoridad moral. Creían en la resurrección de los muertos, en los ángeles y en la providencia de Dios.
Jesús criticó con dureza la hipocresía y el legalismo de algunos de ellos, pero compartía muchas de sus creencias, y tras la destrucción del templo en el año 70 d.C. el fariseísmo dio origen al judaísmo rabínico.
⚖️ Algunos puntos debatidos: El retrato general es claro y bien documentado, pero hay detalles sobre los que las fuentes matizan, como hasta qué punto la crítica de Jesús alcanzaba a todo el grupo o solo a ciertas actitudes.
Puntos Clave
Antes de entrar en detalle, estos son los aspectos esenciales que conviene tener presentes sobre los fariseos.
- Su nombre significa «los separados». Del hebreo perushim, aludía a quienes se apartaban de la impureza y de todo lo que alejara de la fiel observancia de la Ley.
- Eran maestros cercanos al pueblo. A diferencia de los saduceos, aristócratas del templo, los fariseos enseñaban en las sinagogas y tenían gran influencia entre la gente común.
- Sostenían la ley oral. Junto a la Torá escrita, aceptaban una «tradición de los ancianos» que interpretaba cómo cumplir los mandamientos en la vida diaria.
- Creían en la resurrección, los ángeles y la providencia. En esto coincidían con Jesús y se oponían frontalmente a los saduceos, que negaban la resurrección.
- No todos eran hipócritas. Jesús criticó el legalismo y la hipocresía de algunos, pero Nicodemo, Gamaliel y Pablo muestran un retrato más matizado.
- Dieron origen al judaísmo rabínico. Tras la caída del templo en el año 70 d.C., el fariseísmo fue la corriente que sobrevivió y moldeó el judaísmo posterior.
¿Qué significa la palabra «fariseo» y de dónde vino el movimiento?
La palabra «fariseo» viene del hebreo perushim, que suele traducirse como «los separados» o «los apartados». Las fuentes no coinciden del todo en el matiz exacto: para unos aludía a quienes se separaban de la impureza ritual y de las prácticas paganas; para otros, a quienes se apartaban para dedicarse al estudio de la Ley. En ambos casos, la idea de fondo es la de un grupo que buscaba vivir la fe judía con una fidelidad especialmente rigurosa (Coalición por el Evangelio).
El movimiento no aparece de la nada en los Evangelios. Sus raíces se sitúan en el período intertestamentario, durante el siglo II a.C., en la época de los macabeos. Muchos historiadores los relacionan con los hasidim o «piadosos», judíos que resistieron los intentos de helenización que buscaban borrar las costumbres del pueblo de Israel. Frente a la presión de la cultura griega, los fariseos representaron el empeño por preservar la identidad y la Ley judías en cada detalle de la vida cotidiana.
Con el tiempo se convirtieron en un grupo numeroso e influyente. El historiador judío Flavio Josefo, que escribió en el siglo I y que él mismo se había formado entre ellos, calcula que había más de seis mil fariseos en tiempos de Jesús. No eran una secta marginal, sino una corriente extendida y respetada que marcaba el pulso religioso del pueblo.
¿Qué creían los fariseos?

Las creencias de los fariseos los distinguían claramente de los otros grupos religiosos de su tiempo, y varias de ellas resultan sorprendentemente cercanas a lo que enseñó Jesús. Su fe combinaba una teología viva con una intensa preocupación por la conducta práctica.
La ley escrita y la ley oral
El rasgo más característico de los fariseos era su aceptación de la «tradición de los ancianos», una ley oral que se transmitía junto a la Torá escrita. Para ellos, Dios no solo había dado a Moisés los mandamientos escritos, sino también un cuerpo de interpretaciones que enseñaba cómo aplicarlos en cada situación concreta: cómo guardar el sábado, cómo mantener la pureza, cómo diezmar. Esa tradición buscaba «poner un cerco» alrededor de la Ley para no quebrantarla ni por descuido.
Este punto fue una de las mayores fuentes de fricción con Jesús. Él mismo los cuestionó por anteponer a veces la tradición humana al mandamiento de Dios, como cuando denunció que ciertas reglas permitían desatender a los propios padres (Marcos 7:8-13). El debate no era sobre la Ley en sí, que Jesús honraba, sino sobre el peso que se daba a las tradiciones añadidas.
Resurrección, ángeles y providencia
Los fariseos creían firmemente en la resurrección de los muertos, en la existencia de ángeles y espíritus, y en un juicio final con recompensa para los justos. En esto se oponían de raíz a los saduceos, que negaban tanto la resurrección como a los ángeles. El libro de Hechos recoge una escena donde Pablo, él mismo fariseo, aprovecha exactamente esa división para dividir a sus acusadores (Hechos 23:6-8).
También sostenían una visión equilibrada de la providencia divina y la responsabilidad humana. Según Josefo, los fariseos enseñaban que todo estaba en manos de la providencia de Dios, pero sin anular la libertad del ser humano para elegir entre el bien y el mal. Ni un fatalismo absoluto ni un azar sin Dios, sino una cooperación entre la soberanía divina y las decisiones humanas. En estas creencias —resurrección, mundo espiritual, juicio, providencia— Jesús estaba mucho más cerca de los fariseos que de cualquier otro grupo de su época.
¿En qué se diferenciaban los fariseos de los saduceos?
La diferencia entre fariseos y saduceos no era solo teológica, sino también social y política. Los saduceos eran la aristocracia sacerdotal, ligada al templo y a las familias poderosas; los fariseos, en cambio, procedían en su mayoría del pueblo llano y ejercían su influencia en las sinagogas repartidas por todo el país.
En lo doctrinal, las diferencias eran profundas. Los saduceos aceptaban solo la Torá escrita y rechazaban la ley oral; negaban la resurrección, los ángeles y la providencia tal como la entendían los fariseos. Los fariseos, por el contrario, abrazaban todo ese mundo de creencias. Esta división ayuda a entender por qué el pueblo se sentía más identificado con los fariseos: su religión era accesible, no reservada a la élite del templo.
La siguiente tabla resume los contrastes principales entre ambos grupos.
| Aspecto | Fariseos | Saduceos |
|---|---|---|
| Origen social | Pueblo común, maestros | Aristocracia sacerdotal |
| Centro de influencia | Las sinagogas | El templo de Jerusalén |
| Ley oral / tradición | La aceptaban | La rechazaban |
| Resurrección de los muertos | Creían en ella | La negaban |
| Ángeles y espíritus | Creían en ellos | Los negaban |
| Relación con el pueblo | Cercana y popular | Distante y elitista |
Esta cercanía con la gente explica por qué, aun con sus defectos, los fariseos gozaban de un enorme respeto popular. Cuando el templo cayó y los saduceos desaparecieron con él, fue la tradición farisea la que tuvo raíces suficientes para sobrevivir.
¿Todos los fariseos eran hipócritas?
No, y este es uno de los malentendidos más comunes al leer los Evangelios. Es cierto que Jesús pronunció algunas de sus palabras más duras contra ciertos fariseos, pero el texto bíblico ofrece un retrato mucho más matizado que la simple imagen del villano religioso.
Por un lado están las críticas severas. En Mateo 23, Jesús reprende a escribas y fariseos con una serie de «ayes», acusándolos de decir y no hacer, de cargar a otros con pesos que ellos no llevan, de cuidar la apariencia externa —»como sepulcros blanqueados»— mientras descuidan «lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe». Estas palabras apuntan a actitudes concretas: el legalismo que multiplica reglas menores, la búsqueda de honores y la hipocresía de exhibir una piedad que no corresponde al corazón.
Por otro lado, los mismos Evangelios muestran fariseos honestos y buscadores sinceros. Nicodemo fue de noche a hablar con Jesús con humildad, lo defendió ante el Sanedrín y ayudó a sepultarlo (Juan 3:1-2; Juan 19:39). Gamaliel, un fariseo respetado, aconsejó prudencia y tolerancia hacia los primeros cristianos ante el Sanedrín (Hechos 5:34-39). Y el apóstol Pablo se declaró fariseo con orgullo incluso después de su conversión (Hechos 23:6; Filipenses 3:5). Hasta hubo fariseos que advirtieron a Jesús de un peligro y otros que lo invitaron a comer a su mesa (Lucas 13:31; Lucas 7:36).
La conclusión honesta es que la crítica de Jesús apuntaba a una actitud —la hipocresía y el legalismo— y no a que cada fariseo, sin excepción, fuera malvado. Leer «fariseo» como sinónimo automático de hipócrita traiciona lo que el propio texto muestra: dentro del movimiento había tanto corazones endurecidos como corazones abiertos.
¿Qué fariseos importantes aparecen en la Biblia?
Más allá de las discusiones grupales, la Biblia pone nombre y rostro a varios fariseos concretos, y sus historias enriquecen el retrato. Tres figuras destacan especialmente por su cercanía al mensaje de Jesús o a la iglesia naciente.
El primero es Nicodemo, «principal entre los judíos» y miembro del Sanedrín. Buscó a Jesús de noche y recibió de él una de las enseñanzas más conocidas del Evangelio, la del nuevo nacimiento (Juan 3:1-21). Más tarde defendió que se le diera un juicio justo y, tras la crucifixión, llevó especias para sepultar su cuerpo. Su recorrido muestra a un fariseo que fue avanzando poco a poco hacia la fe.
El segundo es Gamaliel, uno de los maestros más venerados de su generación y, según la tradición, nieto del célebre rabino Hillel. Cuando el Sanedrín quería eliminar a los apóstoles, Gamaliel intervino con un consejo sereno: si aquella obra era de hombres, se desharía sola; pero si venía de Dios, nadie podría destruirla, y quienes lo intentaran estarían luchando contra Dios (Hechos 5:34-39). El mismo Pablo se enorgullecía de haberse formado «a los pies de Gamaliel» (Hechos 22:3).
El tercero es el apóstol Pablo, el ejemplo más notable de un fariseo transformado. Antes de su conversión perseguía a la iglesia con el celo típico de su formación, y aun después de encontrarse con Cristo siguió llamándose fariseo, «hijo de fariseos», apelando a la esperanza en la resurrección que había aprendido entre ellos (Filipenses 3:4-6). Su vida demuestra que el rigor y el conocimiento de la Ley, puestos al servicio de Cristo, podían convertirse en un instrumento poderoso.
¿Qué pasó con los fariseos después del año 70 d.C.?
Cuando Roma destruyó el templo de Jerusalén en el año 70 d.C., el mundo religioso judío quedó sacudido de raíz. Los saduceos, cuya identidad dependía por completo del templo y su culto, desaparecieron junto con él. Los fariseos, en cambio, sobrevivieron, porque su religión no giraba alrededor del altar, sino del estudio de la Ley en las sinagogas, algo que podía continuar en cualquier lugar.
De esa continuidad nació el judaísmo rabínico, la corriente que ha dado forma al judaísmo hasta hoy. Los descendientes espirituales de los fariseos, ahora llamados rabinos, recogieron y ordenaron por escrito la tradición oral que tanto habían defendido. Ese esfuerzo dio origen a la Mishná y, más tarde, al Talmud, las grandes obras que estructuran la vida religiosa judía posterior.
Visto así, el fariseísmo no fue solo un grupo del pasado, sino un puente. Fue la corriente que permitió al judaísmo reinventarse tras una catástrofe y perdurar sin templo. Reconocer esto ayuda a mirar a los fariseos con más justicia: fueron, a la vez, los interlocutores más frecuentes de Jesús en los Evangelios y los guardianes de una tradición que atravesó los siglos.
¿Qué pueden enseñarnos hoy los fariseos?
La historia de los fariseos sigue hablando, y no solo como dato antiguo. Detrás de aquel grupo tan discutido hay lecciones que tocan de cerca la forma en que vivimos la fe y en que juzgamos a los demás. Estas son algunas que vale la pena llevar a la vida diaria.
La religión sin corazón se vacía por dentro. Al conocer quiénes eran los fariseos en la Biblia, queda claro que el peligro no estaba en tomar en serio a Dios, sino en cuidar la apariencia mientras se descuidaba «la justicia, la misericordia y la fe». Vale la pena preguntarte si tu fe cuida el corazón tanto como las formas.
Cuidado con las etiquetas fáciles. «Fariseo» se convirtió en un insulto que borra los matices, pero entre ellos hubo hipócritas y también hombres sinceros como Nicodemo. Antes de encasillar a alguien por su grupo, su iglesia o su etiqueta, recuerda que dentro de cualquier grupo hay corazones muy distintos.
Lo que se cree de verdad se nota en cómo se vive. Los fariseos creían en la resurrección y en la providencia, y aun así algunos no dejaban que esas verdades transformaran su trato con los demás. Creer lo correcto no basta; la fe genuina cambia la manera de tratar al prójimo.
Dios puede transformar el celo mal dirigido. Pablo era un fariseo intenso que perseguía a la iglesia, y ese mismo fervor, redirigido por Cristo, lo convirtió en el mayor misionero de la historia cristiana. Tus fortalezas, incluso las que hoy usas mal, pueden ponerse al servicio de algo mejor.
La cercanía a la verdad exige humildad. Los fariseos tenían más razón teológica que casi nadie de su tiempo, y precisamente esa cercanía los hizo vulnerables al orgullo. Cuanto más sabes de Dios, más humildad hace falta para seguir aprendiendo y para reconocer que siempre hay algo que corregir en uno mismo.






