
Hacia el final del siglo I, la comunidad cristiana de Corinto destituyó a varios de sus ancianos, hombres de conducta intachable, y la ciudad se dividió. La iglesia de Roma se enteró y escribió una larga carta para pedir que los restituyeran y que volviera la paz. La carta de Clemente a los corintios es ese escrito: uno de los textos cristianos más antiguos que se conservan fuera del Nuevo Testamento, leído durante siglos en algunas iglesias junto a las Escrituras.
Quizás la conoces solo por su nombre, o porque se cita en los debates sobre la autoridad del papa y la sucesión de los apóstoles. Pero su contenido es mucho más amplio: habla de la envidia, de la humildad, de la fe y las obras, de la resurrección y del orden en la comunidad, y termina con una de las oraciones cristianas más antiguas que se conocen.
Retrato Rápido
La carta, conocida también como Primera carta de Clemente, fue enviada por la iglesia de Roma a la de Corinto, probablemente hacia el año 96, para resolver un conflicto en el que un grupo había destituido a los ancianos de la comunidad.
No lleva firma, pero desde el siglo II se atribuye a Clemente, uno de los responsables de la iglesia romana. Tiene 65 capítulos y cita constantemente el Antiguo Testamento, y menciona expresamente la primera carta de Pablo a los corintios (1 Corintios 1:10-12).
⚖️ Algunos puntos debatidos: están firmes su origen romano, su destino corintio y su atribución antigua a Clemente. Se discute su fecha exacta y si su tono muestra una autoridad especial de Roma o un consejo entre iglesias hermanas.
Puntos Clave
- La carta habla en nombre de una iglesia, no de un obispo: se presenta como de «la iglesia de Dios que reside en Roma».
- El conflicto de Corinto repetía uno anterior: la carta recuerda que Pablo ya había escrito a esa iglesia por sus divisiones.
- Es el primer testimonio escrito del martirio de Pedro y Pablo fuera del Nuevo Testamento.
- Contiene la primera formulación de la idea de sucesión: los apóstoles nombraron responsables y dispusieron que otros les sucedieran.
- Afirma que somos justificados por la fe y, en el capítulo siguiente, exhorta a las buenas obras.
- Termina con una larga oración que pide incluso por las autoridades que perseguían a los cristianos.
¿Quién escribió la carta de Clemente y para quién?
La carta no menciona el nombre de su autor. Empieza así: la iglesia de Dios que reside en Roma, a la iglesia de Dios que reside en Corinto. Todo el texto está escrito en primera persona del plural, como voz de una comunidad, y nunca se presenta como obra de un obispo concreto.
La atribución a Clemente es muy antigua. Hacia el año 170, Dionisio, obispo de Corinto, escribió a Roma que su iglesia seguía leyendo en sus reuniones del domingo la carta que les había escrito Clemente. Hegesipo e Ireneo de Lyon, en la misma época, la atribuyen también a él.
Ningún autor antiguo propuso otro nombre. Lo más probable es que Clemente, uno de los responsables de la iglesia de Roma y tercero en la lista de sus obispos según Ireneo, la redactara en nombre de toda la comunidad. Su vida se cuenta en la biografía de Clemente de Roma.
El destinatario era una iglesia con historia. Corinto había sido fundada por Pablo, que le escribió al menos dos cartas, y que conocía bien sus divisiones. La carta de Clemente lo recuerda expresamente: Pablo les escribió cuando unos decían ser de Pablo, otros de Cefas y otros de Apolo, y aquella división, dice, era menos grave que la de ahora, porque al menos seguían a apóstoles; ahora se rebelaban contra sus ancianos por culpa de unas pocas personas (1 Clemente 47).
La carta llegó a Corinto en manos de tres mensajeros que el texto nombra al final: Claudio Efebo, Valerio Bito y Fortunato. Los dos primeros nombres sugieren que eran libertos de la casa imperial, lo que da una pista sobre el ambiente social de los cristianos de Roma.
¿Cuándo y en qué contexto se escribió la carta de Clemente?
La mayoría de los estudiosos la sitúa hacia el año 96, al final del gobierno del emperador Domiciano. El primer capítulo se disculpa por el retraso en responder, causado por «repentinas y sucesivas desgracias» que habían caído sobre la iglesia de Roma, y muchos ven ahí una alusión a las presiones contra los cristianos en los últimos años de Domiciano.
No todos aceptan esa fecha. La carta describe los sacrificios del templo de Jerusalén en presente, como si se siguieran ofreciendo, y algunos autores proponen por eso una fecha anterior al año 70, cuando el templo fue destruido. Otros responden que escritores judíos posteriores, como Josefo, también hablan del templo en presente por costumbre, y que la carta presenta a los apóstoles como figuras de una generación anterior. La tabla resume las propuestas:
| Fecha propuesta | Argumento principal | Objeción |
|---|---|---|
| Hacia el 96 (mayoritaria) | Las «desgracias» encajan con Domiciano; los apóstoles ya pertenecen al pasado; la tradición la atribuye a Clemente, que gobernó en esos años | Las alusiones a la persecución son vagas |
| Antes del 70 | Habla del templo en presente | Era una forma habitual de describir los sacrificios del templo |
El conflicto que la motivó es claro aunque la carta no dé detalles. En Corinto, un grupo de personas, a las que llama jóvenes e impulsivas, había destituido a varios ancianos que, según la carta, habían cumplido su servicio sin reproche. No se sabe si había una disputa doctrinal detrás; la carta lo presenta como un problema de celos, ambición y desorden.
El texto se conservó en un solo manuscrito griego antiguo, el Códice Alejandrino, del siglo V, al que le falta una hoja. En 1873 el metropolita Filoteo Bryennios encontró en Constantinopla un manuscrito de 1056 con el texto completo. Existen además traducciones antiguas al latín, al siríaco y al copto, lo que muestra lo extendida que estuvo su lectura.
¿Cuál es la estructura de la carta de Clemente?
La carta tiene 65 capítulos y sigue un movimiento claro: empieza con principios generales, ilustrados con ejemplos bíblicos, y termina aplicándolos al caso de Corinto. Es un texto largo, de tono pastoral, que avanza más por acumulación de ejemplos que por argumentos técnicos.
| Capítulos | Bloque | Contenido |
|---|---|---|
| 1-3 | Saludo y diagnóstico | Elogio del pasado de Corinto y denuncia de la división actual |
| 4-6 | Los frutos de la envidia | De Caín y Abel hasta el martirio de Pedro y Pablo |
| 7-36 | Las virtudes que traen la paz | Arrepentimiento, obediencia, hospitalidad, humildad, fe y buenas obras, resurrección |
| 37-44 | El orden en la Iglesia | El ejército, el cuerpo, el templo y la sucesión de los ministerios |
| 45-58 | Aplicación a Corinto | Llamada a restituir a los ancianos y a que los culpables se retiren |
| 59-61 | La gran oración | Una oración larga por todos, incluidas las autoridades |
| 62-65 | Conclusión | Resumen, presentación de los mensajeros y despedida |
El Antiguo Testamento ocupa un lugar enorme. La carta cita o resume relatos de Noé, Abraham, Lot, Rajab, Moisés, David, Job y los profetas, casi siempre según la traducción griega de los Setenta.
También conoce escritos que acabarían en el Nuevo Testamento: menciona la carta de Pablo a los corintios, tiene ecos de Romanos y contiene pasajes muy cercanos a la carta a los Hebreos, sobre todo cuando presenta a Cristo como sumo sacerdote superior a los ángeles (Hebreos 1:3-4). Es uno de los testimonios más antiguos de que esa carta ya circulaba.
Paz, orden y una oración por los perseguidores
Lo más característico de la carta no está en un solo pasaje, sino en cinco temas que la hicieron famosa y que todavía se discuten.
El martirio de Pedro y Pablo. El capítulo 5 presenta a los dos apóstoles como ejemplos de lo que provoca la envidia. Pedro soportó muchos sufrimientos y fue al lugar de gloria que le correspondía; Pablo predicó en Oriente y Occidente, llegó «hasta el límite de Occidente» y dio testimonio ante las autoridades. Es el primer texto fuera de la Biblia que habla de su martirio. No dice que murieran en Roma, aunque el hecho de que lo cuente la iglesia de Roma lo sugiere, como explica la biografía del apóstol Pedro.
La fe y las obras. El capítulo 32 afirma que los creyentes no son justificados por sí mismos, ni por su sabiduría, ni por sus obras, sino por la fe. El capítulo 33 pregunta enseguida si entonces hay que dejar de hacer el bien, y responde que de ninguna manera: hay que hacer buenas obras con entusiasmo. La misma tensión que aparece en Pablo y en Santiago (Romanos 3:28; Santiago 2:24) aparece aquí sin que el autor sienta que hay contradicción. Por eso tanto católicos como protestantes encuentran en estos capítulos un apoyo para su manera de entender la salvación.
La resurrección. Para explicarla, la carta recurre a la naturaleza: el día que sigue a la noche, la semilla que muere y da fruto, y el ave fénix, un pájaro legendario que según los antiguos renacía de sus propios restos cada quinientos años. La imagen muestra cómo predicaba una iglesia que escribía para lectores de cultura griega y romana.
La sucesión de los ministerios. Los capítulos 42 y 44 contienen el pasaje más citado de la carta. Cristo fue enviado por Dios y los apóstoles por Cristo; los apóstoles nombraron obispos y diáconos en las ciudades donde predicaban, y dispusieron que, cuando estos murieran, otros hombres aprobados ocuparan su servicio. Por eso no es justo destituir a quienes han cumplido bien. La carta usa «obispos» y «presbíteros» casi como sinónimos y siempre en plural, un detalle que alimenta el debate que se explica en la sucesión apostólica.
La oración final. Los capítulos 59 a 61 contienen una oración larga y solemne, probablemente cercana a la que se usaba en las reuniones de la iglesia de Roma. Pide por los humildes, los enfermos, los hambrientos y los presos, y también por los gobernantes: que Dios les dé salud, paz y estabilidad para que ejerzan sin tropiezo el poder que les ha dado. Pedir así por las autoridades que perseguían a los cristianos es un eco directo de lo que pedían Jesús y Pablo (1 Timoteo 2:1-2).
El tono de la carta abre una última discusión. Roma interviene sin que nadie se lo pida, con firmeza, y advierte a los corintios que desobedecer lo que dice por medio del Espíritu sería un pecado grave:
| Lectura | Su argumento |
|---|---|
| Muestra una responsabilidad especial de Roma | Interviene por iniciativa propia en otra iglesia y habla con autoridad |
| Es un consejo entre iglesias hermanas | Habla en nombre de la comunidad, no de un obispo; pide, ruega y nunca invoca a Pedro como fuente de su autoridad |
Ese debate se cuenta con más detalle en cómo surgió el poder del papa.
¿Qué puede enseñarnos hoy la carta de Clemente a los corintios?
Leer la carta de Clemente a los corintios es asomarse a una comunidad cristiana de finales del siglo I enfrentada a un problema que cualquier iglesia conoce: la división. Hay al menos cuatro lecciones que se pueden llevar a la vida diaria.
La envidia está detrás de muchas divisiones. La carta empieza su diagnóstico con los celos, desde Caín hasta los que persiguieron a los apóstoles. Antes de explicar un conflicto en tu comunidad o en tu familia por las ideas, pregúntate si no hay detrás algo de envidia o de deseo de ocupar un lugar.
Recordar la propia historia ayuda a corregirse. La carta recuerda a los corintios lo que Pablo ya les había escrito y lo que ellos habían sido antes. A veces la mejor manera de salir de una crisis es volver a lo que una comunidad fue en su mejor momento.
La fe y las obras no compiten. Pocos textos muestran con tanta naturalidad que la salvación es un regalo recibido por la fe y que, por eso mismo, hay que vivir haciendo el bien. Si alguna vez has sentido que debías elegir entre las dos, esta carta antigua te muestra que no hace falta.
Ora por quien te cuesta. La oración final pide paz y salud para gobernantes que perseguían a quienes la rezaban. Piensa en alguien que te ha hecho daño o a quien te cuesta respetar, y prueba a incluirlo en tu oración.
Si quieres seguir el hilo, la vida de su autor está en la biografía de Clemente de Roma, el primer obispo de Roma después de Pedro en la biografía de Lino, y el uso de la carta en los debates actuales en la sucesión apostólica y en cómo surgió el poder del papa.






