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¿Qué son las indulgencias y qué enseña hoy la Iglesia sobre ellas?

Verdad Eterna octubre 29, 2026 16 minutos de lectura
indulgencias

Quizás la palabra te suene a libro de historia: un fraile que recorre Alemania recaudando dinero, un monje que responde con noventa y cinco tesis, media Europa partida en dos. Y quizás te sorprenda que las indulgencias no desaparecieron con Lutero.

La Iglesia católica las sigue ofreciendo hoy, aunque hace más de cuatro siglos que prohibió vincularlas a cualquier pago. Entender qué son las indulgencias exige separar tres cosas que casi siempre se mezclan: lo que dice la Biblia, lo que enseña la doctrina católica y el abuso que hizo estallar la Reforma.

El recorrido va de los textos bíblicos que invoca cada tradición a la definición exacta, la historia de la práctica y lo que creen hoy católicos, ortodoxos y protestantes.

Contenido

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  • Respuesta Rápida
  • Puntos Clave
  • ¿Qué dice la Biblia sobre las indulgencias?
    • El punto de partida común: el don de Dios no se compra
    • Los textos que invoca la tradición católica
    • Los textos que invoca la tradición protestante
  • ¿Qué significan exactamente las indulgencias y qué no significan?
    • Cómo se obtiene una indulgencia
    • El fundamento: el tesoro de la Iglesia
    • Lo que una indulgencia no es
  • ¿De dónde salieron las indulgencias?
  • ¿Qué creen hoy las distintas iglesias sobre las indulgencias?
  • ¿Qué pueden enseñarte hoy las indulgencias?

Respuesta Rápida

Según la Iglesia católica, una indulgencia es la remisión ante Dios de la «pena temporal» de pecados que ya fueron perdonados. No perdona pecados, no sustituye la confesión y no se compra: la Iglesia la ofrece a cualquier fiel que cumpla ciertas obras y condiciones, y también puede aplicarse a los difuntos.

La palabra no aparece en la Biblia. Los católicos la apoyan en el poder de atar y desatar (Mateo 16:19) y en la comunión de los santos; los protestantes la rechazan porque entienden que el sacrificio de Cristo ya lo cubrió todo (Hebreos 10:14).

⚖️ Algunos puntos debatidos: La definición católica, la historia de la venta y su prohibición en el siglo XVI están documentadas y nadie las discute. Lo que sigue en disputa es si después del perdón queda una pena por purificar y si la Iglesia tiene autoridad para remitirla.

Puntos Clave

  • La indulgencia no perdona pecados: presupone que la culpa ya fue perdonada y actúa sobre la «pena temporal», que el Catecismo describe como un apego desordenado que el pecado deja en la persona.
  • No se compra ni se tramita con nadie: la Iglesia publica una lista de obras y condiciones, y la ofrece por igual a todo el que las cumpla, desde 1567 sin ningún vínculo con el dinero.
  • Tampoco es obligatoria: un católico que se confiesa está en paz con Dios aunque no obtenga nunca una indulgencia.
  • Su base es la comunión de los santos: la doctrina católica sostiene que la Iglesia aplica los méritos de Cristo y, unidos a ellos, los de los santos, y ahí está el punto que más rechazan los protestantes.
  • La venta del siglo XVI fue un abuso que la propia Iglesia prohibió: el Concilio de Trento suprimió a los recaudadores en 1562 y Pío V prohibió en 1567 ligar indulgencias a cualquier donativo.
  • Todas las tradiciones condenan comprar el don de Dios, a partir del episodio de Simón el mago; el desacuerdo real está en la pena que queda después del perdón.

¿Qué dice la Biblia sobre las indulgencias?

La palabra «indulgencia» no aparece en la Biblia, igual que no aparecen «Trinidad» ni «encarnación». Lo que importa es si las ideas que la sostienen están en el texto, y católicos y protestantes leen los mismos pasajes de forma distinta, salvo uno en el que coinciden por completo.

El punto de partida común: el don de Dios no se compra

En Hechos 8:18-24, Simón el mago ofrece dinero a los apóstoles para obtener el poder de comunicar el Espíritu Santo. Pedro lo rechaza con una dureza que no deja dudas: «¿Cómo has podido imaginar que el don de Dios es un objeto de compraventa?». De ese episodio viene la palabra «simonía», y la venta de indulgencias del siglo XVI cae de lleno bajo esta condena, como reconoció la propia Iglesia católica al prohibirla.

Los textos que invoca la tradición católica

La doctrina católica no se apoya en un versículo aislado, sino en varias piezas que encajan entre sí, cada una con su propia lectura.

  • El perdón que deja consecuencias. En 2 Samuel 12:13-14, Natán le asegura a David que Dios le ha perdonado, y en la frase siguiente le anuncia que el niño nacido de su pecado morirá. Para la lectura católica, el pasaje muestra que la culpa puede quedar perdonada mientras permanece una consecuencia.
  • La autoridad de atar y desatar. En Mateo 16:19 Jesús entrega a Pedro las llaves del reino, y en Mateo 18:18 extiende a los discípulos ese poder. La Iglesia lo entiende como autoridad real para remitir penas, y no solo para enseñar.
  • La comunión de los santos. Pablo escribe en Colosenses 1:24 que va «completando en mi existencia corporal, y en favor del cuerpo de Cristo que es la Iglesia, lo que aún falta al total de las tribulaciones cristianas». Si el sufrimiento de un creyente aprovecha a otros, razona la tradición católica, los bienes espirituales circulan dentro del cuerpo de Cristo.
  • La oración por los difuntos. En 2 Macabeos 12:43-45, Judas Macabeo hace una colecta para que se ofrezca un sacrificio por soldados muertos, para que les fueran perdonados sus pecados. Es un libro que las Biblias católicas y ortodoxas incluyen y las protestantes no, por razones que se explican en cómo se escogieron los libros de la Biblia.
  • La purificación después de la muerte. 1 Corintios 3:13-15 habla de alguien que se salva «como quien escapa del fuego». La tradición católica lee aquí una purificación final; muchos intérpretes protestantes ven solo el juicio sobre la calidad de la obra de cada maestro.

Los textos que invoca la tradición protestante

La objeción protestante no niega que el pecado tenga consecuencias. Niega que quede una pena pendiente de pago después de la cruz.

  • Una ofrenda que basta para siempre. Hebreos 10:14 afirma que Cristo, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los que santifica, y Hebreos 10:17-18 concluye que donde hay perdón ya no hace falta ofrenda por el pecado.
  • Ninguna condenación. Romanos 8:1 declara que no hay condenación para los que están en Cristo, y 1 Juan 1:7 dice que su sangre limpia de todo pecado.
  • El ladrón en la cruz. En Lucas 23:43 Jesús le promete el paraíso ese mismo día, sin mencionar ninguna purificación posterior.
  • La disciplina del Padre. Hebreos 12:5-11 explica las dificultades del creyente como corrección de un padre que educa, no como una deuda que se salda. Así lee la tradición protestante el caso de David.
PasajeLectura católicaLectura protestante
2 Samuel 12:13-14La culpa se perdona y queda una pena temporalLa consecuencia es disciplina, no un pago pendiente
Mateo 16:19 y 18:18Autoridad para remitir penasAutoridad para anunciar el perdón y ejercer disciplina en la comunidad
Colosenses 1:24Los bienes espirituales se comparten en la IglesiaPablo habla de sus sufrimientos misioneros, no de méritos transferibles
2 Macabeos 12:43-45Oración eficaz por los difuntosLibro fuera de su canon; no lo usa para fijar doctrina
Hebreos 10:14El sacrificio basta, y la Iglesia aplica sus frutosEl sacrificio basta, y no queda pena que aplicar

Ambas lecturas aceptan que el pecado deja huellas reales, como muestra la historia de David, y las dos afirman que el perdón exige un cambio de corazón. La diferencia está en qué son esas huellas: una pena que la Iglesia puede remitir, o una disciplina que el Padre administra sin intermediarios.

¿Qué significan exactamente las indulgencias y qué no significan?

El Catecismo de la Iglesia católica define la indulgencia, en su número 1471, como la remisión ante Dios de la pena temporal por pecados ya perdonados en cuanto a la culpa. Esa definición solo se entiende si se distinguen tres capas que el pecado deja detrás, y que el lenguaje cotidiano suele confundir.

CapaQué esCómo se resuelve
La culpaLa ofensa contra DiosEl perdón, que el católico recibe en la confesión
El daño al prójimoLo robado, la reputación destruida, la herida causadaLa reparación, que es obligatoria (Catecismo 1459)
La pena temporalEl apego desordenado que el pecado deja en quien lo cometióLa penitencia, las obras de caridad, las indulgencias o el purgatorio

Un ejemplo lo aclara. Quien le roba dinero a un conocido y se confiesa recibe el perdón de la culpa, pero sigue obligado a devolver lo robado: ninguna indulgencia sustituye esa deuda. Y aun después de devolverlo, su corazón puede seguir inclinado a la codicia.

Esa inclinación es lo que el número 1472 llama pena temporal, y el mismo texto precisa que no debe concebirse como una venganza de Dios, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado.

Cómo se obtiene una indulgencia

La indulgencia puede ser parcial, si remite parte de esa pena, o plenaria, si la remite toda. Para la plenaria, el Manual de Indulgencias (Enchiridion Indulgentiarum) pide una obra concreta y cuatro condiciones:

  • Una obra de la lista oficial, como adorar el Santísimo o leer la Biblia al menos media hora, rezar el rosario en familia o en una iglesia, o rezar el vía crucis.
  • Confesión sacramental, que puede hacerse unos días antes o después.
  • Comunión, preferiblemente el mismo día.
  • Oración por las intenciones del Papa, que se cumple con un padrenuestro y un avemaría.
  • Desapego de todo pecado, incluso venial. Si falta esta disposición, la indulgencia queda como parcial.

Solo se puede obtener una plenaria al día, y puede aplicarse a un difunto. La más conocida es la de los primeros días de noviembre: quien visita un cementerio y reza por los difuntos del 1 al 8 de noviembre puede obtenerla para las almas del purgatorio.

El fundamento: el tesoro de la Iglesia

El Catecismo explica en sus números 1476 a 1478 que la Iglesia, en virtud del poder de atar y desatar, abre a los fieles el llamado «tesoro de la Iglesia». Ese tesoro no es dinero, sino el valor ante Dios de los méritos de Cristo y, unidos a ellos, de las oraciones y obras de la Virgen y de los santos.

El efecto de la indulgencia, por tanto, no procede del esfuerzo del fiel, sino de esa aplicación. Por eso la Iglesia no evalúa a nadie en particular: fija de antemano una oferta general, y Dios es quien sabe si cada persona cumplió de verdad la condición interior.

Lo que una indulgencia no es

Buena parte de lo que se dice sobre este tema describe algo que la doctrina católica no enseña. Estos son los malentendidos más frecuentes.

  • No es un perdón de pecados. Presupone que el pecado ya fue perdonado.
  • No sustituye la confesión. La plenaria exige confesarse.
  • No es obligatoria. Es una ayuda que se ofrece, no un requisito para salvarse.
  • No es un permiso para pecar después. El desapego de todo pecado es condición para obtenerla.
  • No se compra. Vincularla a cualquier pago está prohibido desde 1567.

¿De dónde salieron las indulgencias?

Las indulgencias nacieron de la disciplina penitencial de los primeros siglos. Según el Catecismo 1447, quien cometía pecados graves después del bautismo hacía penitencia pública, a menudo durante años, y en algunas regiones solo podía hacerlo una vez en la vida.

A mediados del siglo III, durante la persecución de Decio, los cristianos encarcelados por su fe escribían cartas pidiendo al obispo que acortara la penitencia de algunos hermanos caídos, y Cipriano de Cartago discutió cómo recibirlas. Ahí está la semilla de la idea: el mérito de unos podía aliviar la carga de otros.

Cuando la confesión privada se extendió desde el siglo VII, las penitencias empezaron a conmutarse por peregrinaciones, oraciones o limosnas. En 1095, en el concilio de Clermont, Urbano II concedió la remisión de toda penitencia a quienes partieran a la primera cruzada. En 1343, la bula Unigenitus de Clemente VI dio forma oficial a la doctrina del tesoro de la Iglesia.

La limosna como obra piadosa fue también el camino del abuso. Con ella se financiaron hospitales, puentes e iglesias, y con el tiempo muchos predicadores la presentaron como una compra. En 1517, el dominico Johann Tetzel recorría Sajonia recaudando para la basílica de San Pedro y para la deuda que el arzobispo Alberto de Brandeburgo tenía con los banqueros Fugger. Contra esa campaña escribió Martín Lutero sus 95 tesis. La 36 sostiene que el cristiano verdaderamente arrepentido tiene la remisión plena de pena y culpa aun sin carta de indulgencias, y la 62 afirma que el verdadero tesoro de la Iglesia es el evangelio de la gloria y la gracia de Dios.

La respuesta católica llegó en dos tiempos: corregir el abuso y mantener la doctrina.

AñoHecho
1095Urbano II concede indulgencia plenaria a los cruzados
1343Clemente VI define el tesoro de la Iglesia en la bula Unigenitus
1517Lutero publica las 95 tesis contra la predicación de Tetzel
1562El Concilio de Trento suprime a los recaudadores de limosnas para indulgencias
1563Trento reafirma la doctrina y manda abolir toda ganancia ligada a ellas
1567Pío V prohíbe vincular indulgencias a cualquier acto económico, incluida la limosna
1967Pablo VI, en Indulgentiarum doctrina, suprime el cómputo en días y años
1999Se publica la cuarta edición del Manual de Indulgencias, vigente hoy

Que la venta terminara no significa que la lógica de «dar para recibir» desapareciera del cristianismo. Reaparece hoy en la teología de la prosperidad, que el Movimiento de Lausana rechazó en 2010; el paralelo se desarrolla en ¿es el evangelio de la prosperidad la nueva venta de indulgencias?.

¿Qué creen hoy las distintas iglesias sobre las indulgencias?

Las indulgencias son hoy una práctica exclusivamente católica. Ortodoxos y protestantes las rechazan, pero por razones distintas, y cada postura tiene un argumento serio y una objeción que no conviene esquivar.

La Iglesia católica las mantiene como parte de su doctrina. Su mejor argumento es la comunión de los santos: si los creyentes pueden orar unos por otros y si el sufrimiento de Pablo aprovechaba a la Iglesia, no hay razón para que esa solidaridad se interrumpa ante la pena del pecado. Insiste además en que la indulgencia estimula la conversión, puesto que exige el desapego de todo pecado. La objeción principal es que el tesoro de méritos y la potestad de administrarlo no aparecen expresamente en el texto, y que la práctica se presta a convertirse en un trámite.

La Iglesia ortodoxa no tiene indulgencias ni la doctrina latina del purgatorio, aunque ora por los difuntos en su liturgia. Su mejor argumento es que la salvación se entiende como curación y transformación del ser humano, no como una contabilidad de culpas y penas, y que ese lenguaje jurídico es un desarrollo occidental. La objeción que recibe es que su propia oración por los difuntos presupone que a estos todavía se les puede ayudar en algo.

Las iglesias luteranas y reformadas rechazan las indulgencias desde Lutero. Su mejor argumento es la suficiencia del sacrificio de Cristo (Hebreos 10:14): si una sola ofrenda perfecciona para siempre, no queda pena que remitir, y las dificultades del creyente son disciplina paterna. La Declaración conjunta sobre la justificación de 1999 acercó a luteranos y católicos en el punto que originó la ruptura, pero no trata las indulgencias, que siguen separándolos. La objeción católica es que la santificación del creyente rara vez está completa al morir, y que algo tiene que ocurrir entre ese estado y la visión de Dios.

Las iglesias evangélicas y pentecostales comparten el rechazo protestante y suelen subrayar la seguridad de la salvación, apoyadas en la promesa al ladrón de Lucas 23:43. A la objeción sobre la santificación incompleta responden que la transformación final ocurre en un instante, como describe 1 Corintios 15:51-52.

Tradición¿Pena temporal tras el perdón?¿Purgatorio?¿Indulgencias?¿Oración por los difuntos?
CatólicaSíSíSíSí
OrtodoxaNo en sentido latinoNo como doctrina definidaNoSí
Luterana y reformadaNoNoNoNo como intercesión eficaz
Evangélica y pentecostalNoNoNoNo

Todas coinciden en dos puntos que conviene no perder de vista: el don de Dios no se compra, y el perdón sin conversión del corazón está vacío. El desacuerdo está en si, después del perdón, queda algo que la Iglesia puede remitir.

¿Qué pueden enseñarte hoy las indulgencias?

Saber qué son las indulgencias sirve para algo más que entender una discusión del siglo XVI, seas católico, ortodoxo o evangélico.

Desconfía de cualquiera que ponga precio al favor de Dios. La condena de Pedro a Simón el mago vale para todas las épocas. Si alguien te promete una bendición a cambio de dinero, con una carta sellada o con una «semilla de fe», está repitiendo exactamente lo que la Iglesia católica prohibió en 1567 y lo que la Reforma denunció en 1517.

Reparar el daño no es opcional. En esto coinciden todas las tradiciones. Zaqueo no esperó a que nadie se lo exigiera: devolvió cuatro veces lo robado (Lucas 19:8). Si dañaste a alguien, el perdón de Dios no te libera de buscar a esa persona.

El perdón es el comienzo, no el final. Católicos y protestantes discuten cómo se purifica el corazón, pero ninguno sostiene que el perdón deje intacta la inclinación al pecado. Puedes llamarlo penitencia o santificación; en ambos casos la pregunta es la misma: ¿qué está cambiando en ti desde que fuiste perdonado?

Antes de criticar una creencia, conócela bien. Muchas críticas a las indulgencias atacan algo que la Iglesia católica no enseña, y muchas defensas ignoran las objeciones bíblicas serias.

Para seguir el hilo: la vida de Martín Lutero, el debate sobre si es bíblico confesarse con un sacerdote, qué significa recibir la gracia de Dios y la pregunta de si es obligatorio el diezmo.

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