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Versiones de la Biblia: Historia, Origen y Denominaciones que las Usan

Verdad Eterna septiembre 10, 2026 34 minutos de lectura
¿Quitó Lutero libros de la Biblia?

Publicado en agosto 5, 2025, última actualización en septiembre 10, 2026.

Entrar a una librería cristiana y encontrar veinte Biblias distintas en el mismo estante genera una pregunta natural: si todas dicen ser la Palabra de Dios, ¿por qué no dicen exactamente lo mismo? Unas hablan de «Jehová» y otras de «el Señor». Unas tienen setenta y tres libros y otras sesenta y seis. En unas aparece un versículo que en otras figura solo en una nota al pie. Las diferencias entre las versiones de la Biblia tienen explicaciones concretas, y ninguna de ellas es un misterio reservado a especialistas.

Esas diferencias no son un accidente ni un secreto incómodo. Son el rastro visible de una historia larguísima: manuscritos copiados a mano durante siglos, traductores que arriesgaron la vida, decisiones sobre cómo trasladar una lengua antigua a una moderna, y comunidades de fe que eligieron el texto que mejor servía a su culto. Quizás hayas oído hablar de la Reina-Valera 1960 sin saber de dónde viene ese año, o hayas visto las siglas NVI, LBLA o DHH sin tener claro qué significan.

Este recorrido presenta ese mapa completo: de dónde salen los textos originales, cómo llegó la Biblia al español, qué separa a una traducción literal de una dinámica, qué versión usa cada iglesia hoy y por qué algunos versículos aparecen y desaparecen según la edición que se tenga en las manos.

Contenido

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  • Retrato Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿De qué textos originales nacen las versiones de la Biblia?
    • El Antiguo Testamento: el Texto Masorético y sus testigos
    • El hallazgo de Qumrán y su efecto real
    • El Nuevo Testamento: dos ediciones griegas, dos familias de biblias
  • ¿Cómo llegó la Biblia completa al español?
    • Antes de Reina: tres siglos de intentos
    • La Biblia del Oso: doce años de trabajo y 2.600 ejemplares
    • De la Biblia del Cántaro a la Reina-Valera 1960
    • Un punto debatido: por qué muchas iglesias resisten las revisiones
  • ¿Cuál es la diferencia entre traducción formal y dinámica?
    • El debate real entre las dos escuelas
  • ¿Qué versión de la Biblia usa cada iglesia hoy?
    • Iglesia católica
    • Iglesias evangélicas y pentecostales hispanas
    • Iglesias reformadas y presbiterianas
    • Iglesias ortodoxas
    • Anglicanos, metodistas y luteranos
    • Una nota descriptiva sobre la Traducción del Nuevo Mundo
  • ¿Por qué faltan versículos en algunas versiones de la Biblia?
    • La Coma Juanina (1 Juan 5:7-8)
    • El final largo de Marcos (Marcos 16:9-20)
    • La mujer adúltera (Juan 7:53–8:11)
    • Hechos 8:37 (Hechos 8:36-38)
    • El otro punto debatido: los libros deuterocanónicos
  • ¿Qué versión de la Biblia conviene para cada propósito?
  • ¿Qué enseña a tu fe la historia de las versiones de la Biblia?

Retrato Rápido

Las versiones de la Biblia son traducciones distintas de los mismos textos antiguos en hebreo, arameo y griego.

Se diferencian en tres cosas: el texto base que usaron (qué manuscritos griegos y hebreos tomaron como punto de partida), el método de traducción (más literal o más orientado al sentido) y el canon (si incluyen o no los libros deuterocanónicos).

En español, la familia Reina-Valera nace de la Biblia del Oso de 1569 y domina el mundo evangélico; las biblias católicas se organizan en torno a traducciones aprobadas por las conferencias episcopales; y las versiones modernas como la NVI, la LBLA o la NTV se apoyan en manuscritos que salieron a la luz después del siglo XIX.

⚖️ Algunos puntos debatidos: El retrato general es claro y bien documentado, pero hay detalles sobre los que las fuentes y las tradiciones cristianas no coinciden, sobre todo en la elección del texto griego del Nuevo Testamento y en el canon del Antiguo.

Puntos Clave

  • El texto base marca la diferencia más profunda. Las versiones que siguen el Textus Receptus del siglo XVI (Reina-Valera, King James) y las que siguen el texto crítico moderno (Nestle-Aland) no parten del mismo original griego, y de ahí vienen casi todas las diferencias de versículos.
  • La primera Biblia completa en español impresa es la Biblia del Oso, traducida por Casiodoro de Reina y publicada en Basilea en septiembre de 1569, después de doce años de trabajo y con una tirada de 2.600 ejemplares.
  • Cipriano de Valera revisó, no retradujo. Su Biblia del Cántaro (Ámsterdam, 1602) mantuvo sustancialmente el texto de Reina y reorganizó los libros; el nombre «Reina-Valera» viene de ahí.
  • La equivalencia formal y la dinámica no compiten por ser la correcta. Una prioriza la estructura del original y la otra el efecto sobre el lector; ninguna traducción seria es puramente una u otra.
  • Los manuscritos del Mar Muerto confirmaron más de lo que corrigieron. Adelantaron mil años la evidencia manuscrita del Antiguo Testamento y mostraron una estabilidad notable del texto transmitido.
  • Ninguna gran tradición cristiana sostiene que exista una traducción perfecta. Lo que existe son traducciones honestas hechas con criterios distintos y para propósitos distintos.

¿De qué textos originales nacen las versiones de la Biblia?

Ninguna traducción parte de un manuscrito autógrafo escrito por Moisés, Isaías o Pablo: esos originales no se conservan. Toda versión de la Biblia parte de ediciones críticas modernas que reconstruyen el texto antiguo comparando miles de copias. Entender esas ediciones explica de golpe la mayoría de las diferencias entre las versiones de la Biblia.

El Antiguo Testamento: el Texto Masorético y sus testigos

La base del Antiguo Testamento hebreo es el Texto Masorético, fijado por generaciones de escribas judíos. Sus dos testigos principales son el Códice de Alepo, escrito hacia el año 929 en Tiberíades por el escriba Shlomo Ben Boya’a, con las vocales y notas añadidas por Aharón Ben Aser, hoy conservado en el Santuario del Libro de Jerusalén y al que le falta cerca de un tercio de sus páginas (expediente de la UNESCO); y el Códice de Leningrado, copiado en El Cairo entre 1008 y 1010 por Samuel ben Jacob, con 491 folios de pergamino y considerado el manuscrito completo fechado más antiguo de la Biblia hebrea (Biblioteca Nacional de Rusia).

Ese segundo códice es la base de la Biblia Hebraica Stuttgartensia, la edición que aparece citada en el prólogo de casi todas las biblias modernas en español, y que desde 2004 está siendo reemplazada por fascículos de la Biblia Hebraica Quinta (Deutsche Bibelgesellschaft).

Junto al hebreo existe la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento hecha para la comunidad judía de Egipto varios siglos antes de Cristo (Britannica). Es la Biblia que citaban con más frecuencia los autores del Nuevo Testamento, y sigue siendo el Antiguo Testamento oficial de las iglesias ortodoxas.

El relato de los setenta y dos traductores encerrados por separado procede de la Carta de Aristeas, un documento que los especialistas consideran legendario más que histórico.

El hallazgo de Qumrán y su efecto real

En 1947, un joven pastor beduino encontró los primeros rollos en una cueva cerca de Qumrán, junto al Mar Muerto. En los nueve años siguientes aparecieron once cuevas en total, y las excavaciones dirigidas por Roland de Vaux y Gerald Lankester Harding entre 1949 y 1956 recuperaron fragmentos de más de 900 textos distintos (Autoridad de Antigüedades de Israel — Biblioteca Digital Leon Levy).

La pieza más célebre es el Gran Rollo de Isaías (1QIsaᵃ), datado hacia el 125 a.C., de 7,34 metros de largo, el manuscrito bíblico más largo y mejor conservado del conjunto. Presenta más de 2.600 variantes respecto al Texto Masorético, desde una sola letra hasta versículos enteros (Museo de Israel — Proyecto Digital de los Manuscritos del Mar Muerto).

El propio Museo de Israel resume el alcance del hallazgo, que suele exagerarse en ambas direcciones: los rollos demuestran que existía cierta diversidad textual en la antigüedad, pero también confirman la antigüedad y estabilidad de la tradición masorética. Los rollos adelantaron en unos mil años la evidencia manuscrita disponible y aportaron un número acotado de lecturas que hoy figuran en el texto o en las notas de las traducciones modernas. Tres casos concretos ilustran ese efecto:

PasajeQué aportó QumránVersiones que lo adoptaron
Isaías 53:11La palabra «luz», ausente del Texto Masorético: «verá la luz y quedará satisfecho»En el texto: NVI, NRSV, CSB. En nota: ESV, LBLA, NASB
Salmo 145:13El versículo de la letra nun, ausente del masorético: «Dios es fiel en sus palabras y bondadoso en todas sus obras»ESV, NVI, NLT, NTV, NRSV, RSV y otras: la variante de Qumrán más aceptada
1 Samuel 10:27Un párrafo sobre la crueldad de Najás que explica un salto narrativoSolo NRSV y NLT; es el caso más discutido

Fuente del cuadro: las variantes de Qumrán en las biblias modernas.

El Nuevo Testamento: dos ediciones griegas, dos familias de biblias

De las tres bases textuales, la del Nuevo Testamento es la que más consecuencias tiene en las biblias que hoy se compran. En 1516, Erasmo de Róterdam publicó en Basilea el Novum Instrumentum omne, el primer Nuevo Testamento griego publicado, trabajando con ocho manuscritos griegos de los siglos X al XV procedentes de la biblioteca del convento dominico de Basilea (Text & Canon Institute, Phoenix Seminary). Esa edición, refinada después por Estienne, Beza y los Elzevir, recibió en el siglo XVII el nombre de Textus Receptus, «texto recibido». Sobre ella se hicieron la Biblia del Oso (1569) y la King James Version (1611).

A partir del siglo XIX aparecieron manuscritos mucho más antiguos. El Códice Sinaítico, del siglo IV, contiene la copia completa más antigua del Nuevo Testamento y hoy está repartido entre la Biblioteca Británica, la Universidad de Leipzig, la Biblioteca Nacional de Rusia y el Monasterio de Santa Catalina (Codex Sinaiticus Project). El Códice Vaticano, de mediados del siglo IV, está en la Biblioteca Apostólica Vaticana desde antes de 1475 (Britannica). A ellos se sumaron papiros de los siglos II y III.

Con ese material, Westcott y Hort publicaron en 1881 The New Testament in the Original Greek, la edición que desplazó al Textus Receptus como base académica (Brill). Su heredera actual es el Nestle-Aland, serie iniciada en 1898 y hoy en su 28ª edición, publicada por la Deutsche Bibelgesellschaft de Stuttgart (die-bibel.de). La 29ª edición está en preparación por un comité internacional, sin fecha anunciada.

De ahí salen las dos familias: las biblias que siguen la tradición del Texto Recibido y las que siguen el texto crítico. La consecuencia práctica se ve en los versículos, y a eso se dedica una sección más adelante.

¿Cómo llegó la Biblia completa al español?

La historia de la Biblia en castellano es más antigua que la Reforma y más accidentada de lo que suele contarse. Hubo traducciones medievales, versiones judías, mártires y ediciones impresas con pie de imprenta falso para burlar a la Inquisición.

Antes de Reina: tres siglos de intentos

Hacia finales del siglo XIII, la corte de Alfonso X el Sabio incorporó extensas porciones bíblicas romanceadas dentro de la General Estoria, su gran obra historiográfica. No fue una Biblia publicada como tal, sino texto bíblico integrado en una historia universal.

Un salto notable ocurrió en el siglo XV. El 5 de abril de 1422, Luis de Guzmán, Gran Maestre de la Orden de Calatrava, encargó al rabino Mošé Arragel de Guadalajara una traducción del Antiguo Testamento al castellano (Portal de Historia de la Traducción, Universitat Pompeu Fabra). El resultado, terminado hacia 1430 y conocido como Biblia de Alba, incluye glosas de exégesis rabínica junto a referencias a autoridades cristianas y 334 miniaturas (Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense). El manuscrito original se conserva en la Casa de Alba.

En el siglo XVI el ritmo se acelera:

  • Nuevo Testamento de Francisco de Enzinas (Amberes, 25 de octubre de 1543). Traducido del griego sobre la edición de Erasmo y dedicado a Carlos V, a quien Enzinas se lo entregó en persona en Bruselas pidiendo su protección. Fue detenido ese mismo año por sospechoso de herejía y escapó dos años después (PHTE, UPF).
  • Biblia de Ferrara (1553). Traducción del Antiguo Testamento al judeoespañol, obra de Yom Tob Atías y Abraham Usque, «traducida palabra por palabra de la verdad hebrayca» (Biblioteca Histórica UCM). Reina la usó después como apoyo.
  • Nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda (1556). Impreso en Ginebra por Jean Crespin con un pie de imprenta falso que decía «Venecia». Es, en rigor, una edición revisada del texto de Enzinas con cambios menores.

A ese siglo pertenece también la Políglota Complutense (impresa entre 1514 y 1517 en Alcalá de Henares bajo el patrocinio del cardenal Cisneros), en hebreo, griego, latín y arameo. Su Nuevo Testamento griego lleva colofón del 10 de enero de 1514, lo que lo convierte en el primero impreso, aunque no en el primero publicado: la circulación se retrasó a 1521-1522 y Erasmo se le adelantó (Harvard Divinity School Library).

La Biblia del Oso: doce años de trabajo y 2.600 ejemplares

Casiodoro de Reina (c. 1520-1594) era monje jerónimo del monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, cerca de Sevilla, y hacia 1557 huyó junto a una docena de monjes ante la presión inquisitorial (Centro de Estudios Andaluces). El 26 de abril de 1562 fue condenado en efigie en un auto de fe de Sevilla (Sociedad Bíblica de España).

Trabajó doce años en la traducción. La Biblia completa se imprimió en Basilea, en septiembre de 1569, en el taller de Tomás Guarín, con una tirada de 2.600 ejemplares (Centro de Estudios Andaluces). Se la conoce como Biblia del Oso por el grabado de la portada: un oso alcanzando un panal de miel.

Un detalle que suele darse por sabido y no lo está: la fecha exacta de publicación no está documentada. Circula el 28 de septiembre, pero los especialistas de referencia sobre Reina —A. Gordon Kinder, Carlos Gilly, Doris Moreno, Enrique Fernández— registran solo el mes y el año, y la portada original dice únicamente «Anno del Señor, en Septiembre» (Protestante Digital).

Sobre sus fuentes, Reina explicó en su Amonestación al lector que para el Antiguo Testamento se apoyó especialmente en la traducción latina de Santes Pagnino, que consideraba «por todos los doctos en la lengua hebrea por la más pura que hasta ahora hay», y en la Biblia de Ferrara (Sociedad Bíblica de España).

Para el Nuevo Testamento usó el griego de la tradición del Texto Recibido. Reina no declaró todas sus fuentes: omitió deliberadamente algunas consideradas heréticas para no comprometer la circulación de la obra en España (Protestante Digital). En 1571 el Consejo de la Inquisición ordenó recoger los ejemplares.

De la Biblia del Cántaro a la Reina-Valera 1960

Cipriano de Valera, compañero de Reina en San Isidoro del Campo, dedicó más de veinte años a revisar aquel texto. Su edición apareció en Ámsterdam en 1602, impresa por Lorenço Iacobi, y se conoce como Biblia del Cántaro por el grabado de la portada: un hombre planta un árbol y otro lo riega con agua de un cántaro (Biblioteca Histórica UCM).

Valera revisó, no retradujo, un matiz que suele exagerarse en sentido contrario. Las alteraciones textuales fueron mínimas. Su cambio más visible fue reorganizar los libros, agrupando los deuterocanónicos en una sección aparte entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Las revisiones posteriores forman la cadena que llega hasta hoy:

EdiciónAñoQué la caracteriza
Biblia del Oso1569Primera Biblia completa impresa en español; incluía los deuterocanónicos
Biblia del Cántaro1602Revisión de Valera; agrupa los deuterocanónicos aparte
Revisión de 18621862Preparada para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera
RV19091909Más de 100.000 cambios ortográficos y 60.000 de redacción; suprime la sección de apócrifos
RVR19601960Revisión «formal y no exegética»; comité interdenominacional
RVR19951995Orientada a la lectura de consulta: párrafos, formato poético, menos arcaísmos
RVC2011Español latinoamericano contemporáneo; sustituye «Jehová» por «Señor»

La RVR1960 merece detalle porque es la Biblia más usada del mundo hispano evangélico, y su proceso está documentado por quien lo dirigió. Eugene A. Nida, coordinador de traducciones de las Sociedades Bíblicas, publicó el informe del proyecto en The Bible Translator (PDF completo). De ahí se sabe que:

  • El comité tuvo seis miembros de seis países: Juan Díaz G. (México), Honorio Espinoza (Chile), Francisco Estrello (México), Alfonso Lloreda (Venezuela), Henry Parra S. (Colombia) y Alfonso Rodríguez H. (Cuba).
  • Fue interdenominacional: dos metodistas, tres presbiterianos y un bautista, elegidos por competencia y no por afiliación.
  • Trabajaron en cuatro sesiones plenarias de seis semanas, entre 1950 y 1953, en San José, Lima y Ciudad de México.
  • Formularon unos 36 principios, con un criterio rector: la revisión sería «fundamentalmente formal y no exegética». Se actualizaba la lengua, no la interpretación.

Esa decisión explica el fenómeno: la RV1960 conservó la cadencia y las frases que ya estaban memorizadas, igual que la King James en el mundo anglosajón. Es lo que la hace, a la vez, la más querida y la más difícil de sustituir.

Un punto debatido: por qué muchas iglesias resisten las revisiones

Al aparecer la RVR1995 y sobre todo la RVC de 2011, buena parte de las congregaciones hispanas se mantuvo en la de 1960. Las razones que se documentan son tres, y ninguna es trivial.

La primera es litúrgica y de memoria: la RV1960 es la Biblia que se predicó, se cantó y se aprendió de memoria durante más de sesenta años; cambiar de versión cambia los versículos que la congregación recita sin abrir el libro.

La segunda es el nombre divino. La RVC sustituyó «Jehová» por «Señor», el cambio más visible y más discutido de esa revisión (ficha de la RVC en Biblioteca Pastoral).

La tercera es la base textual. Para el sector que defiende el Texto Recibido, cada revisión acerca el texto español a Nestle-Aland. La Sociedad Bíblica Trinitaria ejemplifica la objeción señalando omisiones como la de Hechos 8:37 (su comparación entre LBLA y Reina-Valera).

Nida documentó que el comité de 1960 sí introdujo pequeños cambios hacia el texto crítico «en algunos casos en que una lectura crítica era claramente preferible», y ese dato proviene de los dos lados a la vez. Desde el sector del Texto Recibido, el estudio de Rex Cobb contabilizó 191 discrepancias de la RV1960 respecto del Texto Recibido, aproximadamente un 2,3 % de las diferencias posibles (Literatura Bautista). Es decir: la RV1960 no es una Biblia de Texto Recibido puro, ni siquiera según quienes la defienden. Ocupa una posición intermedia que la hace demasiado crítica para unos y demasiado tradicional para otros.

¿Cuál es la diferencia entre traducción formal y dinámica?

Toda traducción resuelve la misma tensión: cuanto más se pega a la forma del original, más rara suena en la lengua de llegada; cuanto más natural suena, más se aleja de la estructura del texto antiguo. Las dos escuelas que nombran ese dilema son la equivalencia formal y la equivalencia dinámica.

La formulación clásica de ambas está en Toward a Science of Translating (1964), de Eugene Nida. La equivalencia formal se centra en «el mensaje mismo, tanto en forma como en contenido», buscando correspondencias de poesía a poesía, de oración a oración, de concepto a concepto.

La equivalencia dinámica parte del principio del efecto equivalente: «la relación entre receptor y mensaje debe ser sustancialmente la misma que la que existía entre los receptores originales y el mensaje», y busca «el equivalente natural más cercano al mensaje en la lengua fuente» (citas con paginación).

Dónde cae cada versión, en la práctica:

EnfoqueVersiones en españolVersiones en inglés
Equivalencia formalLBLA, NBLA, RVR1960, RVR1995, Reina Valera SBTNASB, ESV, KJV
IntermediasNVI, La Palabra (BLP), Biblia de JerusalénCSB, NET
Equivalencia dinámicaDHH, NTV, RVC, Traducción en Lenguaje ActualNLT, CEV
ParáfrasisLa Biblia al DíaThe Message

En Efesios 2:8, el griego usa un participio perfecto pasivo. La LBLA traduce «habéis sido salvados», que recoge esa forma verbal; la RV1960 dice «sois salvos», más breve y más memorizable. Ninguna de las dos miente; cada una prioriza algo distinto.

El debate real entre las dos escuelas

Los críticos de la equivalencia dinámica señalan pérdidas concretas. D. A. Carson advierte que las traducciones dinámicas pierden las expresiones memorables; Daniel Wallace dijo de la NIV que «se lee tan bien que no tiene expresiones memorables»; Leland Ryken insiste en las pérdidas literarias: aliteraciones, paralelismos poéticos, alusiones al Antiguo Testamento y simplificación de términos teológicos (recopilación de las objeciones).

El propio Nida hizo una autocrítica que rara vez se cita: «muchos mensajes del Nuevo Testamento no se dirigen primariamente al hombre de la calle, sino al hombre de la congregación» (recopilación de citas de Nida).

Y hay un matiz que desactiva buena parte de la polémica: las escuelas no son compartimentos estancos. El prefacio oficial de la ESV, una versión que se declara «esencialmente literal», admite que sustituye términos masculinos por «cualquiera» cuando el original lo permite (prefacio de la ESV). Y la LBLA imprime en cursiva las palabras que el traductor tuvo que añadir, precisamente porque una traducción palabra por palabra pura es imposible.

Un dato curioso conecta las dos secciones anteriores: el hombre que formuló la teoría de la equivalencia dinámica dirigió el proyecto de la RV1960 con criterios deliberadamente formales y conservadores.

¿Qué versión de la Biblia usa cada iglesia hoy?

La respuesta cambia según la tradición, y en algunos casos según el país. Conviene distinguir tres niveles que suelen confundirse: una Biblia aprobada para lectura, una traducción autorizada por una conferencia episcopal, y la versión oficial litúrgica, que es la única que se proclama en la Misa.

Iglesia católica

El canon 825 §1 del Código de Derecho Canónico establece que «los libros de la sagrada Escritura sólo pueden publicarse si han sido aprobados por la Sede Apostólica o por la Conferencia Episcopal» (texto oficial en el portal del Vaticano). El nihil obstat es el dictamen del censor que certifica que nada en el texto contradice la fe o la moral; el imprimátur es la licencia del obispo para publicarlo. Ninguno de los dos garantiza el valor literario ni implica que la autoridad comparta las opiniones del autor.

En España, la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española fue aprobada por la Asamblea Plenaria el 26 de noviembre de 2008; la Santa Sede otorgó la recognitio el 29 de junio de 2010, el Leccionario recibió confirmación el 10 de agosto de 2015, y su uso pasó a ser obligatorio el 8 de septiembre de 2016 (folleto oficial de la CEE).

En América Latina no existe un leccionario único: cada Conferencia Episcopal aprueba el suyo, y por eso las lecturas de la Misa suenan distinto en México, en Argentina o en España. La Biblia de la Iglesia en América (BIA), traducción del CELAM, se publicó por etapas —Evangelios en 2011, Nuevo Testamento en 2015, Biblia completa en mayo de 2019— y su propio documento fundacional aclara que «sin pretender tener carácter de obligatoriedad o de texto único, quiso ser un posible instrumento de unidad» (revista Medellín del CELAM). El papa Francisco tomó de ella las citas en español de Fratelli tutti.

Entre las traducciones católicas más difundidas en español están la Nácar-Colunga (1944), primera Biblia católica completa traducida directamente del hebreo y del griego al castellano, publicada por la BAC con una tirada inicial de 15.000 ejemplares que se agotó de inmediato (Diócesis de Salamanca); la Biblia de Jerusalén, cuya primera edición española es de 1967, bajo la dirección de la École Biblique de Jerusalén, con revisiones en 1975, 1998, 2009 y una quinta edición completada en 2018 que amplió alrededor de un 30 % las notas a pie de página (editorial Desclée De Brouwer); y la Biblia Latinoamericana, cuya primera edición apareció en 1972, impulsada por Bernardo Hurault con Ramón Ricciardi desde la zona de Concepción, en Chile (San Pablo).

Iglesias evangélicas y pentecostales hispanas

El predominio de la Reina-Valera 1960 es abrumador; las propias Sociedades Bíblicas la describen como la versión más aceptada por las iglesias de Latinoamérica y España. Las razones de esa permanencia se explicaron más arriba.

La Nueva Versión Internacional avanza sobre todo en congregaciones más jóvenes. Se completó en 1999, traducida directamente del hebreo, arameo y griego —no desde la NIV inglesa—, y Biblica ha publicado revisiones en 2015 y 2022 (ficha de Biblica).

Un dato de mercado que da la medida del peso del público hispano: en la lista de traducciones más vendidas de la ECPA (datos de Circana BookScan, febrero de 2025), la Reina Valera ocupó el séptimo lugar en Estados Unidos, por delante de la NASB y la NRSV (listado ECPA). No existen, en cambio, estadísticas publicadas y citables de cuota de mercado por versión dentro de los países hispanohablantes.

Iglesias reformadas y presbiterianas

La preferencia se inclina hacia la equivalencia formal con base en texto crítico: LBLA y NBLA en español, ESV en inglés. La Biblia de las Américas se publicó en 1986, obra de un equipo internacional de eruditos evangélicos reunido por la Fundación Lockman, con la Biblia Hebraica de Kittel y los rollos del Mar Muerto para el Antiguo Testamento y Nestle-Aland para el Nuevo (Fundación Lockman). La NBLA es su adaptación al español latinoamericano, con «ustedes» en lugar de «vosotros».

Es significativo que incluso quienes argumentan a favor de la LBLA frente a la RV1960 cierren reconociendo que «no existe traducción perfecta» (Coalición por el Evangelio).

Iglesias ortodoxas

El principio canónico es claro: la Iglesia ortodoxa recibe como Antiguo Testamento la Septuaginta, no el texto masorético hebreo, y su canon es más amplio que el católico —incluye 3 Macabeos, el Salmo 151 y 1 Esdras, entre otros.

Y hay un reconocimiento honesto desde dentro: en un artículo de la Iglesia Ortodoxa Antioquena, el archimandrita Fadi Rabbat señala que «ni en español ni en francés existe una Biblia ortodoxa debidamente editada y publicada» (Iglesia Ortodoxa Antioquena). Las comunidades ortodoxas hispanohablantes usan en la práctica versiones católicas u otras. En español sí existe la colección académica La Biblia griega – Septuaginta, dirigida por Natalio Fernández Marcos y Mª Victoria Spottorno, primera traducción completa de la Septuaginta al castellano (Ediciones Sígueme). En inglés, la referencia es la Orthodox Study Bible, completa en 2008.

Anglicanos, metodistas y luteranos

La Iglesia Metodista Unida es explícita: «no tiene una versión o traducción ‘oficial’ de la Biblia», y da como razón su carácter global y multilingüe; para sus materiales en inglés prefiere la Common English Bible y la NRSV (Ask The UMC). La ELCA luterana ha adoptado la NRSVue (explicación del sínodo). En el mundo anglicano las versiones autorizadas para el culto se fijan por resolución de la Convención General.

Aquí aparece uno de los hechos ecuménicos más concretos y menos conocidos: el Revised Common Lectionary hace que anglicanos, luteranos, metodistas, presbiterianos y muchos católicos lean las mismas lecturas el mismo domingo, aunque cada uno lo haga en su propia versión (leccionario común, Universidad de Vanderbilt).

Para las ramas hispanohablantes de estas tres tradiciones no existe una designación oficial documentada; en la práctica se usan RV1960, RVC, DHH y NVI.

Una nota descriptiva sobre la Traducción del Nuevo Mundo

La Traducción del Nuevo Mundo es propia de los testigos de Jehová: Nuevo Testamento en 1950, Biblia completa en 1960, con edición en español cuyo Nuevo Testamento apareció en julio de 1963. Su comité traductor permaneció anónimo y emplea «Jehová» 6.979 veces en el Antiguo Testamento y 237 en el Nuevo, en lugares donde los textos griegos leen kýrios o theós.

La mayoría de los especialistas ajenos al grupo la cuestionan, sobre todo por esa inserción en el Nuevo Testamento y por pasajes cristológicos: Bruce Metzger señaló varias traducciones erróneas del griego en Juan 1:1, Colosenses 1:15-17 y otros pasajes.

Un académico externo, Jason BeDuhn, la valoró en 2003 como la más exacta entre las traducciones comparadas en su estudio, aunque tampoco libre de sesgo, y rechazó igualmente el uso de «Jehová» en el Nuevo Testamento (recopilación de las valoraciones).

¿Por qué faltan versículos en algunas versiones de la Biblia?

Las versiones modernas no quitan versículos: parten de una edición del texto griego distinta. La Reina-Valera y la King James se apoyan en el Texto Recibido del siglo XVI; la NVI, la LBLA y la NBLA siguen las ediciones críticas Nestle-Aland/UBS, que sopesan manuscritos aparecidos después.

Y aquí está el punto que hay que presentar con honestidad: los mismos hechos se leen de dos maneras. Quienes trabajan con el texto crítico describen esos pasajes como añadidos posteriores de copistas. Quienes defienden el Texto Recibido los describen como omisiones. Ambas lecturas parten de la misma evidencia y llegan a conclusiones opuestas.

La Coma Juanina (1 Juan 5:7-8)

Es el caso más conocido, porque el pasaje menciona explícitamente al Padre, la Palabra y el Espíritu Santo.

Argumento del texto críticoArgumento a favor de su autenticidad
Aparece solo en ocho manuscritos griegos tardíos, cuatro de ellos como nota marginal, la mayoría del siglo XVILa gran mayoría de los manuscritos latinos lo contienen, incluida la Vetus Latina
No hay evidencia segura en ningún manuscrito griego hasta el siglo XVI, ni testigo griego alguno antes de 1215Testimonio patrístico temprano: Cipriano (c. 250) cita «y estos tres son uno»
Erasmo lo omitió en 1516 y lo incorporó en su tercera edición tras presentársele un códice aparentemente confeccionado hacia 1520Argumento gramatical: «Espíritu», «agua» y «sangre» son neutros en griego pero se construyen en masculino plural, anomalía que se resolvería si el v. 7 es original
Fuente: Daniel Wallace, Bible.orgFuente: David Cloud, Way of Life

El propio Wallace, desde el lado crítico, cierra su artículo con una frase que ayuda a bajar la temperatura: «la cuestión es historia, no herejía». Un tratamiento académico arbitrado y neutral está disponible en Andrews University Seminary Studies.

El final largo de Marcos (Marcos 16:9-20)

La revista Text & Canon publicó la defensa y la refutación por separado, cada una firmada por un especialista, lo que permite ver el debate en su mejor versión.

A favor (James Snapp Jr.): 1.653 manuscritos griegos incluyen el pasaje y solo tres terminan en 16:8, es decir cerca del 99,8 % de la tradición griega. Hay tres testigos del siglo II —Ireneo, que cita expresamente Marcos 16:19; Justino Mártir; y el Diatessaron de Taciano— y sostiene que Eusebio y Jerónimo han sido malinterpretados (su artículo).

En contra (Peter Head): los dos manuscritos griegos más antiguos y completos, Sinaítico y Vaticano, terminan en 16:8 con decoración y colofón de cierre. Eusebio afirmó que las «copias exactas» terminaban ahí y Jerónimo observó que casi todos los libros en griego carecían del final largo. A eso suma evidencia interna: el pasaje reintroduce a María Magdalena con descriptores ya usados, falta el encuentro en Galilea anunciado en 14:28 y 16:7, y aparecen rasgos de estilo ajenos a Marcos (su artículo).

La mujer adúltera (Juan 7:53–8:11)

Los papiros 𝔓66 y 𝔓75 y los códices Sinaítico y Vaticano no lo traen; el manuscrito griego más antiguo que lo conserva es el Códice de Beza, del siglo V-VI. Aparece en unos 1.350 manuscritos de la tradición bizantina. El dato más llamativo es su ubicación inestable: algunos manuscritos lo colocan después de Juan 7:36, otros tras Juan 21:25, y la familia 13 lo sitúa después de Lucas 21:38. Jerónimo informó que se hallaba en su lugar habitual en muchos manuscritos griegos y latinos, y Agustín sugirió que algunos lo suprimieron por escrúpulo moral.

Hay un matiz honesto que conviene retener: muchos especialistas que consideran el pasaje una interpolación aceptan a la vez que el episodio puede ser históricamente auténtico, una tradición antigua sobre Jesús que circuló de forma independiente. Las dos cosas no se excluyen.

Hechos 8:37 (Hechos 8:36-38)

Es el caso donde la evidencia patrística temprana es más fuerte y la manuscrita griega más débil. Lo omiten 𝔓45 (siglo III), 𝔓74 y los códices Sinaítico, Vaticano y Alejandrino; el manuscrito conservado más antiguo que lo incluye es el Códice E, del siglo VI. Pero Ireneo, hacia el año 180, ya cita al eunuco diciendo «creo que Jesucristo es el Hijo de Dios», y Cipriano recoge la exigencia de creer «de todo corazón» hacia el 250. Desde el lado crítico se explica como una fórmula bautismal-catequética incorporada al margen y luego al texto. Presentarlo sin resolverlo es lo más honesto que puede hacerse con este pasaje.

El otro punto debatido: los libros deuterocanónicos

Siete libros más porciones de Ester y Daniel aparecen en las biblias católicas y ortodoxas y no en las protestantes. La palabra que se use ya toma partido: católicos y ortodoxos dicen deuterocanónicos («del segundo canon», reconocidos más tarde pero canónicos); los protestantes dicen apócrifos («ocultos», no canónicos).

La posición católica se apoya en que los apóstoles usaron la Septuaginta, que los incluía; en que Hebreos 11:35 alude a mártires torturados que rehusaron ser liberados, relato que solo aparece en 2 Macabeos 7; en las citas de padres como Clemente, Ireneo y Cipriano; y en los concilios de Roma (382), Hipona (393), Cartago (397) y Trento (1546) (James Akin, EWTN).

La posición protestante quedó formulada en la Confesión de Fe de Westminster, cap. I.3: esos libros, «al no ser de inspiración divina, no forman parte del canon de la Escritura» (texto de la Confesión). Los argumentos habituales son que el canon hebreo no los contiene, que Jerónimo los distinguió de los libros canónicos y que la definición dogmática solo llegó en Trento.

Un dato que suele sorprender a lectores de ambos lados: la Biblia del Oso de 1569 incluía los deuterocanónicos, y Valera en 1602 no los eliminó, los reagrupó. La supresión definitiva en la tradición Reina-Valera llegó mucho después, con la revisión de 1909.

Sobre la Vulgata conviene precisar algo relacionado. El Concilio de Trento, en su sesión del 8 de abril de 1546, declaró la Vulgata «auténtica» para las lecciones públicas, disputas y predicaciones (texto conciliar). «Auténtica» significaba ahí jurídicamente fiable para uso público en la Iglesia latina, no superior a los originales hebreo y griego. Es un matiz que se pierde con frecuencia.

La Vulgata misma, encargada por el papa Dámaso I a Jerónimo en 382 y con el Antiguo Testamento desde el hebreo terminado hacia 405, tampoco es obra exclusiva de Jerónimo: él excluyó deliberadamente varios libros ausentes del canon hebreo, y generaciones posteriores los reintrodujeron desde versiones latinas antiguas (Universidad de Michigan). La edición Clementina se fijó el 9 de noviembre de 1592, y la Nova Vulgata fue promulgada por Juan Pablo II el 25 de abril de 1979 (constitución Scripturarum Thesaurus).

¿Qué versión de la Biblia conviene para cada propósito?

No existe una versión perfecta, y ninguna de las grandes tradiciones cristianas sostiene que exista. Lo que sí existe es una correspondencia razonable entre el propósito de la lectura y el tipo de traducción.

Para lectura de consulta y comparación de pasajes, las versiones de equivalencia formal ofrecen ventajas concretas: la LBLA o la NBLA marcan en cursiva las palabras añadidas por el traductor, y la RVR1995 organiza el texto en párrafos con formato poético para los libros líricos, lo que ayuda a seguir el hilo de un argumento largo.

Para lectura devocional diaria, las versiones de equivalencia dinámica reducen la fricción: la NVI, la NTV o la Traducción en Lenguaje Actual permiten leer capítulos enteros sin tropezar con construcciones que hoy suenan ajenas.

Para acompañar a alguien que se acerca a la Biblia por primera vez, la claridad pesa más que la precisión técnica. La Traducción en Lenguaje Actual, producida por las Sociedades Bíblicas Unidas con énfasis en la comprensión oral, o la NVI, funcionan bien en ese contexto.

Para predicar o enseñar en una congregación, la versión que la comunidad conoce tiene un valor que ninguna otra puede reemplazar: son los versículos que la gente ya tiene memorizados. Consultar una segunda versión en privado para aclarar un pasaje difícil no obliga a cambiar la del púlpito.

Para leer con hermanos de otra tradición, ayuda saber de antemano qué versión usa cada uno y por qué. Una Biblia interconfesional como La Palabra o la BTI, fruto de un mismo proyecto iniciado en 1973 por biblistas de diversas confesiones y publicado en dos ediciones según el canon, está pensada precisamente para eso (Sociedad Bíblica de España).

La práctica más útil no es elegir una y descartar el resto, sino tener una principal y consultar otra cuando un pasaje se resiste. Donde dos traducciones honestas difieren, casi siempre hay algo en el original que merece atención.

¿Qué enseña a tu fe la historia de las versiones de la Biblia?

Conocer las diferencias entre las versiones de la Biblia cambia la manera de tener una en las manos. Deja de ser un objeto neutro y se convierte en el final de una cadena de personas que pagaron un precio por ponerla ahí.

Nadie leyó nunca la Biblia en su idioma sin que alguien trabajara años por ello. Casiodoro de Reina dedicó doce años a una traducción que la Inquisición mandó recoger dos años después de imprimirse, y él ya había sido quemado en efigie. Cipriano de Valera invirtió más de veinte años en revisarla. La próxima vez que abras la tuya, vale la pena recordar que llegó a tus manos por decisiones de gente que no llegó a ver el resultado.

Las diferencias de traducción no amenazan lo esencial. Ninguna de las variantes discutidas —ni la Coma Juanina, ni el final de Marcos, ni Hechos 8:37— cambia una sola doctrina central del cristianismo. Los rollos del Mar Muerto, que podrían haber puesto en crisis el texto hebreo, confirmaron su estabilidad a lo largo de mil años. Si alguna vez te han inquietado los titulares sobre «versículos que faltan», la evidencia real es mucho menos dramática y mucho más interesante.

Comparar dos versiones es una forma sencilla de leer más despacio. Cuando un versículo se resiste, abrir una segunda traducción en paralelo suele revelar que el original tenía un matiz que una sola versión no podía cargar. No hace falta saber griego ni hebreo para aprovechar eso: hace falta curiosidad y dos ediciones distintas.

La versión que ama tu hermano no es tu enemiga. El mapa denominacional muestra que cada tradición eligió su Biblia por razones que tienen sentido dentro de su propia historia: la memoria congregacional, la liturgia, el criterio de fidelidad textual. Descalificar la versión de otro es, casi siempre, desconocer esa historia. Y conviene recordar el dato más desactivador de todos: la RV1960 resulta demasiado crítica para unos y demasiado tradicional para otros, y sigue siendo la Biblia que más hispanos han leído.

Ninguna traducción sustituye la lectura. Se puede pasar años comparando bases textuales sin haber leído los evangelios enteros. Elegir una versión es una decisión de cinco minutos; leerla es la decisión que de verdad cambia algo. Si aún no tienes una Biblia que abras con regularidad, empezar por la que te resulte más clara —y no por la que suene más prestigiosa— es probablemente el mejor consejo que ofrece toda esta historia.

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