
En el año 96 la iglesia de Roma escribió una carta a la de Corinto para pedirle que restituyera a unos ancianos destituidos. Tres siglos y medio después, en 451, un concilio de más de quinientos obispos escuchó la carta del obispo de Roma y exclamó: «Pedro ha hablado por boca de León». Entre esas dos escenas está la respuesta a cómo surgió el poder del papa: no por un decreto, sino por una suma de intervenciones, resistencias, leyes imperiales y argumentos teológicos que se fueron acumulando.
Quizás te has preguntado desde cuándo el papa tiene la autoridad que hoy se le atribuye, o si la tuvo siempre. El recorrido que sigue cuenta lo que pasó entre el siglo I y el V, quiénes lo protagonizaron, qué circunstancias lo favorecieron y cómo leen hoy los historiadores ese proceso. Lo que vino después, desde Gregorio Magno hasta el Vaticano I, se trata en el artículo sobre la historia de la Iglesia Católica.
Qué Pasó en Breve
Entre los años 96 y 461 la iglesia de Roma pasó de ser una comunidad respetada, cuyo consejo pesaba por su antigüedad y por los apóstoles que murieron en ella, a una sede que reclamaba autoridad sobre las demás como heredera de Pedro.
Los pasos decisivos fueron la intervención de Víctor I hacia el 190, las apelaciones a Roma reguladas en Sárdica en 343 y la teología de León Magno, que gobernó entre 440 y 461. El Nuevo Testamento no menciona esta primacía; solo alaba la fe de los cristianos de Roma (Romanos 1:8).
⚖️ Algunos puntos debatidos: están firmes las fechas, los documentos y las resistencias que encontró Roma. Se discute si ese proceso desarrolló una autoridad que Cristo dio a Pedro o creó una que no existía.
Puntos Clave
- El primer gesto de autoridad es una carta fraterna: hacia el año 96 Roma aconseja a Corinto, sin dar órdenes ni nombrar a ningún obispo.
- Las primeras pretensiones encontraron resistencia: Víctor I intentó excluir de la comunión a las iglesias de Asia hacia el 190, e Ireneo le pidió que no rompiera la paz.
- Los concilios del siglo IV ordenaron las grandes sedes, con Roma en primer lugar, pero sin explicar ese lugar por Pedro.
- León Magno formuló la teoría completa: el obispo de Roma es heredero de Pedro, y Pedro sigue actuando en su sede.
- Oriente aceptó a Roma como primera, no como gobernante: el canon 28 de Calcedonia, que León rechazó, muestra las dos maneras de entender ese primer lugar.
¿Qué pasó exactamente entre el siglo I y el V?
La autoridad de Roma creció por etapas, y en cada una cambió algo distinto: primero el prestigio, después la capacidad de decidir en disputas ajenas y por último la teoría que explicaba por qué Roma podía hacerlo. La tabla resume los momentos principales:
| Año | Hecho | Qué cambió |
|---|---|---|
| c. 96 | La carta de Clemente a Corinto | Roma aconseja a otra iglesia, en nombre de la comunidad |
| c. 180 | Ireneo de Lyon presenta la lista de obispos de Roma | Roma se convierte en garantía de la enseñanza apostólica |
| c. 190 | Víctor I intenta excluir a las iglesias de Asia por la fecha de la Pascua | Primer intento de imponerse; otros obispos lo frenan |
| c. 256 | Esteban I se enfrenta a Cipriano por el bautismo de los herejes | Esteban apela a la sucesión de Pedro; Cartago y Capadocia lo rechazan |
| 325 | Nicea reconoce las costumbres antiguas de Alejandría, Roma y Antioquía | Roma aparece como una de las grandes sedes |
| 343 | El concilio de Sárdica permite a los obispos depuestos apelar a Roma | Roma como tribunal de apelación, aceptado solo en Occidente |
| 380 | El edicto de Tesalónica toma como norma la fe del obispo de Roma | El poder imperial respalda a Roma |
| 385 | Siricio responde con normas obligatorias al obispo de Tarragona | Primera decretal conservada: el obispo de Roma legisla |
| 445 | Una ley de Valentiniano III somete a los obispos de Occidente a Roma | El emperador convierte el primado en derecho civil |
| 451 | Calcedonia aclama la carta de León | Momento cumbre del prestigio romano en Oriente |
La primera escena muestra cuánto cambió todo. La carta de Clemente, que la sucesión apostólica analiza con detalle, habla en nombre de «la iglesia de Dios que reside en Roma» y pide, ruega y advierte. No invoca a Pedro como fuente de autoridad propia, aunque lo menciona como mártir. Aun así, que Roma se sintiera responsable de un conflicto en otra ciudad ya dice algo.
El segundo paso es el de Víctor. Las iglesias de Asia celebraban la Pascua el día 14 del mes judío de nisán, cayera en el día que cayera, y decían haber recibido esa costumbre del apóstol Juan. Roma la celebraba siempre en domingo. Víctor quiso imponer la práctica romana y declaró excluidas de la comunión a las iglesias que no la aceptaran.
Polícrates de Éfeso respondió que había que obedecer a Dios antes que a los hombres. Ireneo, que estaba de acuerdo con Víctor en la fecha, le reprochó romper con comunidades fieles por una costumbre, y le recordó que medio siglo antes Policarpo y el obispo Aniceto habían discrepado sobre lo mismo sin romper la comunión. Eusebio conserva estas cartas en su Historia eclesiástica (V, 23-25), y el episodio se conoce como la controversia cuartodecimana. La exclusión no llegó a aplicarse.
El tercer gran paso es teórico y llega con León Magno. En sus sermones, León sostiene que Pedro sigue presidiendo su sede, que su poder vive en ella y que lo que el obispo de Roma decide con rectitud procede de Pedro (Sermón 3). Esa es la primera exposición sistemática de lo que después se llamará primado papal.
¿Quiénes estuvieron involucrados?
El proceso no fue obra de una sola persona. Intervinieron obispos de Roma que reclamaron autoridad, obispos de otras sedes que la aceptaron o la discutieron y emperadores que la convirtieron en ley.
Los obispos de Roma. Víctor I (c. 189-199) fue el primero en intentar imponer una práctica a iglesias lejanas. Esteban I (254-257) fue, según sus críticos, el primero en apoyarse expresamente en la sucesión de Pedro. Julio I (337-352) recibió la apelación de Atanasio, expulsado de Alejandría, y lo declaró inocente. Dámaso (366-384) empezó a llamar a Roma «la sede apostólica» de forma habitual. Siricio (384-399) escribió la primera decretal conservada: una carta al obispo de Tarragona con normas que debían cumplirse. Inocencio I (401-417) pidió que los asuntos graves de todas las iglesias se le consultaran. León I (440-461) dio a todo ello una base teológica.
Los que discutieron con Roma. Su resistencia es parte de la historia tanto como las pretensiones romanas:
- Polícrates de Éfeso, que defendió frente a Víctor la tradición de su provincia.
- Cipriano de Cartago y Firmiliano de Cesarea, que rechazaron la postura de Esteban sobre el bautismo. Firmiliano le reprocha en una carta presumir de su sede y de tener la sucesión de Pedro (Carta 74).
- Los obispos africanos, que entre 419 y 424 pidieron a Roma que no aceptara apelaciones de clérigos condenados en África.
Los que la respaldaron. Ireneo dio el argumento de la tradición. Agustín, en 417, dijo en un sermón que las decisiones de dos concilios africanos contra Pelagio habían sido enviadas a la sede apostólica, que de allí había llegado la respuesta, y que la causa estaba terminada. Siglos después esa frase se convirtió en el lema «Roma ha hablado, la causa está terminada», aunque Agustín presentaba la respuesta de Roma como confirmación de lo que ya habían decidido los concilios.
Los emperadores. Teodosio, en el edicto de Tesalónica de 380, señaló como norma de fe la del obispo Dámaso de Roma y la de Pedro de Alejandría. En 445, Valentiniano III publicó una ley que obligaba a los obispos de Occidente a obedecer al obispo de Roma, a petición de León, que estaba en conflicto con el obispo de Arlés.
¿Qué contexto rodeaba ese momento?
Roma no ganó autoridad en el vacío. Varias circunstancias la favorecían desde el principio, y otras la frenaban.
Lo que la favorecía. Roma era la capital del imperio y la comunidad cristiana más rica, conocida por enviar ayuda a iglesias necesitadas. Allí habían muerto Pedro y Pablo, como cuenta la biografía de Pedro, y ninguna otra ciudad de Occidente podía reclamar un apóstol fundador. Además, las grandes disputas sobre la Trinidad y sobre Cristo nacieron sobre todo en Oriente, y Roma, que participó menos en ellas, ganó fama de fidelidad a la fe recibida.
El orden de las grandes sedes. En el siglo IV los concilios organizaron las iglesias en torno a las grandes ciudades, y Roma ocupó siempre el primer lugar:
| Concilio | Qué decidió | Con qué argumento |
|---|---|---|
| Nicea, 325 (canon 6) | Alejandría conserva su autoridad en Egipto, como Roma en su región | La costumbre antigua |
| Constantinopla, 381 (canon 3) | Constantinopla queda segunda, después de Roma | Porque es la nueva Roma |
| Calcedonia, 451 (canon 28) | Constantinopla recibe los mismos privilegios que Roma, en segundo lugar | Porque Roma los tenía por ser la capital |
Ninguno de esos cánones explica el lugar de Roma por Pedro. El de Calcedonia lo explica por la importancia política de la ciudad, y León lo rechazó invocando los cánones de Nicea. Para Roma, aceptar ese argumento convertía el primado en un efecto de la política imperial, y no en un encargo de Cristo.
Lo que la frenaba. En 330 la capital se trasladó a Constantinopla, y los emperadores quedaron más cerca de los obispos de Oriente. En Oriente se hablaba griego, se reunían los concilios y se debatía la doctrina. Las disputas sobre la Trinidad y sobre Cristo se libraban allí, y Roma intervenía desde lejos. Al mismo tiempo, el derrumbe del imperio en Occidente en el siglo V dejó al obispo de Roma como la autoridad más estable de la ciudad. En 452 fue León quien salió al encuentro de Atila en el norte de Italia.
¿Qué dicen los historiadores sobre cómo surgió el poder del papa?
Los historiadores coinciden en la secuencia de hechos y discrepan en cómo interpretarla. La pregunta de fondo es si León formuló algo que ya estaba en germen o construyó algo nuevo.
| Lectura | Su argumento | Objeción que recibe |
|---|---|---|
| Desarrollo de un encargo original | Roma intervino en otras iglesias desde el siglo I, Ireneo le reconoció una autoridad preeminente y Calcedonia aclamó a León; lo que creció fue la forma, no la sustancia | La autoridad que Roma reclamaba fue discutida en cada etapa por obispos tan respetados como Cipriano o Polícrates |
| Construcción histórica | Roma ganó peso por ser capital, por su riqueza y por las leyes imperiales; la teoría petrina se formuló después para explicar un poder que ya ejercía | Roma reclamó su autoridad también cuando el emperador estaba en su contra, y el prestigio de la sede de Pedro es muy anterior al edicto de 380 |
La lectura católica añade que en la Iglesia muchas verdades se formulan con claridad solo con el tiempo, como ocurrió con la doctrina de la Trinidad, y que el papado sigue esa misma lógica de desarrollo.
La lectura ortodoxa acepta que Roma fue la primera sede del primer milenio, pero sostiene que ese primer lugar era de honor y de servicio a la comunión, no de gobierno. Muchos protestantes ven el proceso como una acumulación de poder que la Escritura no autoriza, y que el texto bíblico no menciona: la única referencia a Roma en ese sentido es el elogio de la fe de sus creyentes.
Ambas lecturas comparten algo importante. Ninguna niega que Roma tuvo una autoridad moral excepcional en los primeros siglos, y ninguna sostiene que el obispo de Roma gobernara en el siglo II como un papa del siglo XIX. El desacuerdo está en si lo segundo es el crecimiento legítimo de lo primero. Para la base bíblica del debate, el artículo sobre «sobre esta roca edificaré mi Iglesia» explica el pasaje de Mateo 16, y la infalibilidad papal cuenta cómo se definió esa autoridad en 1870.
¿Qué nos enseña la historia de cómo surgió el poder del papa?
Saber cómo surgió el poder del papa ayuda a mirar con más calma un debate que suele plantearse en blanco y negro. Hay al menos cuatro lecciones para la vida de fe.
Las instituciones tienen historia, y conocerla no las destruye. Que el papado se formulara a lo largo de siglos no prueba por sí solo que sea falso, ni que sea verdadero. Lo mismo vale para el canon de la Biblia, los credos o la organización de tu propia iglesia. Conocer cómo nació algo te permite valorarlo con más honestidad.
La unidad no depende de la uniformidad. Policarpo y Aniceto discreparon sobre la Pascua y siguieron en comunión. Víctor quiso imponer una sola práctica, e Ireneo le recordó que la paz pesaba más que la costumbre. Si en tu comunidad hay diferencias secundarias, esa escena del siglo II sigue siendo un buen modelo.
Corregir a un líder puede ser un acto de fidelidad. Ireneo apoyaba a Roma y aun así le escribió a Víctor para frenarlo. Pablo corrigió a Pedro en Antioquía. Respetar una autoridad no obliga a callar cuando se equivoca, y decirlo con respeto puede proteger a toda la iglesia.
Pregúntate en qué se apoya la autoridad que reconoces. Toda iglesia tiene a alguien con la última palabra: un papa, un sínodo, un consejo de ancianos o un pastor. Vale la pena saber en qué se basa esa autoridad, ante quién responde y qué la limita.
Si quieres seguir el hilo, la base bíblica está en «sobre esta roca edificaré mi Iglesia», la continuidad con los apóstoles en la sucesión apostólica, el dogma de 1870 en la infalibilidad papal y la historia posterior en el artículo sobre la historia de la Iglesia Católica.



