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Cómo Mateo Conoció la Oración de Jesús en Getsemaní

Verdad Eterna agosto 30, 2026 12 minutos de lectura
Cómo Mateo Conoció la Oración de Jesús en Getsemaní

Publicado en julio 28, 2025, última actualización en agosto 30, 2026.

Los tres evangelios que cuentan la escena dicen dos cosas que cuesta encajar: que Jesús se apartó a orar y que los discípulos que lo acompañaban se durmieron. Y sin embargo el texto recoge las palabras exactas de esa oración. Peor todavía para la pregunta: Mateo ni siquiera estaba en el grupo que subió con Jesús. Los que subieron fueron Pedro, Santiago y Juan. Así que cómo supo Mateo la oración de Jesús en Getsemaní es una pregunta doblemente legítima, y no tiene una respuesta que el propio texto declare.

Vale la pena decirlo de entrada: ningún evangelio explica de dónde sacó ese material. Ninguno lo hace tampoco con las demás escenas, pero aquí se nota más porque el propio relato incluye el obstáculo. Esa transparencia es, en sí misma, un dato: quien escribió no intentó tapar la dificultad.

Lo que sigue repasa qué dicen exactamente los tres relatos —que no dicen lo mismo—, expone las dos explicaciones que la tradición cristiana y la investigación académica han dado, y recoge lo que se sabe sobre cómo se compusieron estos textos.

Contenido

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  • Veredicto Rápido
  • Puntos Clave
  • ¿Qué dicen los evangelios sobre la oración de Jesús en Getsemaní?
  • Perspectiva 1: los discípulos oyeron y la comunidad lo transmitió
  • Perspectiva 2: los evangelistas dieron forma a la escena
  • ¿Qué dicen los historiadores sobre cómo supo Mateo la oración de Jesús en Getsemaní?
  • ¿Qué puede enseñarte hoy la oración de Getsemaní?

Veredicto Rápido

Ningún texto antiguo dice cómo llegó esa oración al papel. Lo que sí puede afirmarse es que los relatos dejan margen: los discípulos no durmieron de un tirón, sino por tramos, con Jesús yendo y viniendo tres veces; la distancia era corta, «un tiro de piedra» según Lucas; y las palabras recogidas son breves, no un discurso largo.

A partir de ahí, dos explicaciones compiten: la transmisión testimonial y la composición del evangelista.

❓ Mucho misterio histórico: Es firme que los tres relatos existen, que difieren entre sí y que el sueño de los discípulos forma parte del texto. No hay ninguna fuente que documente la cadena por la que esas palabras se conservaron.

Puntos Clave

  • Mateo no estuvo en el grupo que subió con Jesús. El círculo cercano de esa noche fue Pedro, Santiago y Juan, de modo que cualquier explicación pasa por una transmisión de segunda mano.
  • Los discípulos no durmieron continuamente. El relato describe tres idas y venidas, lo que sitúa el sueño en tramos y deja intervalos despiertos.
  • Las palabras conservadas son cortas. Caben en dos frases, no en una plegaria de media hora, y eso encaja con lo que se retiene de oído en una noche de agotamiento.
  • Marcos conserva una palabra aramea, «Abbá», que Pablo repite en dos cartas escritas en griego para lectores griegos: la expresión circulaba fijada desde muy pronto.
  • Hay un eco independiente fuera de los evangelios. La carta a los Hebreos habla de que Cristo oró «con fuerte clamor, acompañado de lágrimas», sin narrar la escena.
  • Un pasaje de Lucas sobre esa noche viene entre corchetes en las ediciones que siguen los manuscritos más antiguos, y ese detalle forma parte de la respuesta.

¿Qué dicen los evangelios sobre la oración de Jesús en Getsemaní?

Los tres relatos coinciden en el esqueleto y difieren en los detalles, y esa combinación es justamente lo que hay que explicar.

  • Marcos sitúa la escena en un lugar llamado Getsemaní, con Jesús llevándose aparte a Pedro, Santiago y Juan, diciéndoles «me está invadiendo una tristeza de muerte» y adelantándose «unos pasos más» a orar (Marcos 14:32-42).
  • Mateo cuenta lo mismo con el mismo orden y casi las mismas palabras (Mateo 26:36-46).
  • Lucas comprime la escena: una sola oración en lugar de tres, ningún nombre del grupo cercano, y dos precisiones propias: que Jesús se apartó «como un tiro de piedra» y que los encontró dormidos «por la tristeza» (Lucas 22:39-46).
  • Juan no narra la escena, aunque pone en boca de Jesús una frase muy parecida en otro momento: «me encuentro ahora profundamente turbado; pero ¿acaso pediré al Padre que me libre de este trance?» (Juan 12:27).
DetalleMarcosMateoLucas
Nombra a los tresSíSí, como «los dos hijos de Zebedeo»No
Veces que oraTresTresUna
Distancia indicada«Unos pasos más»«Unos pasos más»«Un tiro de piedra»
Motivo del sueñoNo lo diceOjos cargados de sueño«Por la tristeza»
Palabra aramea«Abbá»NoNo

Dos elementos del cuadro merecen atención aparte. El primero es lingüístico. Marcos conserva el término arameo Abbá dentro de un evangelio escrito en griego, y Pablo hace lo mismo en dos cartas dirigidas a comunidades que no hablaban arameo (Romanos 8:15; Gálatas 4:6). Una palabra extranjera solo sobrevive así cuando viaja dentro de una fórmula fijada desde muy pronto.

El segundo es de historia del texto. Los dos versículos de Lucas que describen al ángel que conforta a Jesús y el sudor «en forma de grandes gotas de sangre» no aparecen en varios de los manuscritos griegos más antiguos, y por eso las ediciones actuales los imprimen entre corchetes. Que la escena tenga un pasaje discutido y otros firmes es exactamente lo que cabe esperar de un texto con historia real detrás, y conviene saberlo antes de apoyar un argumento en esos dos versículos.

Fuera de los evangelios hay una huella más. La carta a los Hebreos afirma que Cristo, «durante su vida mortal, oró y suplicó con fuerte clamor, acompañado de lágrimas, a quien podía liberarlo de la muerte» (Hebreos 5:7). No narra Getsemaní ni lo nombra, pero describe algo muy próximo.

Perspectiva 1: los discípulos oyeron y la comunidad lo transmitió

Esta lectura sostiene que el relato conserva un recuerdo real de aquella noche, transmitido por los tres que estuvieron allí y por el propio Jesús después.

Su reconstrucción. El sueño fue intermitente, no un desmayo. Los tres se durmieron, Jesús volvió, los despertó y se alejó otra vez; en cada intervalo estuvieron despiertos. La distancia era corta y la noche, silenciosa. Lo que el texto recoge son frases breves —«aparta de mí esta copa», «no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»—, no un monólogo. Retener dos frases oídas en un momento así no exige memoria prodigiosa; exige que hayan impresionado. Y en las semanas siguientes hubo ocasiones sobradas para que Jesús mismo hablara de aquello con ellos.

Sus apoyos. El más fuerte es el arameo conservado. Si la escena se hubiera compuesto tardíamente en un ambiente de habla griega, no había razón para arrastrar «Abbá». A eso se añade que Lucas abre su obra declarando que trabaja con lo que «nos transmitieron quienes desde el principio fueron testigos presenciales» (Lucas 1:1-4), es decir, que él mismo entiende estar recogiendo testimonio, no componiendo.

Su formulación académica. El especialista británico Richard Bauckham defendió esta línea en Jesús y los testigos presenciales, argumentando que los relatos evangélicos estuvieron ligados a testigos concretos y nombrados que actuaban como garantes vivos de lo que se contaba, y que la transmisión fue una tradición controlada y no un rumor colectivo (resumen de su tesis).

Lo que reconoce. Que la reconstrucción es plausible pero no está documentada: ningún texto antiguo dice «Pedro contó esto». Y que las diferencias entre Lucas y los otros dos exigen admitir que cada evangelista organizó el material a su manera.

Perspectiva 2: los evangelistas dieron forma a la escena

Esta lectura sostiene que el núcleo es histórico —Jesús oró angustiado ante su muerte— pero que la formulación concreta de las palabras es obra de quien escribe, no una transcripción.

Su razonamiento. En la historiografía antigua, componer el discurso que un personaje debió pronunciar no era falsificar, era el oficio. Tucídides lo declara abiertamente en el pasaje más citado sobre el asunto: reconoce que no podía recordar las palabras exactas y explica que puso lo que le parecía que cada uno habría dicho según la situación, ciñéndose al sentido general de lo realmente dicho (sobre la polémica en torno a Tucídides I, 22, 1). Un lector del siglo I no leía un discurso en una obra narrativa esperando taquigrafía.

Sus indicios en el texto. Las palabras de la oración en Mateo coinciden llamativamente con el padrenuestro de su propio evangelio —«hágase lo que tú quieras»— y con la advertencia que sigue, «velen y oren para que no desfallezcan en la prueba». La frase «me está invadiendo una tristeza de muerte» reproduce el estribillo de un salmo que pregunta «¿por qué estoy abatido? ¿por qué estoy tan turbado?» (Salmo 42:6). Y el detalle del sueño cumple una función narrativa clara dentro de Marcos, donde los discípulos fallan una y otra vez en entender.

Su formulación académica. El exegeta católico Raymond E. Brown dedicó a esta escena un tratamiento extenso en La muerte del Mesías, distinguiendo el núcleo histórico —que Jesús, antes de morir, rogó a Dios oponiéndose a su destino— de los desarrollos con que cada evangelista lo presentó (ficha de la obra). El filólogo Antonio Piñero, que discute a Brown desde una posición más escéptica, coincide en el método y disiente en dónde poner el corte (su comentario a la obra).

Lo que reconoce. Que el arameo conservado y el eco de Hebreos apuntan a material muy antiguo, anterior a la redacción de los evangelios. Y que quien sostiene esta lectura no está afirmando que la escena se inventara: la mayoría de sus defensores considera histórica la angustia de Jesús ante la muerte y la considera, además, uno de los datos más difíciles de explicar si alguien hubiera querido fabricar un relato favorable.

¿Qué dicen los historiadores sobre cómo supo Mateo la oración de Jesús en Getsemaní?

Entre la noche de Getsemaní y el primer evangelio escrito median unas tres o cuatro décadas. Ese intervalo es el terreno donde las dos perspectivas discuten, y hay algunos datos que ninguna de las dos niega.

El primero es el peso de la memoria oral. En el judaísmo del siglo I, la enseñanza de un maestro se transmitía de palabra y se retenía con técnicas entrenadas: fórmulas breves, paralelismos, repeticiones. Buena parte de lo que se atribuye a Jesús tiene precisamente esa forma. El segundo es que treinta o cuarenta años no es mucho dentro de una sola vida: los tres del huerto eran adultos jóvenes en el año 30, y personas que los habían escuchado seguían vivas cuando se escribió Marcos.

El tercero es que los evangelios no son actas, ni pretenden serlo. Pertenecen al género de la biografía antigua, que seleccionaba, agrupaba por temas y ponía en boca de sus protagonistas las palabras que correspondían a la escena. Reconocerlo no es rebajar el texto: es leerlo con las reglas con que se escribió.

Y hay un cuarto dato que suele perderse: las dos perspectivas afirman lo mismo en el punto de fondo. Ambas sostienen que Jesús oró aquella noche pidiendo librarse de lo que venía y aceptando después la voluntad del Padre. Ninguna de las dos considera que la escena sea una invención piadosa. El desacuerdo está en si las palabras conservadas son las que se oyeron o la mejor formulación disponible de lo que allí ocurrió, y ese desacuerdo no se puede zanjar con los documentos que existen.

¿Qué puede enseñarte hoy la oración de Getsemaní?

Preguntarse cómo supo Mateo la oración de Jesús en Getsemaní lleva, casi sin querer, a mirar el contenido de esa oración, y ahí hay cuatro cosas que sirven para cualquier semana.

Puedes pedir que la copa pase. La oración modelo de la noche más dura del Nuevo Testamento empieza pidiendo que aquello no ocurra. Pedir que se aleje lo difícil no es falta de fe ni un paso previo que haya que saltarse: es la primera mitad de la oración de Jesús.

Y puedes decir las dos cosas. «Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» no anula la petición anterior, va después de ella. Quien reza así no está fingiendo conformidad: está diciendo lo que quiere y a la vez a quién se lo confía. El sitio trata este equilibrio en ¿debo pedir a Dios o solo confiar en su voluntad?.

La repetición no es un defecto. Tres veces las mismas palabras, según Mateo y Marcos. Insistir en lo mismo no es la «palabrería» que Jesús desaconseja en otro pasaje, tema que el sitio aborda en qué quiso decir Jesús con «vanas repeticiones».

Los que fallan siguen dentro. Los tres que se durmieron son los mismos a quienes se confía después la comunidad. Un mal momento en la vigilia no los descalificó, y el relato lo cuenta sin suavizarlo.


Si quieres seguir el hilo, el sitio dedica artículos propios a la vida del apóstol Mateo, a Mateo como evangelista y autor, a el evangelio de Mateo y su estructura, a por qué Judas entregó a Jesús y a la teoría de la cuarta copa sobre la última cena.

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