
La Iglesia Ortodoxa Siríaca es la heredera del cristianismo de Antioquía, la ciudad donde por primera vez se llamó cristianos a los seguidores de Jesús. Es una de las tradiciones más antiguas que existen, produjo una de las traducciones bíblicas más tempranas y ha pasado los últimos quince siglos siendo minoría en todos los lugares donde vive.
En algunas iglesias de Siria, del sureste de Turquía y del sur de la India, la liturgia del domingo se canta en un dialecto del arameo, la misma lengua en la que Jesús predicó en Galilea. No es una recreación ni un ejercicio de nostalgia: es la lengua que esas comunidades han usado sin interrupción desde los primeros siglos, y la Iglesia Ortodoxa Siríaca es quien la ha conservado.
Lo que sigue recorre de dónde procede, qué la separó del resto de la cristiandad, qué la distingue y cómo ha llegado hasta hoy a través de conquistas, matanzas y una guerra reciente.
Retrato Rápido
La Iglesia Ortodoxa Siríaca procede del cristianismo de Antioquía y del mundo de lengua siríaca, un dialecto del arameo.
Rechazó el concilio de Calcedonia en 451 y sobrevivió a la persecución imperial gracias a la reorganización clandestina que emprendió el monje Jacobo Baradeo en el siglo VI, de cuyo nombre salió la etiqueta «jacobitas» que sus adversarios le pusieron y que ella rechaza.
La encabeza el patriarca de Antioquía y todo Oriente, con sede en Damasco desde 1959, y tiene una rama numerosa en la India (panorama de la Iglesia Siríaca).
⚖️ Algunos puntos debatidos: La historia y los documentos están bien establecidos. Se discute cuánto pesó lo doctrinal y cuánto el rechazo a una decisión impuesta desde Constantinopla, y las declaraciones firmadas en el siglo XX reconocen que la fe en Cristo era la misma.
Puntos Clave
- Antioquía es la ciudad donde nació el nombre «cristianos», y de esa comunidad procede esta iglesia.
- Su lengua litúrgica es el siríaco, un dialecto del arameo emparentado con el que hablaba Jesús, aunque no idéntico al de Galilea.
- La Peshitta, su Biblia, es del siglo II en el Antiguo Testamento, y durante siglos circuló sin cinco libros del Nuevo Testamento.
- Estuvo a punto de desaparecer en el siglo VI, y la salvó un monje que recorrió Oriente ordenando obispos a escondidas.
- «Jacobitas» es un nombre puesto por sus adversarios, y la comunidad lo considera ofensivo.
- Sus eruditos fueron el puente entre el saber griego y el árabe, traduciendo primero al siríaco y después al árabe la filosofía y la medicina griegas.
¿De dónde venía la Iglesia Ortodoxa Siríaca?
Su punto de partida es Antioquía, la tercera ciudad del imperio romano y la primera gran comunidad cristiana fuera de Judea. El libro de los Hechos cuenta que los creyentes dispersados por la persecución llegaron allí y empezaron a predicar también a los griegos, y añade el dato que ha quedado para siempre: «en Antioquía fue donde por primera vez se les llamó cristianos» (Hechos 11:26).
De aquella comunidad salieron Pablo y Bernabé hacia sus viajes, y de su primer siglo procede una figura decisiva, el obispo mártir Ignacio. El sitio trata la ciudad en Antioquía y al obispo en san Ignacio de Antioquía.
Alrededor de Antioquía se extendía un mundo que hablaba arameo, no griego, y que desarrolló su propia literatura cristiana en la variedad de esa lengua originaria de Edesa: el siríaco. Ese detalle lingüístico tuvo consecuencias enormes. Significó que el cristianismo pudo predicarse hacia el este —Mesopotamia, Persia, la India— en una lengua semítica, sin pasar por el griego ni por el latín.
De ese mundo salió la Peshitta, la Biblia siríaca, cuyo Antiguo Testamento se remonta probablemente al siglo II y que desde el siglo V fue la versión de referencia. Durante siglos circuló sin cinco escritos que hoy están en cualquier Nuevo Testamento: 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y el Apocalipsis (qué es la Peshitta), un dato que muestra hasta qué punto la lista de los libros tardó en cerrarse fuera del Mediterráneo y que el sitio trata en quién compiló la Biblia.
Y de ese mundo salió también Efrén, del siglo IV, que escribió teología en verso: himnos que se cantaban en las iglesias y que siguen siendo de lo mejor de la literatura cristiana antigua. Su existencia recuerda algo que Occidente olvida con facilidad: hubo una teología cristiana de primer nivel que no se pensó en griego ni en latín.
¿Qué la separó del resto de la cristiandad?
El concilio de Calcedonia, en 451, definió que en Cristo hay dos naturalezas en una sola persona. En el mundo siríaco esa fórmula se leyó como una imposición llegada desde Constantinopla y como un abandono del lenguaje de Cirilo de Alejandría. La postura que adoptaron es la misma que la copta y la armenia: en Cristo hay una naturaleza compuesta de divinidad y humanidad, unidas sin confusión y sin que lo humano se pierda.
Lo que siguió fue una persecución sostenida. Los emperadores bizantinos, empeñados en imponer Calcedonia, depusieron obispos y encarcelaron a otros, y a mediados del siglo VI la jerarquía siríaca estaba prácticamente desmantelada.
La iglesia se salvó por un solo hombre: Jacobo Baradeo, un monje que recorrió durante décadas Siria, Mesopotamia y Egipto vestido de mendigo, ordenando obispos y sacerdotes en secreto y reconstruyendo desde abajo una estructura entera. Sus adversarios empezaron entonces a llamar «jacobitas» a esos cristianos, y el nombre se quedó pegado durante siglos; la iglesia lo rechaza y se llama a sí misma siríaca ortodoxa.
Como en los demás casos de esta familia, el desacuerdo se ha ido reconociendo como un problema de lenguaje. En 1984, el papa Juan Pablo II y el patriarca Ignacio Zakka I firmaron una declaración común afirmando que las dos iglesias profesan la misma fe en Cristo y que las divisiones anteriores se debieron en gran parte a diferencias de terminología y de cultura. El mismo proceso, contado desde Egipto y desde Armenia, está en la Iglesia Copta y en la Iglesia Apostólica Armenia.
¿Qué distingue a la Iglesia Ortodoxa Siríaca?
Su lengua. Celebra en siríaco, y esa es su seña más reconocible. El siríaco es arameo: no es exactamente la variedad que se hablaba en Galilea, pero es la misma lengua, y hay comunidades donde todavía se usa fuera del templo. Quien asiste a una liturgia siríaca escucha el padrenuestro en una lengua hermana de aquella en la que se pronunció por primera vez.
Su rito. La liturgia de Santiago, atribuida al hermano del Señor y primer obispo de Jerusalén, con una música propia de raíz semítica y una estructura antiquísima. Los sacerdotes de parroquia pueden estar casados; los obispos se eligen entre monjes.
Su gobierno. La encabeza el patriarca de Antioquía y todo Oriente, que toma siempre el nombre de Ignacio en recuerdo del obispo mártir. La sede está en Damasco desde 1959, después de haber estado en la propia Antioquía, en Mardin y en Homs: un itinerario que resume su historia.
Su calendario y su ayuno. Como el resto de las iglesias de esta familia, observa periodos de ayuno largos y estrictos, con abstinencia de productos animales, y conserva el orden antiguo de las fiestas. Sus iglesias suelen ser sobrias, de piedra, con muy pocas imágenes y ninguna escultura.
Su presencia en la India. En Kerala existe desde muy antiguo una comunidad que se remonta, según su tradición, a la predicación del apóstol Tomás. Tras la presión portuguesa por latinizarla en los siglos XVI y XVII, una parte de aquellos cristianos buscó la comunión con el patriarcado siríaco, y de ahí procede la relación entre una iglesia de Oriente Medio y una comunidad india de más de un millón de personas.
¿Cómo llegó hasta hoy?
La conquista árabe del siglo VII cambió su situación, y de entrada la alivió: dejaron de estar bajo un imperio que los perseguía por no aceptar Calcedonia y pasaron al estatuto de protegidos, con libertad de culto a cambio de un impuesto y de restricciones legales.
En esos siglos hicieron algo cuya importancia cuesta exagerar. Los eruditos siríacos, que ya habían traducido a su lengua la filosofía y la medicina griegas, se convirtieron en los traductores del árabe: obras de Aristóteles, de Galeno y de Hipócrates pasaron del griego al siríaco y del siríaco al árabe en los círculos de Bagdad. Ese trabajo conservó una parte del saber antiguo que después regresaría a Europa, y lo hizo un grupo de cristianos que en Occidente casi nadie recuerda.
Ese papel de intermediarios tuvo también un coste. Cuanto más útiles resultaban sus escuelas y sus médicos, más presión social había para arabizarse y convertirse, y la comunidad fue encogiendo lentamente durante siglos, del mismo modo que ocurrió con los coptos en Egipto.
El siglo XX fue el más duro. Durante la Primera Guerra Mundial, las matanzas y deportaciones que arrasaron a los armenios alcanzaron también a las comunidades siríacas del sureste de Anatolia; los siríacos lo llaman Sayfo, «la espada», y calculan en cientos de miles sus muertos. Los supervivientes se repartieron entre Siria, Irak, Líbano y la emigración a Europa y América.
Y el presente ha vuelto a golpear. La guerra de Siria y la violencia en Irak han vaciado pueblos enteros de población cristiana en la llanura de Nínive y en el valle del Éufrates. En 2013, dos obispos de Alepo, uno siríaco ortodoxo y otro ortodoxo griego, fueron secuestrados y siguen sin aparecer. Hoy buena parte de la comunidad vive fuera de sus tierras de origen, en Alemania, Suecia, Estados Unidos y Australia, donde mantiene sus parroquias y su lengua.
¿Qué puede enseñarte esta historia?
Conocer la Iglesia Ortodoxa Siríaca corrige algunas ideas asentadas sobre los orígenes cristianos. Cuatro concretas.
El cristianismo no se pensó solo en griego y en latín. Hubo una teología entera, con himnos y comentarios de primer nivel, escrita en una lengua semítica y dirigida hacia el este. Ignorarla deja fuera media historia.
Una comunidad puede sobrevivir a casi todo si conserva su culto. Perdieron el favor imperial, después el territorio y después la seguridad, y lo que los mantuvo unidos fue una liturgia y una lengua que se transmiten de padres a hijos.
Las etiquetas de los adversarios duran siglos. «Jacobitas» sigue apareciendo en enciclopedias para nombrar a gente que no se llama así. Preguntar cómo se llama cada uno a sí mismo es una cortesía barata y una precisión gratis.
Y los cristianos de Oriente Medio no son un tema del pasado. Las comunidades más antiguas del cristianismo están hoy en riesgo real de desaparecer de las tierras donde nacieron. Saber que existen es el primer paso para que su suerte importe.
El sitio trata de cerca otras piezas de esta historia: Antioquía, la Iglesia Copta, la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Asiria de Oriente y la Iglesia Ortodoxa.
Este artículo forma parte de la guía de los tipos de iglesias cristianas del sitio, ordenada desde la Iglesia indivisa hasta los movimientos surgidos en los últimos dos siglos.



