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La Sanación del Criado del Centurión

Verdad Eterna julio 23, 2026 13 minutos de lectura
La Sanación del Criado del Centurión

Publicado en julio 22, 2025, última actualización en julio 23, 2026.

Quizás conozcas la escena aunque no recuerdes el nombre del protagonista: un centurión romano, un enemigo político para muchos judíos de su tiempo, se acerca a Jesús para pedir por un criado que se muere.

Lo que dice a continuación arranca de Jesús una de las frases más sorprendentes de todo el Evangelio. La sanación del criado del centurión no es un milagro más de curación; es el relato donde un extranjero, un soldado del ejército ocupante, muestra una fe que el propio Jesús declara mayor que la de todo Israel.

El episodio aparece en dos evangelios, con detalles que se complementan (Mateo 8:5-13 y Lucas 7:1-10), y ocurre en Capernaum, la ciudad que Jesús convirtió en centro de su ministerio en Galilea.

Si te has preguntado quién era este centurión, si de verdad había soldados romanos en un pueblo de pescadores, o por qué su fe importó tanto, aquí encontrarás el retrato completo: lo que dice la Biblia, lo que aporta la historia y lo que la arqueología ha sacado a la luz bajo las ruinas de Capernaum.

Contenido

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  • Retrato Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Dónde ocurrió la sanación del criado del centurión?
  • ¿Quién era realmente este centurión romano?
    • ¿Servía a Roma o a Herodes Antipas?
  • ¿Cómo se desarrolló el encuentro entre el centurión y Jesús?
    • ¿Habló el centurión con Jesús o mandó a otros?
  • ¿Qué hace tan especial la fe del centurión?
  • ¿Por qué este milagro marcó un antes y un después?
    • La sinagoga que la arqueología sacó a la luz
  • ¿Qué puede enseñarte hoy la sanación del criado del centurión?
    • Referencias y enlaces

Retrato Rápido

Un oficial del ejército —un centurión al mando de cerca de cien hombres— pide a Jesús que sane a su siervo, gravemente enfermo.

Cuando Jesús se ofrece a ir a su casa, el centurión responde que no es digno de recibirlo bajo su techo y que basta con que diga una palabra, porque él también entiende de órdenes y obediencia.

Jesús se maravilla de esa fe, sana al criado a distancia y anuncia que muchos vendrán de todas las naciones a sentarse en el Reino. Es el primer relato de los evangelios en que Jesús sana sin estar presente ante el enfermo.

⚖️ Algunos puntos debatidos: El retrato general es claro y firme, pero hay detalles sobre los que las fuentes no coinciden: si el centurión mandó a Jesús o fue en persona, y si servía directamente a Roma o a las tropas de Herodes Antipas.

Puntos Clave

Antes de entrar en el relato completo, estos son los aspectos que hacen de este milagro un momento decisivo en los evangelios.

  • Fue una sanación a distancia. Jesús no tocó al enfermo ni entró en la casa; sanó con su sola palabra, algo que ningún relato anterior de curación había mostrado.
  • El protagonista es un gentil. Un oficial romano, no un judío devoto, se convierte en el modelo de fe que Jesús pone por encima de todos.
  • La humildad va unida al poder. Un hombre acostumbrado a mandar reconoce que no es digno y se somete a una autoridad superior a la suya.
  • La fe se apoya en la palabra, no en la señal. El centurión no pide ver nada; le basta que Jesús hable.
  • El milagro anuncia algo mayor. Jesús aprovecha el momento para anticipar que el Reino se abrirá a todas las naciones, no solo a Israel.
  • El escenario es histórico y localizable. Capernaum, su sinagoga y la vida militar de la época están documentados por la arqueología y las fuentes antiguas.

¿Dónde ocurrió la sanación del criado del centurión?

El milagro sucede en Capernaum, un pueblo de pescadores a la orilla noroeste del Mar de Galilea. En tiempos de Jesús era una aldea modesta, de alrededor de mil quinientos habitantes, pero con una ubicación estratégica: se levantaba junto a la Vía Maris, la ruta comercial que unía Egipto con Damasco, y marcaba el borde oriental de Galilea, el territorio gobernado por Herodes Antipas. Justo al otro lado empezaba la tetrarquía de su hermano Filipo.

Esa condición de pueblo fronterizo explica dos cosas que aparecen en los evangelios:

  • La primera es la aduana: Capernaum tenía un puesto de cobro de impuestos, y fue allí donde Jesús llamó a Mateo, el recaudador, cuando estaba sentado en el banco de los tributos (Mateo 9:9).
  • La segunda es la presencia de tropas: donde hay una frontera, un camino comercial y un cobro de impuestos, hay soldados que garantizan el orden. Un centurión encajaba con naturalidad en ese paisaje.

Capernaum llegó a ser tan central en el ministerio de Jesús que los evangelios la llaman «su ciudad» (Mateo 9:1). Allí enseñó en la sinagoga, sanó a la suegra de Pedro y realizó varios de sus milagros más conocidos. La sanación del siervo del centurión es uno de ellos.

¿Quién era realmente este centurión romano?

Un centurión era un oficial profesional del ejército, encargado de una centuria, una unidad que en teoría reunía a cien soldados y en la práctica rondaba los ochenta. No pertenecían a la aristocracia: eran hombres que habían ascendido desde la tropa por disciplina, valor y capacidad de mando.

Formaban la columna vertebral del ejército y solían ser respetados por su experiencia. El del relato es, además, un hombre con recursos y con criados a su cargo.

Lo que distingue a este centurión no es su rango, sino su relación con la comunidad judía. Según Lucas, los ancianos del pueblo lo describen con palabras poco habituales para un militar extranjero: «ama a nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga» (Lucas 7:5). Era un gentil que respetaba la fe de Israel, financiaba su culto y se había ganado el aprecio de la gente local.

También destaca su trato con el enfermo: Lucas precisa que el siervo «a quien este quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir» (Lucas 7:2). Que un oficial se moviera de ese modo por un sirviente dice mucho de su carácter.

¿Servía a Roma o a Herodes Antipas?

Aquí aparece el primer punto genuinamente debatido. En tiempos de Jesús, Galilea no era todavía una provincia romana con legiones estacionadas: la gobernaba Herodes Antipas, un rey vasallo de Roma. Por eso los historiadores discuten a quién obedecía exactamente este centurión.

Una postura sostiene que era un oficial de las tropas del propio Antipas, organizadas al estilo romano, ya que él era quien tenía autoridad militar en Galilea.

Otra postura entiende que se trataba de un centurión romano en sentido estricto, presente en la zona por su valor estratégico y como recordatorio del poder de Roma que respaldaba a Antipas.

Los evangelios no lo aclaran, y ambas lecturas son compatibles con lo que sabemos de la época. Lo esencial del relato no cambia: era un gentil con mando militar, ajeno al pueblo de Israel por origen y por oficio.

¿Cómo se desarrolló el encuentro entre el centurión y Jesús?

La secuencia básica es clara. El siervo del centurión está grave. El oficial busca la ayuda de Jesús. Jesús se dispone a actuar. Y el centurión, en lugar de exigir una visita, responde con una humildad que sorprende: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado sanará» (Mateo 8:8).

Su razonamiento es el de un soldado. Explica que él mismo está bajo autoridad y tiene soldados a sus órdenes: a uno le dice «ve», y va; a otro «ven», y viene.

Si él, siendo un hombre con poder limitado, es obedecido con una sola orden, cuánto más lo será Jesús, cuya autoridad sobre la enfermedad no necesita presencia física. El centurión entiende el poder de Jesús en los términos que mejor conoce: la cadena de mando.

¿Habló el centurión con Jesús o mandó a otros?

Este es el segundo punto debatido, y nace de una diferencia real entre los dos relatos. En Mateo, el centurión «vino a él, rogándole» en persona (Mateo 8:5). En Lucas, en cambio, el centurión nunca aparece cara a cara con Jesús: primero envía a los ancianos de los judíos y después, cuando Jesús ya está cerca de la casa, manda a unos amigos con su mensaje de humildad (Lucas 7:3-6).

La explicación que ofrecen la mayoría de los estudiosos es sencilla y coherente con la forma de contar de la época: lo que alguien hace por medio de mensajeros se le atribuye a él mismo.

Mateo resume la escena y pone las palabras directamente en boca del centurión, que es quien de verdad las dice y las piensa; Lucas la cuenta con más detalle y muestra a los intermediarios. No son dos versiones contradictorias, sino dos maneras de narrar el mismo hecho. La tabla siguiente resume la diferencia.

DetalleMateo 8:5-13Lucas 7:1-10
Quién se acerca a JesúsEl centurión en personaLos ancianos judíos y luego unos amigos
Nivel de detalleRelato resumidoRelato ampliado, con intermediarios
Palabras de humildadEn boca del centuriónTransmitidas por sus amigos
Sentido del textoEl mismo milagro y la misma feEl mismo milagro y la misma fe

Conviene no confundir este episodio con otro parecido: la sanación del hijo de un funcionario real, también en Capernaum, que narra Juan 4:46-54. Allí el enfermo es un hijo, no un siervo, y el que pide es un oficial de la corte de Herodes, no un centurión. La mayoría de los estudiosos los considera dos milagros distintos.

¿Qué hace tan especial la fe del centurión?

La respuesta de Jesús marca el punto más alto del relato. Al oír al centurión, «se maravilló y dijo a los que le seguían: De cierto os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe» (Mateo 8:10). Es una de las pocas veces en los evangelios en que se dice que Jesús se admiró de alguien, y el elogio es doblemente notable porque recae sobre un extranjero, no sobre un miembro del pueblo elegido.

Lo que Jesús alaba no es un sentimiento religioso intenso ni una larga lista de méritos, sino una confianza muy concreta: la certeza de que la palabra de Jesús basta.

El centurión no pide una señal, no exige que lo toque, no necesita verlo actuar. Le alcanza con que hable. Esa es la clase de fe que el relato pone como modelo: descansar en la palabra de Dios aunque las circunstancias todavía no hayan cambiado.

Y el resultado confirma la confianza. Jesús le dice: «Ve, y como creíste te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora» (Mateo 8:13). La curación ocurre a distancia, en el instante exacto, sin que Jesús ponga un pie en la casa.

¿Por qué este milagro marcó un antes y un después?

Junto a la sanación, Jesús pronuncia unas palabras que van mucho más allá del caso concreto: «vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera» (Mateo 8:11-12). La fe de un solo gentil se convierte en anuncio de algo enorme.

El mensaje es que la pertenencia al Reino no dependerá del origen étnico ni de la herencia religiosa, sino de la fe. Un oficial romano que confía en la palabra de Jesús entra antes que quienes, teniendo toda la tradición a su favor, no creen. En el relato queda dibujada, por adelantado, la misión a las naciones que la Iglesia primitiva desarrollaría después de Pentecostés.

Este episodio es una de las primeras grietas por donde el Evangelio empieza a asomarse más allá de las fronteras de Israel.

La sinagoga que la arqueología sacó a la luz

Un detalle del relato tiene respaldo material. Lucas dice que el centurión «nos edificó una sinagoga» (Lucas 7:5). En Capernaum se conservan hoy las ruinas de una imponente sinagoga de piedra caliza blanca, muy distinta del basalto negro de las casas del lugar. Esa sinagoga blanca es más tardía —los arqueólogos la datan alrededor de los siglos IV y V d.C.—, así que no es la que conoció Jesús.

Lo interesante está debajo. Bajo esos cimientos, las excavaciones dirigidas por los franciscanos Virgilio Corbo y Stanislao Loffreda identificaron una base de basalto negro que corresponde a una sinagoga anterior, del siglo I. Muchos estudiosos ven en ella, precisamente, la sinagoga de los tiempos de Jesús, la que según Lucas habría financiado el centurión.

A pocos metros, el mismo equipo excavó en 1968 una casa del siglo I venerada desde antiguo como la casa de Pedro. El escenario del milagro no es, por tanto, un decorado imaginario: es un lugar que todavía puede visitarse.

¿Qué puede enseñarte hoy la sanación del criado del centurión?

Más allá de los datos, este relato deja lecciones muy concretas para la vida de fe. Estas son algunas que puedes llevarte.

La humildad abre la puerta que el orgullo cierra. El centurión tenía rango, dinero y autoridad, y aun así se declaró indigno de recibir a Jesús. Vale la pena preguntarte si hay logros o posiciones que te cuesta dejar a un lado para acercarte a Dios sin méritos por delante, simplemente pidiendo.

La fe se apoya en la palabra, no en la señal. El centurión creyó sin ver. Cuando las circunstancias parecen contradecir lo que Dios ha prometido, la fe de este oficial invita a confiar en la palabra antes que en la evidencia inmediata.

El amor cruza las barreras que otros levantan. Este hombre construyó puentes con una comunidad que no era la suya: la respetó, la ayudó y se ganó su aprecio. En un mundo dividido por diferencias de todo tipo, su ejemplo anima a tender la mano por encima de lo que separa.

Interceder por otros es un acto de fe. El centurión no pidió para sí mismo, sino por un siervo enfermo, arriesgando su reputación al buscar la ayuda de un maestro judío. Preguntarte por quién estás intercediendo hoy es una forma directa de imitar su gesto.

Nadie queda fuera del alcance de la gracia. Si un oficial del ejército ocupante pudo recibir el elogio más alto de Jesús y ver sanado a su siervo, entonces la sanación del criado del centurión deja claro que la fe puede florecer en los lugares más inesperados, y que la puerta del Reino está abierta para quien confía, venga de donde venga.

Referencias y enlaces

  • Relatos bíblicos: Mateo 8:5-13 (RVR1995) y Lucas 7:1-10 (RVR1995).
  • Contexto histórico de Capernaum: Bible Odyssey — Capernaum.
  • Arqueología de la sinagoga: Madain Project — Capernaum Synagogue.
  • Sobre el oficial romano: Bible Odyssey — Roman Centurion.

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